El Dormitorio de Gryffindor
Lógico e Inevitable
Escrita por: Nalero
Historia Original en Español

Capítulo 1: Cambios

Harry se quedó helado a medio corredor en su camino a la clase de Pociones. Un extraño alivio lo recorrió desde lo mas profundo de su ser. Un alivio que iba dejando a su paso un hormigueo de angustia. Tenía la boca seca, las manos húmedas y el corazón a punto de salírsele del pecho.

No. Es imposible. De una forma frenética, casi neurótica, su mente buscaba argumentos para debatirse a si misma. Estas confundido, deben ser todas estas semanas de preocupación y de no saber lo que está pasando. Se dijo como si reprendiera a un niño pequeño.

Tú sabes que no es así. Una vocecilla en el fondo de su mente exigió ser oída. No hay error. Lo sabías, solo que no habías querido admitirlo.

¿Saber qué? Yo no sabía nada, ¿Qué es lo que he admitido? ¿Porqué no puede ser un error? Debo estar confundido. Estoy seguro de que solo es confusión provocada por la tensión. Eso es. Obstinado, siguió su camino, sin ver, tratando de despejarse la cabeza de la bruma de la revelación. Pero, lentamente, como en segundo plano, las cosas comenzaron a caer en su lugar, piezas diminutas de un enorme rompecabezas, que al irse formando, le develaba una faceta de sí mismo que jamás hubiera imaginado.

Comenzaba el mes de Diciembre y la escuela estaba completamente nevada, el frío calaba hasta los huesos, pero para Harry era muy agradable. Sentir el aire helado en el rostro y las manos cubiertas con guantes, le mantenía mas alerta que de costumbre. Llevaba puesto un gruesísimo suéter de cuello de tortuga rojo oscuro, encima una chaqueta de ante negra que hacía juego con sus pantalones de lana y con sus botas también negros. Sobre todo esto, la capa de Gryffindor ondeaba a cada paso.

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Si. Estaba irreconocible. Todas las experiencias de los dos años anteriores, habían convertido a Harry en alguien mucho mas maduro. Aunque justo es decirlo, un poco mas intolerante y exigente.

Antes de regresar a séptimo año, había convencido a Hermione y a Ginny de que lo acompañaran a comprarse ropa a una moderna tienda muggle en Londres. Además de apreciar el estilo sobrio de Hermione y la elegante excentricidad de Ginny, ya era inevitable adquirir ropa: de ninguna forma podría ponerse las enormes prendas de Dursley. Una sola camisa de su primo le hubiera dado tres vueltas a su esbelto torso.

Sin embargo, esta decisión no solo había tenido fines prácticos, durante los dos últimos años, Harry había ido desarrollando un estilo muy suyo, en carácter, costumbres y apariencia. Su voz se había hecho gruesa, muy profunda, y ya no quedaba mucho de aquel chiquillo bajito, enclenque y tímido. Con el cabello no había remedio, pero con las buenas artes de la señora Weasley, había encontrado una solución: un corte que aceptara de buena gana que el pelo nunca estaría en su lugar. Aunque seguía sin ser tan alto como Ron, su estatura era mas que aceptable.

Había tenido varias pláticas con Dumbledore y el anciano director le había ayudado a aceptar lo inevitable: El era Harry Potter, El Chico que Vivió, quien había vencido en varias ocasiones a Voldemort, y en muchas de ellas, gracias a sus propias habilidades, a su ingenio y a su inquebrantable determinación. Había vivido y sufrido las consecuencias de ser especial y diferente.

Entonces, con la aceptación del hecho y la lógica madurez, también venían ciertos privilegios. Uno de ellos era que habiendo tenido que tomar muy joven decisiones de vida o muerte, sin ayuda de nadie, por lo menos en los momentos críticos, su juicio y sus opiniones eran respetadas. Pues bien, bajo su juicio y su opinión, no tenía que vestirse más con ropas regaladas que no le gustaban para nada y menos siendo económicamente autosuficiente.

