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En nuestro último
articulo, hemos visto que la Santa Misa transmitía hasta nosotros
la presencia de Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero
hombre, presente en la Hostia con su Cuerpo, Sangre, alma y Divinidad.
Sin embargo, hay un segundo elemento muy importante que no tenemos que
olvidar asistiendo a la Santa Misa: es, que la Misa trasmite hasta nosotros
el Sacrificio de Nuestro Señor. ¿Por qué se hace
presente en la Santa Misa? Para hacer presente su Sacrificio Salvador.
La presencia de Jesucristo en la Misa después de las palabras de
la consagración tiene un solo fin: permitir la presencia real 8aunque
oculta) del sacrificio de la Cruz.
Ahí está una verdad
muy olvidada hoy: la Santa Misa es la renovación del Sacrificio
del Viernes Santo.
La Misa: una comida?
Ahora ya no se habla del Santo
Sacrificio de la Misa, se habla solamente de una comida. La Misa sería
solamente la renovación del banquete de adiós (la Santa
Cena) ofrecida por Jesús a sus dicipulos en su Pasión. Decir
esto, es olvidar que en la Santa Cena Nuestro Señor no ofreció
una comida, Él ofreció a sus discípulos comulgar
su Cuerpo y su Sangre inmolados por los pecados de los hombres.
La Misa: un memorial?
Ahora ya no se habla del Santo Sacrificio de la Misa, se habla mucho de
recordarse, de recordar los hechos y acciones del Señor en la noche
del Jueves Santo. Decir esto, es olvidar que la Misa no es un a simple
narración, no es una simple reminisencia: es una acción.
"Hacerlo en memoria mía" manda el Señor a sus
dicípulos. El no lo dice "Recordar lo que he hecho".
No, El les manda hacer, de re-actualizar lo que El hizo.
La Misa: un sacrificio!
Pero, ¿qué hizo?
En la noche que precedía a su Pasión, el divino Maestro
tomó pan y dijo “Este es mi cuerpo”. Después
tomó el pan y dijo: “Este es el cáliz de mi Sangre”.
Ahí está lo que el Señor hizo; Él ofreció
el Viernes Santo consagrado por separado el pan y el vino. Es el mismo
sacrificio que el sacerdote, otro Cristo, ofrece cada día en el
Altar. Consagrando el pan y el vino a fin de que se convierta respectivamente
en el cuento y en la Sangre de Nuestro Salvador.
La Misa y la Cruz
Es basta con asistir a la Santa
Misa para comprender que está ahí la renovación del
Sacrificio de la Cruz. Contemos solamente el número de signos de
cruz que el sacerdote traza sobre el pan y el vino. Veamos la cantidad
de oraciones de la Misa que nos recuerda a las figuras de la Muerte de
Nuestro Señor “Supra quoe propitio” que nos recuerda
a las figuras de la Santa Misa en el Antiguo Testamento: el sacrificio
de Melquisédec. Meditemos estas palabras que repetimos tres veces
cada Misa: “Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo…”
Sí, Nuestro Señor es verdaderamente El cordero pascual que
quita los pecados del mundo y que salva a los hombres de sus pecados.
Ofrecimiento de nuestros
sacrificios
Luego guardemos siempre presente
en nuestro espíritu esta verdad capital: cuando asisto al Sacrificio
del Viernes Santo. Es la ocasión para mí de ofrecer mis
sufrimientos, mis penas mis pequeños sacrificios en unión
con el Sacrificio de Nuestro Señor. Cuando el sacerdote sube la
patena con la hostia, cuando él ofrece el Sacrificio de Cristo
a Dios, el Padre, pongamos sobre esta patena nuestras alegrías,
nuestras penas, lo que somos, lo que tenemos, y ofrezcamos todo esto con
el sacrificio de nuestro Señor, a fin, de que todo esto sirva para
la vida perdurable.
Padre Francois KNITTEL
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