El Dormitorio de Gryffindor
Una Rubia Tentación
Escrita por: Hermione Malfoy
Historia Original en Español

Capítulo Cuatro: Al Día Siguiente...

Draco estaba asomado a la ventana de la sala de profesores. Eran las cinco de la mañana y pronto amanecería. Llevaba allí mucho tiempo, no sabía cuanto. Intentaba aclararse a sí mismo que era lo que había sucedido en el pasillo. Y sabía que si entraba en el dormitorio y veía a Harry dormido sólo complicaría las cosas. No se entendía, no sabía porqué no había aprovechado la oportunidad de estar con Harry. Después de haber pasado tanto tiempo deseándolo… desaprovechaba la oportunidad como un idiota. Sólo porque había sentido algo en el último beso. Los besos no significaban nada, él lo sabía porque había dado cientos de besos que no eran más que el preludio a diversiones más placenteras. Pero con Harry… Él había sido tan tierno que le había llegado al corazón. Y se había asustado, como si de repente Potter tuviera el poder de hacerle más daño del que pudiera creer.

Sí, tenía miedo a enamorarse, tenía miedo a querer a Harry, a necesitarle. Porque si se enamoraba de Harry, entonces perdería el control, y ya no sería él mismo otra vez. Draco siempre tenía el control, siempre. Era él quien decidía cuando comenzar la relación y hasta cuando duraría. Sin lazos emocionales. Sin ataduras. Y no se engañaba a sí mismo como lo hacían otros, diciendo que se aburrían y necesitaban algo nuevo. Era mucho más simple que eso. Aún no había encontrado a nadie que satisficiera todas las expectativas que él tenía. Lo único que no hacía era esperar en celibato a que esa persona apareciera.

¿Podría ser Harry esa persona? Claramente sí. Le gustaba su físico, eso estaba claro. Pero también le gustaba su sentido del humor, y sobre todas las cosas, le gustaba esa manera limpia de enfocar la vida, esa perpetua y maravillada inocencia con la que emprendía siempre el camino. Envidiaba profundamente su capacidad de asombro, su ilusión. Y la quería para él. Quería ver la vida desde los ojos de Harry.

Pero de todas formas, aunque reconocía que tal vez hubiera sido lo correcto no quedarse con Harry, por otra parte no podía estar más enfadado y desencantado consigo mismo. ¿Desde cuando desaprovechaba Draco Malfoy una sesión intensiva de sexo desenfrenado por vacilaciones morales? Era la vergüenza del apellido, una vez más.

La luz de la sala se encendió para dejar pasar a un asombrado, y como siempre despeinado, Harry en pijama. Draco miró su propio batín de seda verde y luego lo que llevaba puesto Potter. Esa… esa cosa era un espanto que atentaba contra el buen gusto. Aquello, además, era un trapo anti-líbido. Al menos era de seda. Si hubiera sido franela, Draco hubiera se hubiera arrojado gritando por la ventana.

- Estás aquí- dijo Harry. "Grandes dotes de observación, Potter" pensó Draco.

- ¿Me buscabas?- preguntó, con su mejor voz de vampiresa.

- No. Pero al levantarme me extrañó que no te hubieras acostado.

- No podía dormir.

- Es común, por lo que veo.- Harry se acercó a la alacena y abrió un paquete de galletas. Le ofreció a Draco- ¿Quieres?

- Nunca he podido resistirme al hechizo de las galletas con pepitas de chocolate.- Se sentaron en la mesa, frente a frente. Comían galletas en silenciosa armonía, como si lo sucedido apenas unas horas antes no hubiese pasado en realidad.

- ¿Recuerdas Hogwarts a menudo?- Draco no esperaba esa pregunta. Había imaginado algo así como: ¿Por Qué Me Dejaste A Dos Velas, Maldito Cerdo Lujurioso? Pero no una pregunta sobre el colegio.

- A veces- respondió sin comprometerse.

- Yo lo echo de menos. Constantemente. Fui muy feliz allí. Más feliz de lo que había sido nunca. A pesar de lo que sucedió.

- ¿Nunca has vuelto?- Harry negó con la cabeza. - Tampoco yo. Quizás podríamos ir un día- comentó Draco antes de darse cuenta. "¿Qué diablos dices, hombre? Estás haciendo planes con Harry ¿Te estás volviendo loco?"

