| El Dormitorio de Gryffindor |
Capítulo 6
El martes por la mañana, Ron despertó a Harry. Éste buscó sus lentes y se dio cuenta de que se había quedado dormido en el sofá de ellos.
“¿Todo está bien, compañero?” preguntó Harry.
“Fabuloso,” contestó Ron con una amplia sonrisa. “Hermione tuvo a la bebé hace unas horas. Ven a verla.” Ron hizo una pausa y luego añadió, “Le pusimos Harriet.”
Completamente aturdido, todo lo que Harry pudo decir fue, “Oh, Ron.”
La bebé era tan hermosa al igual que Hermione en todo su esplendor maternal. Y siguiendo con la marca de nacimiento de los Weasley, Harriet era pelirroja y con pecas. Harry estuvo una hora con ellos antes de regresar a su casa.
Sintiéndose todavía ansioso por lo de Malfoy, Harry se hizo un hechizo desvanecedor y salió a volar en su escoba. Volar era lo único que generalmente lo ayudaba a centrarse. Sin embargo, sin importar que tan fuerte o rápido volara, Draco Malfoy era en todo lo que podía pensar. Desfilaron ante sus ojos los partidos de Quidditch de la escuela. Recordó su sonrisa desdeñosa tan característica y sus bromas crueles. Podía escucharlo diciendo, “Estás muerto, Potter.” Harry estaba teniendo problemas en juntar a ese Draco Malfoy con el hombre con el que había dormido tan cálidamente la otra noche. Pero, de vuelta al punto, los recuerdos de Harry eran de un niño, y no del hombre. No podía evitar preguntarse que le había pasado a Draco Malfoy antes de que lo encontrara en el calabozo de Voldemort.
Harry se percató de que no había estado prestando atención al rumbo de su vuelo. Bajó la mirada para reconocer a su alrededor. Sorpresivamente, o quizá no, estaba sobre la Mansión Malfoy. Harry Potter sabía reconocer una señal cuando ésta se le presentaba. Aterrizó afuera de las puertas principales y tocó el timbre.
Un elfo doméstico apareció y lo invitó a pasar al vestíbulo mientras que iba a informar a su amo.
Unos cuantos minutos después el elfo regresó. “El amo Malfoy está en su laboratorio de pociones. Ha pedido que usted se le una.”
Harry dejó su escoba en el vestíbulo y siguió al elfo por una serie de pasillos largos y bajaron unas escaleras de piedra. Draco estaba parado frente a un caldero, revolviéndolo.
“Harry, me da gusto que estés aquí,” dijo levantando brevemente la mirada. “Solo tengo que agregar unos cuantos ingredientes más y tengo que tener cuidado con el tiempo.”
“Si, no te preocupes. No quiero molestarte. Yo...”
“Siéntate, Harry. Deja de hablar.” Dijo Draco en broma.
Harry se sentó en un taburete cercano y observó a Draco trabajar como un maestro. Recordó que tenía una gran inclinación hacia las pociones. “¿Qué estás haciendo?”
“Es una poción para el dolor. La hago para San Mungo,” contestó Draco sin levantar la mirada de su trabajo.
“Así que a eso te dedicas.”
“No tengo otra cosa qué hacer.”
“¿Y cómo fue que te metiste en esto?” preguntó Harry curioso.
Draco mantuvo la mirada en la poción al hablar, “Después de la guerra sufría unos dolores horribles en el brazo y ninguna de las pociones de San Mungo me ayudaban. Hubo un Sanador que se interesó en mi caso y estuvimos platicando al respecto, y me puse a experimentar. Quedó tan encantado con mi trabajo que también comencé a hacer otras pociones para ellos.”
“Qué bien.”
Draco añadió el último ingrediente y lo revolvió doce veces en el sentido del reloj. “Muy bien,” dijo limpiándose las manos y volviéndose hacia Harry. “Tengo 24 horas en lo que está lista. ¿Qué te trae por Wiltshire?”
“¿Me creerías si te dijera que salí a volar y de algún modo terminé aquí?”
Draco sonrió y contestó. “Si, si te lo creo. ¿Estás practicando para algún partido?”
“No, tengo dos semanas más antes de que comencemos a entrenar para el partido contra Italia.”
“Ven, vamos al salón. Podemos tomar té.”
