El Dormitorio de Gryffindor
Bienvenido al Mundo Real
Escrita por: IamtheLizardQueen
Traducida por: Nalero y Val

Cap�tulo Uno: Venga el Fr�o

Draco Malfoy ten�a fr�o, estaba cansado y ten�a hambre.

Se percat� de que, extra�amente, era la primera vez en sus dieciocho largos a�os de vida que sent�a alguna de esas cosas. Oh, si, hab�a habido ocasiones en las que hab�a salido sin abrigo de Hogwarts en un d�a fr�o, y se hab�a quejado de tener fr�o, de la misma forma en que hab�a habido ocasiones en las que hab�a pasado mucho tiempo estudiando y durmiendo poco, o en las que se hab�a despertado tarde para ir a desayunar. Pero ninguno de esos eventos se comparaba ni tantito con lo que estaba sintiendo ahora. En este momento pod�a describir con exactitud el ciclo exquisitamente doloroso del fr�o; primero, una sensaci�n hormigueante que se podr�a describir como peque�os cuchillos perforando la piel, el breve descanso de quedar entumecido, luego, el viento golpeando su piel tan rudamente que le parec�a tener calor, y, finalmente, un estremecimiento que le llegaba hasta lo mas profundo para volver a comenzar, cada vez un poco peor que la anterior.

Antes, el cansancio era algo que siempre era bien recibido; el atolondramiento de los sentidos y la promesa de unas cuantas horas envuelto en la calidez del olvido. Ahora, cada hora que pasaba despierto parec�a a�adirle mas peso a sus hombros, forzando su cuerpo a doblegarse ante la presi�n, a mecerse adelante y atr�s al comp�s de los latidos de su cabeza como un borracho. Ahora entend�a por qu� era una tortura tan devastadora la privaci�n del sue�o, pues aunque tuviera tiempo para acostarse, estaba demasiado cansado para dormir.

Y tambi�n ahora pod�a decir que sab�a c�mo se sent�a que el est�mago le rugiera de hambre, junto con la nausea y el mareo. Sin embargo, definitivamente no deseaba conocer estas definiciones tan precisas y maldec�a al que hubiera pensado que necesitaba tales lecciones.

�Ganaste, �de acuerdo? He sido humillado,� murmur� hacia el cielo entre dientes. Por supuesto, nadie le contest�, suspir� pesadamente y continu� cambiando el peso sobre sus pies congelados. Habiendo llegado en Londres, hab�a estado seguro de que sus juicios hab�an terminado. Ahora parec�a estar a punto de caer, despu�s de haber llegado tan lejos...

Voldemort estaba muerto. El mago tenebroso, todopoderoso que hab�a buscado la dominaci�n de los mundos m�gico y muggle hab�a sido destruido. Hab�an pasado ya casi dos a�os de su muerte y todav�a hab�a gente que lidiaba con las consecuencias de una guerra corta pero destructiva. O as� era como lo ve�a. Draco Malfoy hab�a pasado prisionero en su propia casa la mayor parte de los �ltimos a�os. Se hab�a convertido en el enemigo de su padre, Lucius Malfoy, al desafiarlo abiertamente y negarse a convertirse en mort�fago y quedarse en Hogwarts en donde estaba asentado el lado de la luz. Al final, al ver el rumbo que estaba tomando la guerra, Lucius, sabiamente, se hab�a distanciado de Voldemort, as� que cuando finalmente cay� el mago malvado, no hubo nada que achacarle a �l. Unos cuantos castigos, un manazo en la mu�eca y Lucius Malfoy regres� a su mansi�n llev�ndose consigo a su hijo rebelde. De lo que nadie se percat�, era que la ambici�n de Lucius no ten�a fin. Hab�a planeado tomar el lugar de Voldemort y tener �xito en donde �l hab�a fracasado, y quer�a que Draco estuviera a su lado cuando lo lograra. Ten�a mucha confianza en su habilidad para vencer cualquier resistencia por parte de Draco. Era unirse a �l o morir.

Lucius hab�a sido paciente. Ten�a muchas otras cosas en qu� pensar aparte de romper la resistencia y reconstruir a su �nico hijo, as� que Draco solamente hab�a sido recluido a un peque�o cuarto desnudo, sin varita, distracciones y nada qu� hacer. Hab�an sido casi un alivio las raras ocasiones en las que Lucius iba a castigarlo, pues hab�an representado un alivio a la monoton�a. Entonces, a alguna hora de la ma�ana del d�a anterior, hubo un suceso sorprendente. Su madre.

�Madre,� dijo incr�dulo, pues estaba seguro de que sus ojos le estaba jugando una mala pasada. De todo el tiempo que hab�a estado en este cuarto, aunque su madre hab�a estado a unos cuantos pasillos, �sta era la primera visita que le hac�a.

�Draco,� dijo ella. En la puerta abierta estaba parado un guardia por si Draco decid�a intentar escapar. No hab�a muchas posibilidades de ello, ya que Draco hab�a recibido s�lo el alimento suficiente para mantenerlo con vida, pero no as� saludable. Dudaba poder caminar, y ya no digamos correr. Todo era parte del esquema de �reforma� de Lucius. Narcissa Malfoy se volvi� y le dirigi� una mirada fr�a al guardia, �V�yase,� dijo simplemente y le cerr� la puerta en la cara.

��Qu� est�s haciendo aqu�?� le pregunt� Draco.