El último verano sólo había pasado una semana con los Dursley, únicamente como formalidad para que Harry recibiera la herencia muggle de su abuela materna, aunque tanto él como sus tíos se hubieran podido ahorrar la molestia. Tío Vernon hubiera preferido no darle nada a Harry para que Dudley se quedara con ambas partes del dinero y el mismo Harry pensaba que estaba mejor sin recibir nada de sus tíos. Aunque no podría utilizarla hasta ser mayor de edad en el mundo muggle, Dumbledore insistió y Harry accedió.

Pasada la semana, se marchó a la Madriguera y a la diversión, la libertad y el cariño que siempre encontraba en casa de Ron. Faltando tres días para regresar a Hogwarts, tumbado en el césped una hermosa y soleada mañana, observaba distraído un insecto que insistía en trepar por su zapato, cuando se dio cuenta de lo gastado y viejo que se veía. Del zapato siguieron los calcetines, el pantalón, la playera y hasta los anteojos. Meditó diez minutos en lo que tendría que hacer para conseguir algo de ropa mas adecuada y decidió hablar con los Weasley.

Por fin, es bueno que te hayas dado cuenta de que es hora de que hagas algo contigo muchacho, dijo una voz remilgosa en su cabeza mientras se dirigía a la madriguera. No es que estés tan mal como para seguir pareciendo un huérfano desamparado. Aunque así haya sido, ahora eres alguien distinto y debes estar a la altura de lo que inevitablemente eres y serás. Este look no te queda. Insistió la misma voz.

Ok. Respondió Harry decidido. Tienes razón, ya es hora.

Cuando Ginny y Hermione oyeron sus planes, aceptaron mas que gustosas acompañarlo a Londres, confesándole que hacía mas de tres años que deseaban hacer algo al respecto.

"¿De que lado salió el sol hoy?” preguntó Hermione alegre parada detrás de la silla de Harry, "Yo te acompaño, desde hace mucho tengo unas ideas para ti, que francamente se te verían muy bien," Dijo pasándole los brazos por el cuello.

"¡Siii!" dijo muy agudo Ginny mientras subía por su abrigo sin preguntar a sus padres si podía ir.

Obviamente, fue necesario que Bill los acompañara para proteger a Harry. Todavía era necesario cuidarlo, ya que seguía teniendo muchos enemigos. Bill meditó un rato la petición de acompañarlos y llegó a la conclusión de que era momento de algo de diversión y obsequios así que decidió que aprovecharía el tiempo para comprarse también algo él, a su hermana y algunos regalos para los demás pelirrojos Weasley.

Después de pasar por Gringotts, la tarde transcurrió entre risas, bromas y las importantísimas decisiones sobre colores, telas y estilos. Harry sentía la cabeza ligera y alegre, nunca le habían preocupado los calcetines porque nunca había pensado que se veían bajo el pantalón y que hablaban a gritos de la personalidad del que los portaba, pero los sabios consejos de sus amigas le confirmaron la importancia de vestirse como lo que era, alguien especial "Harry, por todos los magos, ¡todo el mundo se fija en los calcetines! Y tu mas que nadie, debe dejar de usar esas cosas horribles que tu tío llama calcetines.” Aunque nadie lo mencionó, ambas chicas y aún Bill, se percataron que este nuevo Harry, poseía cierto toque, sabía de forma instintiva que era lo que mejor le quedaba y estaba disfrutando al máximo las compras.

El resultado fue espectacular: aunque gastó bastante más de lo planeado, los suéteres, varios jeans y pantalones de lana, tres chaquetas de ante, una de mezclilla, zapatos informales y cómodos, pero elegantes, unas botas negras cortas, las playeras en colores sólidos y un par de tenis e incluso dos juegos de pants, habían hecho necesario conseguir un baúl mas. Las nuevas gafas fueron encargadas a una exclusiva óptica.

Al final del día, exhaustos pero felices, tenían mas paquetes de los que podían cargar. Bill tenía un amigo que conducía un taxi en Londres y hubo que extender el hechizo de la cajuela para que cupiera todo.

