El Dormitorio de Gryffindor
Veneno Irresistible
Escrita por: Rhysenn
Traducida por: Nalero y Val

Cap�tulo 4: Indiferencia
Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia.

Draco se las arregl� para encontrar un poco de tiempo a solas en la biblioteca, despu�s de enviar a Crabbe y Goyle a la cocina a robar comida y a aterrorizar a los elfos dom�sticos. Parec�a estar haciendo esto mucho �ltimamente, evitando a sus compa�eros de Slytherin, pasando tiempo en privado, encontrando un triste consuelo al estar solo, aunque nada extingu�a la sensaci�n de estar desesperadamente incompleto.

No ayudaba el hecho de que no estuviera durmiendo bien (no hab�a podido dormir de forma decente las �ltimas dos noches), espec�ficamente desde esa noche en el Bosque Prohibido, ya fuera porque se hab�a estado preguntando un mill�n de veces como hab�a podido equivocarse de esa forma, o porque hab�a permanecido despierto pensando en Harry. Cualquiera de las dos opciones estaba actuando en detrimento de su buena salud mental.

Estaba estudiando desganadamente el grueso libro que ten�a enfrente, el olor a encerrado del pergamino le hac�a sentir ligeras n�useas. Todos los libros de Hechizos ten�an una caracter�stica: ol�an a viejo, y le recordaban la fr�a biblioteca de su padre, rodeada de oscuros secretos, donde hab�a mordido el anzuelo, donde todo hab�a comenzado, con ese maldito libro.

Draco hab�a aprendido a vivir su vida sin reconocer sus errores.

Pero cuando el error te atormenta a cada segundo, despierto o dormido, cuando amenaza con acabar con tu salud mental, derrumbando a su alrededor todo lo que has construido, mas el doloroso conocimiento de que todo fue tu culpa, es dif�cil no admitir que est�s mal.

Hab�an pasado dos d�as desde que hab�a hablado con Harry, desde que le hab�a dicho que se mantuviera alejado de �l, y hab�a que reconocer que Harry hab�a cumplido y no se hab�a acercado mucho a �l desde entonces; aunque la separaci�n f�sica no mejoraba para nada su desolaci�n mental.

Hab�a pasado una extraordinaria cantidad de tiempo pensando en Harry �ltimamente. Pensar no era la palabra, era m�s bien una contemplaci�n vac�a, desprovista de sentimiento, un tipo aislado de emoci�n. Era como si su mente estuviera llena de nada m�s que im�genes de Harry (como miraba, el color de sus ojos, su cabello negro azabache, su sonrisa juvenil) pero Draco era incapaz de pensar conscientemente en estas im�genes fugaces para darles profundidad y realismo.

Pero por supuesto, estas memorias intangibles se fundieron y adquirieron forma cuando Harry entr� caminando a la biblioteca, acompa�ado de Ron y Hermione.

Draco aspir� bruscamente, pero el aire se le ator� en la garganta; Harry tambi�n lo vio y vacil� un poco, ocasionando que Ron chocara contra su espalda.

"�Qu� pasa Harry?" Pregunt� curioso Ron.

Su mirada tranquila se pos� durante un momento en Malfoy, un momento que pareci� congelarse en el tiempo, mientras la tensi�n se cristalizaba entre ellos, miradas que reflejaban su tregua hostil. Harry no pudo ver las manos de Draco, apretadas debajo de la mesa; el momento pas�, sentido y olvidado, y Harry desvi� la mirada y se encamin� hacia otra mesa al final de la biblioteca, lejos de donde estaba sentado Draco.

En respuesta a Ron, Harry sacudi� la cabeza casualmente. "Nada." Dijo sobre su hombro, "Casi olvido algo, eso es todo."

En los �ltimos dos d�as, distra�do por las pr�cticas de Quidditch y una enorme cantidad de deberes, Harry casi hab�a logrado olvidarse de Malfoy y su problema de la poci�n amorosa. Hab�a sido relegado al fondo de su mente, mostrando �nicamente su habitual rechazo hacia �l en los pasillos y durante las clases (y Malfoy se lo hab�a facilitado.)

Se pregunt� otra vez si Malfoy estaba tratando de enga�arlo, si todo esto no era mas que una est�pida maquinaci�n para ponerlo nervioso por nada. Pero el d�bil rastro de emoci�n en sus ojos cuando sus miradas se cruzaron fue demasiado crudo para ser fingido y demasiado real para ignorarlo.

Harry volte� hacia la mesa de Malfoy, pero estaba vac�a. Draco se hab�a ido.

Sinti� una punzada de culpabilidad, una sensaci�n de responsabilidad, pero entonces record� las palabras de Draco, todav�a frescas en su memoria, palabras dichas con amargura y odio: mantente alejado de m�. No quiero tu ayuda.

Muy bien. El resentimiento volvi� a surgir en �l y elimin� todo pensamiento sobre Malfoy de su mente, Malfoy y sus rid�culas pociones de amor con una dosis de locura. Que lo resuelva por s� mismo. No me importa.

Cerr� los ojos y respir� profundamente. Realmente no me importa para nada.

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Draco se sent� en su cama con el libro apoyado en su regazo, completamente olvidado. Apenas si pod�a poner su atenci�n en algo por m�s de cinco minutos sin que su mente se distrajera invariablemente hacia Harry Potter.

