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Estando en medio de sus pensamientos tratando y tratando entender lo que sucedía, notó que en un santiamén el gordo había desaparecido, y en su lugar vio a un hombre delgado, que se paró a cierta distancia, y levantando sus brazos con unos extraños palos adornados de colores en sus manos, lo llamaba. |
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El torito corrió hacia él enojado, diciéndole ¡vete, vete tu también de mi fiesta!. Pero, para su sorpresa, el hombre salió corriendo también hacia él, en punta de pies, y le clavó los dos palitos de colores en su lomo, que le causaron un inmenso ardor y dolor porque eran unos filosos y puntudos arpones que cortaban la piel. El torito desesperado corría y corría intentando quitárselos, pero, como si no fuera poco, volvió y repitió 2 veces mas, clavándoselos muy cerca de donde tenía el torito la honda herida causada por el gordo a caballo. |
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En un santiamén frente a él estaba un humano delgado con un vestido ajustado al cuerpo como piel de sapo, y lleno de estrellitas como un traje de luces, en sus manos llevaba un paño rojo, llamado capote, desde atrás le decían ¡muévele el engaño torero! Y el torero movía y movía el paño buscando llamar la atención del torito, quien disgustado corrió hasta él para quitarle el capote con sus cuernos. El torito triste y cansado, intentó respirar profundo y entender lo que sucedía, pero sentía que se ahogaba... sacaba su lengüita para intentar respirar mejor, pero era casi inútil. Su dolor era muy fuerte. |