��Te unir�s a tu padre?� pregunt� ella. El tono que emple� suger�a que le importaba poco tanto el �ltimo intento de acceder al poder de Lucius, como que Draco estuviera involucrado.

�No,� contest� Draco y con una sonrisa de desprecio, a�adi�, �Yo hubiera pensado que para este momento ya era mas que obvio. Han pasado dos a�os.�

��Dos a�os? �Tanto tiempo?� pregunt� Narcissa. Se encogi� de hombros, �Supongo que si.� Hizo otra pausa y Draco recarg� la cabeza en el colch�n y mir� el techo, en espera de que ella dijera el motivo de su visita.

�S� que no soy una buena madre. Nunca he sentido un cari�o maternal hacia ti, como estoy segura te habr�s dado cuenta. No es que hayas hecho algo. Para ser honesta, no siento un cari�o particular por nadie. No tuve un pasado traum�tico al que se le pueda echar la culpa, y no me educaron as�, sin embargo, s� que mi rango de emociones es muy corto. Pero a ti te ha hecho da�o, y por ello me siento... lo lamento.�

Draco estaba sorprendido, abr�a y cerraba la boca pero no era capaz de articular sonido. Mir� a su madre y observ� que ella se estaba revisando las u�as, que parec�an ser m�s importantes que la confesi�n que estaba haciendo.

�No espero que me perdones, y no te lo estoy pidiendo tampoco. Sin embargo, hay algo que puedo hacer por ti y te pido que conf�es en mi.�

�Conf�o en ti. Puedes haber tenido tus fallas, pero jam�s me has mentido,� dijo Draco.

�Tu padre vendr� hoy a preguntarte si est�s listo para unirte a su peque�a rebeli�n.�

�Eso lo ha hecho antes y tu nunca viniste,� coment� Draco.

�Esta vez, cuando digas que no, te matar�.�

Su voz no tembl� al pronunciar su destino, ni cambi� su expresi�n, tan s�lo un destello de desaprobaci�n en los ojos. Draco jade� dolorido, una y otra vez, hasta que el remolino de pensamientos se calm�.

�No quiero morir,� dijo suavemente. La admisi�n result� sorprendente, incluso para �l. �Qu� motivos ten�a para vivir?

�Eso pens�,� dijo Narcissa. �He venido a liberarte. Comprende que tuve muy poco tiempo para prepararme, y adem�s, nunca he sido muy buena en la planeaci�n, as� que mi ayuda ser� limitada.�

��Mi varita?�

�No la tengo,� contest� Narcissa. Levant� un dedo y le indic� que se acercara. Abri� la puerta y pas� encima del guardia cuya bebida hab�a envenenado antes de hablar con Draco. El hombre estaba muerto, no era lo que ella hab�a querido, pero no era experta en pociones, y realmente no importaba. Draco trag� con dificultad y sali� de su cuarto siguiendo a su madre. Recorri� con la mirada a su alrededor, sus ojos se ajustaron pobremente a la penumbra. Cre�a ver a Lucius en todos lados, y el coraz�n le lat�a tan r�pido que apenas si pod�a respirar, pero Narcissa lo gui� eficientemente por el laberinto de corredores, evitando cualquier testigo con facilidad. Draco se encontr� frente a las puertas de un s�tano, que sab�a estaban cerca del bosque que hab�a a las orillas de la propiedad Malfoy.

�Toma una escoba � no pod�a traer la tuya sin levantar sospechas. Ten, algo de dinero, siento que no sea mucho, pero las finanzas siempre han estado bajo el control de tu padre.�

��Comida?�

�No pens� en ello,� contest� encogi�ndose de hombros.

�Est� bien,� dijo Draco.

�Ser� mejor que te lleves este abrigo, afuera hace fr�o. Estamos en enero, por si no lo sab�as. No te preguntar� a d�nde ir�s, ser� mas seguro para ambos de esa forma. Adem�s, si fuera absolutamente necesario, ser� f�cil que me encuentres.� Por la forma en que lo dijo, dej� perfectamente claro que no esperaba volver a tener noticias de �l � nunca.

Draco se ech� el abrigo sobre los hombros, y espero que fuera lo suficientemente caliente. Abri� las puertas del s�tano y se asom�. El suelo y los techos de la mansi�n estaban cubiertos de una ligera capa de nieve. El cielo estaba gris y soplaba un viento fuerte del norte. Llen� sus pulmones de aire fresco y sinti� una peque�a punzada de esperanza. Quiz� s� podr�a escapar y ser libre. Logr� forzar una sonrisa para la diminuta mujer que estaba a su lado.

�Adi�s, madre. Que est�s bien,� le dijo con gentileza, sabiendo que no hab�a nada m�s que ella pudiera darle, y a la vez sorprendido de que hubiera hecho tanto. Inclin� la cabeza y ech� otro vistazo afuera para asegurarse de que no hubiera mirones, dio una patada en el suelo y vol� hacia la cubierta que le ofrec�a el bosque.

Narcissa Malfoy se sorprendi� a si misma al quedarse observando el bosque hasta que su hijo estuvo fuera del alcance de la vista. Cerr� las puertas del s�tano abruptamente y le ech� llave. Regres� a su salita de estar y le orden� a un elfo dom�stico que le llevara una taza de t�. Draco se hab�a alejado ya varios kil�metros cuando Narcissa bebi� la �ltima gota de t�. La delicada taza de porcelana cay� el piso y se rompi� en mil pedazos, el veneno que hab�a preparado corr�a lentamente por su sistema. Mucho antes de que Lucius descubriera la fuga, Narcissa Malfoy hab�a muerto.

