Marzo - Abril 2001 Año XXI Numero 42
Un Nuevo sol

EDITORIAL:
Querido hermano en Cristo:
Un nuevo año nos encuentra juntos y trabajando por este hermoso Movimiento. Pero lo más importante es que por medio de él comuniquemos el mensaje de amor que alguna vez descubrimos a través de Jesús.
A propósito del amor de Jesús, es en este tiempo de Cuaresma en el que deberemos reflexionar acerca de cómo retribuimos el amor que Dios nos manifestó en el momento en que nos llamó a este mundo para ser uno de sus apóstoles del siglo XXI. Ayer fueron Pedro, Juan o Santiago; hoy es César, Marisa, Natalia, Rubén...
Cuando hayan pasado estos cuarenta días, Él habrá dado una impresionante demostración de amor, al entregar su vida y su sufrimiento por la redención de nuestras vidas, para purificarnos de nuestros pecados. No conforme con eso, habrá resucitado para darnos la esperanza de la vida eterna.
Querido jornadista: no hay amor más grande que dar la vida por un amigo. Dios la dio por vos. Consideramos que este acto es más que suficiente para que vos, que leés estas líneas, le dones un poco de tu tiempo a la edificación de su Reino.
Sentido Cristiano de la Cuaresma:
La Cuaresma es un tiempo litúrgico; un tiempo establecido por la Iglesia. El Espíritu Santo ha ido sugiriendo a la Iglesia el establecer este tiempo para que podamos aprovecharlo y sacar mucho fruto. No es una iniciativa privada, ni trabajo privado mío sino iniciativa del Señor para que lo viva con todos los miembros de la Iglesia, en provecho de todos los hombres del mundo. Hemos de vivir el tiempo según el ritmo cristiano, atentos a los acontecimientos y dones que el Espíritu Santo suscita en nuestra vida. En este momento de nuestra vida, de nuestra historia Dios nos ofrece este tiempo de gracia; tenemos la seguridad de que Él quiere actuar y lo hace con eficacia; si nosotros nos disponemos bien sacaremos mucho fruto.
La Cuaresma es un período de cuarenta días en el que, uniéndonos a Cristo en el desierto, nos preparamos para celebrar el Misterio Pascual, la muerte y resurrección de Jesucristo. Es un tiempo que inicia un período de tres meses que culmina con la venida del Espíritu Santo que es el fruto de la muerte y resurrección de Jesús. Por tanto, el Miércoles de Ceniza iniciamos un camino que tiene su meta en Pentecostés. Es un tiempo en el que Dios actúa con especial intensidad. Consiguientemente yo debo poner especial intensidad: dedicar tiempo a la oración y hacerlo con intensidad; dedicar tiempo a revisar con seriedad mis actitudes y actos para dejarme iluminar y transformar en mi vida cotidiana; ver qué ejercicios de mortificación puedo realizar de acuerdo con mi situación persona. En definitiva, al interés de Dios por ofrecerme este tiempo en el que especialmente quiere volcarse conmigo, yo debo corresponder con un interés grande que se note en el tiempo que dedico y en la intensidad con que lo vivo.
Mi actitud básica es la atención a la Palabra de Dios en la Iglesia: La reflexión constante de los textos litúrgicos. Especial dedicación a acoger la Palabra de Dios, a entenderla, a ponerla en práctica, a realizarla. .
El punto de partida es la convicción y el deseo de que debo ser convertido. En un sentido radical (que afecte a la raíz de mi personalidad) y total (que afecte a todos los niveles y aspectos de mi personalidad). Debe haber una verdadera renovación de mi personalidad. La postura fundamental es la esperanza: deseo confiado de cambio, apoyado en la oración de la Iglesia que lo pide a Dios continuamente. Pero debe ser una actitud consciente y explícita. Debo considerar explícitamente que mi tarea en esta época es ésa: dejarme convertir, acoger la Palabra en la Iglesia.