Potter ten�a una cara agradable, reflexion� ausente, olvidando que supuestamente no iba a pensar en �l. Harry ten�a ese tipo de encanto intr�nseco que hac�a que la gente le dirigiera una segunda mirada; no es que fuera guapo, pero definitivamente era atractivo.

Lo que probaba que su odio hacia Harry era solo un h�bito adquirido.

Meti� la mano en su bolsillo, y sus dedos sintieron el fr�o metal, que le trajo a la mente un recuerdo a�n mas fr�o. Lentamente sac� la esposa, que emit�a chispas de fuego esmeralda al reflejar las llamas de la chimenea junto a su cama; esmeralda, un color demasiado familiar.

Acerc�ndola a la luz, la inspeccion� de cerca por primera vez, no la hab�a visto bien mientras la ten�a puesta (solo se hab�a atrevido a mirarla ligeramente, porque cuando lo hac�a le daban ataques de histeria y lo atemorizaba la idea de recordarlo todo otra vez.)

Se hab�a sentido inmensamente sorprendido y aliviado cuando Harry se la hab�a quitado; en su interior hab�a tenido miedo que se rehusara, tanto por venganza como por malicia o solo por despecho. Despu�s de todo, los papeles se hab�an invertido y no estaba seguro de que �l hubiera accedido tan de buena gana como Harry lo hab�a hecho. No sin antes sacarle todo el jugo al momento.

Pero Harry no era como �l. Y Draco estaba secretamente agradecido por eso.

Recorri� con el �ndice el nombre grabado, escrito con una extravagante letra cursiva sobre el metal, no en el interior, sino en la superficie. Casi burl�n, un mudo insulto a su dignidad, una marca de indisputable posesi�n.

H J Potter

Presion� fuerte sobre la superficie grabada de la esposa, tan duramente que las letras quedaron impresas en la piel de la yema de sus dedos, al rev�s. La pura implicaci�n del nombre, parec�a sangrar a trav�s de su piel, un crudo recordatorio de la realidad, de las cadenas invisibles del veneno plateado que corr�a por sus venas, atando cuerdas intangibles alrededor de la �nica cosa verdadera que no conoce l�mites: el amor.

Era una burla, en verdad.

Era la p�rdida del control, porque el amor era la m�s �ntima elecci�n y le hab�a sido arrancada, por una imprudente y no planificada coincidencia, era completamente horrorizante. La incredulidad persist�a entre los �ltimos vestigios de esperanza, la delgada esperanza de que todo esto fuera un terrible sue�o, que quiz� la poci�n que hab�a tomado era realmente un potente alucin�geno y que su obsesi�n con Harry era solo un espejismo de su mas grande miedo vuelto realidad.

O quiz� su m�s profundo anhelo.

Ya no sab�a cu�l era la diferencia. As� era como la poci�n amorosa lo estaba corroyendo lentamente por dentro, confundiendo ilusi�n con realidad hasta que eran una mezcla perfecta, indistinguibles una de la otra, salpicadas por odio y resentimiento, que alternadamente vacilaba y llameaba.

Odiaba a Harry. Pero al mismo tiempo, lo amaba tambi�n. Dos violentos oponentes atrapados dentro de �l, unidos inconcebiblemente, como hielo polar arrojado al coraz�n de un volc�n. Era un enorme peso encima, una creciente tensi�n que amenazaba con explotar a la m�s ligera provocaci�n.

Draco cerr� los ojos, y casi pudo escuchar el hielo romperse, agriet�ndose y astill�ndose como vidrio hecho pedazos, dejando solamente espejos rotos de silencio en su mente.

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"Ma�ana nos toca Defensa Contra Las Artes Oscuras" gru�� Ron sacando su pluma y alisando la mitad de un rollo de pergamino sobre la mesa. "No he terminado todav�a mi ensayo sobre la maldici�n Imperius."

"Tampoco yo," contest� Harry tall�ndose los ojos mientras repasaba el cap�tulo de la Maldici�n Imperius en el libro. "Creo que todav�a me faltan dieciocho cent�metros."

Para delicia de todos, el profesor Lupin hab�a regresado al principio del trimestre para ense�ar Defensa Contra Las Artes Oscuras a los alumnos de s�ptimo a�o. Harry estaba muy contento de estar aprendiendo su tema favorito con el mejor maestro de Artes Oscuras que jam�s hubieran tenido, especialmente porque siendo su �ltimo a�o en Hogwarts, iban a aprender como luchar contra las formas m�s avanzadas de Magia Oscura.

Naturalmente, uno de los primeros temas que ten�a que ser cubierto era el de las Maldiciones Imperdonables. Desde el incidente con el falso Ojo Loco Moody en el que mostr� las Maldiciones a unos aterrorizados alumnos de cuarto curso, Dumbledore hab�a aplazado el tema para que lo vieran solo los alumnos en s�ptimo a�o. Dumbledore no hab�a autorizado a Moody a comenzar sus clases con una demostraci�n de la Maldici�n Imperius.

De acuerdo con su creativa forma de dar clase, cuya intenci�n era profundizar los temas, el profesor Lupin les hab�a pedido que escribieran un ensayo sobre la Maldici�n Imperius. La tarea no consist�a solamente en exponer la historia y la funci�n de la maldici�n, sino tambi�n en exponer puntos de vista personales y hacer un an�lisis cr�tico sobre porque pensaban que la Maldici�n Imperius era tan mortalmente efectiva.