- Me gustaría- Dijo Harry con una sonrisa.- Podríamos saludar a los que están allí dando clases.

- Estaría bien.

- ¿Mantienes el contacto con los antiguos amigos?

Draco se preguntó si aquello era un maldito interrogatorio, pero aún así contestó.

- Con los que no eran mortífagos, te refieres. - Harry se sonrojó- La verdad es que Zabini y yo nos vemos de vez en cuando, pero no quedo con nadie más. ¿Y tú? ¿Ves a alguien?

- Sólo a los Weasley y a Hermione.- se hizo un silencio, roto sólo por los crujidos de una galleta entre los dedos de Harry.

- ¿Tienes a alguien?- A Draco volvió a sorprenderle la pregunta.

- No. ¿Y tú?

- Tampoco. Yo nunca… nunca hubiera intentado nada contigo esta noche de tener una relación con alguien.- Draco sonrió interiormente. Tan típico de Harry. Él era San Potter, ¿es que nunca hacía nada incorrecto?

- Entiendo.

Silencio de nuevo. Pero Harrry parecía tener algo en mente que lo torturaba, porque no dejaba de mirarle a hurtadillas, y mover los pies bajo la mesa.

- ¿Te pasa algo, Potter?- Harry negó con la cabeza, como un niño. A Draco le hizo gracia el gesto, pero no dijo nada.

- Draco.

- Dime.

- No quise presionarte, ya sabes, antes en el pasillo.- Draco sonrió con cariño. Harry era de una ternura apabullante. Sólo a él se le ocurría que a Draco le molestase ser presionado. Aunque no estaba acostumbrado al papel de virgen seducida, no le había desagradado nada el Harry dominante, nada en absoluto.

- No me presionaste.

- Es que nunca me había sentido así, nunca había tenido tantas ganas de estar con alguien.- Levantó la mirada y clavó en Draco sus increíbles ojos verdes.- No sé lo que me pasó. Normalmente soy más cuidadoso, me controlo mejor. Nunca he estado con un chico, y no tengo idea de si fui demasiado brusco, y preferías algo más suave. Lo siento, ¿de acuerdo?

- No te preocupes. Ese no era el problema.- Se miraron sin decir nada- ¿Eso era lo que no te dejaba dormir? ¿Los remordimientos?- Harry tuvo la decencia de sonrojarse otra vez. A Draco le encantaba que hiciera eso.- Y yo que pensaba que sería otra cosa.

- ¿El qué?- Comentó con inocencia.

- El ataque de calentura no satisfecho- Repuso con calma. La carcajada de Harry sonó en la habitación.

- Bueno, eso también, no te lo voy a negar. Pero no será la primera ni la última vez que me voy a la cama así.- Antes de que Draco pudiera contestar alguna picardía, de hecho tenía algunas en la punta de la lengua, Harry le miró a los ojos- ¿Cuál fue el problema, Draco? ¿Qué hice mal?

- No, Harry, no eres tú. Soy yo.

- Ahhhh, bueno, entonces estoy más tranquilo.- respondió Harry mordazmente.- En serio Malfoy, ¿supones que tengo que entender qué es lo que quieres decir con eso?

Draco se rió. De repente, se había puesto de buen humor. No había creído que pudiera llegar a charlar con Harry tan amigablemente, y menos sobre su unión no consumada.

- Suena un poco críptico, ¿verdad?

- Suena como diálogo de telenovela de sobremesa.- Ante la mirada interrogante de Malfoy, Harry desechó la explicación con un gesto de la mano- Déjalo, no lo entenderías.

- Lo que quiero decir, es que no es que hicieras nada malo, de hecho estaba todo muy bien, terriblemente bien si es verdad que nunca habías estado con un chico antes- y Harry le sonrió- el problema es que me dio por pensar tonterías y… y se me fue el humor, eso es todo.

- ¿Qué pensaste?- Harry de veras necesitaba saber.

- Eso, querido Potter, es secreto.- Comentó con una sonrisa misteriosa. Se levantó para ir a la cama. La mano de Harry se enganchó en su brazo al pasar por su lado.- ¿Qué?

Tendría que haber imaginado lo que iba a pasar, pero realmente estaba perdiendo facultades, porque cuando Harry se levantó y acercó su cara, no supo lo que quería.

