| Llego el due�o de la cueva, el c�clope Polifemo (v. ), apoder�ndose de los extranjeros los encerr� en su |
| Esta parte de las aventuras de Ulises es la que constituye el objeto de la Odisea, pero aqu� tambi�n la leyenda ha sido objeto de alteraciones y adiciones en �poca posterior.
Es sabido que Menelao y Agamen�n nunca estuvieron de acuerdo sobre la fecha del regreso del ej�rcito a Grecia (v. ). |
| Menelao sali� primero, con N�stor. Ulises los sigui�, pero al llegar a T�nedos ri�o con ellos y resolvi� volver a Troya a reunirse con Agamen�n. Cuando este se hizo a la vela, Ulises fue el �nico que no sigui� entre los pr�ncipes griegos; una tempestad lo separo de ellos. Abordo en Trac�a, en el pa�s de los cicones, donde tomo la ciudad de �smaro. De todos sus habitantes solo perdono la vida a uno, Mar�n, sacerdote de Apolo. Agradecido, Mar�n le obsequi� con doce jarras de un vino dulce y fuerte, que le ser�a de gran utilidad en el pa�s de los ciclopes. En el desembarco, Ulises perdi� seis hombres de cada uno de sus barcos, ante un contraataque de los ciclones, volvi� a hacerse a la mar. Navegaron con rumbo sur, dos d�as despu�s, frente al cabo de Malea un viento norte lo empujo hasta la costa de Citera, al cabo de otros dos d�as abordaba en el pa�s de los lot�fagos. Env�a a algunos de sus hombres a informarse sobre sus habitantes los cuales los recibieron amistosamente. D�ndoles a probar un fruto del pa�s, el loto, fruto que constitu�a su alimento, era tan exquisito, que los griegos se negaron a reembarcar. Ulises tuvo que obligarlos a viva fuerza. Los ge�grafos antiguos situaban este pa�s en la costa Tripolotana. |
| Ulises |
| IV el regreso a �taca. |
| Remontando hacia el norte, Ulises y sus compa�eros llegaron hasta una isla llena de cabras, donde pudieron avituallarse abundantemente. De all� pasaron al pa�s de los c�clopes, identificando, este pa�s, siempre, como Sicilia.
Acompa�ado de doce hombres, Ulises desembarco y entro a una caverna. Hab�a cuidado de llevarse varios odres de vino, como presente de hospitalidad a los seres humanos que encontrase. En la caverna hallaron abundante queso, leche fresca y cuajada. Sus compa�eros insistieron en que Ulises se aprovisionase y partiera pero estese neg�. |
| antro; mas tarde se dispuso a devorarlos de dos en dos. Fue entonces cuando Ulises le ofreci� el vino de Mar�n. El c�clope que nunca hab�a probado el vino, lo encontr� bueno, bebiendo tanta cantidad, que se puso alegre. Entonces pregunto su nombre a Ulises, el cual le contesto �Nadie�. En recompensa de tan excelente bebida, el ciclope le prometi� que lo devorar�a el �ltimo, tras una �ltima copa, se qued� dormido. Ulises vali�ndose de una estaca endurecida al fuego, perforo el �nico ojo del gigante, al llegar la ma�ana, logro salir de la cueva agarrado al vientre de un carnero. El c�clope al sentirse herido llamo en su socorro a sus cong�neres, pero al preguntarle estos quien lo hab�a herido el gigante contesto �Nadie�: no comprendiendo el sentido de la respuesta, los dem�s c�clopes lo tomaron por loco y se marcharon. Desde este momento, Poseid�n, que era el padre del c�clope, empez� a odiar a Ulises. Habiendo as� escapado del c�clope, Ulises llego a la isla de Eolo, el se�or de los vientos, quien los recibi� hospitalariamente le dio una odre de piel de buey que conten�a todos los vientos excepto una brisa favorable, que le hab�a de conducir directamente a �taca. Ya los navegantes pod�an ver las hogueras encendidas por los pastores en la isla cuando Ulises se durmi�. Sus compa�eros, creyendo que el odre encerraba el oro, lo abrieron, con lo que los vientos, al escaparse huracanados, los impulsaron en direcci�n contraria. Los barcos llegaron de nuevo a la mansi�n de Eolo, Ulises fue de nuevo al encuentro del rey para pedirle un viento favorable. Eolo le contesto que nada pod�a hacer en su favor, ya que los dioses hab�an manifestado de manera tan clara su oposici�n a su regreso. Ulises reanudo la navegaci�n al azar y, remontando hacia el norte, abordo el pa�s de los lestrigones, identificado generalmente con la costa de los alrededores de Formias o de Gaeta, al norte de la campan�a. Habi�ndose vuelto prudente a ra�z de su aventura en el pa�s de los c�clopes, Ulises envi� a varios hombres en la exploraci�n, los cuales encontraron a la hija de rey, que los condujo en presencia de su padre, Ant�fates. Este devoro a uno en el acto, huyendo los dem�s, perseguidos por el rey y todo el pueblo. Los lestrigones apedrearon a los griegos, hundiendo los barcos y matando a sus tripulantes. Solo Ulises logro cortar el cable que sujetaba su nave y hacerse a la mar. |