"Luchar contra las Maldiciones Oscuras no es solamente memorizar contrahechizos," hab�a dicho sabiamente Lupin. "Para repeler exitosamente una maldici�n tienen que entenderla. Tienen que conocer la fuente de su potencia, c�mo ataca a su objetivo hasta lo m�s profundo. No solo deben conocer como trabaja, a�n m�s importante, tienen que saber porqu�."

"�Porqu�? �Qu� diablos quiere decir con porqu�?" Se quej� Ron, obviamente ya hab�a acabado la parte f�cil de la tarea, la cual pod�a ser copiada directamente del libro. "�C�mo trabaja? Porque el hechizo te alcanza y no puedes pensar apropiadamente y solamente haces lo que la persona que te haya hechizado quiera que hagas, as� es como trabaja. �C�mo se supone que voy a llenar..." dijo midiendo el largo de su pergamino, "25 cent�metros de pergamino con eso?"

"Podr�as intentar hacer la letra realmente grande," sugiri� Harry distra�do con su propio ensayo. Trataba de recordar sus propias experiencias con la maldici�n Imperius, para escribir por experiencia propia como se sent�a la Maldici�n, y que era como si se tratara de luchar contra una sensaci�n de debilidad.

Hielo ardiente y fuego fr�o, dicha aislada y cielo evocado, as� era como se sent�a la maldici�n Imperius. Era la m�s hermosa sensaci�n de vac�o que se pudiera imaginar, tan llena de soledad que parec�a que ambos sentimientos eran ef�meros y a la vez que infinitos, era como ahogarse con vino intoxicantemente mortal, trayendo consigo dolor y placer por igual...

Luchar contra ella hab�a requerido cada gramo de fuerza de voluntad que Harry pose�a. Hab�a reunido cada pedacito de concentraci�n que hubiera podido tener, junto con la singular determinaci�n de que no sucumbir�a, y hab�a llegado a sentir una genuina repulsi�n por esa extra�a y encantada voz en su cabeza que lo obligaba a hacer cosas, a sentir una ferviente convicci�n de que �l no se rendir�a.

Era todo sobre control, decidi� Harry, mordiendo distra�damente la punta de su pluma mientras pensaba como poner por escrito sus pensamientos. Era la habilidad para hacer que alguien se rindiera a algo de lo que ni siquiera estaba seguro fuera verdad, y lo dejaba incapaz de comportarse de otra forma; con una decepci�n conocida, una mezcla de verdad y mentira que nublaba los l�mites de la coacci�n y la disposici�n.

Satisfecho con esta respuesta, Harry apoy� la punta de su pluma contra el pergamino y comenz� a escribir.

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Draco pas� el resto de la tarde inmerso en sus deberes, algo extremadamente raro en �l. No pod�a recordar cuando hab�a puesto tanto tiempo y esfuerzo en un simple ensayo, y no sab�a si estaba escud�ndose en el trabajo solo para distraerse o si el tema de la tarea en verdad lo intrigaba mucho. Probablemente ambas cosas.

Baj� su pluma apoy�ndola en el frasco de tinta que estaba en su mesa de noche y comenz� a medir el tama�o de su ensayo completamente terminado y listo para entregar. Para su sorpresa, hab�a excedido el m�nimo requerido con unos muy buenos 30 cent�metros. Toda una sorpresa.

Draco flexion� sus doloridos dedos, le dol�an de haber estado escribiendo casi toda la tarde, especialmente por la posici�n tan inc�moda de su cama. Pero no quer�a regresar a la biblioteca por si acaso Harry y sus amigos todav�a estaban ah� y la sala com�n de Slytherin estaba como siempre llena de gente.

Despu�s de guardar el pergamino, volvi� a buscar obsesivamente la esposa en su bolsillo.

La sac� y la observ�, su brillo plateado estaba ahora opacado por las huellas de las yemas de sus dedos. Su casi instintiva necesidad de traer consigo la maldita esposa, era para decir lo menos, muy inquietante. No sab�a a ciencia cierta la raz�n, quiz� porque ten�a escrito el nombre de Harry. O quiz� porque era amargamente ir�nico que este artilugio feo y degradante fuera representativo de la situaci�n en la que se encontraba ahora, vinculado a Harry en un sentido no f�sico, algo que era mucho peor.

Draco pens� en el hechizo que Harry hab�a empleado para crear la esposa (era realmente un hechizo muy peque�o, sin mencionar el factor de encogimiento.) estaba sorprendido de no haberlo aprendido antes, considerando que se enorgullec�a de estar bien versado en los hechizos oscuros. Y estaba a�n mas sorprendido de que Harry lo supiera (quiz� los Gryffindors tienen m�s coraje de lo que reconocemos.)

En los �ltimos d�as hab�a estado leyendo extensamente, examinando con mucho cuidado todos las enciclopedias de hechizos y libros de referencia que pudo obtener. Durante ese tiempo, recordaba haber visto el hechizo de la esposa en algunas ocasiones. Ech� en la cama un volumen de piel especialmente grueso y comenz� a hojearlo, encontrando con destreza la p�gina que estaba buscando.

Era un Encanto Vinculante, un hechizo simple e ingenioso que evocaba un par de esposas, y que no pod�a ser revertido por nadie m�s que por el que lo hab�a lanzado, a menos que se usaran hechizos avanzados muy complicados. El poder para abrir las esposas es solo de la persona que hizo el hechizo, y el nombre de �sta es grabado en las �stas para prevenir cualquier confusi�n del propietario, dec�a el libro.

