El Dormitorio de Gryffindor
Lógico e Inevitable
Escrita por: Nalero
Historia Original en Español

En vista de que la historia original se perdió y ha pasado tanto tiempo y tantas cosas, retomo la historia en el capítulo 10, se que modificaré algunos detalles pero la idea básica es la misma, espero que les agrade. Este es un pequeño adelanto de lo que vendrá en el capítulo once...

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Harry aspiró profundamente, oía y sentía los latidos violentos y poderosos de su corazón en todo el cuerpo. Estaba atrapado, múltiples cintas de color verde y plateado lo mantenían inmóvil, no le hacían daño, pero no lo dejaban moverse.

Una sombra se movió a su derecha y captó su atención, todo el lugar estaba en penumbra pero había la suficiente cantidad de luz para percibir si hubiera alguien más en la habitación. Forzó la vista para identificar a quien se había movido, pero la figura llevaba capucha y era imposible verle el rostro. Definitivamente era un hombre adulto. Los hombros eran anchos y el andar pesado, pero no cansado. Esa comprensión le produjo una amarga sensación de desencanto. No podía tratarse de Draco. Este, ahora Harry lo sabía perfectamente bien, tenía una musculatura fuerte pero liviana y su paso era firme pero ligero, como si flotara. Aunque había algo familiar en el andar del merodeador, que le hizo sospechar la identidad del extraño, no fue sino hasta que habló, que Harry lo identificó plenamente y sintió que el estómago se le hundía más allá de los pies.

“Potter”

Lucius Malfoy soltó el nombre como si fuera la cosa más asquerosa en el mundo. Luego, su carcajada de suficiencia retumbó en cada rincón del lugar, sonando como una sentencia de muerte.

“Qué fácil fue,” avanzó unos pasos hacia Harry que no movió ni un musculo a la espera de obtener mas información, “no puedo creerlo. ¿No se suponía que eras un oponente formidable?”

Los brazos de Harry estaban firmemente sujetos a los lados de su cuerpo y realmente no los podía mover. Intentó deshacer el hechizo mientras veía como Lucius se acercaba lentamente con la varita en la mano dirigida a su corazón. Podía sentir su propia varita guardada en la bolsa trasera del pantalón. Debería ser muy sencillo soltarse, lo había practicado miles de veces con sus amigos y principalmente para Harry no suponía ningún problema liberarse. No lo logró y comprobó simultáneamente que no tenía escapatoria alguna: no podía deshacer el encantamiento y Lucius lo iba a matar.

Una angustia amarga se anidó en su pecho, pero no procedía únicamente de la certeza de que sus minutos estaban contados. Había algo más, pero no podía definirlo. El rostro de su captor estaba mas pálido que de costumbre y completamente concentrado en la tarea que ejecutaría en segundos.

“James, James, ¿qué haremos contigo?” el hombre avanzó unos pasos más y se detuvo a un metro escaso de Harry.

¿James? De repente, Harry cayó en la cuenta de que estaba soñando. Debió quedarse dormido a la espera de Ron, estaba consciente de esto y también de que no debía interrumpir su sueño, tenía que saber más y para ello era necesario dejar a su subconsciente que fluyera libre con todas sus sorpresas escondidas.

Su captor lo observaba analizándolo de pies a cabeza, lo evaluaba como si se tratara de una pieza por la que iba pagar una buena cantidad de dinero y en consecuencia, debía asegurarse de que lo valía.

“Tu no vas a hacer nada” Harry aventuró de un modo imprudente, aún no sabía exactamente a qué se refería Lucius y podía echar a perder el sueño.

“Siempre tan desafiante, Potter, ¿es que no te das cuenta de la situación en la que te encuentras? No alcanzas a comprenderlo ¿verdad?” la risa vacía de Lucius retumbó tenebrosamente por todo el lugar.

“¿Porqué no me lo explicas, Lucius?” Harry lo tanteó.

