| El Dormitorio de Gryffindor |
Capítulo Tres: La Discoteca
Habían bebido mucho, en diversos bares, hasta que por fin Malfoy declaró que quería bailar. Y no admitiría un no como respuesta. Estaban en una discoteca Muggle, la preferida de Harry y Hermione, que había hecho arrugar la nariz a Draco según entraron por la puerta. Claro que el disgusto no le duró mucho, porque minutos después ya estaba en la pista de baile, rodeado de mujeres babeantes. Harry se extrañaba de que no hubiera resbalado ya en el charco que había en el suelo. Y encima Ron había bebido un par de copas de más, y estaba contándole a Harry la historia de su relación con Hermione, como si Harry no hubiera estado allí en todos y cada uno de los pasos de su tortuosa amistad. Por favor, Ron. Que poco sentido de la oportunidad. Las mujeres que no rodeaban a Draco en la pista y las que no iban acompañadas de sus parejas, no se acercarían jamás a alguien con tanta cara de depresión como Ron. Y a él no le parecía bien dejarle sólo.
Y encima Harry no podía quitar ojo de la pista. Le fascinaba la manera de bailar de Draco, sin vergüenza, con abandono. Se limitaba a dejar que el ritmo lo atravesase, que pasara por él y le moviese a su antojo. Allí estaba, brillando a la luz de los focos, fantasmagóricas sombras de colores que se iban posando sobre sus rasgos, sobre sus ojos cerrados. Llevaba puesto un jersey de cashmire de cuello cisne, negro por supuesto, y unos pantalones de piel que le ceñían cada maldito milímetro de las largas y perfectas piernas. Obviamente también negros. La única concesión a Slytherin era la chaqueta de piel verde oscura que ahora descansaba sobre la silla que nunca usó. Había sujetado su cabello en un nudo en su nuca, desgraciado exhibicionista, para dejar despejado su rostro. Para que todos pudieran deleitarse con su belleza. Y Harry había caído en su embrujo como más de la mitad de la sala. Se recostó contra el mullido sillón de terciopelo, Ron había callado, perdido en sus propias ensoñaciones. De pronto, se levantó y murmuró algo sobre un teléfono, y desapareció. Harry continuó mirando a Malfoy, viéndolo bailar. Bebiendo su copa.
Y entonces pasó. La música se tornó en una suave balada, las luces de colores cambiaron a una intermitencia plateada, y Harry sabía que debía estar borracho, porque pensó tontamente que el color de luna que ahora bañaba a Draco, en el centro de la pista, era totalmente adecuado. "Plata", pensó," Naturalmente. Es un Sly. Es una maldita serpiente. Tal vez debería hablarle en pársel." Y entonces Draco abrió sus ojos de metal y le miró directamente a los ojos, inmóvil. Subió una de sus manos y le llamó con el índice. Seguro. Convencido de que Harry acudiría. Él sintió un placer perverso al negar con la cabeza. Pero Draco sonrió y volvió a llamarlo. Cuando todas las admiradoras que habían estado rodeándolo se volvieron a mirarle, Harry se sintió absurdamente complacido. Que frágil es el ego humano. Le gustaba que le envidiaran. Porque Draco le había llamado. Le había escogido a él entre todos. Y eso halagaba su vanidad. Y bebió de un sorbo su copa y se levantó. Draco le esperaba. Y sonreía. Harry fue bajando los escalones que le separaban de la pista, y cuando estuvo junto a él, simplemente alzó su mano hasta la mejilla de Draco. Malfoy cerró los ojos y se frotó contra la palma abierta de Harry, con un leve ronroneo. Y Harry sonrió. Qué demonios. Si estaba deseando bailar con él.