El elfo doméstico sirvió el té. Draco se sentó en el sillón mientras que Harry se mantuvo a distancia y observó el exterior por la ventana del salón.
Draco se tensó y la mirada se le entristeció. “Bueno, di lo que tengas que decir.”
“Oh, no, no voy... la otra noche... de verdad que jamás he tenido una experiencia parecida. Fue... fue...” Harry buscó la palabra adecuada mientras se sentaba a un lado de Draco.
Éste terminó la oración en un susurro, “...mágico.”
“¡Si!” respondió Harry agradecido.
“Lo mismo digo.”
“No te he visto en siete años y ahora pasa esto. Estoy intentando asimilarlo.”
Draco lo miró inquisitivo, “Es la segunda vez que dices siete años. Lo dijiste en el bar. Han pasado ocho años.”
Confundido, Harry le regresó la mirada y lo estudió detenidamente. “No lo recuerdas, ¿verdad?”
“¿Qué?”
“Draco, ¿qué recuerdas de la batalla final?” le preguntó nervioso.
“No mucho. Desperté en San Mungo,” contestó sin tener idea alguna del por que Harry le hacía esa pregunta.
Harry estudió su rostro un momento más antes de preguntar, “¿Cómo fue que llegaste ahí?”
Draco frunció la nariz al pensar en ello. “No lo sé. Asumí que un Auror me había encontrado.”
“¿Nadie te lo dijo nunca?”
“No, y para ser honesto, nunca pregunté.”
Harry mantuvo la mirada fija en la de Draco y dijo en voz baja, “Fui yo.”
“¿A qué te refieres?” preguntó completamente confundido.
“Acababa de matar a Voldemort,” Harry vio que Draco tembló al escuchar el nombre. Continuó hablando muy lentamente, “Nymphadora Tonks y yo estábamos buscando a Remus Lupin en los calabozos. Yo te encontré. Parecías estar mas muerto que vivo. Te llevé mas allá de las protecciones y justo antes de que me Apareciera en San Mungo, levantaste la mirada y me dijiste -”
“Quién lo diría,” susurró Draco.
“Si,” susurró Harry también con expresión de asombro.
“Pensé que había sido un sueño,” admitió Draco. “También estuviste en el hospital, ¿no?”
Harry asintió.
“Creí que lo había inventado todo. Digo, tu eras el héroe de todo el mundo. ¿Por qué no podías ser el mío?” El tono de Draco cambió y se volvió mordaz, “Y, una vez mas, estuviste ahí en el punto más bajo de mi vida. ¿Te pareció divertido? ¿Fue todo lo que esperabas?”
Incapaz de hablar, Harry sacudió la cabeza.
El coraje de Draco fue subiendo de tono y las lágrimas inundaron sus ojos. “¿Hay alguna otra cosa que no sepa? Digo, ¿estuviste cuando me caí de mi primera escoba? ¿estabas escondido debajo de la cama cuando mi padre me gritó por haber estado husmeando en su escritorio? ¿fuiste testigo del desastre que fue la primera vez que Pansy y yo nos acostamos? Contéstame, Potter, ¿hay algo más que te hayas perdido?”
Invadido por el pánico, Harry contestó, “Lo siento.”
Abruptamente, Draco se levantó y se dirigió hacia la ventana. Respiró profundo y replicó, “¿Sientes haberme salvado la vida?”
Harry siguió a Draco hasta la ventana. “Puedo haberte sacado de un edificio en ruinas, pero tu te salvaste a ti mismo, Draco. Tu salvaste tu alma. Y no, no lamento haberte salvado la vida.” Colocó tentativamente las manos sobre los hombros del otro. “Y no lamento lo que pasó la otra noche.”
Manteniendo la mirada fija en la ventana, Draco asintió varias veces.
“¿Qué te pasó, Draco? ¿Por qué estabas en el calabozo?” le preguntó con cuidado.
“¿Por qué te importa?”
Harry lo abrazó por atrás. “No sé, pero me importa.”
Transcurrieron unos minutos en silencio antes de que Draco comenzara a hablar. “Después de haberme ido de Hogwarts, pasé el verano con mi madre. El Señor Tenebroso sacó a mi padre de Azkaban casi al mismo tiempo en que me hice mayor de edad.” Draco respiró profundo mientras Harry lo abrazaba. “Poco después, me enviaron a mi primera misión. Era una redada en la casa de un oficial del Ministerio. Se suponía que debía matar a la esposa.” Se detuvo.
