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| Tal es la tradici�n hom�rica.
Pero los poetas anteriores, sobre todo los tr�gicos, narran esta partida de una manera muy distinta. Dicen que un or�culo hab�a revelado a Peleo (o a Tetis) que Aquiles morir�a frente a Troya. Cuando entre los griegos se debati� la cuesti�n de marchar a Asia contra la ciudad e Pr�amo, Peleo (o Tetis) trato de ocultar al muchacho visti�ndolo de doncella y recluy�ndolo en la corte de Licomedes, rey de Esciro, donde compartir�a la vida de las hijas del monarca. Paso all� nueve a�os, llam�ndolo Pirra (es decir, �la rubia�) por sus cabellos d eun rubio fuego. Bajo este disfraz se uni� a Daidania, una de las hijas de Licomedes, con la que tuvo un hijo, Neopt�lemo que, m�s adelante deber�a llamarse Pirro. Pero el disfraz fue in�til para birlar el destino. Ulises hab�a sabido, por mediaci�n del adivino Calcante, que troya no pod�a tomarse sin la intervenci�n de Aquiles. Enter�ndose del lugar donde se encontraba sali� inmediatamente en su b�squeda. Se presento disfrazado de mercader en la corte de Esciro, entrando en el aposento de las mujeres, ofreci� sus mercanc�as entre las cuales hab�a escondido armas preciosas. Las mujeres escogieron utensilios para bordar as� como telas, al descubrir las armas tan magn�ficamente talladas, la acodicia de �Pirra� hizo que se dirigiera inmediatamente a ellas, descubriendo du identidad inmediatamente. Tambi�n se dice que, para estimular la manifestaci�n del instinto b�lico de Aquiles, Ulises imagino otra treta: por sorpresa hizo sonar una trompeta en el har�n de Licomedes. Mientras las mujeres escapaban asustadas, solo Aquiles permaneci� firme, pidiendo armas: tan poderoso era en el esp�ritu guerrero .por tanto, Tetis y Peleo hubieron de resignarse a lo inevitable, nada contrario ya la vocaci�n guerrera de Aquiles. Al salir de �ulide, donde se encontraba concentrada la flota griega, Tetis dio al h�roe un armadura divina, ofrecida anta�o por Hefesto a Peleo como regalo de boda. A�adi� a ella los caballos que Poseid�n le hab�a regalado en la misma ocasi�n. Adem�s, en un �ltimo esfuerzo para conjurar el destino, coloco junto a su hijo una esclava, cuya �nica misi�n era impedirle, con sus consejos, que diese muerte a un hijo de Apolo, pues un or�culo hab�a revelado que Aquiles morir�a de muerte violenta si mataba a un hijo de Apolo, sin dar m�s datos sobre o revelar su identidad. Segunda expedici�n. |
| Aquiles |
| Partida hacia Troya |
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| En la Il�ada, Aquiles decide participar en la expedici�n hacia Toya correspondiendo a una evitaci�n personal que N�stor, Ulises y Patrolo fueron a hacerle a Tesalia. Ulises marcho al frente de una flota compuesta por cincuenta naves, transportando un cuerpo de mirmidones. Va acompa�ado por su amigo Patroclo (v. Patroclo) y su preceptor Fen�x.
En el momento de partir, Peleo formula el voto de consagrar al rio Esperqueo �que regaba su reino-los cabellos de su hijo, si este, volv�a sano y salvo de la expedici�n. Por su parte, Tetis advierte a Aquiles del fin que le aguarda: si va a Troya, su fama ser� inmensa, pero breve su vida. Si se queda, en cambio, vivir� muchos a�os, pero sin gloria. Sin vacilar Aquiles opta por la vida corta y gloriosa. |
| Desde Argos la flota griega se traslado a �ulide, donde quedo inmovilizada por una calma chicha, enviada seg�n Calcalte, por la diosa Artemis, la cual exig�a el sacrificio de la hija de Agamenon (v. ). |
| El padre se avino al sacrificio, asi que para atraer a su hija a �ulide, sin despertar sospechas ni las de su madre (Climestrea), ideo como pretexto de su demanda el deseo de prometer a la doncella con Aquiles, el cual no estaba al corriente del ardid del rey; cuando lo supo, la joven estaba ya en �ulide siendo demasiado tarde para actuar. Trato de oponerse al sacrificio de la joven, pero los soldados se amotinaron contra �l lo hab�an lapidado. Tuvo que resignarse a lo inevitable. Parece que fueron sobre todo los tr�gicos los que desarrollaron este episodio. Entretanto llegan los vientos propicios, as� que el ej�rcito, al mando de T�lefo, aborda la isla de T�nedos. All� en un banquete, explota la primera ri�a entre Aquiles y Agamen�n. En T�nedos fue tambi�n donde Aquiles dio muerte a un hijo de Apolo. Tenes (v. Tenes ) cuya hermana trataba de raptar. |
| Ya era demasiado tarde, cuando se dio cuenta de que se hab�a cumplido el or�culo contra el, celebro en honor a Tenes, magn�ficos funerales, matando en castigo por su negligencia la esclava encargada por su madre, de impedir el homicidio.
