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MoeBiuS - Entrevista a Gustavo Cerati

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Entrevista a Cerati

El año pasaso Cerati nos tomó de sorpresa sacando su 2do disco como solista que le dió el nombre de Bocanada, en este disco se ve el cambio que tuvo desde la separación de Soda, su introducción hacia la música electrónica y su libertad de expresión o más precisamente de composición. Se lo nota feliz (va no se, pero en la Casa Suiza estaba muy bien dando su set techno-ambient con Etcheto) y con ganas de hacer nuevas cosas. Volviendo a su exitoso bocanazo con temas como Tabú, Engaña (hermoso tema), bueno Bocanada (usando un sampleo de Eruption), Puente, Perdonar es divino, su Paseo Inmoral, Río Babel, Verbo Carne, el casi funk de Beatiful, el electrónico instrumental Y si el humo está en foco, Balsa, despues el exitoso Raíz (que parece en algunas melodías a Cuando pase el Temblor o Corazón delator.
-¿Cómo tomó forma Bocanada?
Gustavo.- Todo el proceso fue muy relajado. Esos temas los había compuesto en el '98. Eran pequeños soundtracks donde tenía que trabajar mucho para hacerlos canciones, no existía la letra ni tampoco las melodías. Eran como sonidos que me gustaban escucharlos y hacerlos en mis propios cd´s.
-Estuviste muy tranquilo todo ese tiempo de composición no?
G.- Sí, hacer este disco fue muy relajado y tranquilo, me iba a largar yo solo viste... No fue lo mismo con Amor Amarillo o Colores santos, Pensé que este disco iba a ser un gran desafío. Mira... si te digo que este fue el disco en que menos la pase en el estudio (se ríe) y todavía no tenía que pensar en hacer canciones, no estaba amenazado, tenía como dije todo el tiempo del mundo.
-¿Fué importante tener el estudio en tu casa?
G.- Yo quedé reducido a un pequeño departamento donde no podía cantar. Aparte me daba fiaca tener que alquilar un estudio y salir de casa. Por eso me dediqué a hacer un estudio más profesional equipando dignamente mi casa. Hasta podía haber mezclado ahí, pero yo quería ir a Inlaterra para buscar un buen sonido de bajo.
-¿Pudiste pensar cada paso sin apuros ni presiones?
G.- Sí, porque la separación de Soda no fue de un día para el otro. Todos ya nos dábamos cuenta que todo se iba terminando. Pero me sirvió mucho el descanso después de la separación. Aparte lo que hice con Plan V y Ocio (con Etcheto) fué buenísimo. Al final como vieron tuve ganas de hacer canciones y salieron como bocanadas (se ríe de nuevo).
A parte todo el mundo me apoyaba fueron momentos emocionantes. La comparación es algo odiosa, pero tal vez en las últimas épocas de Soda me sentía mas solo que en este disco solista (me quedo mudo).
-¿Podés describir este disco?
G.- Mucha gente seguro que se sorprendió con este disco, todo en este disco es sorpresa, mismo el sonido y la letra. Además es muy variado ya que tiene muchas introducciones y momentos. Este es un disco de los que quería hacer, estoy muy satisfecho.

PALABRAS VAN, PALABRAS VIENEN...

Cada vez parecen más lejanas las épocas en las que un trío de músicos argentinos desataba una fiebre sin precedentes en toda Latinoamérica. Hace ya casi tres años que los Soda Stereo Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio archivaron la gloria que supieron conseguir, y partieron por diferentes caminos. Cerati, como era de prever, se lanzó como solista con un disco fino y profundo en el que revalida sus dotes como gran compositor de canciones. A casi un año de la edición de Bocanada, Gustavo analiza su álbum.
-¿Cómo fue el día después de la despedida de Soda Stereo en River?
-No sé, era demasiado temprano como para que pudiera definir una sensación concreta. Sí recuerdo que al otro día regresé como a una vida hiper familiar. Sentía la necesidad de volver a la normalidad total. Era muy fuerte lo que había sentido el día anterior, y sentí mucho alivio de terminar eso, que luego fue convirtiéndose en emociones mucho más concretas. Creo que apareció la idea de libertad, pero más que eso era sentir que un ciclo se había cumplido. Lo que puedo asegurar es que nunca sentí tristeza. Es más, cuando terminó el concierto me fui a festejar.