Draco sabía perfectamente que Harry no le había quitado la vista de encima desde que había salido a bailar. Sentía sus ojos clavados en él, deslizándose por su cuerpo en la más increíble de las caricias. Y había tenido que cerrar los ojos para evitar desviar su mirada hacia él a cada momento. Harry le estaba taladrando con sus ojos verdes, y cuando la música lenta llegó, simplemente se rindió a lo que estaba sintiendo. Le llamó, temeroso de que se negara. Con el corazón en un puño. Y él dijo que no, pero Draco simplemente no pudo aceptarlo. Le llamaría hasta que viniera a él, por la sencilla razón de que no tenía fuerza en las piernas para acercarse hasta Harry. Sus ojos verdes brillaban por los fogonazos de luz, y se sintió desfallecer cuando Harry por fín se levantó. Las luces eran engañosas. No te permitían ver los movimientos completos, eran como pequeños fotogramas de Harry avanzando hacia la pista, Harrry bajando los escalones, Harry cada vez más cerca, Harry pegado a su cuerpo, Harry levantando la mano para acariciar su mejilla…
No pudo evitar gemir cuando descansó la cara en la mano fuerte de Harry. Y luego alzó un brazo y le rodeó el cuello. Mantuvo la distancia entre el torso de Harry y el suyo, pero pegó sus caderas a las de Potter. Siempre habían sido de la misma altura. Y eso era una ventaja. Dejó vagar su mirada por el cuerpo de Harry, deseando acariciarle con sus manos como hacía con sus ojos. Los pantalones vaqueros, un poco flojos, le hubieran gustado más ajustados a sus piernas. Los faldones de una camisa blanca, asomando bajo un jersey de cuello redondo de color rojo oscuro, (Gryffindor hasta la muerte, ¿eh, Potter?) y ese maldito pelo negro, nunca en orden, cayendo sobre la frente, sobre la cicatriz casi invisible. Y las absurdas gafas redondas, que no podían tapar el brillo de los salvajes ojos verdes. Y aquellos labios tentadores, frescos, que Harry mordió al sentir fija sobre ellos su mirada. Un momento, ¿quién estaba seduciendo a quién? Se suponía que el experto era él, que era Draco quien debía tener el control, llevar las riendas. Pero parecía que Harry tenía otros planes. Harry deslizó su brazo por la cintura de Draco y con la mano en la espalda le forzó a acercar su pecho al de él. La otra mano, que Draco pensó que había dejado olvidada bajo su mejilla se fue a la nuca y allí le deshizo el nudo en el pelo. Haciendo que su melena se desparramara por la espalda.
- Me gusta suelto,- le dijo con una voz ronca, que Draco no sabía que poseía. Esa voz oscura envió ondas de placer a través de su estómago.
- ¿Y que más te gusta?- Preguntó él. Le excitaba esa sonrisa sucia en los labios de Harry.
- Me gustas tú.- Draco pensó que le iba besar, pero Harry se mantuvo a escasos milímetros de su boca, tentándolo, sonriendo perversamente. Cuando él intentó acercarse, la mano de Harry sujetó su cabeza por el pelo de la nuca, haciéndole un ligero daño, inmovilizándolo.- No. Aún no.
Empezó a moverse lentamente, con Draco preso entre sus brazos. Nunca perdió el contacto visual, y a pesar de la leve sujeción de la nuca, era extremadamente tierno. Al menos su trato con la mitad superior de su cuerpo era tierno. En cambio… Draco podía sentir la erección de Harry presionando dolorosamente contra la suya, y el leve movimiento que Harry imprimía a sus cuerpos no estaba favoreciendo en absoluto que se tranquilizara. Estaba deseoso de más contacto, empujaba sus caderas contra las de Harry con fuerza, mordiéndose los labios. Quería besarle, devorarle, pero él no le dejaba tomar su boca. Sentía los dedos de Harry clavarse con delicadeza en los músculos de su espalda, y no pudo evitar cerrar los ojos y gemir. En ese momento la boca de Harry descendió sobre la suya, su lengua le invadió, y Draco volvió a gemir, ahogado el sonido esta vez por el mismo gemido de Harry. Que sorpresita.
Había imaginado que Harry era tierno, suponía que era por la imagen infantil que proyectaba, pero Potter no estaba siendo tierno con él. No, no había ternura en la manera salvaje en la que le exploraba la boca, en la forma en la que le mordía los labios, conociendo perfectamente hasta dónde aplicar la presión para no pasar el umbral del dolor. No había pensado que sería así, no lo esperaba, pero lo estaba disfrutando. Subió sus propios brazos para estar más cerca de él, para fundir sus contornos. Sintiendo el latir disparejo del corazón del otro junto a su pecho, para no dejar separación alguna entre sus cuerpos. Para gozar.
Ron estaba furioso. Había llamado a Hermione tres veces y había saltado el contestador. Odiaba esos malditos aparatos Muggles, (bueno la tostadora no, la tostadora le gustaba), y le enfadaba no tener manera de saber si ella estaba realmente en casa o simplemente no quería contestar. Caminó hacia su mesa y se sentó, cuando oyó hablar a dos chicas y un chico que estaban delante de él, mirando a la pista. El tipo parecía molesto.
- La verdad es que no me parece bien. Si quieren estar juntos lo acepto, pero hay lugares de ambiente para eso. No es un buen espectáculo, simplemente.
- Pues fíjate que a mí si me parece muuuuuuy atrayente- comentó una de ellas, bastante alta, que sonreía mordiéndose los labios. La otra chica convino, meneando la cabeza apreciativamente.
- Y más cuando son tan absolutamente hermosos como ellos dos.
Cuando se marcharon, Ron miró despistado a la pista, y vio algo sorprendente. Harry estaba besando a Malfoy allí en medio, ignorando al conjunto de babeantes mujeres que los miraban embobadas. Besándolo como si se le fuera el alma en ello. Como si llevara deseándolo toda la vida. Cerró los ojos y los volvió a abrir. No, no lo había imaginado. Seguían allí. Maldita sea. Menuda nochecita.