Draco Malfoy sab�a que el �nico lugar en el que ten�a oportunidad de escapar de su padre era en el mundo muggle, pues �ste ten�a demasiados contactos en el mundo m�gico quienes con gusto delatar�an su paradero. Al virar la escoba directo hacia Londres, pens� que lo hac�a solamente porque era la ciudad mas grande y mas cercana. Despu�s de viajar por el cielo fr�o durante casi todo el d�a, cay� en la cuenta de que hab�a escogido Londres por una raz�n en espec�fico. Iba a buscar a la �nica persona que posiblemente podr�a ayudarlo. Despu�s de todo, Harry Potter hab�a salvado al mundo, �qu� podr�a significar un alma m�s?

Lleg� a Londres ya avanzada la tarde, pens� que la oscuridad era una cubierta perfecta para su escoba. Sin embargo, la repentina ca�da en la temperatura pronto lo oblig� a dejar el cielo, ya que sus manos no pod�an sujetar el mango de la escoba. Su aterrizaje fue malo debido a su cansancio, y cay� al piso porque las piernas se negaron a soportar su peso. Se tom� unos momentos para recuperar el aliento y mir� a su alrededor.

Una luz le indic� que estaba en el jard�n trasero de alguien. Se meti� en un cuarto de herramientas cercano, se cubri� con unos sacos de grano vac�os para calentarse e intent� dormir. Despu�s de unas cuantas horas bastante inc�modas, se levant� y sali� a explorar con la esperanza de encontrar algo de comida. Parti� un car�mbano y lo chup�, haciendo una mueca cuando el hielo le cort� los ya congelados dedos. S�lo hab�a avanzado unas cuantas cuadras cuando se dio cuenta de que estaba perdido, y aunque se pas� la siguiente hora tratando de localizar el lugar donde hab�a pasado la noche, tuvo que darse por vencido. Intent� consolarse con el hecho de que, de cualquier forma, ya no habr�a podido volar en la escoba, y que mientras menos magia usara, ser�a m�s dif�cil de localizar.

�Ahora tengo que concentrarme en encontrar a Potter,� murmur� caminando penosamente por la acera. Era crucial que se concentrara en su meta, y no en los sentimientos de p�nico y miedo que corr�an por sus venas como un veneno, pues si se dejaba caer en la oscuridad ahora, no sobrevivir�a para ver a Harry. Y nada era mas importante que eso.

Draco se encontraba en una parte de la ciudad dedicada casi exclusivamente a casa habitaci�n, lo que no era muy prometedor. Si hubiera sido capaz de pensar con claridad el d�a anterior, hubiera aterrizado mas cerca de un �rea comercial, en donde hubiera sido m�s f�cil encontrarse con alguien que por medio de persuasi�n m�gica pudiera llevarlo hasta Potter. Cualquiera de estas casas pod�a ser la casa de un mago, pero no hab�a forma de saber cu�l. Iba a cruzar la calle cuando un ruido fuerte y estrepitoso lo hizo retroceder r�pidamente.

��F�jate!� le grit� un hombre desde un autom�vil cuando pas� a su lado. Draco se qued� boquiabierto, pues nunca hab�a visto un aparato igual y se pregunt� c�mo era que se mov�a.

��Est�s bien, cari�o? Pareces estar perdido,� dijo una voz.

Draco se volvi� y vio a mujer de mediana edad de cabello caf� entrecano y unos amables ojos caf�s que lo observaba. Llevaba al hombro una gran bolsa de lona, vac�a, botas de piel, un abrigo largo y unos gruesos guantes rojos. Su primer impulso fue correr, pero se esforz� por mantener la calma mientras se preguntaba si no habr�a sido reconocido ya.

�Necesito encontrar a Harry Potter,� dijo con voz ronca.

��Harry Potter? Hmm, el nombre no me suena y conozco a casi todos mis vecinos. �Est�s seguro de que vive en esta calle?�

Draco la mir� incr�dulo. Todo el mundo conoc�a a Harry Potter, �no? �C�mo era posible que no supera qui�n era Harry Potter? Sinti� ganas de gritar: �Tiene el cabello negro, ojos verdes, es el Chico-Que-Vivi� y quien destruy� al malo mas grande que este mundo haya conocido jam�s, mujer tonta�. Entonces, otro pensamiento lo invadi�, �ser�a posible que Harry Potter en verdad fuera tan desconocido en el mundo muggle como �l mismo dec�a? Siempre hab�a cre�do que ese cuento era producto de la modestia de Harry. Palideci�. �C�mo iba a encontrarlo si nadie sab�a qui�n era?

�Yo... no s�,� logr� decir. Su legendaria elocuencia lo hab�a abandonado en alg�n momento durante su reclusi�n, y su confianza mucho antes. Apenas si pod�a mirar a los ojos a estos muggles inofensivos, y, en cambio, miraba a su alrededor constantemente, y cualquier sombra lo hac�a brincar. Su mente ide� una mentira que esperaba desesperadamente creyera la mujer. �Se supon�a que nos �bamos a ver, pero yo creo que nos equivocamos de hora, porque nunca se apareci�, por lo que pens� encontrar su casa por mi cuenta.�

�Oh, cari�o, y mira que tuvo que ser en un d�a tan fr�o. �Tienes su direcci�n o su n�mero?�

�N�mero? No entend�a a qu� se refer�a, pero pens� que si le preguntaba, podr�a hacer ver aun mas sospechosa su d�bil historia.