Harry podía sentirlo temblar en sus brazos. Tan seguro como de que el sol saldría al día siguiente, Harry aseveró, “No pudiste hacerlo.”
Draco asintió. “¿Quién hubiera pensado que el hijo de Lucius Malfoy sería un mortífago tan deplorable?”
“Dumbledore lo sabía.”
Con la mirada todavía en la distancia, Draco asintió nuevamente.
“¿Qué pasó después?” preguntó Harry.
“Los mortífagos por lo general no tienen prisioneros, por lo que me sorprendió sobrevivir la primera semana en el calabozo. Me dio esperanzas. Supe que estaba equivocado cuando vino mi padre y me dijo que mi madre se había suicidado y que yo ya no era su hijo.”
Harry hizo una mueca y lo abrazó con mas fuerza.
“Pronto entendí que me habían dejado con vida para poner un ejemplo. Además de que era útil para entrenar a nuevos mortífagos, los ponían a practicar las Maldiciones Imperdonables conmigo. Incluso algunos de mis viejos compañeros de clase estuvieron ahí. Te evitaré los detalles sangrientos.”
“Lo siento mucho,” dijo Harry con todo el corazón.
“Tuve mucho tiempo para pensar, Harry, y créeme, pensé en ti. Solía culparte por todo y por nada. Al ver que mi padre ni siquiera parpadeó cuando Goyle me lanzó la Cruciatus una y otra vez, me di cuenta de que tu no eras el que estaba al otro lado de la varita. Después del primer mes, también me di cuenta de que la única forma en que podría salir era si mataban al Señor Tenebroso. Snape una vez me dijo que serías tu el que lo haría y que era por eso que Él quería matarte. Comencé a soñar con ese día. Era la única esperanza que tenía.”
Draco se volvió entre los brazos de Harry lo miró frente a frente. Varias lágrimas habían surcado un camino sobre sus mejillas. “Cuando me encontraste, ya estaba en las últimas. En efecto, estaba mas muerto que vivo. En ese momento hubiera recibido a la muerte con los brazos abiertos. Y cuando desperté en San Mungo, me imaginé que todo había sido un sueño. ¿Qué mejor sueño que el héroe del Mundo Mágico te salve de una muerte segura?”
Profundamente conmovido, Harry lo miró a los ojos y dijo con seguridad absoluta, “Puedo curarte el brazo.”
Draco se alejó y se limpió el rostro. “Los Sanadores dijeron que no había nada que se pudiera hacer.”
Harry buscó el brazo derecho de Draco y dijo, “Nada que ellos sepan hacer. Me acabo de dar cuenta.”
“No te atrevas,” dijo Draco en voz baja mientras otras lágrimas comenzaban a caer, “a darme esperanzas.”
“Puedo hacerlo. Confía en mí,” le urgió Harry.
Vacilante, Draco colocó la mano sobre la de Harry.
Harry sonrió y lo miró a los ojos antes de explicarle, “La Marca Tenebrosa es una combinación de un encantamiento proteico y la Maldición Tenebrosa. Primero y antes que nada, es una maldición. Pudieron haber removido la marca, pero la maldición sigue ahí.” Le levantó la manga a la altura del codo. “Es por eso que tu brazo está así. La maldición todavía lo está afectando. Tengo algo de experiencia destruyendo las maldiciones de Voldemort. Me la pasé todo un año haciéndolo de forma regular.”
Le sostuvo la muñeca mientras que sacaba la varita con la mano libre.
“¿Vas a hacerlo ahora?” le preguntó Draco sorprendido.
“Si, ahora mismo. No puedo explicar lo que siento, pero es poderoso. Rechazaste la Oscuridad. Podrías haberme odiado, pero en vez de eso, defendiste todo aquello por lo que yo estaba peleando. Y aquí estás, como un sobreviviente, haciendo amigos, pociones para San Mungo, siguiendo adelante con tu vida. Es mucho mas de lo que puedo decir de mí mismo, puesto que me escondo en mi apartamento.”