- Si estuvo bien, no te importará que te bese de nuevo, ¿verdad?- y no esperó respuesta. Acercó su boca a la de Draco, y aprovechando que estaba entreabierta por la sorpresa deslizó su legua por el labio inferior. Draco cerró los ojos, y se entregó al beso. Harry sólo le mantenía sujeto por la muñeca y por el tacto de esos labios increíbles, que le estaban quitando la facultad de pensar. Sólo sentía. Se limitaba a recibir el beso, a disfrutar de la sensación de Harry memorizando cada rincón de su boca, con exasperante lentitud, haciendo que corrientes nerviosas conectaran el recorrido de esa lengua con partes de su cuerpo que no sabía que estaban ahí.

Sin saber muy bien porqué lo hacía, Draco subió su mano para sujetar la nuca de Harry, para evitar que se separara de él poniendo fin a esa exquisita tortura. La piel de Harry era suave, cálida al tacto, como satén caliente, y Draco sintió unas ganas locas de deslizar sus dientes sobre ella y morder con fuerza. La mano de Harry había trepado por su brazo desde la muñeca, y ahora seguía su bien definido rumbo hasta los hombros de Draco. El contacto de su palma deslizándose sobre su piel, separada sólo por la seda del batín, estaba volviéndolo loco. Harry debió pensar lo mismo, porque le soltó y desanudó el cinto, y subió las manos para hacer caer el batín al suelo, un charco de seda verde que reflejaba la luz. Cuando los labios de Harry se sumergieron en su cuello, Draco sólo gimió.

- Escucha… espera,- La voz de Draco sonaba entrecortada. Le faltaba el aliento por lo que Harry le estaba haciendo a su cuello. El moreno estaba sobre él, rodeándolo entre sus brazos, sujetándolo contra su cuerpo, los brazos de Draco caídos a sus lados, inmovilizado. Era incapaz de moverse aunque lo hubiera deseado, que no era el caso. Harry estaba sujetándolo como un vampiro a su víctima, asaltando el cuello de Draco y poniendo sus terminaciones nerviosas en estado de alerta. - Harry…

- ¿Hmmm?- Harry separó la cabeza del cuello de Draco el tiempo justo para quitarse las gafas y dejarlas sobre la mesa. Draco aprovechó ese momento para interponer su brazo entre los dos e intentar separase. Pero no debió de poner demasiado empeño, porque Harry volvió a acercar su cuerpo a su torso desnudo, apresando la mano de Draco entre los dos. Volvió a dedicarse a su cuello, usando esta vez los dientes, además de los labios.

- Harry… tienes que… espera…- Harry subió la vista, los ojos verdes casi oscuros por el deseo.- Escucha, el malo de esta historia soy yo, ¿entendiste? El que tiene que seducirte soy yo. Tú tienes que resistir heroicamente mientras yo te acoso contra la pared. No puedes alterar la historia, Harry.- La sonrisa del moreno se le clavó en el corazón- Eso rompería el equilibrio del universo, ¿de acuerdo? Yo soy el cazador y tú la presahhhh!- la última parte de la frase casi no llegó a sonar cuando los dientes de Harry atormentando su pezón estuvieron a punto de hacerle callar. Cerró los ojos, totalmente rendido.

- Eso será la próxima vez, Malfoy. Ahora no estoy de humor para interpretar ese papelito de víctima de tus encantos.- Harry bajó las dos manos hasta la cintura de Draco, deteniéndose en el elástico de los pantalones largos de seda color plata. Bajó los pantalones, extendiendo las palmas en las caderas de Draco, dejando los dedos pulgares sobre los huesos de la cadera, mientras los demás se extendían sobre su trasero. Hizo bajar los pantalones hasta que se reunieron con el batín, y Draco quedó totalmente desnudo entre sus brazos. Harry notó con satisfacción el temblor del rubio.

- ¿Seguro que no has hecho esto antes?- Draco le miró, entrecerrando los ojos. Harry sonrió de forma sucia.