| Reducido a un solo barco y su tripulaci�n, continuo remontando la costa hacia el norte, para llegar a la isla de Egea, morada de Circe la encantadora �sin duda, es el actual promontorio del monte Circeo, al lado sur del Lacio-. Cuando sali� de la isla, Ulises dejo a un hijo de Circe, Tel�gono, o tal vez los dos, Tel�gono y Nais�too. Circe lo envi� a consultar el alma de Tiresias para saber los medios de su regreso a �taca. Tiresias le comunica que llegara a su patria solo y en un barco extranjero; que tendr� que vengarse en ella de los pretendientes y, mas tarde, partir otra vez, con un remo al hombro, en busca de un pueblo que no conozca la navegaci�n, all� ofrecer� un sacrificio expiatorio a Poseid�n y, finalmente morir�, de edad avanzada, en medio de la dicha y lejos del mar. Despu�s entre los muertos evocados, Ulises vuelve a la mansi�n de Circe. Finalmente la abandona, no sin que la maga le haya dado a�n otros consejos. Paso primero a lo largo de las islas de las Sirenas (situada en las cercan�as del golfo de N�poles). |
| Despu�s tuvo que afrontar las Rocas Errantes y el estrecho entre Caribdis y Escila. |
| Algunos de los marineros fueron devorados por �sta, pero el barco escapo a los remolinos de Caribdis, pronto llegar�a a la isla de Trinacria, donde pac�an unas manadas de toros blancos propiedad del Sol. All� amaina el viento y faltan los v�veres. A fin de remediar el hambre los marineros, no obstante la prohibici�n de Ulises, sacrificaron varios de estos bueyes para com�rselos. El Sol, al verlo, fue a quejarse a Zeus y pedirle reparaci�n. Por eso, cuando el barco volvi� a zarpar, se levant� una tempestad enviada por el se�or de los dioses; la nave zozobro, solo Ulises, que no hab�a participado en el fest�n sacrilegio, pudo salvarse a duras penas, agarrado al m�stil. La corriente lo arrastro de nuevo al estrecho tan solo por un milagro escapo al abismo de Caribdis. |
| Tras nueve d�as siendo un juguete de las olas, llego a la isla de Calipso (probablemente la regi�n de Ceuta, en la costa Marroqu�, frente a Gibraltar. |
| Aunque la Odisea no lo menciona, los autores posteriores aseguraban que lises hab�a tenido de la diosa uno o varios hijos: Naus�too, Naus�noo.
Su estancia en la mansi�n de Calipso duro diez a�os � o bien ocho, cinco o incluso uno, seg�n los autores-. Finalmente, a ruegos de Atenea, protectora del h�roe, Zeus envi� a Hermes a Calipso puso a desgana a su disposici�n la madera necesaria para conseguir la balsa, Ulises parti� con rumbo Este. Pero la c�lera de Poseid�n no menguaba. El dios provoco una tempestad, que destruyo la balsa, desnudo y agarrado a un madero, el h�roe llego a la isla de los feacios, que en la Odisea se llama Esqueria, muy probablemente sea Corf�. Extenuado, Ulises durmi� en los matorrales que bordeaban el rio. Por la ma�ana lo despertaron los gritos y las risas de un grupo de muchachas. Era Naus�caa, la hija del rey de la isla, con sus criadas, que hab�a ido a lavar la ropa y jugar a orillas del rio. Ulises se presento a ellas y les pidi� ayuda. Naus�caa le indico el camino del palacio de su padre el rey Alc�noo, mientras ella regresaba por otra ruta, con sus sirvientas, con el fin de no despertar la malicia entre los transe�ntes. Alc�noo y la reina Arete tributaron a Ulises una acogida afectuosa y por dem�s hospitalaria. Se dio en su honor un gran banquete, durante el cual, Ulises conto sus aventuras con todo detalle. Despu�s lo cargaron de regalos, como declino el ofrecimiento que le hab�an hecho de casarse con Naus�caa, en cambio insisti� en el deseo de regresar a �taca, pusieron una nave a su disposici�n. Durante el viaje, que fue breve, Ulises se qued� dormido, los marinos feacios lo depositaron en un lugar apartado de la isla de �taca con los tesoros quela hab�a regalado Alc�noo. El barco volvi� a Esqueria, pero en el momento de llegar a la isla, Poseid�n lo convirti� en una roca, veng�ndose as� por el servicio prestado a Ulises contra su voluntad. La propia ciudad quedo rodeada por una monta�a dejando as� de ser puerto. |