Cerró los ojos y pasó la varita sobre el antebrazo de Draco. Canalizó todo lo que estaba sintiendo en ese momento, toda la emoción que poseía. Estaba lleno de admiración y de gratitud. Y aunque le aterrorizara admitirlo, Harry reconocía los principios del amor, un amor que crecería. Estaba tan seguro de ello como de su propia magia. Pudo sentir la calidez que fluía alrededor del brazo. Escuchó una tonadilla en los oídos, por encima de la cual oyó la respiración pesada de Draco. Cuando finalmente abrió los ojos, el brazo estaba curado.
Draco lo miró sorprendido. Harry liberó su muñeca, Draco movió el brazo y tocó la piel lisa y perfecta.
“Lo hiciste,” comentó incrédulo.
Harry solo sonrió y se limpió las lágrimas que se le estaban juntando en los ojos. Y al momento siguiente, Draco lo estaba besando de lleno en los labios. Ni siquiera tuvo tiempo de responder.
Draco se apartó con los ojos llenos de emoción. Sacando la varita, dijo, “Quiero ir a volar. Accio Nimbus 2001.”
La escoba entró volando al cuarto y fue derecho a su mano. Harry vio que era la escoba vieja de la escuela. No había habido razón para que se comprara una nueva.
“Dijiste que llegaste volando. ¿En dónde está tu escoba?” le preguntó conteniendo apenas el entusiasmo.
“En el vestíbulo.”
“Vamos,” dijo tomándolo de la mano y comenzando a correr.
En unos cuantos minutos se encontraban sobre los cielos de la Mansión. A pesar de estar fuera de forma, Draco volaba rápido y salvajemente. Claro que Harry no tuvo ningún problema en mantenerle el paso. Después de todo, era el buscador de Inglaterra. Harry no pudo evitar que el corazón se le acelerara al observar a Draco, que parecía estar en el cielo con una amplia sonrisa en el rostro. Después de una hora, finalmente aterrizó y Harry lo siguió.
Se recostaron lado a lado observando el sol de la tarde. Draco llamó a su elfo doméstico y le pidió que les preparara un picnic. Quince minutos después, el elfo regresó con un gran mantel blanco y un cesto. Preparó todo y descorchó la botella de vino con un chasquido y luego desapareció.
Ya durante el segundo sándwich, Harry se percató de que no había comido nada en todo el día. Podía sentir que los ojos de Draco lo taladraban mientras comía.
“¿Mas vino?” le preguntó Draco.
Harry tragó el bocado y extendió la copa, “Seguro. No creo que estés tratando de emborracharme.”
“Quizá un poco,” le contestó con una sonrisa astuta y le llenó la copa.
Mientras Harry bebía, Draco hizo espacio sobre el mantel y lentamente se acercó hasta que sus costados se tocaron.
“Hola,” dijo Draco.
“Hola, tu. ¿Sabes? He visto mejores coqueteos,” lo vaciló Harry.
“Esto no es coqueteo,” declaró Draco mientras le quitaba la copa de la mano y le besaba el cuello.
Dejó el vaso antes de recostar suavemente a Harry sobre su espalda. “Esto, cariño mío, son juegos preliminares.”
Colocó ambos brazos a los costados del pecho de Harry y se puso encima de él. “Me encanta poder usar el brazo,” dijo con los ojos fijos en el otro.
“Me da gusto.”
“Gracias.”
Antes de que Harry pudiera replicar, la boca de Draco estuvo sobre la suya, toda cálida y húmeda. Su lengua penetró su boca y su cuerpo presionó el suyo. Harry no pudo evitar gemir. Se sentía endemoniadamente bien.
Con los brazos, Draco los giró hasta que quedaron de costado. Harry enredó una mano en su cabello y lo besó con todo su ser. Estaban dolorosamente excitados y no pasó mucho tiempo antes de que la ropa fuera rápidamente echa a un lado.
Cuando finalmente estuvieron desnudos, Harry se colocó arriba y dijo, “No he dejado de pensar en ti desde la otra noche. Quería esto. Quería tocarte, sentirte.”
“Si.”
Harry presionó la boca contra la de Draco. Sabía asombrosamente bien. Su cuerpo parecía estar ardiendo. Las manos de Draco viajaron por todo su cuerpo, tocaban su espalda, cuello, brazos, muslos, trasero. Solo que Harry ya no podía soportar otro minuto de juegos. No había pensado en otra cosa durante días.
“Te deseo, Draco,” jadeó, “quiero estar dentro de ti.”
“Si.”