- No despierto. En mis sueños te he hecho cosas peores.- Le apretó bruscamente contra su propia erección. Y Draco volvió a temblar, esta vez de anticipación. Los dedos de Harry clavados en él estaban empezando a moverle en pequeños círculos, apretándole aún más contra su propio cuerpo. Aquello no se parecía en nada a las fantasías de Draco, donde un lloroso Harry de rodillas pedía que lo poseyera, desesperado. Este Harry no parecía muy dispuesto a suplicar, más bien estaba muy decidido a obtener lo que quería, y a Draco aquello le estaba pareciendo muy excitante, puesto que normalmente era él quién llevaba siempre el control. Gimió, sintiendo el roce exasperante de la tela a cuadros entre el cuerpo cálido de Harry y el suyo.

- Potter, realmente aprecio tu innovador sentido de la estética, pero ¿no podrías quitarte ese trapo y mandarlo a la basura?- Harry se rió, sin soltarlo- No es sólo que sea terriblemente feo, es que es poco erótico.

- ¿Te parece?- la mano de Harry cambió de dirección y sujetó suavemente a erección de Draco. El sintió una sacudida tan grande que creyó que se vendría allí mismo ante el mero contacto de la mano de Potter- Pues yo creo que mi pijama no te ha impedido ponerte… contento.

Draco no tenía nada que decir a eso, y menos cuando la mano de Harry comenzó a recorrer la longitud de su miembro en una caricia eterna, deslizándose por los pliegues de la piel con lentitud.

- Puedes… puedes quedarte con eso… puesto para siempre,- murmuró entrecortadamente, sujetándose a los hombros de Harry para no caer al suelo- sólo… sólo que no dejes de… tocarme.

- No tengo intención de hacerlo, Malfoy.- Harry estaba sonriendo, sintiendo los temblores de Draco y viéndole morderse los labios.- Me refiero a dejar de tocarte. El pijama no creo que aguante mucho más.

- Si no paras tampoco aguantaré yo,- se quejó Draco, angustiado. Harry le soltó de inmediato, y Draco intentó sin mucho éxito ahogar un quejido.

- ¿Qué? ¿No era eso lo que querías?- Harry comenzó a desabotonar su camisa y Draco quiso ayudarle. Bajó con fuerza los pantalones y estos se quedaron a los pies de Harry. Decidió pagarle con la misma moneda, y rodeó con sus dedos la dureza de Harry. El moreno abrió la boca en un gemido silencioso. Draco vio temblar sus fuertes piernas. Harry había acabado con los botones de su camisa, pero no había llegado a dejarla caer desde sus hombros. Estaba inmóvil, con los ojos cerrados, la boca entreabierta, totalmente entregado al movimiento lento de Draco, con las caderas temblando espasmódicamente al ritmo de la caricia. El rubio miró los nudillos de Harry, casi blancos por la presión con la que se sujetaban la tela del pijama. Quiso hacerle sufrir un poco más. Con la otra mano, trazó el camino del abdomen bien definido de Potter, y se puso de rodillas para tomarlo sorpresivamente en su boca. El grito de Harry le gustó. Se separó para mirarle.

- ¿Te asusté?- Harry no contestaba, estaba quieto, intentando recuperar el ritmo de su respiración, los músculos en tensión. Draco lamió largamente, goloso, desde la base hasta la punta, y Harry se estremeció violentamente. El único ruido eran los gemidos entrecortados de Harry, que parecían sollozos incontrolados, respondiendo a la cadencia de la lengua de Draco. Lentos, duros, profundos, rudos, rápidos o suaves como caricias, Draco se esmeraba en aprender que movimientos hacían que Harry se estremeciera más. Rodeó la punta con la lengua un segundo antes de meterlo entero en su boca, y entonces Harry soltó la camisa y se inclinó para tomarlo de los brazos y alzarlo con brusquedad.- Pero ¿qué…

No pudo continuar. Harry se abalanzó sobre su boca como animal en celo, forzando su entrada, apresándolo con fuerza entre los brazos musculosos.