�Los perd�, junto con mis pertenencias,� contest�. Se ruboriz� convincentemente, como si en verdad estuviera avergonzado de su propia incompetencia, en vez de terriblemente temeroso de estar perdido para siempre en las calles de Londres.

��Dios! �Qu� barbaridad! Apuesto a que fue en una de esas terribles l�neas a�reas; siempre te pierden el equipaje. As� que, aqu� est�s, perdido en Londres,� hizo una pausa ligera, en espera de la confirmaci�n de Draco, y cuando �ste asinti�, continu�, �Y sin nada. Qu� terrible. Bueno, no te preocupes, cari�o, ya se nos ocurrir� algo.�

La mujer ten�a unos negocios urgentes, por lo que no dispon�a de mucho tiempo para Draco, y se disculp� grandemente. A�n as�, lo llev� a la biblioteca loca, frente a unos grandes directorios e, incluso, le anot� su propio n�mero de tel�fono en un pedazo de papel, por si no encontraba un lugar en donde pasar la noche.

Ahora que se hab�a acostumbrado a la parlanchina mujer, que parec�a haber aceptado de buena gana su extra�a apariencia y su silencio, le molestaba que se fuera y le dijo simplemente, �Gracias.�

�Oh, no es nada.� Dijo la mujer ruboriz�ndose ligeramente. �Que tengas suerte y encuentres a tu amigo. Oh, casi lo olvido. Te dejar� �stos, �las manos se te ven congeladas!�

Se quit� los guantes y los dej� sobre la mesa frente a la silla de Draco. Acarici� la lana c�lida y dese� haberle preguntado su nombre. Mir� fijamente el n�mero de tel�fono que le hab�a dado y trat� de componer el rompecabezas. Le hab�a preguntado si sab�a el n�mero de Harry, �es que acaso todos los muggles ten�an este c�digo de identificaci�n? Pero se supon�a que �l ten�a que �llamarla� si para la noche no hab�a encontrado un lugar. No pod�a tratarse de un hechizo o un encantamiento, entonces, �para qu� serv�an los n�meros?

Un hombre sali� de unas puertas que dec�an sanitarios, y Draco se levant� de un brinco, y el rompecabezas se le olvid� moment�neamente por la ansiedad. Aqu� hab�a algo verdaderamente �til. Utiliz� los ba�os, que eran muy parecidos a los que el conoc�a, y se ech� enormes cantidades de agua caliente sobre las manos y la cara. Mir� su reflejo en el espejo y se sorprendi� un poco de que la imagen no le hablara. Quiz� era una bendici�n, ya que parec�a muerto. Ten�a el cabello descuidado, le hac�a falta un corte y una buena limpieza. Intent� mejorarlo moj�ndolo, pero la diferencia no fue mucha. Ten�a los labios azules y tuvo la certeza de que ten�a las orejas (que le pulsaban bastante) congeladas. Toda la cara se le ve�a demacrada y hundida, y unas ojeras profundas cubr�an sus ojos enrojecidos. Ten�a las manos rojas y agrietadas, y los dedos tiesos e hinchados. No se atrevi� a mirarse los pies.

A la larga, regres� a la mesa y se acurruc� en la silla desgastada pero suave. Sinti� que se le cerraban los ojos y se pregunt� cual ser�a el castigo por quedarse dormido ah�. Vio a un hombre ya mayor cerca de las ventanas con la barbilla clavada en el pecho y que roncaba quedamente, y dej� que se le cerraran los ojos. El ruido de un libro aventado sobre la mesa lo despert� de un sue�o - gracias a dios - libre de sue�os.

�Lo siento,� dijo una chica como de su edad y que estaba sentada en el otro extremo de la mesa en la que estaba �l. Le se�al� la pila de libros que ten�a frente a ella y le dirigi� una sonrisa de disculpa, �Tengo ex�menes. �Crees que pueda aprenderme todo el periodo en dos d�as?�

Draco se limit� a asentir en silencio, pensando en que ese era un comentario que hab�a escuchado frecuentemente en Hogwarts. Era reconfortante sabe que algunas cosas no cambiaban � por ejemplo, malos h�bitos de estudio. La chica ri� por lo bajo y luego se concentr� en su trabajo. Draco se frot� los ojos y bostez�. �Bien, es hora de que tu tambi�n te pongas a trabajar, Draco,� se dijo a si mismo.

La mujer le hab�a puesto enfrente varios libros bastante gruesos, dici�ndole que quiz� podr�a encontrar a su amigo en ellos, y que podr�a llamarlo. Hasta el momento, lo �nico que ten�a, eran preguntas, pero estaba bastante seguro de su inteligencia, y sab�a que, eventualmente, descubrir�a las cosas. Lo malo era que el tiempo se le estaba acabando; si pasaba mucho tiempo mas, caer�a v�ctima del dolor que ten�a dentro. Abri� el primer libro y lo encontr� lleno de miles y miles de nombres. A�n mejor, estaban ordenados alfab�ticamente. Busc� �Harry�, pero pronto se dio cuenta de que estaban acomodados por apellido. Busc� la secci�n de la P y casi se desmay� al ver que hab�a listados cerca de veinte Harry Potter. �Todos eran la misma persona? No, todos ten�an un juego de n�meros diferentes a un lado. Incluso, algunos de los nombres ten�as impresa una direcci�n. Bueno, pens� que era mejor buscar entre veinte, no, correcci�n, veintiocho personas si se contaban las entradas que dec�an Potter, H., que en todo Londres.Mir� a su alrededor en busca de una pluma o l�piz para escribir los nombres, pero no vio nada. La chica levant� la mirada de su libro y le dio una pluma azul y una hoja de papel.

