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Parque Natural

FUENTES DEL NARCEA, DEGA�A E IBIAS

 

El 27 de Diciembre de 2002 se declar� por LEY este Parque Natural en Asturias.

Estaba contemplado ya en el P.O.R.N.A. desde 1994.

Existe una fuerte pol�mica, basada en la mentira, la coacci�n y las presiones interesadas.

Es el espacio natural protegido m�s extenso de Asturias.

Abarca todo el sur del concejo de Cangas del Narcea, la pr�ctica totalidad de Dega�a y el Sur de Ibias.

Da cobertura legal a la Cordillera Cant�brica asturiana, desde Somiedo a los Ancares; las mejores �reas de oso y urogallo cant�brico del pa�s.

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CARACTER�STICAS DEL TERRITORIO

Esta �rea alberga la cabecera del r�o Narcea, desde su nacimiento en el Collado Alto hasta Rengos. Por la margen derecha de �ste se incluyen las cabeceras de los r�os Carabales, Junquera, Cibea, Naviego y Gill�n. Por la izquierda las del Coto y Muniellos. Al sur la presencia del cordal formado por la Sierra de Dega�a y la de La Candanosa, delimitan la cabecera alta del r�o Ibias, tributario del Navia.

El Parque integra por tanto un conjunto de sierras y valles que por su escaso poblamiento y acusado relieve conservan aun importantes masas forestales aut�ctonas. La conveniencia de una protecci�n legal del espacio ya hab�a sido se�alada finalizando el siglo XIX por Bellmunt y Canella, que en su obra Asturias propon�an la creaci�n de un Parque Nacional que tomara por modelo el de Yellownstone declarado en los Estados Unidos de Norteam�rica en 1897.

POBLACI�N

La poblaci�n es escasa, apenas seis mil habitantes que se concentran en cuatro localidades principales: Rengos, a orillas del r�o Narcea, en el concejo de Cangas; Dega�a y Cerredo, a orillas del r�o Ibias, en el concejo de Dega�a; y Lui�a, en un �rea monta�osa cercana al Puerto de la Campa de Tormaleo, en el concejo de Ibias. En todos los casos se trata de n�cleos de poblaci�n desarrollados al amparo de una intensa actividad minera, que supone casi la mitad de los empleos totales. El resto de la poblaci�n se distribuye por peque�as aldeas con una actividad agroganadera escasamente desarrollada y en la mayor parte de los casos complementaria del trabajo en las minas.
Geolog�a
La totalidad del Parque se encuadra en lo que los ge�logos han denominado Zona Asturoccidental-leonesa, un territorio marcadamente uniforme desde el punto de vista litol�gico, con presencia casi exclusiva de diferentes tipos de rocas sil�ceas de edad paleozoica.

La serie estratigr�fica m�s abundante es sin duda la de Los Cabos, constituida por una mon�tona repetici�n de areniscas, pizarras y cuarcitas, en la que destacan por su potencia los niveles de cuarcita. En algunos puntos afloran no obstante las pizarras negras ordov�cicas descritas como Pizarras de Luarca y areniscas, pizarras y conglomerados de edad estafaniense que incluyen algunos niveles explotables de carb�n. Los materiales calc�reos se limitan a bandas de muy escasa potencia de Calizas de Vegadeo. En las �reas de mayor altitud son muy evidentes huellas de un modelado glaciar que se manifiesta en la presencia de peque�as cubetas de excavaci�n y dep�sitos morr�nicos, especialmente en las laderas orientadas al norte. Es frecuente que dichas cubetas alberguen lagunas de monta�a o turberas que se escalonan a lo largo de la ladera a modo de peque�os rellanos. As� ocurre en las Lagunas de Muniellos, al norte de La Candanosa; en las Lagunas de Sisterna, al norte del Teso Mular; o la Laguna de Cueto Arb�s, por ejemplo.
 