Se terminó su copa, pensando que necesitaba otra, y se bebió de un trago la que Draco no había llegado a probar. Se apoyó contra el respaldo del sillón y suspiró. "Supongo que no es tan ilógico, en realidad", pensó, "también yo me pasé siete años peleando con Hermione. Igual esa era la única forma en la que se atrevían a acercarse". Debía estar muy deprimido, y muy borracho, porque no tenía fuerzas ni para enfadarse al ver a su mejor amigo besándose en la pista con la persona que les amargó la existencia en el colegio. Total…
Al poco rato, Harry se separó de Draco, y sin soltarle de la mano se dirigió hacia la mesa. Cuando vió a Ron sentado, recordó súbitamente que no estaban solos. ¿Cómo se había despistado? Tragó, y se acercó a la mesa. Se sentó a un lado del pelirrojo, y Draco al otro. El rubio le miraba con sorna, esperando la explosión. Harry no sabía que decir. Ron habló primero.
- Te quiero, Harry. Pero tengo que decirte que esto me parece una verdadera asquerosidad. Si eres gay, de acuerdo, no me importa… pero… ¿Tenía que ser con Malfoy?- Draco rompió a reír sin poder contenerse, y al mismo Harry se le escapó una sonrisa.
- Ron, yo…- El chico levantó la mano.
- No quiero saber nada. Lo único que te pido es que cuando salgamos de aquí, me lleves a casa en taxi, porque no quiero dormir en la central sabiendo que van a estar todo el fin de semana corriendo desnudos por ahí- Draco no podía parar de reír, y hasta Ron sonrió- Y por favor, nunca, nunca, nunca… me des detalles de este ligue.
- Te lo prometo.- dijo Harry intentando contener su carcajada.
- Bien. ¡Camarero! ¡Otra ronda!
Al final Ron estaba tan borracho que no tenía sentido dejarle en casa, porque a Hermione no le haría gracia su estado. Ya que no estaba en condiciones de mejorar el asunto entre ellos, por lo menos que no lo fastidiara más. Se subieron al taxi procurando que el aire de la ventanilla le diera de lleno en el rostro al pelirrojo. Harry estaba en el centro, y trataba de no perderse en los ojos plateados de Malfoy, que deslizaba con suavidad los dedos por su cuello. La caricia estaba bien, los largos muslos de Draco presionando los suyos estaban bien… los ojos del furibundo taxista en el retrovisor no estaban tan bien.
Pagaron y se bajaron, sujetando a Ron entre los dos. Cuando el taxi se alejó, se metieron por el callejón que daba a la entrada secreta, y una vez en la central, atravesaron los largos pasillos hasta llegar a los dormitorios. Tendieron a Ron sobre una de las camas, le quitaron los zapatos y le dejaron allí, llamando a Hermione entre sueños. Salieron del dormitorio y Harry cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido. Se miraron, solos en medio del pasillo.
- Hola, Potter.- Draco se apoyó en la pared de enfrente, sonriendo de forma bastante perversa.
- Malfoy,- dijo Harry inclinando la cabeza, como saludando en un duelo. Ninguno dijo nada, se quedaron mirándose a través de los rayos de luna que entraban por los ventanales, como haces de luz que cortaban milimétricamente la oscuridad. Harry de repente se sintió tímido. Se había evaporado esa sensación que le hizo ser tan osado en la discoteca. De hecho, no sabía de donde había sacado las fuerzas para acercarse a Draco y besarle así. Ahora, el rubio le miraba, evaluándolo. Y Harry estaba nervioso.
Nervioso, sí. Pero muy caliente. Porque cuando Draco se quitó lentamente la chaqueta de cuero verde, Harry no pudo contenerse y en un par de pasos cerró el espacio que los separaba, sin plantearse si aquello era correcto o no. Lo único que sabía era que quería saborear a Draco, lo quería YA, y no se iba a quedar con las ganas. Enredó las manos en el pelo de Draco mientras deslizaba su lengua dentro de la boca del rubio, que la recibió con un gruñido de aceptación. Las manos frías de Draco le hicieron dar un respingo cuando se metieron bajo su camisa y subieron por su estómago hasta su pecho. Sin poder contenerse, apretó al otro entre su cuerpo enfebrecido y la pared, arrancándole un suave gemido. Pero Draco no se apartó. Profundizó el beso y arañó levemente el torso de Harry.
- Hum- Se quejó Harry, apartando su boca. Draco sonrió sin abrir los ojos, totalmente concentrado en seguir acariciando su piel.- Me arañaste.