“¿Otra vez? De verdad que eres lerdo, no me explico cómo es que Sirius siente eso que siente por ti” Al pronunciar el nombre del padrino de Harry, Lucius suavizó la voz hasta convertirla en una suave caricia.

Un momento, pensó Harry, ¿por qué tanta pasión en la pronunciación de un nombre? ¿Y aún más, siendo el nombre de uno de sus más acérrimos enemigos? ¿Qué demonios hay aquí? Decidió probar un poquito más.

“Eso no es de tu incumbencia, Malfoy” Harry pronunció el apellido como si fuera en verdad el insulto más bajo que se pudiera dirigir a cualquiera.

“Oh, pero claro que lo es, Potter,” Malfoy extendió la mano de la varita y con la punta de ésta, tocó el hombro de Harry, justo en la unión del hombro con el brazo izquierdo, haciendo una presión bastante fuerte que hizo a Harry sentir como si todo su lado izquierdo se quedara sin fuerza.

Harry no pudo evitar la exclamación de dolor y sorpresa, logrando una profunda y hueca carcajada de Lucius.

“¿Duele, Potter? Y, ¿qué tal aquí?” dijo con los dientes apretados mientras encajaba la varita ahora en la cadera de Harry, justo debajo de la cresta iliaca derecha.

Harry no sabía que lo aterrorizaba más, si la espantosa sensación de perder completamente el sostén de su cuerpo desde el punto donde lo tocaba Malfoy o el sonido sin vida de su risa.

“James, James, en fin.” Malfoy dejó de reírse de repente, como si alguien hubiera presionado un interruptor. Dejó de presionar la cadera de Harry.

¿Porqué soy James? se preguntó Harry alarmado entre la nebulosa en la que se disipaba el dolor.

Lucius se había dado vuelta y buscaba algo en un cofre enorme y antiquísimo que estaba al fondo del cuarto.

“No logro entender qué ve Sirius en ti, no tienes nada que ofrecer, no eres de buena cuna, no eres brillante, ni el mejor mago, vamos… ni siquiera eres atractivo.” Hablaba más bien para sí mismo, Harry sintió que su monologo era más bien una descarga de sus pensamientos.

“En fin, qué le vamos a hacer,” dijo y dio un largo suspiro, “cuando las cosas no van como deben…” se dio la vuelta y extendió los brazos al frente en un gesto teatral. Lo que sostenía hizo que Harry se encogiera de terror.

“¿Qué vas a hacer?” Harry no supo cómo logró decir esas ahogadas palabras; mientras Lucius comenzaba a caminar hacia él, lentamente flexionaba un látigo negro y grueso pero no muy largo entre sus níveas manos. El efecto con esa iluminación era sobrecogedor.

La carcajada de Lucius invadió cada rincón del lugar y su resonancia hizo que los vellos de todo el cuerpo de Harry se erizaran en la horrible anticipación del peligro que se avecinaba.

“Sólo animar un poco las cosas,” avanzó con mayor lentitud, “tú sabes, mover los hilos… provocar reacciones.” Sonrió de forma diabólica, disfrutando intensamente el pánico que ahora Harry sabía se veía en su cara.

Lucius se detuvo a un metro de Harry, ladeó la cabeza en un gesto de evaluación, sopesando el mejor lugar para comenzar el castigo. Sus ojos fríos recorrieron cada centímetro del cuerpo indefenso ante él y se detuvieron en el pecho que subía y bajaba apresuradamente, por la respiración entrecortada de su dueño.

El primer latigazo sonó en el aire como un trueno.

“¡Harry, Harry, despierta!, ya se que me retrasé pero no era para tanto, vamos hombre, hay mucho que hacer.”

Harry abrió los ojos de golpe, jadeando violentamente. Ron lo había despertado justo en el momento en que el látigo debía lastimar por primera vez la piel de su pecho.

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