El Dormitorio de Gryffindor
Amor por Voluntad
Segunda Parte
La Serpiente y La Paloma

Escrita por: Aja
Traducida por: Nalero y Val

Prólogo

La Segunda Parte de Amor Por Voluntad está dedicada a cada uno de sus lectores, cuyo amor por esta historia ha sido una inspiración ilimitada.

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No dejes a los tontos confundir el amor, pues hay de amores a amores. Está la paloma y está la serpiente. Escoge bien.
- Aleister Crowley, El Libro de la Ley, 57

Habían pasado ya cinco noches desde el Año Nuevo y Harry Potter seguía sin poder dormir.

Su cama estaba caliente y bochornosa producto de las noches pasadas moviéndose irritado bajo las cobijas, las sábanas mugrosas se le pegaban a la piel, por lo que se había ido hacia el alféizar de la ventana, en donde se había sentado mirando hacia los terrenos congelados de Hogwarts y se había dedicado a pensar.

Sin la familiaridad de los otro cuatro cuerpos respirando irregularmente en las otras camas, sin la luz ligera de las otras habitaciones colándose por el dintel de la puerta, la torre se sentía como un lugar extraño. El silencio era denso y tenso; el vacío de la habitación sin los otros era inmenso; Harry sentía en ese momento, que incluso su alacena hubiera sido un lugar mas cómodo.

Pero no era un vacío solitario. En cambio, era como esa intranquilidad tensa que proviene de la espera, de acostarse solo en la noche, pensando demasiado y esperando, esperando, esperando.

Así que es así, pensó, extrañar dormir junto a alguien.

De acuerdo, solo había dormido una vez junto a Draco, pero aun así se sentía bien volverlo a recordar – como si al cuantificarlo lo volviera mas fuerte. Como si solamente fuera la ausencia de Draco a su lado lo que lo estaba manteniendo despierto.

Aja. Solamente.

Definitivamente extrañaba a Draco. Pero no era un tonto, y tampoco estaba en negación.

Lo que lo angustiaba no era Draco, sino el sueño que había tenido cinco noches antes.

Siempre que cerraba los ojos, veía partes del mismo otra vez, como un eco en su memoria – el dolor agobiante de su cicatriz, y una voz extraña murmurando. Todo le sonaba a sandeces, pero eran sandeces que parecían tener un significado diferente cada vez que pensaba en ello. Podría haber sido cualquier cosa – una súplica o una orden, un llanto o un gruñido. Mientras mas intentaba aferrarse a ello, menos lo entendía.

Lo que si entendía, lo que mas lo molestaba, era la luz. Durante todo el sueño, Harry había visto una cegadora luz blanca que amenazaba con bañarlo por completo a él y todo a su alrededor; amenazaba con alejar todo.

Pensaba que quizá era la luz lo que había hecho al sueño tan perturbador, mas perturbador que ningún otro de los sueños en los que podía ver personas, lugares, caras – mas atemorizante que ninguna de las visiones en donde podía ver los ojos de Voldemort destellando su veneno, o ver los ojos de las víctimas abiertos horrorizados. Podía enfrentarse a ese tipo de sueños. Podía entender sueños como esos.

En algunas ocasiones mientras estaba acostado en la oscuridad, se descubría pensando en que quizá hubiera sido mejor tener uno de esos viejos sueños, los normales en los que escuchaba los gritos de sus padres o veía la maldición verde que los había matado. Sueños de susurros bajos y una luz blanca, una luz que se arrastraba hasta su interior y provocaba que la frente le estallara de dolor – ésos no los podía ni entender ni controlar. Tenía miedo de lo que podría ver si la luz se desvanecía, y asimismo tenía miedo de lo que podría extrañar – lo que podría perder – si no lo hacía.

Así que, en vez de dormir, llevaba sin dormir cinco noches consecutivas.

Esta era la última noche de las vacaciones de Navidad, y los estudiantes regresarían a la mañana siguiente. Finalmente vería a Draco.

Debería estar contento por ello, pero en cambio estaba nervioso. Tamborileó débilmente los dedos sobre el vidrio duro de la ventana, intentando no pensar mucho en ello.

Una sensación de intranquilidad se había apoderado de él desde la noche del sueño, un puñal de ansiedad que lo cortaba mas agudamente a cada noche de insomnio que pasaba. Todo iba a estar bien; lo sabía en su interior. Vería a Draco, hablarían, todo estaría bien.