- Ya no aguanto más, tiene que ser ahora, Draco.- El rubio sonrió, y dándose la vuelta, se inclinó sobre la mesa, ofreciéndose. Harry no dudó, se colocó detrás de él, acomodando su pene en la entrada de Draco. Antes de entrar, deslizó sus manos sobre la espalda desnuda de Draco, ligeramente humedecida por el sudor. Apartó su melena hacia los lados, para poder disfrutar del contacto de su piel desnuda. Luego se inclinó sobre él, acercando su rostro al oído de Draco, mordiendo con suavidad su hombro y haciéndolo temblar. Extendió la mano izquierda y colocó dos dedos ante la boca de Draco- Mójalos - Ordenó. Draco obedeció con presteza, dedicando a los dedos de Harry la misma atención que había dedicado apenas segundos antes a su pene. Chupó con los ojos cerrados, mientras la otra mano de Harry bajaba por su cintura hasta encontrar su propio miembro. Cuando lo tomó entre sus dedos, Draco gimió, y Harry aprovechó ese momento para introducir en Draco los dos dedos humedecidos que retiró de su boca. La sensación de doble tormento estaba volviendo loco a Draco, que gemía incontrolablemente, retorciéndose, con la cabeza enterrada entre los brazos que tenía apoyados en la mesa. Cuando Harry retiró los dedos y los sustituyó por la cabeza de su pene, Draco recuperó ligeramente su cordura.

- ¡Espera! Mi batín, en el suelo,- Harry se detuvo, pero no comprendió- En el bolsillo… un frasco…- Harry se inclinó y alcanzó la prenda, tomando el frasco que efectivamente estaba allí. Lo abrió y se untó con él, aprovechando para lubricar al rubio con suavidad.

- No preguntaré que hacía ahí el frasco, Malfoy.- Draco simplemente gozaba con el tacto de los dedos de Harry.

- Decidí que tenía que estar preparado por si te sorprendía… de nuevo… en la ducha…- Su voz temblaba mientras Harry le penetraba lentamente, y trataba de acomodarse en su interior. Draco se mordió los labios para no gemir, y casi lo consiguió, pero la mano de Harry sobre su pene comenzó de nuevo su movimiento, y no pudo contenerse. Lanzó un fuerte gemido que envió un escalofrío por la columna de Harry, que de pronto comenzó a moverse con más rapidez. Más fuerte, más intenso, con una mano sujetando la cadera de Draco, inclinado sobre su espalda, prolongando el contacto de sus pieles; y con la otra atormentando el miembro de rubio, de forma dura, con algo de brusquedad, con los ojos verdes abiertos mirando sin darse cuenta cómo las manos de Draco se abrían y cerraban espasmódicamente sobre la superficie de la mesa sin encontrar nada a lo que aferrarse. Más rápido, más profundo, más salvaje… Cuando sintió que la espalda de Draco se arqueaba bajo él, y que un grito se escapaba de su garganta, Harry por fin pudo liberarse y dejarse ir, entre espasmos, cayendo derrotado sobre el rubio, su mano derecha sujetando aún el miembro humedecido del otro.

Se mantuvieron en silencio un momento, pero Harry no quiso aplastar a Draco, y se incorporó. Se apoyó en la mesa, quedando sentado junto a las caderas de Draco, que también se incorporó. El rubio le miraba sin expresión en la cara, con las mejillas arreboladas, el pelo cayendo libremente sobre su pecho. Ambos respiraban dificultosamente. Harry extendió la mano y le sujetó por la mandíbula, acercando esos labios, rojos por las mordidas, a los suyos. Le besó con suavidad, recorriendo su boca con algo cercano a la maravilla, sintiéndose súbitamente agotado. Draco se retiró y le miró de nuevo, esta vez con ternura.

-Yo... Tú… Bueno, ya sabes…-Harry no encontraba las palabras y Draco sonrió irónicamente.

- Nada de tonterías del tipo: ¿te ha gustado, cariño?- Harry sonrió a su vez.- Sólo vámonos a la cama, ¿de acuerdo? Me duele todo.

- Lo de la cama es un problema. En el dormitorio común está Ron.- Draco se colocó entre sus piernas y le abrazó, mimoso de repente. Dejó reposar su cabeza en el hombro de Harry, y él le abrazó acariciando su espalda, gozando de la suave textura del pelo de Draco sobre su propia piel.

- Ahhhh, estoy muy cansado.- Gimoteó el rubio con voz caprichosa. Se separó un poco para mirarle a los ojos.- Espera ¿y el aula de entrenamiento? Tiene el suelo acolchado.- Había una picardía casi infantil en los ojos grises, y Harry no pudo evitar reír.

- ¿Es que quieres que me sienta incómodo en todas las salas de la central? Nunca volveré a sentarme en esta mesa sin tener pensamientos obscenos. Las reuniones de profesores serán una tortura.- Draco le hizo un puchero y acabó por ceder.- Está bien. Vamos dónde quieras.