Harry buscó su varita y lanzó unos cuantos encantamientos básicos que cualquier mago gay debería saber para asegurarse una entrada correcta. Chupando el cuello y clavícula de Draco, lo preparó con los dedos.
Draco gimió y se agarró de sus brazos. “Mas,” suplicó.
Harry lo obedeció gustoso mientras que jugaba la lengua en el pezón. “¿Cómo te gusta?” le preguntó en un susurro.
“No importa. Te deseo demasiado,” logró decir entre dientes.
Una vez más, Harry agarró su varita y murmuró un encantamiento familiar. Extendió el lubricante sobre su pene y se posicionó sobre Draco. Se miraron a los ojos mientras Harry levantaba las piernas de Draco.
“Joder,” maldijo Harry mientras violaba la estrecha entrada de Draco. Rápidamente fue recibido y se deslizó por completo. “Te sientes muy bien.”
“Tu también.”
Draco sonreía con los ojos. No había cosa más hermosa en su corazón que Harry hubiera visto jamás.
“Estás mirando,” dijo Draco entre respiraciones profundas.
“Eres hermoso.”
Draco retrocedió y volvió la cabeza a un lado.
“Mírame,” le dijo suavemente.
Draco volvió la cabeza y encontró la determinada mirada verde de Harry.
“Eres hermoso,” dijo Harry por segunda vez y se inclinó para besarlo con toda la pasión que fue capaz. Con cuidado, salió de su interior para luego volver a entrar.
Draco jadeó y esto envió un estremecimiento por la espina de Harry. Buscando que durara mas, Harry estableció un ritmo casi dolorosamente lánguido. A pesar de ello, Draco comenzó a gemir y a retorcerse llevándolo al límite. Aceleró las embestidas y bajó la mano para acariciar el miembro inflamado de Draco. Pronto encontró un ritmo que pudo aguantar un tiempo.
Arqueando la espalda en señal de éxtasis, Draco maldijo, “Maldición. Qué rico. Qué rico, Harry. Qué rico.”
Empapado de sudor, Harry lo penetraba cada vez mas fuerte. Draco gritó. Se corrió sobre la mano de Harry y lo apretó. Harry gruñó entrecortadamente, “No... voy a... aguantar... más.”
“Entonces, córrete por mi.”
Harry colocó ambas manos sobre las caderas de Draco y se inclinó aun más, mientras éste lo rodeaba con las piernas. Con movimientos cortos, pero cada vez más rápidos, se enterraba en el trasero del otro. Se corrió con un gemido salvaje y se estremeció dentro del abrazo de Draco.
“De vez en cuando me preguntaba cómo era que había salido con vida,” comentó Draco unos minutos después mientras descansaba entre los brazos de Harry.
“¿Si?” preguntó Harry inseguro del por qué sacaba el tema.
“Supongo que imaginé que habías sido tu porque eras inalcanzable. Es más fácil que te agrade alguien que sabes es un imposible.”
“Fascinante,” añadió Harry con una enorme sonrisa.
Mientras hablaba, Draco recorrió juguetón los dedos por la espesa capa de vello del estómago de Harry, “He ido a tus partidos. Solía desear ser tu escoba.”
Riendo, Harry lo abrazó mas fuerte y lo besó en la cabeza.
Draco le plantó un beso en el pecho a modo de respuesta y luego preguntó, “Nuestros caminos siempre se cruzaban, ¿verdad? Y luego, nada pasó durante siete años, ¿por qué?”
“¿Te refieres a por qué nos tomó tanto tiempo?”
“Aja, si.”
“Teníamos mucho qué madurar. Se necesita de mucho tiempo para dejar atrás el coraje y el resentimiento.”
“Oh, pero si yo todavía te resiento,” bromeó Draco.
Con un movimiento fluido, Harry rodó para quedar encima y le sujetó las muñecas.
“Déjame adivinar,” comentó Harry, “son juegos preliminares.”
Con los ojos brillantes de deseo, Draco asintió.
Tres meses después...
Y aunque todos seguían sorprendidos por la boda de Ginny Weasley con Blaise Zabini, no quedaba duda de que la sorpresa más grande de la tarde había sido la cita del padrino Draco Malfoy, que no era otro que Harry Potter. Se reportó que los dos bailaron toda la tarde y que más tarde, ante la mirada de los impresionados asistentes, Harry Potter atrapó el ramo.
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