La velada en la madriguera fue muy alegre, Ron veía a su amigo como si hubiera regresado con el pelo verde y la señora Weasley alababa sin cesar el buen gusto de Harry. Cuando Harry le entregó las cosas que le había comprado, Ron no pudo disimular y con la voz un poco temblorosa, abrazó a su amigo diciéndole que no era necesario. Pero Harry no hubiera podido disfrutarlo si Ron no lo hubiera compartido, así que con un "Cállate Ron, eres mas que mi hermano,” quedó zanjado el asunto del orgullo de Ron.

Ginny y Hermione lucieron sus nuevas prendas: blusas, suéteres de angora, pantalones de lana y jeans con un corte muy moderno, así como dos vestidos semiformales para cada una. Los gemelos admiraban los jeans y las playeras que Bill les había comprado, el señor Weasley no se desprendió de su gabardina negra y su portafolios "muy muggles,” la señora Weasley veía arrobada sus dos conjuntos sastre y el par de zapatillas que combinaban con ambos, pero no dejaba de reprender a Bill por ser tan manirroto. Percy, muy propio, no dejó de agradecer como si diera un discurso las camisas y pantalones que recibió. El mismo Bill, estaba muy contento con sus modernas camisas de algodón que se ataban con listones de cuero, jeans y botas vaqueras. Pasada la media noche, todos se fueron a la cama, alegres y cansados. Al subir las escaleras, Harry le susurró a Bill, "Por ningún motivo le digas a Ginny o a nadie que yo colaboré en tus compras.” Bill respondió que aunque no lo dijera, todos lo sabían, ya que el gasto había sido excesivo. Sonriendo, se desearon buenas noches.

Ron ya estaba en pijama cuando Harry entró al cuarto, sobre el escritorio estaban los paquetes cerrados de Ron y Harry lo miró alzando una ceja sin decir nada.

"No tiene caso guardarlos en el armario" dijo Ron con un tono incómodo.

"¿Por qué?” preguntó Harry temiendo que Ron fuera a devolverle las cosas.

"Mañana partimos al callejón Diagon a comprar los libros y vamos a pasar la noche ahí, así que mejor las paso de las bolsas a mi baúl,” terminó con una sonrisa alegre.

"Ok, tienes razón, hasta mañana." Contestó aliviado, metiéndose en la cama.

"Hasta mañana,” respondió Ron feliz a medio bostezo.

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Al día siguiente la madriguera era un hervidero de voces y carreras. Finalmente tuvieron todo listo y partieron por la red de chimeneas. Tomaron varios cuartos en el Caldero Chorreante y se dispusieron a adquirir lo necesario para el regreso. Harry se sentía muy feliz interiormente de que los señores Weasley se sintieran un poco mas libres de comprar los útiles de sus hijos e incluso compraron túnicas nuevas para los cuatro, cosa que puso de excelente humor a Ron.

"Por fin no tendré que aguantar los comentarios ácidos de Malfoy sobre mi aspecto,” le dijo a Harry mientras comían distraídamente dos helados enormes y se encontraban recargados en la pared de la heladería. "Creo que si escucho un comentario suyo más sobre mi túnica, le tiro los dientes a puñetazos.”

Harry sonrió a medias con la boca llena de chocolate. Le encantó oír la sonrisa en la voz de Ron. De la acera de enfrente se acercaba Hermione con el ceño fruncido directo hacia ellos.

"¿No tenías que recoger tus nuevas gafas hoy?” le dijo con tono reprobatorio. "El señor Weasley accedió a acompañarnos, vamos." Los tomó de los brazos y casi los arrastró por la calle.

"Lo había olvidado,” dijo tratando de no tirar su helado por la fuerza de la mano de Hermione.

"Calma Herm, ya vamos,” dijo Ron con extrañeza y ambos se volvieron hacia ella, "¿Cuál es la prisa?”

"Que no quiero estropear la tarde con la presencia de Malfoy, está comprando sus libros y lo vi observarnos muy atento como si buscara a Harry,” dijo con expresión de intolerancia.