Harry supuso que un buen mago que se precie, y más aún si es auror no debe separarse nunca de su varita, pero estaba demasiado cansado como para ponerse a buscar la suya en el dormitorio común. Draco en cambio llevaba la suya en el otro bolsillo largo de su batín, así que cuando llegaron a la sala de entrenamiento, convocó unos cuantos almohadones y una suave manta con la que taparse. Se estiró en el suelo, aún gloriosamente desnudo, y llamó a Harry que se tendió sobre él con una mueca de fingido enojo.

- No te acostumbres a que venga cada vez que me llames, Malfoy.- Draco le estrechó contra él y le besó la frente.

- No pienso dar nada por sentado. -Harry apoyó su cabeza en el hueco del cuello, y se relajó mientras Draco le acariciaba la espalda. Por un segundo se planteó que demonios hacía tendido sobre su mayor enemigo del colegio dejándose acariciar, pero tampoco tenía muchas ganas de analizar el asunto. Bostezó.- Harry.

- ¿Sí?

- ¿Te ha gustado, cariño?- Harry le golpeó en el costado mientras Draco se partía de risa. Se separó de él y le dio la espalda. Draco se pegó a Harry, rodeándolo con su brazo, dejando sus labios en el cuello, aspirando su olor.- Si no estuviera tan cansado…

- ¿Qué?- preguntó el moreno. Draco bajó su brazo y acomodó mejor a Harry, dejando su espalda contra su pecho, los muslos de Harry delante de los suyos. Dejó su mano en la cintura del otro chico, tocando distraídamente sus abdominales.

- Ya te enseñaré mañana, gryffindor miserable.- Arruinó el efecto amenazante con un enorme bostezo.

- Estoy temblando- Bromeó Harry.

- Deberías.- Draco besó con cuidado el cuello de Harry- Buenas noches.

- Buenas noches.

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Hermione estaba francamente indignada. Había esperado hasta muy tarde que Ron se presentara en casa, pero no había venido. Y de madrugada, una llamada desde una discoteca, que no la había despertado porque estaba llorando mientras comía helado. ¿Se había ido de fiesta? ¿Cómo se atrevía? Ella llorando en casa, destrozada, y él de juerga con vete tú a saber quién. Se enfadó tanto que no atendió el teléfono, porque si contestaba empezaría a gritarle a Ron. Tampoco contestó las otras dos llamadas. Se fue a dormir maldiciendo a los antepasados de Ron hasta tres generaciones atrás.

Pero de esa mañana no pasaba que le dejara bien claro dónde podía meterse su relación en términos bien claros e inequívocos. Ya estaba harta. Por mucho que le doliera, sobreviviría sin él. Iba sumida en sus pensamientos, pero al llegar a la puerta del aula de entrenamientos se paró en seco. Había almohadones allí, y Harry estaba tendido en el suelo, con una chica rubia desparramando su cabello platino sobre su torso. ¿Se había traído una chica? ¿Y dónde estaba Ron? ¿Acaso también se había traído una para él? Cuando iba a salir corriendo hacia el dormitorio, se dio cuenta de que el brazo que descansaba sobre el pecho de Harry era demasiado musculoso para ser de una chica. Espera. Un segundo. Ese no puede ser… ¿Malfoy?

- ¡Harry!- el grito salió de su boca antes de que pudiera detenerlo. Los otros dos se despertaron de golpe, con los ojos desenfocados, un poco perdidos. Ella enrojeció al darse cuenta de que estaban desnudos. "Por supuesto que están desnudos, idiota, ¿Qué te parecía? ¿Que estaban tomando el té?"

- ¿Hermione?- Obviamente Harry no la veía bien, a saber dónde había dejado sus gafas. Draco se llevó una mano a la cabeza, tapando sus ojos de la luz.

- Oye Granger, salvo aviso de inminente ataque mortífago te rogaría que no volvieras a despertarme nunca de esta forma.

- Pero… pero es que…- Se había quedado sin palabras, y lo único que pudo hacer fue dar media vuelta y dejarlos allí. Las risas de Malfoy la siguieron mientras se acercaba al dormitorio, mortificada.

