Un nuevo sol

VIDA JORNADISTA
¿Obligación o necesidad?
INDAGANDO EN EL CATECISMO
La confesión
MI CUARTO DIA
Gustavo Parodi
HACIENDO ESCUELA
¿Qué es y que hace?
 

 

 

UN CUENTO
Sacando bien la cuenta
 

 

INDAGANDO EN EL CATECISMO...

 

(Comentario del Catecismo de la Iglesia Católica,

nros. 1440 - 1470).

La resurrección debe celebrarse con un corazón purificado

 

            Durante el transcurso de todo nuestro Cuarto Día, los jornadistas debemos acercarnos a recibir el perdón de nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia para vivir constantemente en Gracia y renovar nuestros colores.  Los exámenes de conciencia y el modo como debemos participar de este sacramento servirán para hacer una confesión íntegra y sincera.
            Cinco son los pasos necesarios para hacer una buena confesión:
Examen de conciencia.  Ha de ser serio, aunque no escrupuloso.  Y ha de recaer sobre nuestros deberes para con Dios, para con el prójimo y para con nosotros mismos.
Dolor o arrepentimiento de los pecados.  Que nos pese sinceramente el haber ofendido a Dios, ya sea por el amor infinito que Él nos tiene (perfecta contrición) o, al menos, porque nos puede castigar (atrición).  El arrepentimiento por el solo temor de los castigos no bastaría para recibir los frutos del sacramento de la Penitencia, sino que debería ser por haber ofendido a Dios.
Propósito de enmienda.  Es la sincera determinación de no volver a pecar.  El que se propusiera volver al pecado en un plazo más o menos lejano haría una confesión sacrílega y, por tanto, no recibiría la Gracia ni el perdón de sus pecados.
Confesión sincera.  Sin aumentar ni disminuir los pecados, sin disfrazarlos o exagerarlos, con toda humildad y sencillez; acusando lo cierto como cierto, y lo dudoso como dudoso, y sin citar jamás el nombre de la o las personas con quienes pecó, aunque sí el estado de éstas (solteras, casadas, parientes, etc).
Cumplimiento de la penitencia.  Cuanto antes sea posible, pero no es necesario que sea antes de recibir la comunión.  Si por las circunstancias que rodean nuestra vida resultara difícil de cumplir la penitencia que nos impone el confesor, podríamos pedirle que nos imponga otra, explicándole los motivos.  No olvidemos que el sacramento de la Penitencia tiene valor por sí mismo, y no sólo como preparación para la Sagrada Comunión.  Un buen cristiano ha de tener como norma general la de confesarse una vez a la semana, o al menos cada quince días.

 

COMISION DE ESCUELA Y DE DIRIGENTES

ACTIVIDADES AÑO 2000

¿QUÉ ES Y QUÉ HACE?

Objetivos

Generales

       Específicos

1- Formar a los jornadistas en dos aspectos fundamentales:

·        La técnica del Movimiento.

·        Formación doctrinal.

2- Actuar como apoyo del Secretariado Diocesano, en todo lo que sea necesario, tanto de formación, apoyo a los animadores, y en la elección de equipos.

Técnica:

1- Conocer y profundizar la esencia y finalidad del Movimiento.

2- Conocer y profundizar las distintas etapas de una Jornada: funciones del animador, funciones de los auxiliares, concatenación de charlas, cada uno de los días de una Jornada: el significado de cada momento.

3- Conocer y profundizar en las responsabilidades, áreas de trabajo y tareas de cada comisión: Prejornada, Jornada, Posjornada, Ultreya, Piedad, Prensa y Difusión y Escuela.

Doctrina:

Eje temático: el Jubileo del año 2000.  Partiendo de este tema, realizar charlas sobre lo que es el Jubileo, qué se festeja, los lineamientos del Papa, el mensaje para el Encuentro Mundial en Roma.