Convenientemente humillante, pens� l�gubre, revisando los detalles del Encanto Vinculante.

Evidentemente Harry no hab�a recordado bien el hechizo (en vez de decir manicas inice, hab�a dicho manicam inice, lo que hab�a hecho que solo apareciera una esposa.) Draco se retract� mentalmente de lo que hab�a dicho acerca de los Gryffindors (no era muy impresionante conocer un hechizo y hacerlo mal.) Aunque reconoci� que deber�a estar agradecido que Harry no se hubiera equivocado de tal forma que las mu�ecas se le encogieran al tama�o de nabos o algo parecido.

Una oleada de amargura se apoder� de �l. 'Yo' deber�a ser la �ltima persona en hablar de desastres m�gicos.

Suspir� y comenz� a memorizar el Encanto Vinculante, el cual, ten�a el presentimiento, podr�a serle de utilidad en el futuro. "Manicas inice" murmur�. "No es manicam, esa palabra es incorrecta, debe ser manicas. �Qui�n invent� este hechizo? Probablemente alg�n hechicero del siglo ocho con tantos esclavos que ten�a que etiquetarlos para vigilarlos..."

"�Draco?" Dijo una voz familiar y la cabeza de Goyle se asom� al dormitorio, iluminada con una amplia y tonta sonrisa. "�Oh, ah� est�s! �He estado busc�ndote por todo Hogwarts!"

Draco suspir� irritado. "�De veras? �Que maravillosa coincidencia que hayas podido encontrarme, ya que el dormitorio de Slytherin es el �ltimo lugar donde podr�a estar! Aunque tengo todas mis cosas aqu� y duermo aqu� cada noche. Tienes unas dotes detectivescas estupendas Goyle."

"Mmm... aj�" contest� Goyle sin entender el sarcasmo. Entr� pesadamente en la habitaci�n y mir� curioso a Draco. "�Qu� est�s haciendo?"

Draco subrepticiamente meti� la esposa en su bolsillo. "Mis deberes, por supuesto."

"�Con qui�n estabas hablando? Aqu� no hay nadie." Goyle mir� burl�n por todo el dormitorio vac�o. "�Est�s hablando solo Draco?"

"Si, es la �nica forma en la que puedo estar seguro de tener una conversaci�n inteligente estos d�as," contest� secamente.

Goyle se ve�a ligeramente desconcertado. "Oh, vamos Draco. Has estado ignor�ndonos �ltimamente... �est�s enojado con nosotros?" Se ve�a descompuesto, entonces se acerc� a la cama de Draco y murmur� en tono conspirador, "�No est�s enojado por lo de los chocolates, verdad? Porque fue idea de Crabbe, no m�a."

Draco frunci� el ce�o. "�Qu�?"

Goyle se ve�a contrito. "Los chocolates que tu madre mand� la semana pasada."

"Pens� que hab�as dicho que mi lechuza se los hab�a comido."

Goyle mir� sobre su hombro como si tuviera miedo de que alguien pudiera o�rlo. "No," dijo, negando con la cabeza y los ojos relucientes. "Crabbe se los comi�. Ten�a miedo de que te enojaras, as� que dijo que tu lechuza lo hab�a hecho."

"Tiene raz�n. Estoy enojado. Con ambos. As� que vete." Draco recogi� otro libro y lo mantuvo abierto frente a su cara. "�No tienes nada m�s que hacer? �Ya terminaste con toda la comida de la cocina? Entonces puedes empezar a comerte la casa de los elfos."

Goyle se vio asqueado al principio, pero despu�s empez� a considerar la idea. "�Quieres decir que son comestibles?"

"�C�mo podr�a saberlo?" Hizo un gesto de fastidio. "�Porqu� no vas y lo investigas? Y mientras andas por all�, puedes comerte a la Se�ora Norris como postre. Ahora vete y d�jame en paz."

Goyle se ve�a infeliz. "Ya no andas con nosotros," se quej� con voz chillona. "No es divertido sin ti. Incluso Potter ha empezado a notarlo y se esto se est� volviendo aburrido porque no est�s t�."

"�Qu�?" Dijo Draco levantando bruscamente la cabeza. "�Qu� acabas de decir? �Acerca de Potter?"

Goyle parpade� y le tom� un momento recordar lo que acababa de decir.

"Dije," repiti� lentamente, "que incluso Potter se ha dado cuenta de que ya no andas con nosotros �ltimamente. Nos pregunt� '�D�nde est� Malfoy?' Hace un rato que nos topamos con ellos."

"�Y qu� le contestaste?" Exigi�.

"No lo s�."

"�No sabes que le contestaste?" Draco se o�a molesto.

"No, dije, 'No lo s�' ". Goyle parpade� aburrido otra vez. "Entonces recorr� todo Howgarts busc�ndote y finalmente te encontr� aqu�."

"S�, muy considerado de tu parte." Suspir� Draco y se recost� sobre la cama. "Bueno, si Potter vuelve a preguntarles por m�, d�ganle que eso no es de su maldita incumbencia."

El rostro de Goyle se ilumin�. "�Puedo mostrarle tambi�n que no es de su maldita incumbencia?" Se golpe� los grandes pu�os con evidente entusiasmo, tratando de parecer amenazante y logr�ndolo con �xito.

"�No!" Contest� r�pidamente Draco, sin pensar. "Le pegas y te mato."