�Toma, te presto �stos,� dijo. Draco contest�, �gracias� y cuando ella regres� su atenci�n a su libro, examin� los extra�os objetos. Pronto se dio cuenta de que la pluma no necesitaba tinta, ya que ya la ten�a adentro. El color lo desconcert� un poco, pero era mucho mas limpio que su pluma habitual, y le encant� el echo de que no se manchara los dedos en lo mas m�nimo al escribir.

Copi� cada nombre meticulosamente, incluyendo las direcciones y los n�meros. Cuando hubo terminado, le regres� la pluma a la chica.

�Gracias por... dejarme usarla. Pero necesito quedarme con el papel si no hay problema,� dijo. La chica se ri�.

�Por supuesto, y tambi�n te puedes quedar con la pluma si quieres. Lo mas probable es que la necesites si vas a hacer todas esas llamadas.�

��Disculpa?�

�Todos esos n�meros telef�nicos de...� entrecerr� los ojos mirando la hoja para intentar entender la elaborada letra de Draco, ��Harry Potter? Si vas a llamar a todos esos sujetos, ser� mejor que marques los que no sean el que buscas, o se te olvidar� pronto. Lo s�, porque me pasa todo el tiempo. Siempre ando perdiendo los n�meros de la gente.�

�Y, �sabes en d�nde puedo hacer todas estas... llamadas telef�nicas?� si la chica se dio cuenta de que casi escupi� estas palabras desconocidas, no dijo nada.

�Hmm, el tel�fono de monedas de la entrada est� descompuesto, pero hay otro calle abajo, en la esquina.�

Draco asinti�, �Gracias, realmente te lo agradezco.� Se acomod� el abrigo un poco mejor, se puso los guantes color rojo fuego, se guard� la pluma y el papel en el bolsillo interior y se levant� para marcharse.

�Eres un poco raro,� coment� ella se�alando su vestuario. Al principio se preocup� de que hubiera sospechado algo, pero luego se sinti� aliviado al descubrir que s�lo estaba bromeando.

�Ya sabes c�mo te ponen los ex�menes,� contest�. Ella ri� y Draco se march�. Se fij� en el aparato que hab�a a la entrada de la biblioteca y que ten�a pegado un letrero de �No Sirve�. Arriba estaba escrita la palabra �tel�fono� con brillantes letras azules, e incluso ten�a las instrucciones de uso.

Le pareci� sospechosamente conveniente, y, a pesar de la siesta, todav�a se sent�a cansado y tremendamente hambriento. Tambi�n asustado. Asustado de estar solo, sin recursos, asustado de que alguien lo estuviera observando y que lo regresara, y asustado de no poder lograr nada en un mundo tan diferente del suyo. En este mundo, no era nadie. �C�mo iba a lograr algo en este mundo si ni siquiera pod�a hacer algo tan sencillo como encontrar a Harry Potter?

Cuando cruz� las puertas, el clima hab�a mejorado ligeramente, y los guantes manten�an sus dedos mucho mas calientes. Divis� la cabina telef�nica y observ� que alguien entraba en ella, se buscaba en los bolsillos, echaba lo que parec�a ser una moneda en la m�quina, levantaba una cosa con forma de L, se la llevaba a la oreja y boca, y luego presionaba una serie de botones. Draco lo observ� �vido, y se pregunt� qu� pasar�a despu�s. El hombre en el tel�fono sonri� de pronto, y comenz� a hablar r�pidamente. Esper�, obviamente estaba escuchando, y luego volvi� a hablar. Despu�s de que el hombre hubo terminado, Draco se acerc� a la cabina y entr� con paso vacilante, medio esperando que las puertas se cerraran con llave detr�s de �l. La primera instrucci�n dec�a que se deb�an colocar las monedas en una ranura, y Draco gimi�. Necesitaba dinero, y dudaba que aceptaran galeones en el mundo muggle. �c�mo diablos iba a obtener monedas para el tel�fono? Sali� de la cabina, y comenz� a caminar lentamente, manteniendo siempre en mente la ubicaci�n de la biblioteca, s�lo por si acaso. Entr� a una calle llena de tiendas y se sent� en un banco para poder pensar.

Vio otra m�quina chistosa que estaba a un lado de la pared. La gente hac�a fila frente a ella, deslizaba una peque�a tarjeta de pl�stico, presionaba algunos otros n�meros, y, de la m�quina sal�a, nada mas, ni nada menos, que dinero. Observ� a unas cuantas personas hacer lo mismo, y lo sacaron de sus pensamientos unos toquecitos en el hombro.

�Ser� mejor que te muevas, hijo,� dijo una voz brusca. Era un hombre vestido con una especie de uniforme. �A la gente la pone nerviosa que los est�n observando mientras sacan dinero de sus cuentas.�

Draco se sonroj� al darse cuenta de que, efectivamente, se ve�a muy sospechoso lo que hab�a estado haciendo. Y tampoco pod�a explicar que nunca antes hab�a visto una m�quina de dinero.

�Lo siento, no quise hacerlo,�tartamude�. �Que movimiento tan tonto, Malfoy, llamar la atenci�n de las autoridades muggles en tu primer d�a en Londres�, pens�.