El pensamiento dominante de las dos primeras semanas de Cuaresma es el ahondar en la conciencia de mi realidad de hombre pecador; soy un pecador amado por Dios y llamado por Él a la santidad. Mis meditaciones y lecturas deben orientarse a eso. La tercera y cuarta semana se me ofrece predominantemente mi realidad de bautizado. En la Vigilia de Pascua renovaremos nuestras promesas bautismales por lo que hemos de prepararnos intensamente. Después de la cuarta semana, hasta el Sábado Santo, la Iglesia quiere hacernos profundizar en el misterio de los sufrimientos de Jesucristo. Así, el objetivo final es morir con Cristo para poder resucitar con Él.
Padre Justo Rodriguez Gallego (Parroquia Inmaculada Concepción)
Maquinista Savio
L
a cuaresma en la fe cristiana:«Así pues, amadísimos, si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de caridad, estos días cuaresmales nos invitan a ello de un modo más apremiante; si deseamos llegar a la Pascua santificados en el alma y en el cuerpo, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí todas las otras y cubre la multitud de los pecados. »Por esto, ya que nos preparamos para celebrar aquel misterio que excede a todos los demás, en el que la sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, dispongámonos mediante el sacrificio espiritual de la misericordia, de tal manera que demos de lo que nosotros hemos recibido de la bondad divina, aun a los mismos que nos han ofendido». (San León Magno).
Contra ellas (las fuerzas del mal en nosotros) se necesita la lucha permanente a que nos invita de modo particular el tiempo de Cuaresma, y tiene por finalidad el retorno sincero al Padre celestial, infinitamente bueno y misericordioso. Este retorno, fruto de un acto de amor será tanto más expresivo y grato a El cuanto más acompañado vaya del sacrificio de algo necesario y, sobre todo, de las cosas superfluas. A vuestra iniciativa se ofrece una gama vastísima de acciones, que van desde el cumplimiento asiduo y generoso de vuestro deber diario, a la aceptación humilde y gozosa de los contratiempos molestos que puedan presentarse a lo largo del día y a la renuncia de algo que sea muy agradable a fin de poder socorrer a quien está necesitado; pero sobre todo es agradabilísima al Señor la caridad del buen ejemplo, exigido por el hecho de que pertenecemos a una familia de fe cuyos miembros son interdependientes y cada uno está necesitado de la ayuda y apoyo de todos los otros. El buen ejemplo no sólo actúa fuera, sino que va a lo hondo y construye en el otro el bien más precioso y efectivo, que es el de la coherencia con la propia vocación cristiana.» (SS. Juan Pablo II).
«La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres le quieren atribuir. Por eso Cristo ha vencido al Tentador en beneficio nuestro: «Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado» (Hb 4, 15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el
desierto.» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 540).
La llama viva:
Había una vez un pueblo de luciérnagas. Habitaba la falda de un cerro, en medio del bosque, con claros para sus juegos y muchos matorrales para guarecerse durante el día y las tormentas.
El pueblo estaba compuesto por dos variedades. Una llevaba las luces cerca de sus ojos y las mantenía permanentemente encendidas. Eran las tacas o tucos. La otra en cambio tenia su luz en el vientre pudiendo encenderla o apagarla a su gusto. Esta variedad constituía la mayoría. Se los llamaba simplemente bichitos de luz. En las noches tibias del verano su resplandor podía verse desde lejos y su fosforecía iluminaba tenuemente todo el pueblo animal en su vida nocturna.
Muy lejos de allí, del otro lado del valle oscuro y misterioso, brillaba la luz. Lejana, y sin embargo tremendamente presente, aquella luz parecía tener vida propia. No era de la misma calidad que la de losa bichos. Ere una luz viva.
Aunque permanecía siempre en el mismo lugar. Atraía poderosamente la mirada y hasta la curiosidad de nuestro pueblo de diminutas luminarias. Su existencia y el misterio de su brillo en la noche tenia intrigadas a todas las luciérnagas. Habían surgido varias teorías para explicarla. Algunas se basaban en el miedo. Otras en cambio se burlaban de ella llegando hasta faltarle el respeto. Muchos la veneraban, como se reverencia lo desconocido pero fascinante. Lo cierto es que nadie sabia gran cosa de verdadero, fuera de lo que se pudiera distinguir desde la distancia. Pero, en todo caso, nadie la podía negar. Salvo los miopes o los ocupadísimos. Aunque también estos en las noches oscuras previas a las tormentas se veían obligados a reconocer su existencia.