Draco estaba genuinamente impresionado de sus propias palabras en el momento en que salieron de su boca; Goyle lo mir� con ojos desorbitados, incr�dulo.

Respir� profundo y aclar�, "Lo que quiero decir es, si alguien va a hacerle algo a Potter, ser� yo." Sus palabras fueron cuidadosamente ambiguas. "Y no quiero que lo lastimes antes de que pueda hacerle algo yo."

Goyle pareci� satisfecho con la explicaci�n, y sonri� de manera desagradable. "�Muy bien! �Vamos Malfoy!" Levant� un pu�o al aire rid�culamente. "�T� puedes hacerlo!"

Draco no contest�, y baj� los ojos al texto borroso sin sentido. Esper� hasta que Goyle desapareci� por la puerta, oyendo sus pesados pasos alejarse, y entonces baj� el libro y se sent� mirando al vac�o.

"S�" dijo suavemente, "Desear�a poder."

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Cuatro horas m�s tarde, a la una de la ma�ana, Draco segu�a despierto, aunque algo adormilado ya. Estaba en su cama, acostado de lado, ten�a a escasos cent�metros de su rostro, una copia del libro Most Potente Potions que hab�a sacado de la biblioteca. La cubierta apuntaba hacia su cabeza, cubri�ndolo de la vista de cualquiera. La mortecina luz de su varita era suficiente para leer, pero sus ojos se estaban cansando y la vista se le estaba nublando. No ayudaba el hecho de que no hab�a nada �til en el libro, ya que solo hablaba de pociones generales, legales, y las pociones de amor eran, por decir lo menos, ilegales.

Parpade� y cerr� los ojos para descansar, la luz titil� y se apag� y la varita cay� silenciosamente de sus dedos a las s�banas, mientras comenzaba a dormitar qued�ndose finalmente dormido.

Oscuridad y confusi�n flu�an en olas palpables a todo su alrededor, el duro viento fr�o golpeaba su rostro como agujas heladas. Respir� seca, casi dolorosamente y mir� alrededor fren�tico, el entorno se volv�a distinto gradualmente, te�ido con gruesas pinceladas de negra noche por todos lados.

Reconoci� el lugar donde se encontraba: estaba en el coraz�n del Bosque Prohibido.

Los �rboles y matorrales se inclinaban siniestramente sobre �l, tan densos que atrapaban la oscuridad en un seto continuo, manchado con p�lidas venas de luz de luna, como trazos de sangre plateada de unicornio, vertida por el cielo.

Sent�a los miembros pesados al tratar de avanzar. Un dolor sordo recorri� sus brazos, y su horror creci� lentamente al darse cuenta de que no se pod�a mover (estaba atado al grueso y nudoso tronco de un �rbol inmenso, tan alto, que sus ramas desaparec�an en la neblina.)

Con ojos desorbitados, horrorizado e incr�dulo, descubri� que sus tobillos estaban inmovilizados con grilletes y pesadas cadenas rodeaban su cintura, sujet�ndolo al �rbol. Unas bandas de acero pulido aprisionaban sus mu�ecas (se parec�an a las esposas que sol�an llevar los esclavos romanos) y sus brazos estaban inmovilizados a sus costados a lo largo del tronco. La �spera corteza rozaba su espalda, magullando su piel. No pod�a saber si estaba vestido, pero si lo estaba, no le serv�a de gran protecci�n contra la madera abrasiva, o para aislarlo del g�lido fr�o.

Trat� de moverse para poder observar mejor las cadenas que lo ataban; de pronto advirti� un movimiento a su izquierda y cuando la silueta se defini�, se qued� boquiabierto.

Harry apareci� a su lado, parec�a haber salido de las sombras, de ning�n lado, cerrando el espacio entre ellos. Sin ning�n titubeo se acerc� m�s, sus ojos parec�an lunas esmeralda en la noche sin estrellas.

Lo mir� fijamente, dejando de forcejear contra las cadenas, con el cuerpo inc�modamente alineado contra el tronco. Sus dedos se cerraron sobre la �spera corteza bajo sus palmas, como si buscaran apoyo en algo invisible y no registr� los pinchazos de dolor mientras la madera espinosa le sacaba hilos de sangre.

Harry no dijo nada, solo se acerc� a�n m�s, una t�mida seducci�n emanaba de cada uno de sus movimientos, silenciosos y elegantes como la brisa de la noche.

Sacudi� la cabeza y parpade� una vez m�s, sin poder creerlo, pero al abrir los ojos nuevamente, Harry todav�a estaba parado frente a �l, sus caras estaban separadas unos cuantos cent�metros, la luz en los ojos de Harry lo atra�a como los rayos v�rgenes del amanecer perforan la oscuridad, destruyendo la noche.

El aire se ator� en su garganta y abri� la boca para hablar, pero las palabras no pudieron formarse, solo hubo un asombro silencioso; entonces, repentinamente, el tiempo pareci� acelerarse y al momento siguiente la boca de Harry estaba en la de �l, bes�ndolo duramente.

Todo excepto su coraz�n palpitante se detuvo, inmerso completamente en el momento, los labios de Harry eran todo lo que pod�a sentir, encendi�ndolo con pasi�n febril, expresando sin palabras su deseo. Se estremeci� indefenso cuando un exquisito placer lo abrum� y se tens� contra las esposas que lo reten�an, que lo manten�an lejos de donde pertenec�a...