�Te creo, pero pens� que deber�a hac�rtelo notar,� le dijo el polic�a amablemente.

Draco asinti� y camin� r�pidamente por la calle, volviendo la mirada ansioso, por si el hombre del uniforme lo segu�a. En su prisa por poner tanta distancia como fuera posible entre �l mismo y la m�quina de dinero, se perdi� r�pidamente en las interminables calles y avenidas. Cansado y a punto de llorar ahora que hab�a perdido la relativa seguridad de la biblioteca p�blica, se top� con una tienda que se parec�a un poco a las tiendas a las que �l estaba acostumbrado. Ten�a un toldo viejo que sobresal�a encima de la calle, una luz dorada sal�a del interior y un letrero en movimiento que dec�a �Antig�edades�. En la ventana ten�a puestos tableros de colores brillantes, describiendo lo que ten�a en venta. Un letrero en particular llam� su atenci�n, pues dec�a: se compra joyer�a o art�culos de colecci�n de inter�s. Draco baj� la mirada hacia el reloj de oro que llevaba en la mu�eca, pregunt�ndose si lo calificar�an de interesante. En el mundo m�gico era un simple reloj de cuerda, de oro, con gemas en lugar de n�meros. Sab�a que los muggles ten�an relojes que caminaban autom�ticamente. Una vez, durante el primer a�o, hab�a visto uno y lo hab�a robado para ver c�mo funcionaba. Despu�s de desbaratarlo por completo, lo �nico que encontr� fue algo llamado pila, y a�n as�, no ten�a idea de c�mo funcionaba la tonter�a esa. Al final, se convenci� de que las invenciones muggles estaban muy por debajo de su nivel, y se qued� con el suyo de cuerda, aun cuando era en realidad que odiaba el echo de que alguien supiera algo que �l no.

Al entrar en la tienda, unas campanitas comenzaron a sonar y un hombrecillo regordete sali� de un cuarto trasero.

��En qu� puedo ayudarlo, joven?�

�Vi su letrero y me preguntaba si comprar�a mi reloj,� se lo quit� de la mu�eca y se lo dio. El otro hombre lo observ� movi�ndolo entre las manos.

��De cuerda? Est� en excelentes condiciones,� murmur� el hombre. �Mi nombre es Pat. �Por qu� no te sientas? �Quieres algo de t�?�

Draco se encogi� de hombros, pues no quer�a parecer �vido. El hombre regres� al cuarto trasero y volvi� pronto con una charola. Llevaba un servicio de t� de plata y un paquete de galletas de jengibre. Draco las mir� hambriento, pero intent� contenerse mientras Pat le serv�a una taza de t� humeante. Despu�s, abri� el paquete de galletas y se llev� una a la boca. Luego, las empuj� hacia Draco, quien tom� tres mientras Pat estaba ocupado, y les dio una mordida �vido. Nada le hab�a parecido nunca tan sabroso, y antes de que hubiera terminado la primera galleta, ya estaba extendiendo la mano hacia el paquete otra vez. A Pat no pareci� importarle, ya que estaba observando su reloj.

��Est�s seguro de quererte deshacer de �l?� le pregunt�. Draco asinti� con la boca llena. Se trag� lo que ten�a en la boca sinti�ndose culpable e intent� recordar sus buenos modales. Pat lo observ� y dijo finalmente, con voz baja,

��Entonces eres un mago?�

Draco se atragant�. Con la voz llena de terror, escupi�, �Claro que no, que tonter�a. Todo el mundo sabe que no existe la magia.� El linchamiento no estaba permitido aqu�, �verdad? No hab�a escuchado de nadie que hubiera sido quemado en la hoguera recientemente, pero en Inglaterra a las brujas se les ahorcaba, no quemaba. A�n m�s importante estaba el miedo de que la noticia de que un mago hab�a sido descubierto en Londres pudiera llegar a su padre.

�Aqu� han venido varias personas m�gicas. Creo que les gusta la sensaci�n de antig�edad del lugar.�

�Oh,� dijo Draco aliviado, pero a�n desanimado. �Y yo que cre� que me estaba mezclando perfectamente.�

�Estoy seguro de que nadie m�s lo ha notado. Solo se nota cuando se sabe lo que se est� buscando,� dijo Pat.

�Por favor, no diga nada sobre mi,� le pidi� Draco. hace algunos a�os, la oraci�n le hubiera salido como una exigencia, respaldada por una amenaza. Ahora, sonaba a s�plica y la vibraci�n hizo que su voz se escuchara pat�ticamente aguda, a�n para sus o�dos.

�No tienes que temer de mi,� dijo Pat, que a su vez se preguntaba qu� era lo que pod�a hacer que un joven se viera tan acorralado y obsesionado. Fue otra vez para atr�s y trajo otro paquete de galletas, esta vez de chocolate y se las dio a Draco. luego continu� como si nada, �Te dar� cien libras por el reloj. Quiz� valga m�s, pero sin un fabricante reconocido, la gente no se arriesga.�

�Muy bien,� dijo Draco sin tener una idea de cu�nto eran cien libras, pero no ten�a la suficiente fuerza como para discutir. �Cu�nto necesitaba para hacer que funcionara el tel�fono? Pat no parec�a tener prisa en que se fuera, y ya habiendo confiando tanto en �l, pens� que lo pod�a presionar un poco m�s. �Estoy buscando a un amigo m�o. No me s� su n�mero de tel�fono, pero copi� una lista de un libro.� Busc� su lista y se la mostr� a Pat. ��Con cien libras me alcanzar�?�

Pat ri� de buena gana. �Claro. Es m�s, te dejar� usar mi tel�fono gratis,� dijo. Busc� detr�s del mostrador y sac� un peque�o tel�fono negro. Lo puso enfrente de Draco y esper� expectante. Draco mir� fijamente la cosa esa, deseando que funcionara solita, deseando tambi�n que tuviera instrucciones como los otros.