"¿Porqué tendría que buscarme?” Harry miró a su amiga y por encima de su hombro pudo ver que Draco Malfoy salía con su padre de la librería y parecía estar buscando algo o a alguien. "Ok, ¿dónde esta tu papá Ron?”

"Ahí viene,” dijo Ron. El señor Weasley caminaba hacia ellos con paso apresurado.

"Vamos chicos, se está haciendo tarde y no quiero que cierren el lugar.” Cuando llegó hasta ellos, Harry pudo ver que Draco ya lo había localizado y lo observaba intensamente.

Se dieron vuelta y se dirigieron a las calles de Londres. En el establecimiento, Harry se contemplaba desde todos los ángulos con sus nuevas gafas. Le gustaban, eran casi ovaladas y le daban un aspecto mas serio, mas formal. Conservó las viejas, le traían muchos recuerdos.

Al regresar al Caldero Chorreante, se unieron a los demás para comer. Los paquetes de las compras estaban apilados a un lado de su mesa. Los gemelos estaban contando chistes y todos reían de buena gana, pero Harry fue perdiendo el hilo, se sentía observado y no podía ubicar a la persona que lo veía. La sensación se fue haciendo mas intensa y comenzó a voltear disimuladamente hacia todas las mesas. Por fin, en la mas alejada descubrió a Draco y a sus padres. Los señores Malfoy hablaban entre ellos y Draco lo veía de la misma forma que horas antes. Harry no pudo evitar pensar que debía odiarlo enormemente para ni siquiera apartar la mirada ahora que había sido descubierto. Se preguntaba porque comían allí, no era un establecimiento para ellos. Decidió apartar la vista y se encontró con la mirada de Hermione que estaba sentada junto a él y había descubierto a Draco.

"Ignóralo,” le susurró con tono fastidiado. "Este año no pienso aguantar ni una mas de sus tonterías. Es raro que coman aquí, este lugar no está a la altura de ellos.”

"Te estás volviendo intolerante Herm,” respondió Harry volviendo a su postre. "Presiento que este año no va a ser muy agradable para Malfoy.”

"No me digas que tienes ganas de aguantar a los Malfoy,” contestó ella con una mirada escéptica.

"No, mas bien estoy intrigado, todavía no regresamos a la escuela y ya me observa como si nos acabáramos de pelear, además ¿qué hacen aquí?" dijo Harry exteriorizando sus pensamientos.

"Tal vez corrimos con suerte y han caído en desgracia,” dijo la chica con un tono de esperanza.

Harry rió de buena gana y dirigió la vista una vez más a la mesa de Draco. El chico rubio entrecerró los ojos y fingió integrarse en la plática de sus padres.

"¿Herm, porqué dijiste que Draco parecía estar buscándome cuando saliste de la librería?” preguntó Harry mirando disimuladamente hacia la mesa de los Malfoy.

"Mmm...,” Hermione pareció dudar un poco en contestar, "Porque escuché a su padre dándole un sermón sobre ti,” la chica se veía incómoda con el tema.

"¿Un sermón sobre mi? ¿de qué?” La expresión de Harry era de no entender nada.

"Ya sabes, lo de siempre, que si el Quidditch, las calificaciones, tu popularidad... bla, bla, bla" Hermione parecía no estar diciendo todo lo que sabía. Luego reflexionó un poco ante la mirada escéptica de Harry, "Si, lo de siempre, que te supere, que te gane en todo lo que pueda..., eso.

"¿Y...?"

"Bueno, preguntón, lo que me molestó fue que Draco te defendió, ¿ya? ¿contento?” terminó por fin con un tono de impaciencia.

"¿Me defendió? ¿Draco Malfoy me defendió ante su padre?” Harry la veía como si se hubiera vuelto loca de repente. Nunca en su vida hubiera esperado oír aquello.

En ese momento, Bill llamó la atención de Harry y no les permitió seguir hablando, cosa que Hermione agradeció infinitamente, aunque tendría que terminar de explicarle a Harry después, esta interrupción le daría tiempo para pensar en algo mas lógico que aquello que su intuición le dictaba.