La Vida Vegetal
La vegetaci�n del �rea aparece condicionada por dos factores principales: un elevado rango de altitudes, que va de los 600 m de Rengos a los 2.000 del Cueto Arb�s, y la pobreza de los suelos que se deriva del car�cter sil�ceo del roquedo.

Los bosques de mayor extensi�n son sin duda robledales de Quercus petraea y hayedos olig�trofos. Ambos tipos de bosque tienden a ocupar �reas de alta pluviosidad, el primero en exposiciones de solana y el segundo en exposiciones de umbr�a, donde la menor insolaci�n favorece una mayor humedad ambiental. Sin embargo, los hayedos apenas tienen representaci�n al oeste del cauce del Narcea, situ�ndose los m�s occidentales de la Cordillera Cant�brica en el Monte de Muniellos. A partir de ese punto, las umbr�as m�s h�medas son ocupadas por bosques flor�sticamente similares a los hayedos pero en los que el haya es sustituido por el roble albar (Quercus petraea). Se interpreta que la desaparici�n del haya en el extremo occidental de la cordillera, es debida a la menor precipitaci�n estival causada por la presencia del Anticicl�n de las Azores, que en el verano se desplaza al norte para situarse enfrente de las costas gallegas.

Los hayedos m�s extensos y representativos son sin duda los que se conservan en la cuenca alta del Narcea, en el Monte de Hermo. En cuanto a los robledales destacan por su extensi�n y grado de conservaci�n los del Monte de Muniellos.

En las �reas de mayor altitud, el l�mite del bosque est� formado por formaciones ralas de abedular, generalmente con ejemplares de fuste tortuoso y escaso porte que deben soportar largos periodos de nieve. Los abedulares tienden a ocupar las laderas m�s fr�as orientadas al norte y adquieren especial entidad en el Monte de Muniellos, las laderas del Teso Mular y la cuenca alta del r�o Naviego.

En �reas similares pero de fuerte insolaci�n, las laderas orientadas al sur, el abedul es sustituido por formaciones arbustivas de roble rosado (Quercus x rosacea) que se hacen especialmente abundantes en el Monte de Muniellos y la vertiente meridional de la Sierra de Dega�a.

Por �ltimo, debe citarse la presencia de bosques y retazos de bosque de rebollo (Quercus pyrenaica), que se sit�an en las �reas de menor pluviosidad: las laderas orientadas a solana del Monte de Muniellos y las de id�ntica orientaci�n de la Sierra de Dega�a, siempre en zonas de baja altitud.

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conocer estos valles, siempre con el mayor respeto por

la conservaci�n y tranquilidad de estos bosques.

  

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Otros Valores
En el territorio incluido en el Parque Natural son numerosas las evidencias de actividad humana en la �poca romana, tanto en lo que se refiere a restos de explotaciones aur�feras como a asentamientos castre�os vinculados a �stas.

Los principales asentamientos se situaron en torno al enclave dega��s de El Corral�n que debi� ser un importante centro minero. As� ocurre con el Castro de Lar�n, el de Vilarmeir�n o el de Fondo de Vila.

No obstante, el principal inter�s cultural del �rea no reside tanto en el patrimonio arqueol�gico y art�stico, como en el rico patrimonio etnogr�fico de la zona.

El suroccidente asturiano padeci� durante siglos una incomunicaci�n que mantuvo hasta el presente siglo formas de vida desaparecidas hac�a tiempo en el resto de Asturias. As�, la vivienda original de la zona conserv� hasta nuestros d�as gran similitud tipol�gica con la edificaci�n castre�a. Es de planta circular, de suelo de tierra apisonado, muros de mamposter�a seca de materiales pizarrosos y cuarc�ticos y cubierta de paja de centeno, por lo que se la denomina palloza.