��Has usado alguna vez un tel�fono?�

Draco frunci� el ce�o, detestaba ser tan in�til, pero tuvo que admitir que estaba vencido.

�Bueno, es bastante f�cil. Levanta la bocina, y luego marca el n�mero en las teclas. Ser� mejor que comencemos con el primero de la lista, �sale? Ahora, s�lo uno de ellos es el Potter que est�s buscando, e incluso es posible que tu amigo no est� en la lista, pero de eso hablaremos despu�s. �Reconocer�as su voz?�

��Su voz?�

�Si, as� es como funciona un tel�fono. Marcas los n�meros, la persona a la que buscas levanta su bocina y hablan.� Draco asinti�.

�No estoy seguro. Ha pasado algo de tiempo,� admiti�.

�Piensa en alguna pregunta que le podamos hacer para eliminar a los dem�s.�

�Ummm, ��Es el Harry Potter que fue a Hogwarts?� �qu� tal �sa?� sugiri� Draco.

�Perfecto. Yo har� la primera llamada para que veas c�mo se hace,� dijo Pat gui��ndole un ojo. Draco le dict� los n�meros de la p�gina y Pat los marc�. ��Hola? Quisiera hablar con Harry Potter, por favor.� Pausa. �Estoy buscando al Harry Potter que fue a la escuela de Hogwarts.� Otra pausa. �Gracias, y disculpe la molestia. Hasta luego.�

�Obviamente no fue �l,� coment� Draco. sac� la pluma y tach� el nombre. Pat le dio la bocina y Draco se puso manos a la obra. A cada llamada se le hac�a mas sencillo, aunque se le hac�a misterioso hablar con alguien a quien no pod�a ver y que no conoc�a. Cuando ya llevaba cerca de dos terceras partes de la lista, con unas pocas excepciones que hab�an salido y que no pod�an contestar la pregunta, estaba empezando a sentir p�nico de que fuera a llegar a otro callej�n sin salida. Entonces ocurri� algo que no esperaba.

La voz al otro extremo dijo hola, pero, antes de que pudiera contestar, la voz continu� hablando. �Hola, est�s llamando a la casa de Harry Potter. Por el momento no estoy, pero si dejas tu nombre y n�mero despu�s del tono, te regresar� la llamada tan pronto como pueda.� Luego se escuch� un pitido largo y Draco abri� los ojos desmesuradamente y le empuj� el tel�fono a Pat.

��Qu� pasa?� pregunt�. Se llev� la bocina a la oreja y escuch� el zumbido de la contestadora.

��El tel�fono se contest� solo!� exclam� Draco.

�Es una contestadora. Es para que la gente pueda dejar un mensaje si la persona con la que est�n intentando comunicarse no est�.�

� Es escalofriante,� coment� con un estremecimiento.

��Pero crees que era tu amigo?�

Draco se dio cuenta de que no hab�a puesto atenci�n por lo sorprendido que estaba por la m�quina. Volvi� a marcar el n�mero y escuch�, �Hola, est�s llamando a la casa de Harry Potter...�

�Claro que si,� dijo en voz baja sin necesitar escuchar el resto del mensaje. La voz era ligeramente m�s madura de lo que recordaba, pero segu�a siendo suave, y casi vacilante o so�adora. Por primera vez en dos a�os, Draco se sinti� un poco m�s seguro al escuchar la voz. Por alguna raz�n, sab�a que Harry mejorar�a su situaci�n.

�Bueno, no est� en casa y no su direcci�n no est� listada, pero apuesto a que la podemos obtener en informaci�n.� Pat us� el tel�fono y habl� con alguien, para unos momentos despu�s tomar la pluma para escribir una direcci�n. �Aqu� tienes. Aqu� es donde vive, pero me temo que est� un poco lejos de aqu�. Ser� mejor que tomes el subterr�neo � el tr�fico a esta hora es tremendo. Pero nunca has viajado en el subterr�neo, �cierto?�

�No.�

�Puede ser un poquito confuso, pero hasta ahora lo has hecho muy bien. Mira, tengo un mapa en alg�n lado,� dijo Pat. Encontr� un mapa del subterr�neo y marc� la ruta de Draco con la pluma. Le dijo en donde comprar el boleto, en donde bajarse y cambiar de tren, de que lado salir cuando llegara, e incluso le dijo que tuviera cuidado de la gente que podr�a intentar quitarle el dinero. Draco se sinti� igual que en su primer d�a en Hogwarts � temeroso, inseguro y desesperado por ocultarlo. Pat le dio el dinero por el reloj en billetes peque�os y luego lo llev� afuera de la tienda y le se�al� la entrada al subterr�neo.

