Instituciones corruptas
Un sistema democrático además de serlo ha de parecerlo, y, desde luego el de España tiene corrompidos los pilares sobre los que se asienta. No son corruptas las Instituciones, sino quienes las rigen o representan
Si los pilares sobre los que se asienta un sistema democrático son sus instituciones y éstas no funcionan, mal anda el sistema y peor la sociedad que lo padece, porque está claro que siendo así las cosas, ya nos vamos dando cuenta de la terrible situación por la que estamos pasando, no desde el punto de vista de una crisis “coyuntural” (que dicen) económica, sino una crisis del sistema en general cuyas evidencias se proclaman día a día.
Las instituciones per se como entelequias que son, no son ni buenas ni malas, las hacen -como a los sistemas o los regímenes-, buenas o malas las personas que las ocupan, que las dirigen o que las representan. Si los pilares en los que se cimenta y basa la democracia están somovidos o las columnas que los sostienen no tienen suficientemente bien fraguado su hormígón, entonces, acabará desplomándose todo lo que esté encima, todo aquello que sea sustentado desde su base.
En España vemos claramente cómo todo lo verdaderamente importante de cara a la mejor marcha del negocio estatal, está francamente putrefacto, y ello, debido principalmente a la gestión de quienes han hecho del sistema una caricatura de lo que debería ser y de cómo fue pensado que fuera, a saber:
Los poderes del Estado sobre los que se basa fundamentalmente nuestro sistema son el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Pues bien, demostrado ha quedado por activa y por pasiva, que el Ejecutivo funciona sencillamente como si fuera un partido político porque quienes lo han venido conformando, esencialmente los socialistas, todos han sido hombres del partido, pocos o casi ningún independiente ha habido, lo que significa que gobierna de cara a unos intereses y una ideología: la socialista y el socialismo en exclusiva. Ejecutivo que gobierna para la mitad de los españoles menospreciando a la otra media mitad, con lo cual, la calificación no puede ser otra que la de corruptos que se deben a unos intereses y no a un bien común, lo que significa, que ya uno de los tres poderes está corrompido por quienes lo conforman: los políticos y por los años que llevamos de democracia está claro que mayoritariamente: los socialistas.
Del Poder Legislativo qué se puede decir. Puesto que al igual que el Ejecutivo, los parlamentarios mayoritariamente pertenecen a un partido político y sólo saldrán adelante aquellas propuestas y leyes que una parte de políticos de una ideología concreta y unos intereses concretos quieran, si bien, aquí además de los intereses de partido, entran en juego el boicot o chantaje de los partidos minoritarios de los que depende en ocasiones el partido gobernante para sacar adelante “sus otros intereses“ el partido en el Gobierno, con lo cual no se actúa en beneficio de todos sino de los intereses de unos cuantos. Dicho lo cual, el poder que emana del parlamentarismo, está corrompido por los mismos que lo conforman que aíslan (lo han llegado a llamar “cinturón sanitario”) a la otra media parte de la Cámara que no está de acuerdo con las propuestas que sacan adelante con la mayoría absoluta que bien haya sido sacada en las urnas ya haya sido conseguida como consecuencia de cesiones y pactos con otros partidos para obtener el poder absoluto de los votos, se evidencia una y otra vez.
Dicho esto, demostrada así someramente la corrupción existente en dos de los tres poderes que ostentan los políticos salidos de las urnas por imposición de los partidos, no en lista abiertas, llegamos a quien en la teoría debería ser el garante de que esta corrupción Institucional y política no existiera, que es el poder Judicial (de momento obvio el poder sindical y el de la prensa, pero más adelante hablaré de ellos), y aquí ya nos topamos con el verdadero muro de contención que los políticos tienen de cara a poder salir impunes de todo tipo de corruptelas, para lo que han de controlar desde la jerarquía al resto del sistema jurídico.
Por un lado son los políticos quienes nombran el Gobierno de los Jueces, el Alto Tribunal Constitucional y es el Ejecutivo, quien nombra al garante del pueblo: el Fiscal General del Estado, de este modo, quienes podrían actuar contra ellos, contra los políticos, los tienen comiendo de su manita y aquí no pasa nada. Triste panorama, pero siendo simples, así es la cosa y los resultados avalan esta creencia por la que se demuestra que todo nuestro sistema democrático está corrompido por las personas que ocupan las instituciones o por decirlo de otro modo, las altas Instituciones del Estado, pero hay más.
Si sumamos a esto que es algo conocido en mayor o menor medida por la sociedad y así se muestra en las encuestas sobre valoración de Instituciones; si sumamos la corrupción existente en otras instituciones que están más o menos íntimamente ligadas a nosotros, caso de los Sindicatos, e, inclusive a las que en la teoría han de velar por la seguridad del Estado como son la Policía y la Guardia Civil, ya el resultado que obtendremos es el que de verdad nadie quiere ver y casi nadie denuncia como es el caos en el que nos encontramos puesto que la última institución -si así se le puede llamar-, que debería ser garante, altavoz y látigo de todos estos desmanes cometidos por los mencionados, como es la prensa, también está corrompida por motivos y motivaciones políticas y económicas, entonces tendremos que convenir en que España se ha convertido en un patio de Monipodio en el que las minorías minoritarias que rigen y gobiernan las Instituciones en las que está asentado nuestro sistema, están podridas, caducas y enfermas de una enfermedad que no curará, por desgracia, en muchos años.
Miguel Ángel García Gil.- 15 de Abril de 2009