Morir en Afganistán
Desde que soldados españoles hacen misiones fuera de nuestro país y se enfrentan a acciones de guerra, tienen la posibilidad de morir fuera de nuestro país, en el frente o en las propias trincheras, allí, en cualquier caso, donde la metralla de las bombas o las trampas -antes emboscadas en el argot bélico, ahora actos terroristas-, explotan al paso de convoyes blindados, como si con catapultas dispararan a los elefantes de Aníbal.
Al fin y a la postre, el resultado que se puede esperar de este tipo de acciones, es la muerte en el peor de todos ellos, pero no es lo mismo morir de una manera que de otra, o sea, para que nos enteremos, en la Guerra de Irak que en la misión de Afganistán, ni la muerte tiene el mismo valor dependiendo del sitio y de los mandatarios políticos que ocupen los cargos en el momento de producirse el siniestro y obedeciendo a la coyuntura política por la que se atraviese.
Que en Afganistán hay una guerra no lo duda en estos momentos absolutamente nadie; y dicen desde España, que “estamos allí en una misión humanitaria”, algo, que además de ser mentira, es un eufemismo trampa como hacen con todo; y que morir con un casco de combate y camuflaje no es lo mismo que morir con un casco azul que identifica a los españoles que pierden la vida en “misiones humanitarias”, o sea, que es menos muerto, que la pena de la familia, es azul y, encima, no tienen derecho a un reconocimiento real como militar y a ser condecorado con la cruz que al fin y al cabo va a ser lo que determine una pensión vitalicia.
El día dieciocho de agosto de 2005 se recibían los cuerpos de los diecisiete militares muertos en Afganistán con todo tipo de honores. El Rey, el Príncipe, Zapatero y Bono, estaban esperando que llegara el avión con los cadáveres que habían sido “identificados indubitadamente”, según Bono.
Honores de Estado a plena luz del día a aquellos militares que habían muerto en una acción bélica que de momento, los demagogos y sinvergüenzas de siempre, se limitaron a enmascarar con una interminable ristra de declaraciones y justificaciones además de baladíes absolutamente engañosas y mentirosas para no “exponer sus culos” (las comillas son mías), a la ciudadanía a la que engañan con todo, con la vida y la economía y con la muerte y los colores de esos cascos.
Honores de Estado a los diecisiete desaparecidos de casco azul; allí estaban todos para hacerse la foto cuando llevaban poco más de un año en el ¿gobierno? de España tras aquel golpe de estado del once de marzo. Todos saludando y saludándose, desde ése Rey un poco republicano como lo definió Zapatero, hasta ése cristiano de pacotilla, de pega, porque de todo tiene que haber en este mundo, y ése estólido presidente de gobierno que nos ha tocado en la lotería que echó el partido socialista en su día cuando más desbarajuste había en el gallinero. Todos con caras apenadas aunque felices porque estos militares, al igual que los del Yakolev, militares españoles en misión humanitaria (aquella menos humanitaria y mucho más mala, claro, a pesar de que se mataran en un accidente, éste de verdad, no como el soplo de viento del helicóptero de Bono), habían sido identificados “indubitadamente” y las familias podían tener la certeza de que en los féretros iban sus familiares con plenas garantías, pero que no se nos olvide lo más importante, iban muertos ¿eh?.
Y yo no hago más que hacerme esta pregunta ¿se está menos muerto con un casco azul que con otro de guerra?. Por un lado, por otro ¿a qué viene la clandestinidad de las tantas de la madrugada para ir a recibirlos?. ¿Por qué no se merecen la misma pompa y boato este extremeño caballero legionario y ése ecuatoriano muertos en Afganistán en el mismo escenario bélico y de conflicto que los muertos en el helicóptero?.
Es evidente que todo tiene que ver con medidas y decisiones políticas. Juegan con los muertos lo mismo que con los vivos y les sale siempre gratis. Hablan y hablan, prometen y prometen, dicen y dicen hasta caer malos, y sean cuales sean los resultados de sus desafueros, siempre en lo que llevamos de democracia les ha salido gratis. Le salió gratis a Felipe González cuya única penitencia fue perder unas elecciones cuando tenía que estar en la cárcel por lo de los GAL. Y le va a salir casi gratis a Zapatero el estólido, pese a toda la que ha caído en todos los frentes en los que se ha metido él solito, desde la religión a la educación para la ciudadanía, desde la economía a la vivienda, desde la cultura hasta la política inexistente de exteriores.
Se sirvió de los muertos del 11-m el estólido Zapatero para llegar a la Moncloa, eso a estas alturas no lo dudan más que los acérrimos cegados por odio y rencor, los cientos de miles de estómagos agradecidos y los que se despreocupan de todo contacto e información, y se sirve de los muertos para adquisición de votos. Dependiendo de la coyuntura hay foto o no, hay declaraciones o no. Le va a salir gratis la negociación demostrada ya con la ETA a dos bandas: ETA-Gobierno, PSOE-Batasuna cuando casi estaban de cuerpo presente los muertos de la T-4 y nos decían aquello de que no había negociación mientras hubiera muertos; qué sin vergüenza la impresentable ésa de vicepresidenta ¡por dios!. Qué vergüenza que te aireen las vergüenzas. Pues nada, gratis total.
Estos muertos, estos dos últimos muertos que por desgracia es más que probable que no lo sean, han caído en “un mal momento” (las comillas siguen siendo mías), en una mala coyuntura, entre otras cosas, porque ya van más muertos, bastantes más muertos, de casco azul (y por ende menos muertos), que los militares que cayeron en Irak, en aquella terrible guerra para los españoles, peor que la batalla de las Termópilas para griegos y persas. Mal momento para morir, si bien no existe ningún buen momento para hacerlo, pero para estos dos soldados, que sabían del riesgo, que conocían de los peligros que su misión (en ningún caso de paz) entrañaba, que sabían perfectamente que se jugaban la vida en aquel escenario, han caído en una pésima circunstancia por la proximidad de las elecciones y lo impopular que resulta sumar una cifra más al contingente de tropa que ha venido en ataúdes envueltos en la bandera de España.
Aunque estén menos muertos por llevar el casco azul, sus familias los han perdido para siempre, y a pesar de traerlos con nocturnidad y alevosa alevosía, sus padres, hermanos y demás familia y amigos, no volverán a verlos, claro que también vendrán “indubitadamente” identificados, con lo cual la pena será menos. Qué poca vergüenza cómo juegan con los muertos. Ya lo es el cómo juegan con los vivos, pero con los muertos, es de lo único que se han venido sirviendo a lo largo de su historia desde la fundación del PSOE.
Miguel Angel García. 26 de Septiembre de 2007
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