-Desde los últimos tiempos de Soda ya mostrabas una tendencia a escribir canciones despojadas de consignas, como un alejamiento de los grandes estribillos, de la canción épica...
-A mí me gustan las canciones épicas. Incluso, las sigo haciendo de alguna manera. Lo que pasa es que el enfoque es otro. Posiblemente no haya grandes estribillos. Pero si pensás que un estribillo como “Puente”... que si bien no tiene el heroísmo de decir 'somos prófugos', donde estás solo frente al mundo; aquí estás reconciliado con una serie de cosas. Pero sigue siendo heroico para mí llegar a ese punto. A nivel letras, en Bocanada apunté hacia un slogan, que sería 'fluir', o la idea del 'aquí y ahora'. Es un disco más espiritual en ese aspecto.
-Se notan connotaciones religiosas en Bocanada. Eso se palpa en imágenes, palabras, títulos de canciones.
-Sí (risas). El disco tiene un trasfondo religioso en muchos casos. Las letras, en ese aspecto, también fluyeron desde adentro. Yo siento eso, aún cuando uno trabaje sobre situaciones muy ficticias. Mi gran capital es la fantasía. En definitiva, en cada canción me pongo en la piel de un personaje. Ese es el camino que transito desde que comencé.
-A los 25 años, ¿podrías haber hecho un disco tan relajado como Bocanada?
-No. Ya no puedo hacer nada de lo que hice antes, y antes no podría haber hecho nada de lo que hago ahora. Eso en todos los órdenes de la vida.
-La primera sensación al escuchar el álbum es que no se trata del típico disco de un solista de rock. No es un disco de hits en términos comerciales...
-¡Para mí son todos hits!. Puedo estar más entusiasmado con unos que con otros. Pero en este momento estoy enamorado de todas las canciones. Siento que cualquier canción le podría gustar a todo el mundo. Ya sé que es una ridiculez, pero lo siento así. Si hubiese habido algún tema que no me gustara no habría quedado. También estuve muy abierto a las opiniones de mi entorno: familiares, amigos, músicos. Quería saber qué emociones les causaban las canciones. Obviamente, si tomo como referencia lo que se está escuchando en las radios, el disco está a años luz. ¿Sabés que pasa también?, los discos que estoy escuchando últimamente son de grupos que la gente ni sabe que existen. Por otro lado, yo me aprovecho de la popularidad que tengo para proponer ideas.
-Para la grabación del tema “Verbo Carne”, te diste el lujo de grabar en Londres con una orquesta de casi 40 músicos... ¡y en Abbey Road! ¿Cómo fue ese momento?
-La emoción que sentí fue increíble. Era como llegar a la punta del Aconcagua. Escuchar esa filarmónica en un estudio con la historia de Abbey Road, que además es especial para grabar cuerdas, fue la concreción de un deseo. La idea fue realizada en un teclado, emulando una orquesta. Después vino Alejandro (Terán), tradujo eso y lo amplificó. De repente, encontrarte en esa situación, y que el director de la orquesta -un inglés que trabajó con Massive Attack y muchos otros- nos dijera: '¡Esto es muy grosso!'. El ingeniero de sonido estaba con la piel de gallina. Toda esa situación nos conmovió y lloramos. Apenas terminé de grabar tomé las cintas y me fui a otro estudio a poner la voz ese mismo día. Encima, en el estudio donde canté la canción había una ventana que daba a una iglesia que nunca antes había visto. El impacto fue tan fuerte que terminé un par de letras ahí mismo. Fue como una gran fantasía. Cuando hablo de 'Cristo 3 D', hago referencia a una imagen de un Cristo que tengo en la puerta del estudio, que según como la mires se mueve. La letra arrancó de ahí, de la idea de la culpa, de los residuos católicos que llevo adentro por haber tenido una formación básica religiosa. De hecho, comencé a tocar la guitarra en la iglesia.
-¿Crees que para hacer buen arte hay que sufrir?