- Y también muerdo, así que…considérate avisado- Draco inclinó la cabeza, en una muda invitación para que Harry le acariciara el cuello. Este se apresuró a deslizar los labios por la piel clara, a depositar húmedos besos y pequeños mordiscos por toda su longitud. Draco temblaba, y eso le gustaba a Harry. Le sujetó la cabeza con las manos y el movimiento brusco hizo que Draco abriera los ojos, sorprendido.- Muerdes y arañas… ¿qué más sabes hacer?
- Te lo enseñaré gustoso,- murmuró Draco, perdido en las inmensidades verdes de los ojos de Harry.
- Pero… ¿Tendrás cuidado conmigo?- Draco sonrió, dispuesto a dar una réplica mordaz, del tipo "¿Tienes miedo, chico dorado?", pero algo en los ojos de Harry le hizo detenerse. Había una sombra de duda, un leve temor.
- No voy a hacerte daño, si es eso lo que preguntas. No quiero hacerte daño.- y por algún motivo desconocido, la voz le salió un poco estrangulada. Pero la sonrisa encantada de Harry le llenó de alegría. Harry le besó, dulcemente esta vez, con delicadeza. Regodeándose en las sensaciones que estaba experimentando. Aquél beso era distinto a los anteriores, era más entregado, menos pasional. Se llenó de ternura, y de pronto se asustó. ¿Qué estaba pasando allí? Un momento, necesitaba aire, necesitaba espacio, quería respirar.
Se apartó de un muy sorprendido Harry, que se mantuvo quieto, apoyando un brazo sobre la pared. Mirándolo con esos ojos insondables que lo volvían loco, interrogándolo con su mirada.
- ¿Qué pasa?- Harry no sabía, estaba claramente confundido- ¿Dije algo que te molestara?
Draco temblaba, asustado. No quería la dulzura de Harry, no podía aceptarla, no estaba preparado para manejarse con ella. Estaba nervioso. Seguía deseando acostarse con él, había estado deseándolo desde hacía mucho tiempo. Pero no quería más. Era Harry quién podía lastimarlo a él, quién podía destrozarlo, porque Draco acababa de comprender que era muy vulnerable ante Harry. Podía llegar a enamorarse de Potter, y eso no estaba dispuesto a permitirlo. ¿Una noche de sexo salvaje? Sí, gracias; eso podía manejarlo. Pero… perderse en los besos de Potter como le había pasado un momento antes, eso no. No estaba preparado.
Harry extendió la mano, tratando de tocar su brazo, pero Draco dió un salto hacia atrás, con un grito.
- ¡No!- La mirada de Harry se nubló.
- Pero… ¿que te pasa?- Se paró frente a un tembloroso Draco.- ¿Qué he hecho?- Draco boqueaba, dudando entre decirle la verdad o simplemente dejarlo correr. Le miró con anhelo, con deseo, y Harrry dio otro paso adelante. Pero Draco retrocedió al mismo tiempo.- ¡Maldita sea, Malfoy! ¿Quieres decidirte?
Harry estaba claramente enfadado .Y bueno, Draco podía entenderlo, la insatisfacción sexual te puede irritar mucho. Pero él no tenía manera de hacerle entender que no se atrevía, que no sabía lo que le pasaba.
- ¿Qué pasa contigo?- Ahora Harry ya había perdido la paciencia, y se apoyó en la pared. -No te entiendo. Un momento me miras como si quisieras comerme y al siguiente te apartas de mí como si te diera asco. No sé a qué juegas, pero no me gusta nada.
- Yo…- Draco quería explicarle, se moría por explicarle, pero no le salían las palabras. Estaba confuso, asustado y no podía expresar su miedo porque se sentía vulnerable. E hizo lo que estaba acostumbrado a hacer cuando de sentía perdido. Se enfadó.- No es nada. Sólo déjalo.
- ¿Qué lo deje?- Harry se paró delante de él con los brazos en jarras- ¿Estás de broma? ¿Quieres que lo deje? Desde que llegaste te has dedicado a provocarme, a buscarme, a jugar conmigo. Y cuando por fin me decido a darte lo que quieres…
- ¿Lo que YO quiero?- Preguntó el otro con ironía.
- ¡Sí, lo que los dos queremos, de acuerdo! ¿Qué he hecho mal?- Draco lo miró en silencio. Y luego se rió.
- ¿Qué pasa, Potter? ¿No estás acostumbrado que te dejen con las ganas?
Harry lo miró con tristeza, pasando una mano por el pelo que le caía sobre la frente. No dijo nada durante unos momentos, y luego se dio media vuelta acercándose a los dormitorios.
- Que te jodan.- Pero como Draco siempre creía que debía tener la última palabra, le gritó a la espalda:
- ¿Es una oferta, Potter?- Harry se detuvo un momento, y ni siquiera se dio la vuelta al contestar.
- Ya no, Malfoy. Ya no.
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