Alguna vez había que tomar la decisión. Entonces se convino en convocar a una asamblea general. Allí se discutió muchísimo y hasta se aventuraron hipótesis nuevas tratando de conciliar posturas irreductibles. Pero nadie quedo satisfecho. Quizá lo único que quedaba en claro era que alguien tendría que arriesgarse.
Varios propusieron a varios. Finalmente se levanto la luciérnaga más inteligente. Ella iría a ver, y luego contaría la verdad. Solo pedía que para posibilitar su retorno la noche del regreso todas tuvieran sus luces encendidas al máximo. Como era inteligente temía extraviarse en el temeroso valle intermedio.
Y partió. Con la vista clavada en su objeto le fue fácil orientarse. Atravesó la oscuridad, dándose cuenta de que ésta era cada vez menos densa a medida que se aproximaba a la luz. Y llego. Un amplio ventanal del castillo estaba abierto ante ella dando entrada al gran salón en cuyo centro ardía un enorme cirio. El resplandor era tan intenso que tuvo que cerrar sus ojos para no quedar deslumbrada. Con gran precaución comenzó a volar en derredor de la llama a la máxima distancia posible, pegada a las paredes del lugar. Su asombro Crecía a cada instante. Realmente aquella luz era maravillosa. No solamente brillaba, como lo hacían las de las luciérnagas, sino que alumbraba y deslumbraba. Su riqueza luminosa era tanta que se derramaba sobre cada objeto y lo convertía en brillante. Las arañas de cristal del techo, las porcelanas de las estanterías, los adornos de las cortinas y el lustre de los muebles, todo participaba de ese regalo de la llama y ella recibía sus formas y sus colores.
Luego de ver todo, y con los ojos llenos de aquel espectáculo salió del castillo rumbo a su pueblo. Al principio se oriento a pura memoria, pero poco a poco se le fue haciendo visible el resplandor de sus hermanas que le alumbraban el regreso. A su llegada contó con lujo de detalles todo lo visto. Sobre todo había quedado fascinada por aquella luz que tenia tanta riqueza que se derramaba sobre todas las cosas y permitía verlas, distinguirlas y reconocerlas. Respondió a todas las preguntas que se le hicieron y lo único que logro fue que aumentara en su pueblo la fascinación y el ansia de conocer en profundad la verdad de aquella luz. Porque ella solamente había visto. No había tocado, no había sentido, no poda decir en verdad nada sobre la luz misma. Solo podía informar sobre sus efectos.
Se hacia necesario insistir. Y esta vez se ofreció la más corajuda. Ella iría y trataría de acercarse a la llama para saber que era. Orientada como su amiga, y en especial por los datos que ella le trajera, sobre voló el valle tenebroso poniendo proa hacia el castillo. Entro por el gran ventanal, y luego de imitar a su predecesora, hizo alarde de su coraje y comenzó a acercarse a la llama. Comenzó a sentir su calor. Constato que le comunicaba vida, fuerza, energía. Se sintió revitalizada y con nuevos bríos. Se le fue el frió que traía de su largo vuelo. Le pareció renacer. Y llena de alegría por su descubrimiento se lanzo hacia la oscuridad de la noche rumbo a su pueblo que la esperaba ansioso.
Su llegada conmociono a todos. Su entusiasmo era tal que ella misma parecía hacer participes a sus compañeras de aquello que había logrado asimilar de la llama viva, fuente de calor y de energía. Casi no necesitaba explicar lo sucedido. Diría que irradiaba ella misma lo vivido. Y esto, en vez de calmar la ansiedad y fascinación de las luciérnagas, termino por plantarles con fuerza inusitada la pregunta: -¿Quién es esa luz?
A esta pregunta la corajuda no podía responder. Ella podía hablar de los efectos sentidos, del valor y de la vida. Pero no tenía experiencia de la llama misma. A pesar de su coraje no se había animado a tocar. Temía entregarse a algo que podría haberla consumido.
Pero la pregunta estaba planteada y había que responderla. ¿Quién se ofrecería?
En medio del silencio se sintió una voz chiquita. Era la de la Soñadora. -¡Voy yo!