Las manos de Harry se deslizaron por sus hombros, recorriendo su cuello, subiendo a su cara para sostenerla, firme pero tiernamente y el beso pareci� durar por siempre, como si la eternidad se rindiera il�gica e irreflexiva . Los movimientos de Harry eran lentos y gentiles, tom�ndose su tiempo, prolongando el momento con un doloroso placer y lo bes� tan profundamente que casi le dol�a, no en los labios, sino en el coraz�n.

Se arque� lastimosamente, gimiendo contra la boca de Harry, perdi�ndose en el beso. De pronto fue vagamente consciente de que la ajustada atadura de su cuerpo se aflojaba (las cadenas que lo sujetaban se deslizaron de su cuerpo como serpientes met�licas y las crueles esposas de metal en sus mu�ecas se perdieron en la neblina, liber�ndolo.)

La sorpresa inicial r�pidamente se convirti� en �xtasis y en esa dimensi�n et�rea donde el tiempo pasaba como agua entre las manos, se encontr� libre al fin. Sin vacilar y siguiendo sus instintos, desesperado se arroj� hacia delante, hacia Harry, pero el est�mago se le revolvi� y todo se derrumb�, volvi�ndose nada. De pronto se encontr� cayendo, cayendo dentro de la oscuridad, cayendo dentro de s� mismo...

Abri� los ojos febril, respirando con dificultad, se enderez� con el cuerpo cubierto de un sudor fr�o. H�medos mechones de fleco se pegaban a su frente y con mano temblorosa se quit� el cabello de los ojos, tomando conciencia de que se encontraba en el dormitorio de Slytherin.

Su cuerpo entero estaba temblando todav�a mientras se cubr�a los ojos con las palmas de las manos y la realidad del sue�o recorr�a sus venas como sangre envenenada. Se llev� las rodillas al pecho y enterr� la cara entre los brazos, tratando desesperadamente de reunir sus pensamientos dispersos que ahora estaban hechos un remolino de p�nico.

Harry.

Bes�ndolo.

Bes�ndolo como nunca antes hubiera imaginado que alguien pudiera besar a otro alguien y probablemente era as�, porque no era mas que un producto de su febril imaginaci�n. Porque el d�a que Harry Potter lo besara por su propia voluntad... probablemente esperar�a toda su vida por ese d�a.

No era la primera vez que so�aba con Harry en esa clase de escenario y por lo que se ve�a no iba a ser el �ltimo sue�o de esa clase. Lo que le resultaba m�s inquietante, era que sus sue�os se estaban volviendo m�s extravagantes y sensuales y la presencia de ropa era cada vez m�s rara. Probablemente en la siguiente ocasi�n, se encontrar�a gloriosamente desnudo con Harry en una ba�era de cristal llena de champagne.

Sacudi� la cabeza vigorosamente para quitar de sus pensamientos esa imagen que invariablemente se formaba en su cabeza. Iba a aniquilar su salud mental, lo que quedaba de ella.

No, definitivamente no pod�a quedarse dormido nuevamente, sus sue�os se estaban volviendo insoportables. Una aut�ntica tortura.

Recogi� el libro que estaba leyendo antes de dormirse, el cual estaba medio abierto junto a �l, levant� su varita y murmur� "Lumos." Ech� una mirada r�pida para asegurarse que todo el mundo estuviera durmiendo, los ronquidos r�tmicos de Goyle llenaban el cuarto.

Pas� unas hojas al azar y empez� a leer nuevamente, sosteniendo la varita sobre la p�gina. Pero las palabras carec�an de sentido, como si estuvieran escritas con carb�n sobre lienzo mojado, incoherentes, mientras el recuerdo del beso de Harry prevalec�a sobre cualquier otra cosa, enviando un c�lido estremecimiento por su espina.

Fue solo un sue�o, se repet�a una y otra vez, un mantra ferviente, aunque no estaba seguro de sentirse aliviado o arrepentido. Su r�pida respiraci�n se hab�a normalizado, aunque el estado agitado de su mente no parec�a calmarse. Solo un sue�o.

Pero en su interior, sab�a que la esencia del sue�o era en verdad un anhelo y un miedo, perdido en la dura realidad.

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Aparte del hecho de que parec�an evitar cruzarse en el camino �ltimamente, medit� Harry mientras bajaba por el corredor hacia el aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras del Profesor Lupin, aparentemente no hab�a ninguna otra se�al de que algo anduviera mal con Malfoy.

Bueno, casi ninguna indicaci�n. La ausencia de comentarios burlones, era de por s�, demasiado extra�a.

La clase se estaba volviendo algo aburrido sin las payasadas de Malfoy, pens� al sentarse junto a Ron y Hermione, esperando que el profesor Lupin llegara a la clase. Record� las incontables ocasiones en que �l y Malfoy se hab�an enfrentado en clase o en los pasillos. Guerras de fuegos artificiales con las varitas estallaban de vez en cuando, mientras el resto de la clase ve�a con temerosa fascinaci�n sus duelos, una versi�n personalizada de la rivalidad entre Slytherin y Gryffindor. Tales demostraciones terminaban frecuentemente con la detenci�n de ambos.

Recorri� con la mirada el sal�n, buscando la figura familiar de Malfoy entre los Slytherins (el otro chico estaba enganchado en una conversaci�n con Pansy Parkinson, quien estaba moviendo coquetamente las pesta�as hacia �l, aunque Draco por su parte parec�a menos enamorado de ella. Un aire de indiferencia rodeaba los gestos casuales de Draco, pero todav�a eran elegantes y arrogantes, sin esfuerzo.)

