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Nuevamente logra ponerse de pie y
los hombres que le sujetan la trompa lo dejan en otra dirección. Si trata de correr
hacia delante los hombres que le sujetan las patas traseras lo dejan haciendo
caer. Después de varias caídas estrepitosas, esta contento de caminar hacia donde
lo jalen. El mahout grita instrucciones y lo hiere en su cabeza con el an kus
(gancho con un aguijón) y el camina de un lado a otro. Pero esto no es suficiente
para los entrenadores.
Caminando atrás del elefante, están
media docena de hombres que cantan una tonada como si marchasen manteniendo un
paso mientras azotan la parte trasera del elefante con canas de bambú.
La parte más delicada de la piel en la gran bestia se encuentra en la raíz de
la cola y es ahí donde las cunas golpean sin piedad y azotan y cortan, minuto
tras minuto, hora tras hora.
Al principio, el bruto excitado por todo el jaloneo, el arrastrarlo y los gritos,
no se da cuenta de la póliza con las canas de bambú le esta cortando. Entonces
al acostumbrarse al movimiento le comienza a punzar. No puede voltear su cabeza
porque los hombres que le tienen atada su trompa se la lastiman. Tampoco puede
correr por que lo harían tropezar. Solamente sigue adelante derramando lagrimas
de sus ojos, gimiendo, acatarrado de su trompa por el calor del día, bajo el candente
sol que el elefante no puede soportar. ENTONCES BAJA SU CABEZA Y GRITA UNA VEZ
CON UN LARGO, ESTREMECEDOR Y AHOGADO LAMENTO Su corazón, su espíritu, esta roto.
Ahora, el ya no trata de correr o aun, nisiquiera de tener resguardada su trompa.
Esta a merced de los demonios que lo atormentan. Lo reconoce. Él esta listo ahora
para cualquier cosa que le quieran hacer. Le dan de comer y lo llevan al río para
bañarlo. Nunca volverá a los cepos. Ahora es un elefante domado.
" ¡Pero no siempre!" Me dijo Boon, " Recuerdo una vez a un elefante que ellos
no pudieron domar. Lo sacaron de los cepos; su mahout era un nativo de Batak llamado
Bonan. Antes que todo, trato de atacar a los hombres de la trompa. Lo hicieron
tropezar y lo derribaron produciéndose un golpe que sacudió todo el campamento.
Pataleo y trato de rodar sobre Bonan. Pero el mahout había saltado a salvo. Los
hombres de la soga se apartaron y lo jalaron hasta hasta que se puso de pie. Sus
ojos rojos de ira y su trompa enredada en el arnés de piel, emitía sonidos como
alaridos llenos de furia. El mahout lo monto y los hombres de la trompa lo arrastraron.
El embistió hacia delante y sus patas traseras fueron tiradas hacia atrás hasta
que casi quedo extendido de bruces totalmente. Rodó otra vez hasta que su piel
estaba gris por el polvo y había sangre en su trompa. Cuatro veces fue derribado
y entonces lo dejaron descansar, porque los hombres de las sogas necesitaban hacerlo.
" Comenzaron otra vez en la tarde. Esta vez obedeció. Pero de su garganta emitía
sonidos gorgojeando y su cabeza seguía jalando con su trompa la soga. Tras el
caminaban los hombres de las cunas de bambú, riendo burlonamente mientras golpeaban
las partes delicadas, abajo y arriba de su cola. A los primeros golpes se detuvo,
apretó su cola por abajo y gimió como un toro. Los hombres de la trompa jalaron
y tuvo que seguir adelante. Otra vez las canas hirieron en el. Reparo, lucho jalando
las sogas y se paro sobre sus patas traseras. Lo bajaron de un tremendo golpe
y después siguió caminando, los hombres con las canas reían como maniáticos mientras
se les llenaban de sangre. De derecha a izquierda siguió a los hombres de la trompa.
Retrocedió, camino hacia delante, dio vuelta, se detuvo. "PERO NO PODÍAN HACERLO
GRITAR" Bonan enterró el aguijón en la cabeza, corto sus orejas. Los hombres de
la trompa jalaron el arnés hasta que su trompa derramaba sangre. Había sangre
en su cabeza y caía tras sus oídos sobre la arena, mientras lo jalaban dando vueltas
y vueltas. "Obscureció, pero el Raja Palem Kok dijo al mahout que lo mantuviera
caminando hasta que desistiera. Prendieron grandes fogatas alrededor del campamento
y las antorchas dibujaban la silueta de la figura en masa, caminando pesadamente
en medio de sus torturadores, silencioso bajo las punzadas, sacudidas y las viciosas
cortadas de las cañas de bambú. " Pero no fue el corazón del elefante el que se
rompió. El Raja mando esclavos para que azotaran a los hombres de las cañas y
para injuriar el mahout ¿qué clase de entrenadores eran
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