-Puede ser... Por ejemplo, “Verbo Carne” es una canción que puede hacer pensar a quien la escuche: “¿Pero este tipo no es feliz?”. Tiene algo muy jugado ponerse en esa situación extrema, desarrollar la idea de la culpa. En algún sentido tiene que ver con “No Existes”, con ese tipo de canciones. Muestro otro perfil, otra forma de componer; pero en definitiva es la misma persona. No estoy muy seguro de que sufra cuando hago eso, pero necesito concentrarme y capturar esa emoción para que no se me escape. Igualmente, todo no deja de ser ficción, actúo un personaje.
-¿Es posible establecer un paralelo entre Amor Amarillo y Bocanada?, dado que, a simple vista, uno es un disco íntimo y el otro es una superproducción...
-Probablemente... De todos modos, yo no creo que Bocanada sea una superproducción. Tiene otro concepto. Es una placa más grande que incorpora más instrumentistas, y en donde hay más variedad sonora. Amor Amarillo estuvo siempre adentro de una panza y vio la luz paralelamente al nacimiento de mi hijo. Pudo haber sido un disco grande. La canción “Ahora es nunca” pudo haber sido “Verbo Carne”.
-Puede haber influido que cuando hacías ese disco estaba el respaldo de ese monstruo que era Soda, y en Bocanada ya no. ¿Eso te generó algún tipo de presión?
-No. Sentí más presión cuando hacía Amor Amarillo pese a que aún era un Soda Stereo. En ese disco tenía que diferenciarme de mi banda (dejé algunas canciones en estado demo y traté de no amplificar nada). Amor Amarillo habría tenido otro sentido si yo hubiera salido a presentarlo en vivo, pero de haber hecho eso el grupo hubiese dejado de existir en ese mismo instante. En este disco no hice ningún esfuerzo por diferenciarme. De todas maneras, nunca iba a sonar como Soda, porque los músicos eran otros. Bocanada es mucho más libre. La presión que puede llegar a existir tiene que ver con el lanzamiento del solista, y me dije: “tengo que hacer un gran disco, no puedo salir con cualquier cosa”.
-Colores Santos es considerado un disco germinal. Muchas ideas que se desarrollaron allí son tomadas constantemente por las nuevas generaciones de músicos. Es imposible hablar de 'electrónica argentina' y no hacer referencia a ese disco. A la distancia, ¿cómo lo ves?
-Sigue siendo un disco muy importante para mí. Es producto de una relación muy fuerte con Daniel (Melero), a todo nivel: profesional y humano. El disco, para mí, salió en un momento exacto, aunque para algunos estaba adelantado. También se dieron una serie de factores que es muy difícil que se den: dos personalidades como las nuestras, mimetizadas a tal punto que nadie sabe qué es lo que tocó cada uno. Hay cosas electrónicas que la gente creía que las había hecho Melero y las hice yo, o cómo se mezclan las voces. Era un dúo, con todo lo que ello significa. Había una química muy grande entre nosotros. También existía un condimento muy importante: mi viejo estaba muy enfermo, y eso producía una ligazón con la vida muy exagerada. Ese ingrediente le da al trabajo, a pesar de su estructura de máquinas, una cosa muy vital. Eso lo hace más irresistible que otros. Teníamos tantas ideas que muchas quedaron fuera. Fijate que fue un disco realizado en medio de giras, y hubo que hacer un esfuerzo muy grande para terminarlo. Colores Santos tenía muchas cosas en contra... No había una voluntad real de la compañía por editarlo, en el seno de Soda no era bien visto que yo hiciera un disco de ese tipo en aquel momento. Pero, a pesar de todo, queríamos aprovechar ese momento porque fluía un gran deseo. Tanto Colores Santos como Ocio son proyectos de momentos, y está bueno hacerlos realidad.
-¿Hoy te sentís libre de hacer lo que se te da la gana?