Diez minutos después la alegre charla fue interrumpida por Lucius Malfoy, que se acercó a la mesa que ocupaban y con un tono que helaría la sangre de un dragón, saludó al sr. Weasley

"Buenas noches Arthur. Me da gusto ver que has conseguido un poco de dinero para comer con toda tu familia, aunque sea aquí. Por Merlín, debes haberte matado trabajando... ropa nueva... útiles nuevos...ten cuidado Arthur, ya no eres tan joven." Luego dirigió al resto de los presentes una mirada de profundo desprecio y se detuvo en Harry, evaluándolo "Potter, por fin alguien tuvo la decencia de ayudarte a escoger ropas apropiadas, qué lástima que aunque la mona se vista de seda...,” comenzó a marcharse pero se volvió de repente inclinándose sobre la señora Weasley "Molly, querida, deberías ayudar un poco al pobre de Arthur, mira que con tantos hijos que le diste, no es prudente ser tan exigente. Estoy seguro de que habrá algo mas que puedas hacer, además de tener hijos."

El señor Weasley estaba rojo de ira, Ron tuvo que ser detenido por Harry y Hermione para no lanzarse contra el padre de Draco y golpearlo en la cara, Bill se levantó bruscamente de su silla y avanzó rápidamente hacia Lucius, pero la señora Weasley se apresuró a detenerlo con un ademán suave pero firme, "Lucius, estoy segura de que tus comentarios se originan en tu evidente falta de una vida familiar cálida y adecuada, además con esa familia tuya...y, con esas amistades que frecuentas... es entendible..., afortunadamente mis hijos siempre tendrán el refugio de una familia que los ama y nunca necesitarán 'comprar' o 'forzar' amistades para pretender que le importan a alguien." Al decir esto último, se había levantado y aunque era una mujer pequeña, ahora se veía majestuosa. Volteó a la puerta donde se encontraban Narcisa Malfoy y Draco que veían hacia la mesa con impaciente desprecio, o al menos eso parecía, "Por cierto," dijo como al descuido, "¿Porqué han comido aquí? ¿Es que acaso han caído en desgracia? ¿o la comida de aquí es mas soportable de la que puede preparar Narcisa? En fin, estoy segura de que debe tener habilidades que compensen la carencia de otras." movió la cabeza como con lástima y volviendo hacia Malfoy le devolvió el mismo tono helado "Buenas noches Lucius."

Lucius Malfoy estaba transparente de rabia, sus labios se habían vuelto una finísima línea y tenía las quijadas trabadas. Su voz apenas fue audible cuando pudo hablar "Ten cuidado Molly, recuerda que puede ser que las 'habilidades' de mi esposa acaben de un plumazo con las pocas que tu puedas tener. Buenas noches.”

El señor Weasley se levantó bruscamente de su silla y encaró a Lucius "¡Explícate Malfoy!” dijo con los dientes apretados furioso e interponiéndose entre Malfoy y Molly.

Pero Harry intervino "Espero que no se trate de una amenaza sr. Malfoy" dijo con una voz fría, calmada, que Lucius no recordaba tan gruesa y varonil, "Usted, recuerde que no es prudente confiarse, siempre hay alguien más hábil o más fuerte, tal vez más poderoso. Nadie es invencible.”

Lucius no pudo articular ni una palabra mas, girando bruscamente, les dio la espalda y se reunió con su familia, azotando la puerta del local al salir. Harry los observó con una luz extraña en sus hermosos ojos verdes hasta que desaparecieron del lugar. Solo pudo apartar la vista cuando sintió en su brazo la mano de Ron que estaba estupefacto como todos los demás.

"¡Whoa mamá!” exclamó Fred, luego volteó hacia Ron, Hermione y Harry "Te luciste, ¡no sabes que fantástico fue ver a ese patán mudo de la rabia! ¡Ja! Apuesto a que Malfoy intentará hacerles la vida de cuadros, pero no importa, este momento valió la pena.”