�Habr� encontrado la forma de revertir la poci�n? Se preguntaba Harry; pero todav�a estaba la inexplicable ausencia de confrontaciones hostiles entre ellos. Me pregunto si ha...

Pero, �nunca pens� Malfoy... pens� de repente, recordando el perturbador sue�o que hab�a tenido anoche. Creo que su locura me ha influido.Agghh. Qu� pesadilla. �Porqu� diablos estoy pensando en eso, demonios, * so�ando* con besarlo? Sacudi� la cabeza, perturbado y desconcertado. Debe ser el estr�s post-traum�tico que est� trastorn�ndome.

Los estudiantes estaban yendo al frente del aula para dejar sus ensayos en el escritorio de Lupin, aparentemente al profesor se le hab�a hecho tarde. Harry sac� su rollo de la mochila, Hermione, quien estaba sentada junto a �l, segu�a escribiendo furiosamente en un pergamino ya de por s� del doble de largo del m�nimo requerido.

"�Quieres que lo lleve por ti?" Se ofreci� Ron. Ten�a en la mano su rollo; se las hab�a arreglado para cumplir con el largo requerido, con una letra de tama�o mediano y generosos espacios entre cada p�rrafo.

Harry le entreg� su rollo. "Si, gracias." Se levant� para ir a preguntarle a Seamus Finnigan por el programa para el siguiente partido de Quidditch; este a�o Seamus Finnigan estaba a cargo de la coordinaci�n y la narraci�n de los partidos.

Ron camin� por el pasillo central hacia el escritorio de Lupin y cuando se acerc�, qued� cara a cara con Draco Malfoy.

Malfoy estaba sosteniendo un pergamino casi tan voluminoso como el de Hermione, el cual era probablemente su propio ensayo sobre la Maldici�n Imperius. Ron mir� el pergamino con ojo cr�tico, aversi�n y desprecio chispearon en los ojos azules.

"�Presumiendo cu�nto sabes sobre las Artes Oscuras, Malfoy?" Dijo �cidamente con una mirada venenosa a Malfoy. "Bien, tengo la seguridad de que sabes mucho m�s de lo que est�s poniendo ah�. Con un padre como el tuyo, no es dif�cil de creer."

Los ojos de Draco se oscurecieron como carb�n plateado y observ� desde�osamente el delgado pergamino de Ron. "S�, Weasley, y yo veo que t� no puedes permitirte el lujo de usar bastante pergamino para escribir un ensayo decente, pero con una familia como la tuya, es absolutamente comprensible."

Ron se acerc� mas a Draco, su nariz se dilat�, sus ojos destellaban enojo. "Uno de estos d�as, Malfoy," sise� acaloradamente. "Uno de estos d�as, mi padre obtendr� un permiso para revisar tu casa y exponer a tu familia por lo que realmente son: Magos Tenebrosos."

Draco entrecerr� los ojos y mirando sosegadamente a Ron, contest� con mucha calma, "Tu padre deber�a revisar la b�veda familiar de Gringotts, me imagino que el polvo ah� pesa m�s que el oro."

Esa fue la gota que derram� el vaso.

Ron gru�� un mont�n de expeliativos desagradables y agarr� con el pu�o el cuello de la t�nica de Malfoy; Draco respondi� dando jalones para zafarse y empuj� fuertemente el hombro de Ron, y...

"Ron, d�jalo," dijo firmemente Harry apareciendo a su lado, quitando las manos de Ron de la t�nica de Draco, arrastr�ndolo lejos.

Draco parpade� viendo sorprendido a Harry y se miraron por un breve momento, durante el espacio de un latido, antes de desviar los ojos para ver mal�volo a Ron.

Ron se volvi� a Harry horrorizado; en respuesta, �ste lo tom� firmemente por el brazo llev�ndolo lejos de Draco hacia el lado de Gryffindor del aula.

"��Qu� demonios fue eso, Harry?!" Ron parec�a ligeramente indignado y completamente frustrado. "�Por qu� hiciste eso? �Ya casi lo ten�a! Iba a..."

"Ron, tranquil�zate..." Harry intent� calmarlo, "no le puedes pegar a Malfoy..."

"�Tengo todo el derecho de pegarle! ��l me insult�!"

"Pero tu empezaste, �no?" Se�al� Harry. Hab�a estado mirando el intercambio entre Ron y Draco desde la mesa de Seamus que estaba a cerca.

"�Y que? �l empieza siempre."

"No seas tu el que empieza una lucha con Malfoy, Ron," Harry dijo razonablemente y le dirigi� una mirada dura a su amigo. "Por una vez �l no est� buscando pleito, as� que no vayas buscando problemas con �l, �Est� bien?"

"�Y por qu� diablos no?" Dijo Ron obstinado. "�Parece que �ltimamente no lo hace, lo cual es la oportunidad perfecta para vengarnos de todo lo que nos ha hecho!"

"No te obsesiones con vengarte," advirti� Harry. "Si peleas con Malfoy en clase, pondr�s a Lupin en una posici�n muy dif�cil, porque tendr�a que darte una detenci�n o bajarle puntos a Gryffindor y es obvio que no querr� hacer ninguna de las dos cosas."

"No es justo," Dijo Ron rebelde, pegando furiosamente con el pie la pata de la mesa. "�Por qu� no podemos nosotros tirar el primer golpe, para variar?"