Nueve a�os permanecen los griegos ante Troya, antes de que se inicien los acontecimientos cuyo relato constituye la Il�ada. Estos nueve a�os est�n llenos de gestas, algunas de las cuales conoci� ya el poeta y autor de aquella obra, mientras otras son de una posterior creaci�n. La Il�ada cita una serie de operaciones de pirater�a y bandolerismo realizadas contra las islas y ciudades del Asia Menor, especialmente contra Tebas de Misia, que fue tomada por Aquiles, y cuyo rey, Eecti�n, padre de Andr�maca, sucumbi� en sus manos as� como sus siete hijos. Tambi�n rapto a la reina. De la misma serie es la operaci�n contra Lirneso, en la que capturo a Briseida, mientras Agamen�n se apoderaba de Criseida en la acci�n de Tebas. Junto con Patroclo, Aquiles intenta una �razzia� contra las manadas de bueyes que Eneas apacentaba en el Ida. Entre estos combates preliminares de los nueve a�os se introdujeron otros episodios, particularmente las escaramuzas del desembarco, en el curso de los cuales los troyanos, victoriosos al principio, fueron puestos a la fuga por Aquiles, que mat� a Cicno, hijo de Poseid�n, se contaba tambi�n que Aquiles que no se contaba entre los pretendientes de Helena antes de haber sido elegido Menelao por esposo, sinti� curiosidad por verla, asi que Afrodita y Tetis les proporcionaron un encuentro en un lugar apartado. Aunque nunca se ha tratado de presenta a Aquiles como enamorado de Helena. Con el decimo a�o de guerra empiezan las narraciones hom�ricas, as� como la ri�a que causa Briseida. Una epidemia diezma las filas de los griegos; Calcante revela que la plaga se deba a la ira de Apolo, quien la enviado a petici�n de su sacerdote Crises, cuya hija Criseida fue raptada y atribuida a Agamen�n como parte del bot�n de Tebas. Aquiles convoca una asamblea de los jefes obligando a Agamen�n a restituir la doncella. |
| Pero el rey, en compensaci�n, exige que se le entregue a Briseida, que en el reparto hab�a correspondido a Aquiles. �ste se retira a su tienda, neg�ndose a tomar parte de la lucha contra los troyanos mientras se dispute la propiedad de la joven. Cuando los heraldos se presentan a reclamarla, �l la entrega, protestando solemnemente contra aquel acto que considera injusto. Luego, dirigi�ndose a la orilla del mar, invoca a Tetis, la cual le aconseja que deje que los troyanos ataquen y lleguen hasta las naves, con objeto de hacer indispensable su presencia, pues �l solo - bien lo sabe la diosa- inspira al enemigo el terror suficiente para impedirle que acometa a los griegos con eficacia. Tetis volvi�ndose al cielo, se dirige al encuentro de Zeus y le pide que conceda la victoria a los troyanos mientras Aquiles contin�e al margen de la lucha. Zeus consiente en ello, as� que durante d�as se suceden las derrotas de los griegos. En vano Agamen�n env�a un embajador a Aquiles para aplacarlo, prometi�ndole a Briseida adem�s de un magnifico rescate, al igual que le ofrece veinte de las m�s bellas mujeres de Troya, y a una de sus hijas en matrimonio. Aquiles se mantiene inflexible. Mientras la lucha se acerca al campamento, mientras �l la contempla desde el puente de su nave. Al fin Patroclo, no pudiendo resistir, pide permiso a Aquiles para acudir en auxilio de los griegos, cuyos barcos van a ser incendiados. Aquiles, se aviene a dejarle su armadura. Muy pronto, empero, tras algunos �xitos que solo duran mientras los troyanos lo toman por Aquiles, Patroclo sucumbe bajo los golpes de H�ctor. Su migo es presa de un inmenso dolor. Tetis oye sus lamentos y se presenta, prometi�ndole una nueva armadura en sustituci�n a la que