"No quiero que se metan en problemas y menos que le presten atención al mocoso déspota ese,” dijo la señora Weasley en su mejor tono regañón. "Sólo dedíquense a estudiar y terminar bien el curso, ¿me oyeron? los quiero lejos de los Malfoy, ¿Está claro, Harry, Ron?" Todos asintieron.

Todo había sido muy extraño y desagradable. Ron, mirando con admiración a sus padres, susurró a Hermione y a Harry, "¿Qué diablos hacían aquí?”

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El verano había sido la experiencia mas aburrida que había tenido Draco Malfoy en toda su vida.

Bueno, quizá no aburrida, sino melancólica. Extrañaba algo, no sabía bien qué, pero tenía que ver con la escuela. No era lógico, la escuela no le era del todo desagradable, pero tampoco era para sentir nostalgia por regresar. Este estado de ánimo no iba bien con todo lo que se le había enseñado a ser y sentir. Pero bueno, últimamente nada era como se le había enseñado que sería.

Sus pensamientos no dejaban de volver y volver al colegio, a Potter, al Quidditch, a la eterna guerra entre su casa y la de Potter, las clases de pociones y a Potter.

Su madre se esforzaba por hacerlo acudir a las fiestas donde debería encontrar a su futura esposa. Se suponía que debía ser algo divertido, si hacemos de lado lo de la esposa. Pero lo malo estaba en que no sentía ningún interés por esas muchachas y todas estas reuniones le dejaban una horrible sensación de ser siempre una fiesta de disfraces a la que uno no quiere ir.

Al final del verano, en una de estas fiestas conoció a una muchacha de ojos verdes. Ella inmediatamente quedó cautivada por Draco y desplegó todas sus habilidades por conquistarlo, como hacían todas las que lo conocían, pero lo único que consiguió de él fue una sola frase "Conozco a alguien que tiene los ojos verdes como tú, aunque tú no los tienes tan verdes,” que fue dicha mientras Draco miraba hacia el horizonte, a través de la chica. Eso fue todo.

Al día siguiente, tuvo que aguantar toda la mañana a su madre reprendiéndolo por no saber lo que le convenía, ya que aquella chica era hija de un prominente miembro de su 'sociedad' y "En estos tiempos, mas vale rodearse de los que son como nosotros.”

Para empeorar las cosas, su padre le había recordado que al terminar el séptimo curso, lo esperaba la ceremonia de su conversión a Mortífago. Draco escuchó en silencio la solemne perorata de Lucius sobre el 'gran honor' de pertenecer a los aliados del Señor Oscuro. Observaba atentamente a su padre; Lucius de alguna forma ya no sonaba tan convincente ni tan seguro. Draco se preguntaba que haría Lucius si le confesara que él no consideraba un honor el convertirse en un asesino sin conciencia y que preferiría recorrer el mundo y vivir experiencias un poco menos lúgubres. Su padre interpretaba su silencio como la digna aceptación de lo inevitable. Para Draco, el silencio se había convertido en una forma de rebeldía.

Afortunadamente, había habido algo para alegrar un poco el día. Su madre lo había enviado con un sirviente a renovar su vestuario a una 'moderna' tienda de ropa para magos. Pero considerando el concepto de 'moderno' de los magos, había convencido al sirviente de que lo acompañara a una tienda exclusiva y muggle en Londres. Aunque sus padres se hubieran horrorizado si lo supieran, en el fondo, él no consideraba tan detestables las cosas muggles y era capaz de apreciar que por lo menos en cuanto a vestimenta, los muggles tenían mucho mejor gusto que los magos. Lo malo había sido encontrarse con la 'Sangre Sucia' de Granger, la estrafalaria hermana de Weasley, el andrajoso Bill Weasley y la estrellita de Harry Potter.

Ellos no lo vieron, y antes de abandonar la tienda pudo observarlos un rato. Estaban comprando ropa y Potter se estaba probando unas chaquetas que Draco había escogido en el aparador cuando llegó y el hecho de que Potter se las probara, significaba que ya no podría comprarlas. Tal vez debería buscar algo mas exclusivo. Así que se marchó con la imagen mental de Harry luciendo muy distinto de lo que recordaba, el chico de pelo negro no se veía tan mal, pensó sorprendido mientras se dirigían a otro exclusivo almacén.

