Nad�n Ospina estaba en posesi�n de las ideas, conceptos, formas y t�cnicas que desembocaron en Viaje al fondo de la tierra, proyecto con el que gan� en 1996 una de las becas Guggenheim para Am�rica Latina. Al presentar su candidatura a la beca, el artista redact� y envi� el siguiente documento:

"El proyecto Viaje al fondo de la tierra es una simulaci�n de los viajes realizados por investigadores europeos en Am�rica durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX.
Este proyecto ser� la culminaci�n del proceso iniciado en 1991, cuando entr� en contacto con los artesanos de San Agust�n (principal centro arqueol�gico de Colombia) para que produjeran piezas que parecen objetos precolombinos alterados con elementos contempor�neos.
Viaje al fondo de la tierra ser� un viaje real por los m�s relevantes sitios arqueol�gicos de M�xico, Colombia, Ecuador y Per�, siguiendo las rutas de arque�logos e investigadores como Arthur Posnannsky (Tiahuanacu y la civilizaci�n prehist�rica en el Altiplano y Una ciudad prehist�rica en el Beni), Henry Prescott (History of the Conquest of Mexico y History of the Conquest of Peru), Desir� Charnay (The Ancient Cities of the New World), John L. Stephens (Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan) y K. Th. Preuss (Arte monumental prehist�rico).
Utilizando fotograf�as, dibujos y documentos de estos investigadores, har� una recreaci�n de sus traves�as.
Simult�neamente elaborar�, con artesanos locales, piezas basadas en las originales correspondientes a la cultura de cada regi�n visitada (tal y como ya lo he hecho en Colombia y en M�xico en los �ltimos a�os) y realizar� un registro fotogr�fico in situ, simulando con las piezas fabricadas un hallazgo arqueol�gico.
Posteriormente, simulando el m�todo de trabajo de esos primeros arque�logos, encargar� a dibujantes y pintores profesionales y a estudiantes de arte el registro de las piezas recopiladas durante el viaje.
Finalizar� el proyecto con una serie de exposiciones en las que se exhibir� todo el material (las piezas "descubiertas" acompa�adas de fotograf�as, mapas, dibujos, etc.), procurando que el montaje museogr�fico simule una exposici�n arqueol�gica."
IX

Llama la atenci�n, al leer el proyecto, que �ste se presenta como "la culminaci�n de un proceso". Si culminaci�n quiere decir fin, estar�amos entonces a punto de presenciar una nueva reorientaci�n art�stica de Nad�n Ospina. Pero no nos adelantemos a los hechos. Viaje al fondo de la tierra no ha sido un verdadero viaje sino su simulaci�n. Desde su estudio en Bogot�, a trav�s de libros, Ospina ha ensayado seguir la ruta de los ilustres investigadores y viajeros que menciona en su lista. Cierto es que ten�a la intenci�n de visitar personalmente los sitios arqueol�gicos (al respecto, el tercer p�rrafo del documento habla de un viaje real), pero el fen�meno de El Ni�o en 1997 y luego el de La Ni�a lo impidieron. Me permito llamar afortunado el impedimento f�sico de andar por esas rutas porque convierte en un simulacro total la idea que le da alma a Viaje al fondo de la tierra. Se puede lamentar, eso s�, que haya tenido que prescindir de la colaboraci�n de los artesanos que quer�a contactar en las localidades que se propon�a visitar, artesanos que con seguridad hubieran inspirado giros y hallazgos no previstos, pero la obra ya est� hecha y se exhibe ahora en el Museo de Arte Moderno de Bogot� junto con algunas de las piezas m�s relevantes de los cinco �ltimos a�os, escogidas porque se apoyan en fuentes precolombinas.
Luego de exponer en M�xico, Ospina repas�  los principios te�ricos que le daban fundamento a su arte y concluy� que estaba en la situaci�n de abrevar en todas las culturas de la Am�rica antigua. Esto es algo que hab�a ensayado previamente, aunque no a gran escala. Recordemos que una de las figuras de In partibus infidelium estaba inspirada en el arte de la cultura Jama-coaque de Ecuador, no lejos de Guayaquil, de donde proceden figuras cer�micas de gran complejidad, belleza y refinamiento. Como proyecto, Viaje al fondo de la tierra pod�a satisfacer ampliamente la preocupaci�n de ir hasta el final en la precolombinazaci�n de iconos contempor�neos.
Al estudiar el vasto conjunto de casi cien piezas que Ospina ha realizado en 1997 y 1998 como becario de la Fundaci�n Guggenheim, resulta evidente que la familia Simpson ha casi desaparecido y que la preminencia la tienen ahora los populares personajes de Disney: el pato Donald y el rat�n Mickey con sus respectivas novias, Daisy y Minnie. A partir de estos iconos del siglo XX, Nad�n Ospina ha realizado piezas que evocan la botella escult�rica Mochica, la vasija globular muisca, el incensario Mante�a, el guerrero Nayarit, el cham�n ataviado Tairona, el Chac Mool azteca, el dignatario Jama-Coaque, la botella antropomorfa Machalilla, el oferente Colima y el dios del fuego Maya, fuera de vasos y copas rituales de la cultura Nari�o y keros Incas. Notables, por su erotismo, son Couple y Arcaico. La primera nos remite a la tradici�n de la cultura Tumaco y la segunda a la de la cultura Moche, admirada esta �ltima por lo francas y directas que son sus representaciones de la c�pula carnal. Cuando Ospina representa en pleno coito una de las asexuadas parejas de Disney, en el fondo critica el puritanismo contempor�neo y aplaude la franqueza de una antigua cultura.
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