LA MÚSICA PROHIBIDA, EL PAÍS QUE NO EXISTE
MEC: Toda esta música, la de Tomás Lefever y la de otros autores contemporáneos -y no tanto- siempre ha ido quedando como algo subterráneo, por algún motivo.
Claro, es que es una música demasiado loca, si es de dementes componer cosas así, realmente. Es demencial.
MEC: Entonces, si es -como dices- tan de dementes, ¿porqué al escucharla, a uno le cautiva? ¿porqué está como escondida, prohibida? eso me llama la atención, ¿dónde está la prohibición?
¿La prohibición?
Ah, no por supuesto, estamos muy lejos, a mucha distancia de esa persona tan especial.
Claro, es difundida pero con rigor, lo menos posible. Salvo en la radio Beethoven.
Esta otra música simplemente no, no tiene lugar en la vida social, no tiene lugar. Es solo para gente muy, muy particular.
Bueno, cuando uno no tiene mucho que ver con otra persona como que uno mismo facilita las cosas para que no pasen cosas con esa otra persona ¿cierto? Yo encuentro que eso es positivo porque le ahorra a esa persona el sufrimiento de tener que esforzarse con uno y a uno el esforzarse con ella.
Le cuesta a uno aceptarla como tal, como esa música de la cual hablan como música. Pero ¿porqué tengo que seguir esa idea yo, si para mí es un ruido?, un ruido... además muy molesto.
El tema es difícil, para mi forma de entender. Difícil, porque entre las cosas que se echaron a correr está el mal gusto generalizado. Eso es un producto, un producto como, qué se yo, el "Señor de los anillos", hay un mal gusto generalizado, y DIVINIZADO, además divinizado. A mí me parece espantoso, pero...
Eso viene de la ordinariez.
No, y yo creo que es muy terrible lo que le pasa a la especie humana. Terrible. Yo creo que vamos, es decir no tenemos para qué sufrir pensando que vamos a ser destruidos por un asteroide, yo creo que eso es una tontera, absolutamente; vamos a ser destruidos por nosotros mismos.
Aunque yo quiero pensar todavía que el ser humano tiene cosas buenas, como cuando me encontré con la música de ese norteamericano, George Crumb. Ahí dije yo, ¡que bueno!.
Lo único bueno es que eso no lo va a aceptar todo el mundo, como yo. Yo no lo voy a aceptar; acepto las condiciones que me impone, porque ya no es necesario repartir más el poder, ya nadie va a pensar, yo creo que hasta los chinos entendieron que no deben hacer olitas -porque además con qué van a hacer olitas, si está todo controlado... y lo controla uno solo.
Entonces yo ni me molesto ya, no pierdo tiempo, el rico tiempo que yo puedo emplear en escribir algunas ideas nuevas para Europa, y que sean representativas de América Latina, porque eso es lo que me interesa a mí. Para que no sigan hablando de las plumas, y preguntando dónde está Santiago, que cómo es el puerto de Santiago, como esos turistas americanos que preguntan eso...
...y ¿porqué van a saber? -yo les doy la razón. ¿Porqué uno va a andarse molestando por un país como Chile, que no es ni país siquiera. No hay un país, si es mentira.
Pero, por el otro lado, tengo todos estos resultados de la influencia del libre mercado, por ejemplo, en este país... y no ceso de echar maldiciones. Eso echa abajo todo. Claro.
Chile no es un país, es tan mentira como la canción nacional. Y no hablemos más del asunto, porque se aleja mucho de nuestro tema...
Sí, puede ser que tenga que ver, pero no se trata de molestar. Yo tengo conciencia, tengo una cierta clase que me hace funcionar con las personas, como las personas están acostumbradas a funcionar.