Maestro Tibetano
LAS FUERZAS OSCURAS
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ENSE�ANZAS
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Por esta raz�n la Jerarqu�a trabaja actualmente para llevar a cabo la fecundaci�n de la raza humana por medio del AMOR, a fin de que el amor y el intelecto puedan ir a la par y equilibrarse mutuamente. Es tambi�n por esta raz�n que la realidad de la existencia de la Jerarqu�a espiritual debe ser llevada a la atenci�n de las masas. Esto debe hacerse con el fin de acrecentar el poder magn�tico del aspecto amor del esfuerzo jer�rquico y NO de despertar el temor o el pavor, pues pertenece al antiguo orden y debe desaparecer.

Podr�a referirme aqu� a la actividad paralela que desarrollan las fuerzas que trabajan para evitar la exteriorizaci�n de la Jerarqu�a de la Luz, pues un acontecimiento de esta naturaleza significar�a creciente poder (ya que ha sido comprobado). Como bien saben, en los planos mental y astral existen �centros oscuros� , as� denominados, debido a que el �nfasis de su actividad se ha puesto sobre el aspecto material de la manifestaci�n y en la actividad de la sustancia material, y toda la energ�a est� subordinada a prop�sitos estrictamente ego�stas. Como ya he dicho, las Fuerzas de la Luz trabajan con el alma oculta en todas las formas. Se ocupan de los prop�sitos grupales y de fundar el Reino de Dios en la tierra. Las fuerzas oscuras trabajan con el aspecto forma de la manifestaci�n y tratan de fundar un centro controlador que ser� exclusivamente de ellas  y subyugar�n a las formas vivientes de todos los reinos para sus peculiares mandatos. Esta es la antigua historia familiar, en fraseolog�a b�blica, de los reinos del mundo y del reino del Cristo, del poder del anticristo y el poder del Cristo. Esto produjo una gran encrucijada en los d�as atlantes y, aunque triunf� la Jerarqu�a de la Luz, fue s�lo por un peque�o margen. La batalla se libr� en el plano astral, aunque tuvo su analog�a en el plano f�sico en un gran conflicto mundial, seg�n narra la antigua leyenda y culmin� en la cat�strofe del diluvio. Las simientes del odio y de la separatividad fueron fomentadas desde entonces, y los tres m�todos con que las fuerzas de la oscuridad tratan de dominar a la humanidad son el odio, la agresi�n y la separatividad. Las tres grandes contrapartes espirituales son amor, participaci�n altruista y s�ntesis.

Sin embargo, el aferramiento de las fuerzas que trabajan contra el principio viviente del amor, (personificado en la Jerarqu�a) no gana terreno en la actualidad, ya que la respuesta de la humanidad a lo que es bueno y sint�tico, es mucho mas r�pida y general de lo que fue hace unos cuantos cientos de a�os.

Hay muchas razones para esperar que ese indeseable control vaya disminuyendo constantemente. Las fuerzas oscuras est�n regidas en el plano f�sico por un grupo de seis gu�as orientales y seis occidentales. Los orientales son mas poderosos porque racialmente son los mas antiguos y tienen, por lo tanto, mayor experiencia . Trabajan intensificando el espejismo y estimulando los poder ps�quicos inferiores. Su particular punto de ataque es, en la actualidad, el grupo de disc�pulos e iniciados del mundo, pues los iniciados son los responsables de fomentar el amor en el mundo y de unir a los hombres en un esp�ritu de unidad. Si las fuerzas malignas no tienen �xito en esa tarea, entonces ser� posible la exteriorizaci�n de la Jerarqu�a y disminuir� grandemente el control que ejercen las pseudo fuerzas malignas.