Otros elementos arquitect�nicamente singulares de la zona son los cortinos, talameiros y corripas. Los cortinos son construcciones de planta circular, con muros de mamposter�a seca de unos dos metros de altura y sin cubierta, cuyo destino era la protecci�n de las colmenas frente a los ataques del oso. En su interior, generalmente en terrazas que se adaptaban a la topograf�a del terreno se dispon�an las colmenas, trobos, construidas con troncos de casta�o ahuecados o cortezas de alcornoque. En el �mbito del Parque persisten multitud de estas estructuras que se hacen especialmente abundantes en el concejo de Ibias. Los talameiros, mucho menos frecuentes, ten�an la misma funci�n y consist�an en construcciones ortogonales macizas y de m�s de dos metros de altura sobre las que se dispon�an las colmenas.
Colmenas en un cort�n.
M�s informaci�n en:

www.terra.es/personal8/muniellosweb

www.geo.ya.com/muniellosweb

ECOTUR-ALBERGUE VEGA DE HORREO

Alto Narcea.

La Vida Animal
El �mbito del Parque constituye uno de los lugares de mayor riqueza faun�stica de toda la Cordillera Cant�brica. Debe destacarse sin duda la presencia del oso pardo cant�brico (Ursus arctos), que sit�a en el entorno de Hermo uno de sus principales n�cleos poblacionales, de especial inter�s por su �xito reproductor. Entre los grandes mam�feros destacan adem�s, el lobo (Canis lupus) y los grandes ungulados de inter�s cineg�tico: jabal� (Sus scofra), corzo (Capreolus capreolus) y rebeco (Rupicapra pyrenaica parva). Jabal� y corzo son abundantes en los bosques del Parque, por contra el rebeco mantiene en este �rea poblaciones muy reducidas que conforman su l�mite occidental de distribuci�n. El venado (Cervus elaphus) se extingui� mediado el siglo XX.

Otros mam�feros de menor tama�o y abundantes en el Parque son carn�voros como el zorro (Vulpes vulpes), la marta (Martes martes), la gineta (Genetta genetta), el gato mont�s (Felis silvestris), la gardu�a (Martes foina) o el tej�n (Meles meles), o micromam�feros como la musara�a de campo (Crocidura suaveolens), la rata de agua (Arvicola
sapidus) o el desm�n ib�rico (Galemys pyrenaicus). En piornales y prader�as de monta�a destaca la presencia de un endemismo de la Cordillera Cant�brica, la liebre de piornal (Lepus castroviejoi).

Entre las aves debe destacarse sin duda la presencia de algunas tan escasas como el urogallo cant�brico (Tetrao urogallus) o el pico mediano (Dendrocopos medius). El urogallo mantiene una importante poblaci�n cuyos efectivos est�n en torno a la media centena de machos, m�s escaso parece el pico mediano, citado no hace muchos a�os pero que ha sufrido en esta �rea una dr�stica reducci�n poblacional que podr�a situarlo al borde de la extinci�n. Entre las rapaces son frecuentes las caracter�sticas de medios forestales como el azor (Accipiter gentilis) o el gavil�n (Accipiter nisus). Las que requieren cortados rocosos son en cambio escasas, constat�ndose la presencia de s�lo una pareja de reproductora de �guila real (Aquila chrysaetos).

 

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La rara Amapola amarilla (Meconopsis cambrica), se encuentra en algunos rincones del Parque Natural. Foto: Chema D�az.ECOTUR.

 

Estamos en las �nicas monta�as de la pen�nsula ib�rica donde se pueden encontrar a la vez: oso, urogallo y lobo.

Esto nos habla de un grado de naturalidad y tranquilidad excepcional

De hecho, es la comarca m�s desconocida de Asturias, por eso, encontrar�s muy poca informaci�n en tu lugar de residencia.

El entorno rural y las costumbres populares tambi�n se conservan muy bien: bra�as de vaqueiros, cortines, talameiros, curripas, molinos, h�rreos, paneras... te sorprender�n por su grado de conservaci�n que nos hacen trasladarnos a �pocas pasadas.

Fuentes del Narcea, Dega�a e Ibias hace referencia al nacimiento de sendos r�os, en el sector occidental de la Cordillera Cant�brica asturiana.

 
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