Modo de trabajo

Inicio del año de trabajo: a nivel diocesano, en la primera ultreya del año.  En este caso, el día 12/3/00, en la ultreya de Campana, nos presentamos como comisión, expresando sus objetivos y el modo de trabajo.  Luego, nos agrupamos por comunidad, para conocer las inquietudes de cada jornadista y, sobre eso, poder planificar las tareas del año.

Durante el año: se harán reuniones por comunidad cada quince días o una vez por mes (a confirmar), donde se tratarán diferentes temas: técnica y doctrina.  Tendrán como coordinadores a los miembros de la comisión de cada ciudad.  También tendremos, una vez por mes, una reunión de la comisión, para coordinar el trabajo.

Fin del año de trabajo: a nivel diocesano, en la última ultreya del año.

Temas concretos

a)          Charla formativa para el equipo de exteriores que estuviera rodando.

b)          Charla formativa para los exteriores móviles.

c)           Charla formativa para el equipo de auxiliares: concatenación de charlas, funciones de los auxiliares.

Integrantes de la comisión

Silvina Gioia (Escobar).  Teléfono 03488-421433

César Escalante (Escobar).  Teléfono 03488-420685

Laura Arcuri (Ingeniero Maschwitz).  Teléfono 03488-440332

Verónica Gladario (Pilar).  Teléfono 02322-432496.

Carolina Lonné (Pilar).  Teléfono 02322-429373

Silvia Gorla (Campana).  Teléfono 03489-

 

Sacando bien la cuenta
Vamos a ubicar este cuento bien lejos.  En Alaska.  Es una técnica para volverlo inofensivo.  Otra seria hablar de animales.  Pero en este caso el personaje pertenece a mi gremio.
Estaba el obispo de aquellas regiones haciendo su visita pastoral a los sacerdotes perdidos en medio de enormes llanuras cubiertas de nieve.  Las poblaciones más pequeñas se comunicaban entre sí mediante trineos tirados por perros, que tardaban días enteros en llegar hasta el poblado más próximo.  Solo las ciudades más importantes contaban con una pequeña pista de aviación y de algún aparato que podía ser contratado por los casos de mayor urgencia.
Hombre bueno y celoso pastor, el obispo solía quedarse todo el tiempo necesario con cada uno de los sacerdotes a fin de compartir con ellos su vida y así conocer la realidad de su pastoral, a la vez que poder apoyar la vida espiritual de sus colaboradores.
Luego de haber escuchado los problemas, logros y dificultades que el sacerdote de aquel lugar tenia con sus fieles, el obispo fue llevando discretamente la conversación hacia lo que pasaba en la vida misma de su visitado.  Del tema de la oración pasaron al de la soledad.  Y de este, como naturalmente, surgió la pregunta sobre como se arreglaba el sacerdote para confesarse el mismo.
_ La verdad, Monseñor –le dijo con sinceridad el cura-, que hace meses que no me confieso.  Sabe, aquí estamos muy lejos de las demás poblaciones.  Yo ya ando un poco sentido del reuma, y eso de tener que hacer en trineo dos días de ida y otros dos de vuelta, me resulta casi imposible a mi edad.  Y como estoy medio trasmano, es raro que pase por aquí algún otro sacerdote.  Así que trato de arreglármelas a solas y mano a mano con el Señor.
El obispo se mostró comprensivo frente a aquellas dificultades, pero considerando que el tema bien valía el esfuerzo de encontrarle una solución, pregunto:
_ ¿Y el avión, Padre?  Comprendo que en trineo la cosa es larga y muy difícil, pero aquí cerca tiene usted una pista de avión.  Usted se toma el aparato por la mañana y en un par de horas llega a cualquier otra población.  Luego de confesarse, puede regresar en el mismo día.
_ Sí, Monseñor.  Es cierto.  Yo también lo pensé.  Pero existen dos problemas.  Para los pecados veniales, el avión es un poco caro.  Y para los mortales, un poco peligroso.
 