Lo extraño, había sido que en cuanto vio a Potter, la desazón de las últimas semanas desapareció por completo.

Lo que realmente lo perturbó, fue el haber visto a Potter nuevamente en el Callejón Diagon al día siguiente y el sorprenderse a sí mismo convenciendo a sus padres de comer en el Caldero Chorreante, con las funestas consecuencias que le trajo el haberlo hecho.

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El comienzo de las clases había sido el habitual, pero en la casa de Gryffindor todos comentaban el cambio efectuado en los Weasley, Harry e incluso Hermione. Se veían mas seguros y mucho más atractivos. Parvati no dejaba de alabar el nuevo vestuario de Hermione y Ginny aunque no sin cierta envidia.

Harry se sentía mejor que nunca. Mas libre y mas seguro. Esta nueva sensación de ser observado por lo bien que se veía era mucho mejor que ser observado con curiosidad por ser el Chico Que Vivió. Aunque siendo honesto consigo mismo, la sensación era solo agradable, ya que ninguna de las chicas que murmuraban sobre él en los pasillos y aún durante las clases, le resultaba particularmente atrayente. Realmente, aunque aún no lo admitía del todo ante sí mismo, las chicas lo tenían sin cuidado.

Lo que sí lo intrigaba con cierta frecuencia, era saber porqué se había molestado Hermione durante la visita al callejón Diagon, cuando Draco y su padre salieron de la librería. Finalmente, Hermione tuvo que explicarle a Harry la razón. Estaban solos en la sala común haciendo la tarea, Ron estaba en el invernadero supervisando su proyecto de Herbología.

"Bueno, mira, en realidad fue una tontería. Yo estaba buscando un antiguo libro en la sección de libros usados, en la parte alta, de repente escuche un murmullo acalorado, me asomé por entre unos estantes y allí estaban los Malfoy, hablando sobre ti y sobre Draco, Lucius se veía muy alterado y Narcisa parecía estar a punto de desmayarse y Draco... bueno, se veía... indefenso, tan incómodo... no se, me rompió el esquema habitual, la escena era patética, de repente Draco dijo algo como 'déjame en paz, hazlo tú, yo no le voy a hacer nada' y bajó corriendo las escaleras por el otro extremo y qué bueno porque si no se hubieran dado cuenta de que yo estaba escuchando. El caso es que Lucius lo alcanzó a media escalera y lo empujó muy fuerte contra los estantes. No pude evitar sentir lástima por él. Narcisa los alcanzó, se interpuso entre los dos y bajaron rápidamente. Yo me escabullí y busqué al señor Weasley para que nos acompañara y para que los Malfoy no se encontraran con los Weasley, ya sabes que siempre pasa algo desagradable, en eso vi que Draco buscaba entre toda la gente y no se porque creí que te buscaba a ti. Como verás fue muy extraño y yo no quería problemas ese día, así que traté de evitar que se encontraran. Eso fue todo." Se desplomó en la silla, como si decir todo esto la hubiera drenado. Había soltado todo muy rápido, como queriendo terminar rápido.

Harry la miraba escéptico, Hermione le estaba ocultando algo. Pero por la expresión de la chica supo que no le diría más, al menos no por el momento. Así que decidió dejarlo para después.

"Tienes razón. Fue muy raro.” Puntualizó, volviendo a su tarea y tratando de procesar toda la información recibida y la no recibida. Pero finalmente decidió que no se complicaría la vida con los problemas familiares de Draco Malfoy. No abandonaría voluntariamente el ambiente de frescura y ligereza que estaba disfrutando.

Hermione suspiró aliviada y deseando fervientemente que Harry olvidara el asunto, 'Eso es todo lo que te diré, ni una palabra más', pensó determinada. Ella tampoco quería estropear el ambiente.