- ¿´Mione?- Ron estaba vistiéndose tras la ducha cuando ella entró en el dormitorio y se sentó pesadamente en la cama. Ella no le miró.- ¿Qué haces aquí?

Ella simplemente alzó la mano, señalando el pasillo, y Ron miró hacia allí, confuso.

- ¿Qué pasa?- Ella levantó la vista, y trató de hablar, pero no le salía la voz.- ¿Te encuentras bien?

- Harry,- Al cabo de unos momentos, pudo recuperar el habla. A medias.- Malfoy. En su clase. Juntos.

Ron se sentó en la cama junto a ella. Olvidado el enfado ante la palidez de su chica.

- Harry y Malfoy… ¿Qué?- entonces recordó. Los besos.- Ahhhh, se enrollaron anoche. Es verdad.

- ¿Y lo dices tan tranquilo? ¿Te parece normal?- Ella estaba pálida.

- Bueno, ´Mione, no es tan extraño en realidad.

- ¿Cómo que no?- Ella no daba crédito a sus oídos.

- Hay mucha gente que se siente atraída por su propio sexo, cariño, y la verdad es que no es nada malo…

- ¡Ron!- ella se levantó, enfadada- ¡No me vengas con esas! Me importa un comino que Harry se acueste con un chico, un alce o un elfo. ¡El asco es que está con Malfoy!

- Bueno, gracias por lo que me toca, señora directora.- La voz levemente sarcástica del aludido les llegó desde la puerta. Allí estaban Draco y Harry, apenas cubiertos con sus ropas, aún medio dormidos.

- No es para tanto, Hermione.- Le dijo Harry, con la voz calmada.

- ¿Cómo que no? ¿Me tomas el pelo?- Ella se adelantó hasta quedar frente a Harry.- Por favor, dime que esto es sólo un rollo de una noche, que se te pasará enseguida y que podremos olvidar esto hasta que sea un recuerdo gracioso.

- Eso tendremos que decidirlo Draco y yo, Hermione- Murmuró Harry sonrojado. A Ron le hizo gracia, pero Draco se mostró súbitamente interesado.

- ¿Qué tenemos que decidir, Potter?- Le preguntó.

- Bueno, ya sabes.- Miró hacia Ron, que sonreía, y a Hermione, que seguía muy pálida.

- No, no lo sé.- Draco se lo estaba poniendo difícil a propósito. Se giró y le miró directamente a los ojos grises, que estaban serios.

- Quiero saber si esto va a ser simplemente una aventura o es que vamos a tener una relación.- Pensó que la voz no le había temblado tanto en la vida. Estaba un poco angustiado. Y tener allí a Hermione y a Ron, que seguían la conversación muy atentamente, no ayudaba demasiado. A Draco no parecía importarle, porque actuaba como si no hubiera nadie más en la sala. Se lo estaba pensando, sin dejar de observar a Harry como si nunca antes le hubiera visto.

- ¿Y tú que quieres, Harry?- Draco se mantenía inmóvil. Y él se exasperó.

- ¡Vamos, Malfoy! Ayúdame un poco. No me lo hagas más difícil.- Pero Draco no cedía. Simplemente le miraba, con los brazos cruzados sobre el pecho- Me gustaría tener algo más serio contigo. ¿De acuerdo? ¿Estás satisfecho?

La sonrisa de Draco le iluminó el día. Le rodeó el cuello con los brazos y le besó. Apenas oyeron el ruido que hizo Hermione al sentarse bruscamente sobre una cama. Sólo estaban pendientes del beso. Cuando terminó, se separaron con una sonrisa en los labios.

- ¿Eso es un sí?- Se atrevió a preguntar Harry. Sólo por seguridad, para no llevar a equívocos.

- Claro. ¿Oíste, Granger? ¡Somos novios!- Draco se volvió encantado hacia Hermione, que le miró y se dejó caer de espaldas sobre la cama.

- Oh, maldición, maldición, maldición.- Gemía ella sin poder parar. Ron se reía mientras se acercaba para abrazarla.

- Harry, no esperes que los invitemos a cenar a casa durante un tiempo.

Harry se rió y deslizó un brazo sobre los hombros de Draco.

- Tranquila, ´Mione. Te daremos un par de semanas.

- Ya me encargaré yo de entretenerte durante esas noches.- Draco le susurró al oído.

- Eso espero, Malfoy. Eso espero.

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