Draco lo besaría, y todo estaría bien.

Excepto que no todo estaba bien.

Algo venía.

Harry lo sabía – estaba tan seguro como lo estaba de que esa cosa incomprensible que había visto y escuchado en su sueño, envuelta en una gasa de luz blanca, iba a regresar a angustiarlo. Harry iba a tener que enfrentarla, fuera lo que fuera. Y la enfrentaría.

Pero Draco - ¿podría Draco ser capaz de enfrentarla? ¿Querría hacerlo?

¿Le importaría?

Cuando Harry cerraba los ojos, casi podía imaginarse sentir a Draco acercándose a él en silencio por atrás. Si entrecerraba los ojos fuertemente, casi podía capturar el recuerdo de unos labios rudos acariciando su cuello, o su sien. “Te lo prometo,” había dicho Draco mirándolo a los ojos. “No negaré esto.”

Lo prometo.

Harry volvió a abrir los ojos. Tenía los puños apretados.

Que venga, fuera lo que fuera. Aún si venía por ambos. Que venga. Harry amaba a Draco. Mientras amara a Draco, ese amor valía lo que cualquiera intentara hacerles. Lo sabía. Seguramente también Draco lo sabía.

Enterró los nudillos con fuerza en la base de piedra del alféizar. “Que venga,” murmuró, presionando la frente contra el vidrio.

La luna había pasado detrás de una nube; Harry observó su camino durante la noche, y no durmió.

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8 de Enero, 1977

Puntos de la Casa: 335 “¡Muy bien, Gryffindor! ¡En primer lugar por encima de Slytherin por 25 puntos!)

Contraseña: Skywalker.

Como puedes ver, es otra razón por la que este lugar necesita desesperadamente un curso de Estudios Muggles. La locura de Guerra de las Galaxias ha llegado a Hogwarts y ninguno de los magos sabe que pensar al respecto. Todos los estudiantes con familia y amigos muggles fueron a verla durante las vacaciones y ahora nadie habla de otra cosa. Nunca he visto algo así – la mitad de los chicos han regresado convertidos en fans de la respiración pesada de Vader. Mientras tanto, los que no van al cine ni interactúan con el mudno muggle, están a oscuras, y no es precisamente un ambiente armonioso. Los de Slytherin, que escuchan a cada rato mencionar la Fuerza, sujetaron del cuello a un pobre Hufflepuff de tercero para obligarlo a decirles lo que era y ahora actúan como si fuera un secreto mágico tenebroso de sangre limpia del que han sabido desde el principio. Ya no digamos que intentar utilizar la Fuerza en cualquiera que no esté de acuerdo con ellos – y lo digo en la forma mas literal posible. Peter y Sirius han estado intentado crear unos sables de luz mágica con sus varitas desde que se reiniciaron las clases. Hay rumores de que los de Ravenclaw están trazando planes ridículos para intentar capturar a Voldemort construyendo una Estrella de la Muerte.

En general, esta semana me ha recordado las formas en que frecuentemente los magos deforman a los muggles. Todos hacemos énfasis en que los muggles no comprenden a los magos, pero en realidad, a veces creo que es al revés. Después de todo, ¿qué muggle no hay querido poder hacer magia - poseer el poder de la Fuerza o como quiera que se le llame actualmente? Algunas veces creo que los magos no entienden el valor de lo que tienen. Tienen diariamente la Fuerza en sus dedos, y tienen tantas ventajas tan reales e integrales sobre los muggles que siempre dan por sentado.

Siento de verdad que la mejor forma de que los magos y los muggles se lleven bien, no es que los muggles se acostumbren a los magos, sino que los magos realmente comiencen a extender la mano hacia los muggles. Sé que en este momento pareciera ser que lo único que importa es detener a Voldemort (me niego a escribir Quien Tu Sabes, porque son muchas palabras y creo que es un apodo sin sentido. ¿Quizá debería comenzar a llamarlo Darth Vader?) para que no se apodere de todo y mate a todo el mundo a su alcance – pero habiendo pasado eso, no puedo dejar de pensar en lo que sigue. Sé que Voldemort no ganará, simplemente lo sé – pero mas allá de eso, queda la pregunta: ¿Qué van a hacer los magos con toda esa libertad cuando la tengan? ¿Seguirán sintiéndose superiores a los muggles?

