Ulises
V Llegada a �taca.
Es objeto de los desagrados de los pretendientes, que, establecidos en el palacio  de Ulises, devoran sus riquezas en locos despilfarros. Estos pretendientes suman ciento ocho, conservando los mit�grafos sus nombres, proced�an de Duliquio, Same, Zacinto y de la propia �taca � que son los pa�ses sobre los cuales se extiende la propia autoridad de Ulises-. Pen�lope trataba de desanimarlos, para ello se vali� de una estratagema que se hab�a hecho celebre. Les hab�a prometido contestarles el d�a en que terminase la mortaja del viejo Laertes. Durante el d�a trabajaba en la labor, y por la noche deshac�a el trabajo diurno.
Al despertarse, Ulises resuelve no dirigirse inmediatamente a palacio, va primero a casa de Eumeo, el jefe de sus porquerizos, en el cual tiene gran confianza. Se da a conocer y encuentra all� a Tel�maco. Ambos se dirigen al palacio; Ulises disfrazado de mendigo.
Nadie los reconoce, excepto el perro Argo, que con sus veinte a�os a cuestas, llevaba una existencia miserable. Al ver a su amor se levanta lleno de gozo, cayendo inmediatamente muerto.
En el palacio, Ulises pide de comer a los pretendientes. Estos lo insulta, y un mendigo llamado Iro habitual de los festines que organizaban los pretendientes, desaf�a al intruso que viene a amenazar su privilegio.
Ulises lo derriba a pu�etazos.
El h�roe es entonces objeto de una serie de ofensas por parte de los pretendientes, sobre todo, del que parece como mas importante, Ant�noo. Pen�lope, enterada de que ha llegado un mendigo extranjero, desea verlo para preguntarle si tiene noticias de Ulises; pero este decide aplazar la visita hasta el anochecer.
Llegada la noche, Tel�maco, siguiendo �rdenes de su padre, manda transportar a una habitaci�n alta todas las armas que contiene el palacio. Entonces se desarrolla una conversaci�n entre Ulises y Pen�lope.
El h�roe no se da a conocer, limit�ndose a dar palabras de esperanza.
Ella hab�a so�ado que su marido iba a volver pronto, pero no cree en el sue�o y le propone, al d�a siguiente, organizar un concurso entre los pretendientes para otorgar su mano al vencedor.
Le entregara el arco de Ulises, el vencedor ser� el que mejor sepa utilizarlo. Ulises la anima a realizar el proyecto.
Al d�a siguiente se celebra el concurso: se trata de atravesar con una flecha los anillos formados por varias hojas de hacha juntas. Sucesivamente, todos los solicitantes empu�an el arco, pero ninguno es capaz de siquiera tensarlo.  Al fin, Ulises pide el arma, y a la primera vez, da en el blanco. Sus criados cierran las puertas de palacio. Tel�maco  acude a las armas, y comienza la matanza de los pretendientes. Luego, las criadas, que no hab�an mostrado la discreci�n conveniente, se llevan los cad�veres, limpian la sala y son ahorcadas en el patio del palacio junto con el cabrero Melancio, que se hab�a puesto de parte de los enemigos de su se�or.
Al fin, Ulises se da a conocer a Pen�lope. Para borrar los �ltimos escr�pulos de esta, Ulises le describe la c�mara nupcial, que solo ellos dos conocen.
A la ma�ana siguiente, Ulises se traslada al campo, donde resid�a su padre, d�ndose a conocer.
Entretanto, los familiares de los pretendientes se han reunido y exigen, armados, satisfacci�n. Pero gracias a la intervenci�n de Atenea que adopta la figura del anciano Mentor, no tarda en restablecerse la paz en �taca.

Tal es el relato odiseico. Los poetas posteriores introdujeron en �l episodios novelescos, sobre todo amorosos. Por ejemplo, las aventuras de Ulises  y Polimela en la isla de Eolo.
Adem�s completaron la Odisea a�adi�ndole diversos�finales�. He aqu� los episodios m�s destacados de estas leyendas, en mayor parte puramente literarias. Despu�s de la matanza de los pretedientes, Ulises ofreci� un sacrificio expiatorio a Heracles, Pers�fone y Teresias y parti� a pie, a trav�s del Epiro, hasta el pa�s de los tesprotos.
All� ofreci� a Poseid�n el sacrificio que Tiresias le hab�a ordenado en otro tiempo. La reina del pa�s, Cal�dice, insisti� en que se quedase ofreci�ndole el reino.
Ulises consinti�, y los dos tuvieron un hijo, Polipetes. Reino durante alg�n tiempo conjuntamente con Cal�dice obteniendo victorias sobre los pueblos vecinos. Pero a la muerte de Cal�dice entrego el reino a Polipetes regresando a �taca, donde encontr� al segundo hijo que le hab�a dado Pen�lope, Poliportes.
Entretanto, Tel�gono, hijo de Ulises y Circe hab�a sido informado por su madre de quien era su padre, nada mas conocer la noticia Tel�gono si apresuro a ir en busca de su padre. Llego a �taca, atacando nada m�s desembarcar a ataco los reba�os de Ulises, este acudi� en auxilio de los  pastores entableciendose un combate en el que Ulises fue muerto por su hijo. Al saber qui�n era la v�ctima, Tel�gono se lamento llev�ndose su cad�ver, a si como a Pen�lope, a la mansi�n de Circe.
Otras versiones contaban que Ulises, acusado por los parientes de los pretendientes, hab�a sometido el caso a juicio de Neopt�lemo, que reinaba entonces en Eoiro. Neopt�lemo, deseando apoderarse de Cefalonia, condeno a Ulises al destierro, Ulises se dirigi� entonces a Etolia, junto a Toante donde esta le dio un hijo Leontofono, muriendo a edad muy avanzada.

Sobre las aventuras de Ulises en Italia y la �ltima parte de su vida, exist�a una serie de tradiciones que tan solo se las conocen por alusiones oscuras. Se contaba en especial que Ulises y Eneas se hab�an encontrado durante sus viajes y se hab�an reconciliado. Ulises se estableci� en Tirrenia (el pa�s etrusco) fundando all�, treinta ciudades. Tomo all� el nombre de Nano (v  Nano) que en la lengua etrusca, significaba �el Herrante�. Ulises habr�a muerto en una ciudad etrusca, gortona, generalmente identificada con Cortona, a consecuencia del pesar que hab�a causado la muerte de Tel�maco y Circe.

Tacito cuenta (
Germania,III) que Ulises hab�a llegado, en sus viajes, hasta orillas del Rin, hab�a erigido en ellas un altar que subsist�a aun en tiempos de la conquista romana. Como el nombre de Heracles, el de Ulises se hab�a puesto en relaci�n con las diversas frases del descubrimiento del occidente lejano, no solo por el episodio de los Cimerios sino por los viajes misteriosos  realizados en los �ltimos d�as de su vida.

La lista de hijos de Ulises es muy variable. Se modifica a capricho de los autores de genealog�as, con objeto de proporcionar t�tulos de nobleza a todas las ciudades italianas, en tiempos de Cat�n.
La ausencia de Ulises ha durado veinte a�os. Ulises ha cambiado tanto, por la edad y los peligros, que nadie lo reconoce. Mientras tanto Pen�lope (v.              ) lo ha aguardado fielmente � al menos esta es la versi�n odiseica-.
Pen�lope
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