"Porque no est� bien," Harry declar� imparcial. "No somos como �l, Ron, y no peleamos como deporte, como tampoco nos aprovechamos de las personas cuando est�n en desventaja."

"No me importa si Malfoy est� en desventaja. No cambia el hecho de que sea un peque�o bastardo, pagado de s� mismo a quien me encantar�a golpear en la cara por todas las cosas horribles que nos ha hecho". Ron agit� su pu�o. "Me hace enojar tanto que solo quiero sacarle los intestinos y usarlos como cuerda para saltar."

"�Ron!" Hermione se hab�a acercado a ellos y hab�a captado la desagradable descripci�n de Ron. "No me digas que has estado peleando con Malfoy". Le dirigi� una mirada severa. "De nuevo."

Harry admiti� que Hermione ten�a un buen autocontrol, sobre todo comparada con Ron. Manten�a la dignidad incluso ante los intentos de ridiculizarlos de los Slytherins, sin desquitarse; la �nica vez que hab�a reaccionado a sus provocaciones fue cuando Malfoy hab�a insultado a Hagrid, por lo cual lo hab�a abofeteado. Pero la mayor�a de las veces, Hermione tomaba las afrentas de Slytherin con calma.

"�Ron, sabes muy bien que todo el tiempo Malfoy dice cosas para s�lo provocarte!" Hermione le dirigi� a Ron una mirada reprobatoria, mientras enrollaba su tarea, finalmente terminada. "S�lo ign�ralo y no dejes que te moleste."

"S�, c�lmate, Ron". Harry estuvo de acuerdo y agreg�, "Malfoy no vale la pena, �sabes?."

Harry desvi� la mirada y de repente vio a Draco observ�ndolo desde el otro lado del aula, hizo una pausa pensativo, tens�ndose un poco mientras unos ojos grises se posaban serenos sobre �l, con una tranquilidad penetrante.

Draco ten�a una expresi�n inescrutable en la cara, como una hoja en blanco y mir� a Harry con ojos que estaban llenos de una ambig�edad que podr�a entenderse de varias maneras diferentes. La mirada de Draco estaba tensa y atormentada cuando sus ojos se encontraron por un segundo desgarrador, antes de que bajara la vista y se alejara.

Harry frunci� el entrecejo; se sent�a molesto por dejarse arrastrar por el magnetismo natural de los ojos de Draco, por prolongar esa mirada incluso cuando �l no deber�a estar ofreciendo nada m�s que una negativa firme, por la seguridad de ambos, la de Draco y la suya propia.

Harry se sent�a... desconcertado. Efectivamente Malfoy estaba comport�ndose muy extra�o y por su vida que Harry no pod�a descifrar las confusas se�ales que estaba recibiendo, las cuales que parec�an contradecirse unas a otras (una especie de enojo, orgullo, odio, indiferencia y dolor, todos revueltos, insondables y desconcertantes).

Harry entrecerr� los ojos y continu� mirando a Draco, cuya cabeza rubia estaba ahora reclinada sobre un libro de texto. Por alguna extra�a raz�n, Draco parec�a mucho m�s intr�pido y m�s compuesto de lo que deber�a estar (le lanzaba miradas t�midas pero no furtivas a trav�s del sal�n, que se desviaban justo cuando hab�an captado su atenci�n... ten�a la impresi�n de que Draco lo estaba guiando, lo que era mas que contradictorio, dado que las riendas supuestamente deber�an estar en sus manos, si la historia de la poci�n de amor era verdad.

Qu� ir�nico, reflexion� pensativo Harry, que la palabra poci�n est� entre las palabras historia de amor.

Hab�a siempre un torcido sentido del humor en la mas amarga de las iron�as.

En el otro extremo del sal�n, Draco apret� los pu�os bajo la mesa, sintiendo el peso de la mirada inquisitiva de Harry, como el aire denso de una tormenta, oscuro e inminente, casi tangible, rozando los bordes de sus sue�os inquietos.

�Por qu�? Se pregunt� Draco, una rara confusi�n inclinaba la balanza del p�nico, cuidadosamente controlado. �Por qu� le dijo a Weasley que se retirara? �A qu� diablos est� jugando?

As� es �l, dijo una suave y peligrosa voz dentro de �l. Est� jugando. Est� jugando con *contigo *. Potter est� esclavizado por este nuevo poder, este poder sobre ti, y es solo un juego para �l, un juego cruel de venganza. Por todas las cosas que le hiciste alguna vez, simplemente le has dado la forma perfecta de vengarse... est� tortur�ndote con su presencia.

Draco cerr� los ojos, dolido. �Pero realmente hab�a esperado algo menos? El poder total corrompe totalmente, incluso en las manos del santo normalmente conocido como Harry Potter. Era algo demasiado exquisito para resistirse, como la Tentaci�n en persona, caminando desnuda con un cartel luminoso que dijera '�Disfr�tame! '.

Y Draco supo que estaba sufriendo su propio castigo y todo lo que le quedaba era contemplar cu�nto pod�a aguantar. Lo �nico que lo confortaba era el delgado rayo de esperanza de que pudiera encontrar una manera de revertir el hechizo antes de que acabara con �l, antes de que fuera demasiado tarde.

Draco le lanz� una mirada a Harry quien ahora estaba ri�ndose con sus amigos de Gryffindor y r�pidamente desvi� la mirada otra vez, en sus ojos hab�a una creciente desesperaci�n.

�O era ya demasiado tarde?




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