H�ctor acaba de conquistar sobre el cad�ver de Patroclo. Sin armas, aparece Aquiles, cuya voz ahuyenta a los troyanos, que en torno al cuerpo de Patroclo luchas contra los griegos por la posesi�n del cad�ver. A la ma�ana siguiente, Aquiles propone a Agamen�n olvidar las diferencias. A la vez, Agamen�n le pide perd�n y le restituye a Briseida, a la que hab�a respetado. Muy pronto Aquiles vuelve a la lucha, aunque no antes de que su caballo Janto (el Alaz�n), que por un momento a recibido milagrosamente los dones de la palabra y de la profec�a, le haya avisado de su pr�xima muerte. Aquiles, despreciando la advertencia, se adelanta al combate emprendiendo los troyanos, la fuga; solo eneas, inspirado por Apolo, quiere resistir. La lanza de Aquiles, le atraviesa el escudo de su adversario. �ste se dispone a arrojar una enorme piedra, cuando Poseid�n aparta a ambos del peligro envolvi�ndolos en una nube. Varias veces H�ctor intenta tambi�n atacar a Aquiles pero en vano. Los dioses se oponen. Los hados no permiten que, de momento, se enfrenten ambos h�roes. Aquiles prosigue su avance hacia Troya. Al vadear el Escamandro captura a veinte j�venes troyanos destin�ndolos a ser sacrificados sobre la tumba de Patroclo. El dios del rio intenta detener semejante carnicer�a y dar muerte a Aquiles, cuyas v�ctimas obstruyen el lecho del rio. Hinchando su caudal, se desborda persiguiendo al h�roe; pero Hefesto obliga al dios a volver a su cauce. Mientras Aquiles contin�a atacando en direcci�n a las puertas de la ciudad, con el fin de cortar la retirada de los troyanos, pero es desviado de su ruta por Apolo, quien lo atrae con un enga�o. Al volver a Troya es ya demasiado tarde; solo H�ctor se halla ante las puertas Esceas. Pero, en el momento de entrar en combate, al ver lanzar a Aquiles, el troyano siente miedo. Dando tres veces la vuelta a la ciudad, Aquiles se lanza a una caza del hombre, no terminando hasta que Zeus, alzando la balanza del Destino, pesa la suerte de Aquiles contra la de H�ctor. El platillo de este se inclina hacia le hades. Entonces Apolo abandona a H�ctor. Entrando en escena Atenea, inspirando al troyano el deseo fatal de enfrentarse al enemigo. Para ello adopta la figura de De�fobo, hermano del h�roe, H�ctor cree que este acude en su ayuda. Desenga�ado muy pronto, muere, prediciendo a Aquiles que tampoco su hora esta lejana. Al expirar, pide a su enemigo que entregue su cad�ver a Pr�amo. Aquiles se niega y lo arrastra atado a su carro, despu�s de perforarle los talones y atarlos con una correa. |
| Extendi�ndose principalmente en el relato de los juegos f�nebres que acompa�aron a sus funerales y la ri�a que surgi� de ellos, motivada por la atribuci�n de las armas de h�roe (v. ). |
| Despu�s, regresa al campamento, y se celebran los funerales por Patroclo.
Todos los d�as, Aquiles arrastra alrededor de Troya el cuerpo de su enemigo, el que arrebato a su llorado amigo Patroclo. Al cabo de doce d�as, Tetis, por encargo de Zeus comunica a Aquiles que los dioses se sienten indignados por su falta de respeto hacia los muertos. Pr�amo, que acude en embajada a reclamarle el cad�ver de H�ctor, es bien recibido por Aquiles, el cual le devuelve a su hijo a cambio de un cuantioso rescate. Tal es el relato de la Il�ada. La Odisea nos presenta a Aquiles en el reino de los muertos, donde recorre a grandes zancadas las praderas de asf�delos. En su entorno se api�an los h�roes, sus amigos de la guerra: �yax, hijo de Telam�n, Ant�loco, Patroclo, Agamen�n. �tes es quien narra a Ulises la muerte de Aquiles, aunque no le dice quien fue el autor. |