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Sin embargo, dos semanas después había empezado a esfumarse este entorno jovial y divertido, Harry había empezado a tener pesadillas sobre Sirius. Su padrino todavía huía, ya no de los muggles, pero sí de los aliados del Señor Tenebroso. Al colegio habían llegado noticias de que tenían órdenes de darle muerte apenas lo vieran y Dumbledore temía que fuera parte de un plan para desproteger a Harry. Los Dursley habían sufrido un asalto en su casa y un accidente en coche, aunque nada había sido grave. Todo hacía parecer que alguien estaba tratando de acabar con la gente allegada a Harry fuera del colegio. Las pesadillas sobre Sirius eran cada vez mas vívidas y no había podido localizar a su padrino. Le había pedido al director que tratara de asegurarse de que su padrino estaba bien, pero no habían tenido noticias.

Todo esto lo tenía muy tenso. Sirius era el único lazo con sus padres que le quedaba, Harry realmente lo quería y además odiaba que los demás sufrieran por su culpa. Había desarrollado este sentimiento desde la muerte de Cedric y no se sentía listo para lidiar con otra situación parecida. No estaba durmiendo bien, estaba adelgazando y había ligeras líneas de preocupación bajo sus ojos.

No ayudaba mucho que Malfoy se la pasara observándolo intensamente durante las comidas o las clases y que Snape intentara humillar a Harry comparándolo con Draco en cada clase. El rubio se limitaba a desviar la mirada momentáneamente, para luego volver a su observación. Era, por decir lo menos, raro. Harry estaba empezando a evitar cualquier contacto visual con él y sobre todo porque la plática con Hermione acerca de aquel día en la librería volvía a sus pensamientos muy seguido como algo que tenía mayor importancia de la que la chica había pretendido.

Entretanto, la visita habitual a Hogsmeade se realizó aunque con muchas precauciones. Aún así fue un descanso mental para Harry. Ese día se vistió con un suéter blanco ligero de cuello redondo, jeans y mocasines. Le gustó la imagen que le devolvió el espejo, y que le dijo " Mejoras cada día muchacho.” Harry sonrió para sus adentros y tomando la chaqueta de mezclilla, salió del dormitorio.

Cuando bajó a la sala común, Hermione no pudo evitar silbar de admiración, "Guau, se de algunos que se derretirán por ti,” dijo la chica sonriendo.

"¿Algunos? será algunas, Hermione." La corrigió Ron divertido.

La chica se ruborizó y aclaró de inmediato "Claro, algunas, fue un desliz.”

Harry la observó atentamente y añadió incómodo "Sólo eso me faltaba.”

"Para variar un poco, ¿porqué no me llevan a Zonko?" Preguntó Hermione cambiando inmediatamente el tema.

"Vaya, vaya, hoy será un día para recordar." Dijo Ron, muy sorprendido. Harry se rió y Hermione pellizcó a Ron en un brazo.

Tranquilos, salieron por el retrato.

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En los calabozos, Crabe y Goyle, se asomaban por centésima vez al dormitorio de séptimo año de Slytherin.

"¿Ya Draco?” preguntó desesperado Crabbe.

"Por Merlín, pareces una chica,” se quejó Goyle.

"Si no pueden esperar un poco, márchense. Conozco el camino y no los necesito para llegar a Hogsmeade,” contestó Draco bastante enfadado. "Me tomaré el tiempo que considere conveniente. Váyanse.”

"Vamos, Draco, es solo que te has cambiado mas veces que yo en toda mi vida." Le dijo Crabbe, apaciguador. Ambos regresaron a la sala común y suspirando se sentaron otra vez a esperar.

"Fantástico que lo hayas notado, deberías hacer algo al respecto,” dijo Draco ausente, mirándose nuevamente en el espejo oval de cuerpo entero que le había regalado su madre.

La imagen en el espejo le dijo por quinta vez, 'no importa lo que uses, siempre lucirás espectacular'.

"No es suficiente." Gruñó.

'¿Para quién?', preguntó escrutador el espejo. Draco meditó la posible respuesta, pero prefirió no decir nada y procedió a cambiarse nuevamente, con las mejillas teñidas de un ligero tono rosado.

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