Para mi es tan obvio que gente como yo, Peter e incluso Sirius Black tenemos mucho mas en común con las clases trabajadoras y media muggles que con gente como los Pucey y los Malfoy. ¿Por qué no podemos comenzar a comprender eso mas de nosotros? La única forma en que podremos ganar la batalla contra Voldemort, es poner un alto a esta idea elitista de que somos mejores que ellos. Me encantaría ver una coalición de muggles y magos trabajando juntos para educar al otro y compartir sus recursos: magia y tecnología combinadas - ¡tan solo imagínate las posibilidades! No sé, quizá podría haber una oficina en el Ministerio de Magia y Trabajo – un grupo de políticos muggles trabajando mano a mano con el Departamento de Asuntos Muggles. Me encantaría ver algo así en algún momento de mi vida. Sé que se llevará años, pero tengo la sensación de que está cerca.

Quizá cuando salga de Hogwarts, si la guerra termina, lo comenzaré yo misma.

¿Por qué salió esto? Oh, nada extraordinario – aparte de lo de la Guerra de las Galaxias, Peter y los otros volvieron a tener un encontronazo con Snape ayer, y esta vez Snape logró insultar no solo mi linaje, sino mis habilidades como bruja antes de que los amigos de Peter lo callaran mediante maleficios. No puedo dejar de sentir pena por él: en algunos sentidos me recuerda mucho a Peter – al menos a Peter antes de que lo conociera bien. Tranquilo a su manera, reservado, pero siempre observando, observando lo que hace todo el mundo. La diferencia mas grande es que cada vez que Snape abre esa horrible boca, lo único que hace es derramar bilis, y Peter – Peter dice las cosas mas dulces.

Anoche tuve una – bueno, supongo que la única palabra que la describe es pelea – larga y seria con P. No comenzó así, pero antes de que nos diéramos cuenta estábamos sacando frustración tras frustración, no tengo idea de dónde se almacenó tanto resentimiento, coraje y – las cosas no pueden ser simples, ¿verdad? Quieres a alguien, quieres entenderlos y descubrir lo que sienten – crees que lo único que tienes que hacer es preguntarles, y que la respuesta será suficiente, porque seguramente cuando te vean y vean lo mucho que la quieres, lo mucho que deseas la verdad, simplemente te la dirán. ¿Cierto? Creo que no. Creo que P. simplemente no puede decirme las cosas, o – al menos eso es lo que él dice. Quiero creer que es eso. Quiero creer que es que no puede decirme, y no que no me lo quiere decir. Porque si no puede decir las cosas, entonces es mi prioridad confiar en él, ¿no? Pero si no me las quiere decir, entonces es mi deber para conmigo misma saber por qué no confía en mi. Pero – pero, ¿cuál de las dos es? ¿Cómo se supone que sepamos estas cosas?

Estoy harta de las preguntas. Últimamente lo único que tengo acerca de Peter son preguntas. Algo lo está cambiando y no sé lo que es. Ya no responde como antes cuando lo toco. Y no puedo preguntarle por qué, porque si lo miro demasiado tiempo, se pone hostil y me acusa de sospechar que me esconde algo.

Y eso, vaya, de acuerdo. Si sospecho que me esconde algo - ¿pero cómo puedo hacer que me diga qué está mal si no confía en que no se lo reprocharé? Es tan confuso. Sé que está escondiendo algo, no solo lo sospecho, lo sé. Lo sé como tu sabes los caminos de tu habitación, incluso en la oscuridad. Antes sabía a qué atenerme con Peter. Ahora, constantemente estoy en busca de algo familiar a lo que aferrarme, y mientras mas pasa el tiempo, mas busco.

Cuando me desanimo, me digo a mi misma que lo único que puede hacer la diferencia es el amor – la fuerza del amor, su fuerza incluso ante la cara de todo lo demás en el mundo. Y aún así, nunca parece ser suficiente. No estoy segura de qué vaya a ser suficiente.

Sé que no tiene sentido. Pero al menos lo tiene en mi cabeza – sobre el pergamino se ve tonto y paranoico. Pero algo ha cambiado, está cambiando. Cambiándonos a nosotros – cambiando todo.

Lo único que me preocupa es esto:

¿Estamos siendo cambiados desde el interior o desde el exterior?

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