-Con Bocanada vuelvo a tener la sensación de que yo puedo hacer cualquier cosa, aunque no haga más un disco de Gustavo Cerati de acá a 10 años. Ya puse mi nombre en la cosa. No tengo que pedirle nada a nadie, ni depender de nadie. ¡Ojo! no quiero decir 'como no estoy con el grupo soy libre', para nada. Sí, soy libre del bajón de estar en una banda donde las cosas no estaban funcionando bien. Los tres éramos prisioneros de una relación que no terminaba de encontrarse después del desencuentro.
-Ocio es un trabajo que se aparta de la ruta comercial. Es un disco con un sonido muy alemán...
-Sí. Es un disco que se asemeja a toda esa corriente. Yo hacía mucho tiempo que no lo veía a Flavio (Etcheto). Vi un show suyo en una discoteca y me pareció buenísimo lo que estaba haciendo. Me puse muy orgulloso por él. Al poco tiempo lo llamé y le propuse hacer algo juntos nuevamente. Me encantó la idea sonora que planteaba, yo también tenía varias ideas. Mientras armaba el estudio en mi casa comenzamos a tocar sin plantearnos hacer un disco. Pero nos fuimos encontrando con muchas canciones, y momentos musicales que íbamos editando y trabajando. Entendimos que todo eso que habíamos producido tenía una coherencia, y decidimos editarlo. Posiblemente hagamos algo este año. Me gusta lo que pasa con Flavio cuando nos juntamos. Más allá de mi carrera solista, disfruto mucho los momentos con otra gente, con quienes hablamos el mismo idioma musical. Para la música electrónica la formación de dúo es la ideal. La computadora va matando lentamente a todas las bandas. A su vez, para mí, no hay nada más rock que una computadora.
-Hace poco tiempo actuaste en una película de Eduardo Capilla. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Fue muy divertido, a pesar de los planteos que me hice sobre si debía hacerla o no. También, fue como una forma de apoyar a un amigo y un gran artista como Capilla, que tenía este proyecto hace mucho tiempo. Es una producción muy chica, donde no había un gran presupuesto. Está resuelta con pocos elementos, y mucho ingenio. Salvo Damián De Santos, la mayoría de gente que trabaja al lado mío no son actores, eso me hizo sentir cómodo. Por ese motivo no sentimos la presión de tener que desarrollar una gran labor. Es muy difícil ser un buen actor y no parecer un actor. Frente a eso, Eduardo buscó personas que no fueran actores. Para evitar esa situación, él prefirió buscar a gente que viniera de otro extracto. Mi personaje tiene muchos puntos de contacto conmigo, no puedo evitar ser yo. Básicamente, es un film de autor: lo escribió Eduardo sobre experiencias personales, pero trasladadas a un lugar de fantasía. Por esa razón traté de ser lo más natural posible. En ese aspecto creo que estoy bien, aunque cuando me veo me destruyo. Personifico a un médico artista, como la gran mayoría de los personajes, que son médicos que ya no ejercen la profesión, y se dedicaron a hacer arte de algún tipo. Son historias de amor y de muerte. No hablo de muerte porque vaya a haber tiros, ¡por suerte no los hay!, sino la muerte ligada a las relaciones humanas, y cómo un hecho inesperado cambia tu concepción de la vida y llegas a pensar que la muerte no existe. Ese es el concepto que el director quiere manejar. Ahora viene la otra parte, que es la que más me interesa: la de sonorizar todo eso. Estoy haciendo la banda de sonido de la película. Por momentos, soy como una especie de DJ, y por otros hago canciones.
-Hay mucha expectativa con respecto a los cambios que se puedan producir en el 2000. ¿Qué te gustaría que pase en este nuevo milenio?
-Yo creo que el 2000 ya hace rato que lo vivimos. Probablemente uno de los hechos más notables tenga que ver con dos ítems fundamentales: la supuesta anarquía que genera Internet, que es muy atractiva. Si bien no vivo muy internado, pienso que es un foro muy creativo para comunicarte. Internet representa ya el 2000. Por el lado de la genética creo que van a pasar cosas impresionantes, algunas ya están ocurriendo, y crearán una forma de lenguaje total. El otro ítem va tener que ver directamente con lo espiritual. Ahí es donde yo deposito las mayores esperanzas.

Derechos exclusivos Gustavo Bove, Fotos: Jorge Truscello

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