�No s� qu� decir,� coment�. �Me he sentido igual todo el d�a. La gente me ayuda y yo casi tengo miedo de dejarlos ayudarme. Todo lo que logro decir es un pat�tico �gracias�.� Pat le dirigi� una sonrisa triste y le dijo que se marchara. Mientras caminaba, sinti� verg�enza por todas las veces que se hab�a referido hacia los muggles de una forma despectiva. Dudaba que alg�n muggle perdido hubiera podido arregl�rselas tan bien en su mundo.

Baj� las escaleras y compr� su boleto. Tuvo algo de problemas con los torniquetes, pero se estaba volviendo bueno en observar a la gente sin que se notara y adem�s, aprend�a r�pido. El primer tren al que se subi� estaba lleno de gente y sujet� sus pocas pertenencias con fuerza, luchando contra la sensaci�n de terror que lo estaba invadiendo poco a poco. Lo invadir�a si no pudiera encontrar a Harry. Se sinti� aliviado al bajarse en la estaci�n correcta y poner algo de distancia de la dem�s gente, y tambi�n de poder sortear sus miedos para descubrir los verdaderos de aquellos que solo exist�an en las profundidades de su mente. �Y si por alguna raz�n Potter no llegaba hoy a su casa? �Y si se rehusaba a verlo? �Y por qu� acud�a a �l, en primer lugar? �Y por qu� estaba tan seguro de poder confiar en �l?

Intent� controlarse, volvi� a mirar el mapa que Pat le hab�a dado y sigui� sus se�alamientos hacia el and�n correcto. El tren que lleg� esta vez solo llevaba unas cuantas personas y encontr� un asiento vac�o. Ten�a miedo de quedarse dormido otra vez, as� que se concentr� en el mapa, verificando las estaciones conforma las iba pasando.

Dos chicas que iban riendo tontamente, estaban sentadas enfrente a su izquierda y lo ven�an observando con ojos depredadores. Le recordaron a Pansy e inconscientemente busc� su varita antes de recordar que no ten�a una. La chica que se ve�a mas confiada se levant� y se sent� a su lado.

��A d�nde vas?�

Draco levant� el mapa con la direcci�n de Harry pegada a un lado.

�Oh, yo s� donde es. Es como una cuadra al oeste de donde yo vivo, pero debes bajarte una estaci�n m�s delante de la que tienes se�alada,� dijo. Draco se volvi� y la mir� con mas atenci�n y decidi� que en realidad no se parec�a mucho a Pansy, ya que esta chica hab�a logrado decir completa una oraci�n razonablemente inteligente.

�Estoy buscando a un amigo,� dijo Draco. Qu� curioso, ya hab�a dicho tantas veces la palabra �amigo� para referirse a Harry, que ya casi se lo cre�a. Se pregunt� c�mo har�a que Harry lo creyera. Abri� los ojos borrosos y dijo, �Gracias por el consejo.�

�Cuando quieras, coraz�n. De hecho, si quieres, puedo encaminarte,� coment� la chica con repentina timidez. Draco asinti� y la chica se sonroj�. �Me llamo Katie, y ella es mi amiga Becky.�

�Mi nombre es Draco,� contest� �l.

�Claro,� dijo Katie y solt� una risita. Lo baj� del tren en su estaci�n y se despidi� de una Becky sonriente. Bajaron las escaleras, hab�a comenzado a nevar nuevamente y las farolas se prendieron en contra de la noche que se acercaba. Caminaron r�pido por el fr�o, y pronto se detuvieron en una esquina en donde Katie ten�a que irse para un lado y Draco para el otro.

�Est� a unos cuantos edificios de aqu�,� dijo Katie se�alando. �Yo todav�a voy otras dos cuadras para all�. Si alguna vez quieres, no s�, ir a alg�n pub o lo que sea, te podr�a dar mi n�mero.�

�No soy de tu tipo,� dijo Draco d�ndose cuenta de que hab�a dejado pasar una oportunidad de ser cruel, pero se sent�a demasiado abatido para pensar en algo mas que decir.

�Oh bueno, val�a la pena intentarlo,� dijo Katie. Se despidi� y luego se dirigi� a su casa. Draco ech� un vistazo a la direcci�n una �ltima vez bajo la luz de una farola, y luego comenz� a caminar, pregunt�ndose ocioso, cu�ntos pasos hab�a dado, y cu�ndo hab�a sido la �ltima vez que hab�a sentido los pies. Estaba tan cansado que cre�a que estos �ltimos momentos lo matar�an, pero estaba demasiado cerca de la meta. La poca lucidez que le quedaba se estaba reduciendo r�pidamente y pronto descubrir�a si caer�a en la oscura desesperaci�n o en el bendito olvido.

La direcci�n correspond�a a un edificio peque�o de departamentos. Cruz� la primer entrada y la segunda la encontr� cerrada. En ese momento, una pareja ya mayor sali� y fingi� detenerles la puerta mientras entraba. Subi� las escaleras hasta el tercer piso, y con rodillas temblorosas se detuvo frente a la puerta de Harry. La primera vez que llam� a la puerta, fue tan d�bil que ni siquiera �l se escuch�. Arm�ndose de valor, toc� un poco m�s fuerte y escuch� unos pasos que se acercaban a la puerta.

�sta se abri� y ah�, parado frente a �l, con una camisa de rugby, pantalones de mezclilla y unas sandalias, estaba su salvaci�n bajo la forma de Harry Potter. Draco estaba seguro de que se habr�a re�do de la expresi�n de Harry si no hubiera estado casi a punto de llorar. Levant� la mano envuelta en un guante rojo y dijo, �Hola, Harry,� antes de dejarse caer en ese olvido.

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