Ave Cor Marie!
   
 
PRESENCIA DEL SACRIFICIO
DE JESUCRISTO
   

  
   En nuestro último articulo, hemos visto que la Santa Misa transmitía hasta nosotros la presencia de Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, presente en la Hostia con su Cuerpo, Sangre, alma y Divinidad. Sin embargo, hay un segundo elemento muy importante que no tenemos que olvidar asistiendo a la Santa Misa: es, que la Misa trasmite hasta nosotros el Sacrificio de Nuestro Señor. ¿Por qué se hace presente en la Santa Misa? Para hacer presente su Sacrificio Salvador. La presencia de Jesucristo en la Misa después de las palabras de la consagración tiene un solo fin: permitir la presencia real 8aunque oculta) del sacrificio de la Cruz.

Ahí está una verdad muy olvidada hoy: la Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Viernes Santo.

La Misa: una comida?

Ahora ya no se habla del Santo Sacrificio de la Misa, se habla solamente de una comida. La Misa sería solamente la renovación del banquete de adiós (la Santa Cena) ofrecida por Jesús a sus dicipulos en su Pasión. Decir esto, es olvidar que en la Santa Cena Nuestro Señor no ofreció una comida, Él ofreció a sus discípulos comulgar su Cuerpo y su Sangre inmolados por los pecados de los hombres.

La Misa: un memorial?

Ahora ya no se habla del Santo Sacrificio de la Misa, se habla mucho de recordarse, de recordar los hechos y acciones del Señor en la noche del Jueves Santo. Decir esto, es olvidar que la Misa no es un a simple narración, no es una simple reminisencia: es una acción. "Hacerlo en memoria mía" manda el Señor a sus dicípulos. El no lo dice "Recordar lo que he hecho". No, El les manda hacer, de re-actualizar lo que El hizo.

La Misa: un sacrificio!

Pero, ¿qué hizo?
En la noche que precedía a su Pasión, el divino Maestro tomó pan y dijo “Este es mi cuerpo”. Después tomó el pan y dijo: “Este es el cáliz de mi Sangre”. Ahí está lo que el Señor hizo; Él ofreció el Viernes Santo consagrado por separado el pan y el vino. Es el mismo sacrificio que el sacerdote, otro Cristo, ofrece cada día en el Altar. Consagrando el pan y el vino a fin de que se convierta respectivamente en el cuento y en la Sangre de Nuestro Salvador.

La Misa y la Cruz

Es basta con asistir a la Santa Misa para comprender que está ahí la renovación del Sacrificio de la Cruz. Contemos solamente el número de signos de cruz que el sacerdote traza sobre el pan y el vino. Veamos la cantidad de oraciones de la Misa que nos recuerda a las figuras de la Muerte de Nuestro Señor “Supra quoe propitio” que nos recuerda a las figuras de la Santa Misa en el Antiguo Testamento: el sacrificio de Melquisédec. Meditemos estas palabras que repetimos tres veces cada Misa: “Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo…” Sí, Nuestro Señor es verdaderamente El cordero pascual que quita los pecados del mundo y que salva a los hombres de sus pecados.

Ofrecimiento de nuestros sacrificios

Luego guardemos siempre presente en nuestro espíritu esta verdad capital: cuando asisto al Sacrificio del Viernes Santo. Es la ocasión para mí de ofrecer mis sufrimientos, mis penas mis pequeños sacrificios en unión con el Sacrificio de Nuestro Señor. Cuando el sacerdote sube la patena con la hostia, cuando él ofrece el Sacrificio de Cristo a Dios, el Padre, pongamos sobre esta patena nuestras alegrías, nuestras penas, lo que somos, lo que tenemos, y ofrezcamos todo esto con el sacrificio de nuestro Señor, a fin, de que todo esto sirva para la vida perdurable.

Padre Francois KNITTEL

   
 
 
   
       
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