Si ellas no pueden hacer que sucumban a cierta forma de espejismo, los disc�pulos de todas partes, individual o grupalmente, entonces tratar�n de utilizar el espejismo grupal para contrarrestar sus esfuerzos y obligar, a aquellos con quienes trabajan los disc�pulos a pensar mal, a impugnar sus m�viles y narrarles una historia tan convincente que el esforzados disc�pulo casi tendr� que luchar solo. Si no pueden lograrlo entonces atacar�n los cuerpos f�sicos de los trabajadores y agentes de la Jerarqu�a y procurar�n, por la angustia del cuerpo f�sico, controlar lo que el disc�pulo produce. Esto no siempre tiene �xito y el Maestro frecuentemente puede proteger y protege a Su disc�pulo.

Las fuerzas oscuras trabajan tambi�n intensificando o estimulando el mecanismo ps�quico con el fin de que los poderes ps�quicos inferiores se desarrollen prematura y anormalmente, hasta asumir proporciones casi incontrolables. Esto sucedi� en amplia escala en la �poca atlante y condujo a que fuera revelado todo el plano astral; pero no fue comprendido. Sus indeseables potencias fueron liberadas sobre el plano f�sico, lo cual condujo a la guerra entre dos grandes escuelas de los misterios � la de la Luz y la de la oscuridad � que culmin� con la destrucci�n del mundo entonces conocido.

En la actualidad estas potencias luchan nuevamente por la manifestaci�n  y la supremac�a en el plano f�sico; pero esta vez el resultado es vastamente distinto. El esfuerzo por establecer contacto con el alma u obstaculizarlo se manifiesta en forma de enfermedades nerviosas y condiciones patol�gicas que afectan poderosamente la actividad grupal del hombre.  El esfuerzo realizado por las fuerzas oscuras para estimular los poderes ps�quicos inferiores, parece que no puede penetrar en la materia y la forma mas all� de los veh�culos et�ricos; pero si, desde ah� condicionar fisiol�gicamente el cuerpo f�sico por medio de enfermedades, lesiones, desordenes nerviosos y trastornos cerebrales y las diversas y numerosas formas de incapacitar o inutilizar al ser humano para enfrentar la vida diaria y las condiciones mundiales actuales. Pero la naturaleza mental ha llegado a la etapa en que puede servir de protecci�n, pues algunas de las barreras protectoras que hoy se erigen alrededor de la humanidad son el escepticismo y la negaci�n de la existencia y utilidad de los poderes ps�quicos. Esto es algo que debe recordarse.

Repetidas veces he empleado la frase �el despertar prematuro de los poderes ps�quicos�. Con ello quiero significar el desarrollo anormal de la clarividencia y de la clariaudiencia, a tal extremo  que los niveles inferiores del plano astral quedan revelados aunque el que los posea no pueda controlar ese sutil fen�meno del o�do y la vista ni interpretar correctamente lo que oye y ve.

En las primitivas etapas del animal o del salvaje, esas facultades son frecuentemente normales y no hay reacci�n mental de ning�n tipo, por lo tanto tampoco indebida tensi�n sobre el sistema nervioso y el cerebro.

Tenemos aqu� lo que podr�a denominarse una llana pasividad sin emociones, en esa condici�n que se produce por falta total del sentido imperativo y de la actitud dram�tica y autoconsciente de hombre que comienza a emplear la mente. En cuanto la �conciencia del Yo� predomina, la posesi�n de esos poderes ps�quicos inferiores se convierte en un obst�culo y una complicaci�n. Moment�neamente deben de ser relegados a segundo t�rmino, a fin de que el principio mente pueda afirmar su control y pueda afluir la vida del alma y expresarse en forma sensata y reflexiva en el plano f�sico. Relegar los poder ps�quicos a un lugar debajo del umbral de la conciencia es el prop�sito del desarrollo proyectado para la raza aria.

Quisiera que observaran que empleo la palabra �aria� en contraposici�n con la mayor�a de las razas que viven en Asia.

La raza aria no est� destinada a ser una raza ps�quica. Su meta consiste en que predomine la naturaleza mental
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