            Sin llegar a estos extremos, a muchos cristianos les pasa algo parecido con este Sacramento.  Si tienen solo pecados chicos, les parece que no vale la pena ir a confesarse.  Y si tienen de los otros, les da vergüenza.
Extractado de “Nuestra tierra y nuestra fe”, Mamerto Menapace, Editora Patria Grande.
 
Mi cuarto día
 
 
Queridos hermanos jornadistas:
            ¡Feliz Cuarto Día!  Cuánto significan para la familia De Colores estas palabras, ¿no?  Quizás nuestro Cuarto Día sea corto, o más bien largo.  Pero... ¿es realmente como Dios quiere?  Cuando salimos de la Jornada, con todos los colores renovados, es muy fácil vivir ese Cuarto Día: Dios está con nosotros.  Después, los colores se desgastan con la vida cotidiana, y nos caemos muy fácilmente.  Pues bien, de nosotros depende utilizar todas las herramientas que Cristo nos regaló en la Jornada, y no decir: “Dios se olvidó de mí”, cuando en realidad soy yo quien se olvida de Él.  Me voy de vacaciones y, por supuesto, a Dios también se las doy; total, cuando lo necesite, Él tiene que estar.  Pero no hago ningún esfuerzo para llevarlo conmigo, dentro de mi corazón.  Y me olvido de rezar, no voy a Misa, no estoy en Gracia, en fin, no utilizo nada de lo que tengo a mi alcance para recuperar a Dios y vivir realmente el Cuarto Día.
            Hermanos: la Jornada a mí me hizo “nacer de nuevo”, gracias a Dios.  Y mi Cuarto Día, por largo que es, no es de los mejores.  Pero Dios no se olvidó de mí; en cambio, yo muchas veces lo dejé de lado.  ¿Qué hace Dios a cambio?  Me quiere cada vez más...  Cuando estoy peor, me tira un cable y me dice “Aquí estoy”.  Por eso, es muy importante saber que el Cuarto Día depende mucho de mí.  No le deleguemos toda la responsabilidad a Cristo.  Tratemos de rezar SIEMPRE, no sólo para la Jornada y para figurar en un Rosario.
            Estar en Gracia es fundamental.  No solamente para Semana Santa o Navidad: que sea durante todo el año y, sobre todo, tratar de mantener las reuniones de grupo oración.  Conservemos la compañía de ese amigo o amiga que Cristo nos regaló en la Jornada, única e irrepetible.  Es muy lindo sentirse acompañado por el hermano que reza por mí, me ayuda, me contiene, me entiende...
            Chicos y chicas: mi Cuarto Día tiene muchos altibajos (espirituales y anímicos); muchas veces me ayudó el hecho de volver a leer las cartas de mi Jornada, recordar a todas las personas que rezaron por mí, sin conocerme, para mi conversión.  Les aseguro que eso da mucha fuerza en los momentos malos.  Le doy gracias a Dios por tener la posibilidad –a través de este testimonio‑ de acercarme a todo el querido Movimiento de Jornadas.
            Dios los bendiga, y la Virgen los acompañe siempre.  ¡Felices Pascuas!  Por un Cuarto Día lleno ¡De Colores!
Gustavo Parodi
XI J.V.Z.C.
 
P.D. “Gracias, Señor, por habernos invitado hoy a tu Mesa.   Gracias por acompañarnos.  Gracias por tu amistad, jamás desmentida, y por la vida que nos has regalado.  Gracias por nuestra salud, poca o mucha.  Gracias por oír, ver y caminar.  Gracias por la mano abierta del amor que da, y por la mano de la esperanza que recibe.  Gracias por todo lo bueno, grande y santo que has derramado por el mundo.  Gracias, también, por el dolor, que tanto enseña.  Gracias por el perdón de los pecados, que nos descubre tu infinita bondad.  Gracias, Señor, por la fe que tú nos das, porque sin ella la vida no tendría sentido.  Por todo lo tuyo, gracias, Señor.  Por todo lo nuestro, perdón...  Amén.
 

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