El asombro fue mayúsculo nadie la tomaba demasiado en serio en el pueblo de luciérnagas. Tenia un lenguaje tan imaginativo, Que cuando quería explicar algo, casi nadie la entendía. ¡Vaya a saber que explicación traería a su regreso! Y partió. Partió derecho fascinada por la luz. Entro por el ventanal con los ojos dilatados clavados en la llama viva. Y se dejo seducir. Desde el lejano pueblo solo se vio un pequeñísimo estallido de luz. Y ella se quedó ardiendo, unida para siempre a la llama que no consume, asume. No nunca regreso para traer respuestas. Esta allá generando preguntas.
Desde entonces en el pueblo de luciérnagas se sabe que algo de ellas les manda mensajes de la luz desde la Llama Viva. Entre ellas sigue habiendo inteligentes y corajudas y estoy seguro de que seguirá habiendo soñadoras.
«La Palabra de Mamerto Menapace»
Mamerto Menapace - Jorge Albarracin
Editorial Patria Grande
Testimonio cuarto dia:
Hola, mi nombre es Diego Giacomolli, hice la jornada XXXII en Octubre de 1999, al salir de la misma tenia ganas de compartir todo el bien que la jornada hizo en mi, el estar bien con uno mismo con sus hermanos y amigos.
Cuando empezamos las reuniones de grupo estaba todo bien, compartíamos muchas cosas, fuimos a jugar al fútbol con un grupo de chicos que están saliendo de la droga, eso estuvo genial, ver como los chicos y los familiares estaban todos unidos me hizo acordar a lo que había vivido en la jornada.
Luego llego el verano (vacaciones) y decidimos hacer un alto. Al empezar el año dejamos pasar un par de meses y después de la ultreya de bienvenida nos pusimos las pilas para ver cuando nos empezábamos a juntar de vuelta pero se hizo muy largo recién después de casi 8 meses nos volvimos a juntar, lo mas gracioso fue que cuando decidimos juntarnos si o si, me encargue de llamar a uno de los chicos y por pura casualidad resulta que al mirar el cuadrante ese día era el cumpleaños, cuando lo llame se puso contento, le conté el motivo del llamado y le gusto que nos volviéramos a juntar.
Esa primera reunión del año 2000 estuve muy buena, es mas diría que fue mejor que la primera reunión después de la Jornada, estuvimos como casi dos horas charlando de como estabamos.
Bueno, lo que quería compartir con todos ustedes era que nunca abandonen sus reuniones de grupo, se que es difícil, que nunca coinciden los horarios, que a veces no tenés ganas, pero hace un esfuerzo; sino acordate de lo bien que la pasaste en tu jornada junto a todos ellos y los demás.
Bueno me despido, que Dios los bendiga y Mama María los proteja mucho.
Diego Giacomolli
JVZC XXXII
Haciendo escuela
Tema:
PrejornadaLa esencia de la Prejornada es la Evangelizacion que debe ser realizada por los padrinos de los futuros jornadistas.
Evangelizar es llevar la buena nueva a todos los ambientes, renovando desde adentro y transformando.
Para ello debe haber una busqueda, tener presente los ambientes que queremos evangelizar, ver la influencia del ahijado sobre dichos ambientes, y luego prepararlo. Como? ablandando el corazon de los ahijados, especialmente despues de la jornada.
La preparación puede llevarse a cabo en forma individual o comunitaria, esto ultimo es mejor en el caso de no conocer al futuro jornadista en todos los aspectos.
Todos estamos llamados a evangelizar cualquier ambiente
Jornada se centra no solo en la conversion, sino tambien en la formación de lideres que mueven y que tienen fuerza.
Entonces es necesario:
* Conocer al ahijado
* Conocer su ambiente
* Conocer si es lider
Además, como todos somos Iglesia, tenemos que hacer prejornada aun si no tenemos ahijado.
De las tres fases de Jornadas, que son: Prejornada, Jornada y Post jornada, la que mas influye sobre las otras dos, es prejornada.
Te recordamos las intenciones del Papa para
el mes de Abril de 2001
General: Para que las
personas consagradas, fieles a su vocación particular, hagan resplandecer en el
mundo el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas.
Misional: Para que, en Ruanda, la celebración del centenario de la
Iglesia refuerce el entendimiento entre los cristianos y acelere la
reconciliación.