Carta al señor Rajoy

Desde luego que no son formas las que utiliza el Partido Popular haciendo oposición, como tampoco lo serán para ganar unas elecciones que de hacerlo no habrá sido por méritos propios sino por deméritos de los socialistas

 

 

Con el debido respeto me dirijo a usted para decirle que soy uno de los 10.169.973 que en las pasadas -y anteriores -, elecciones generales le votó, y soy, le puedo decir, de los que no usan cabina ni llevan el voto preparado en sobre cerrado desde casa, no, mi papeleta entra sin ningún tipo de miedos ni prejuicios en el sobre cuando miran mi DNI a pie de urna para identificarme.

No siento ningún temor, ni desconfianza, ni pavor, ni mucho menos espanto de que vean a quien voto, porque resulta que vivimos –dicen, eso sí, cosa distinta es lo que es-, en un sistema democrático donde la pluralidad de ideologías no debe ser motivo para nadie de recelo, y por eso libre y determinadamente introduzco el sobre ante la mirada de quienes componen la mesa electoral, saliendo orgulloso de lo que he hecho como ciudadano –que piensa eso sí, no soy de los borregos-, que ejerce un derecho como es éste.

Pues bien, dicho esto, e insistiendo en el debido respeto, es mi opinión que usted, tras cinco años en la oposición, no es el líder que necesita la derecha española y le voy a explicar mis motivos:

Ser educado, respetuoso, transigente, condescendiente, flexible, indulgente, considerado, liberal y/o generoso, tolerante y demócrata, no está reñido en absoluto con ser contundente, firme, enérgico, seguro, tenaz, perseverante, incisivo, penetrante, hiriente y/o sarcástico. En absoluto, y eso lo hemos podido ver a lo largo de la historia del parlamentarismo español donde hay joyas y perlas que diferencian a los buenos políticos de los “aprieta botones”. Hay muchos casos, desde Manuel Azaña o Niceto Alcalá Zamora, pasando por el radical Lerroux, el propio José Antonio Primo de Rivera, Largo Caballero, Calvo Sotelo y una nómina larga de parlamentarios comprometidos con una idea y un fin para España que defendía vehementemente y en ocasiones hasta acaloradamente, desde ésos, a los más cercanos de nuestra democracia, los primeros constitucionalistas, entre los que se pueden destacar a Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga, Alfonso Guerra, Julio Anguita, Luis Ramallo o su mentor señor Aznar; y posteriores hasta su propio correligionario Eduardo Zaplana, por ejemplo. Son muchos sin duda y en la mente de mucha gente saldrán más, a mí, como botón de muestra me vale para decirle que ahí radica la diferencia entre unos y otros, o entre ésos “unos” y usted, señor Rajoy, en la contundencia y en la manera de decir las cosas.

No voy a ser yo quien cuestiones su capacidad ni de trabajo ni intelectual, que las tiene sin duda, pero sí quien le dice que le falta brío, fuerza, decisión, arrojo, más atrevimiento, bravura e incluso osadía para enfrentarse a la zafiedad de un presidente estólido, incapaz, mostrenco, lerdo y obtuso que lleva a España a un abismo que todos vemos menos él. Y es su responsabilidad dar la talla y no aguantar y esperar que se haga “su” justicia en unas elecciones cuando todo se haya ido al garete y usted las gane por demérito del adversario y no por méritos propios.

Desde mi punto de vista y del de muchos de sus votantes, no está a la altura de las circunstancias porque se ha impuesto la blandura, la indolencia y la displicencia como modos para combatir la mediocridad, la insuficiencia y la mezquindad de un gobierno que además de hacerle un mal a España se lo hace a usted y a su equipo por acción y por omisión.

Cierto es que le votamos y le dimos nuestra confianza en las urnas, pero tenga por seguro que lo hicimos creyendo fehacientemente que iba a dar la talla, por eso fue, y no un cheque en blanco que lo mantuviera cuatro años como jefe de la oposición; para ese viaje, no hacen falta alforjas señor Rajoy.

 

Miguel Ángel García Gil.- 31 de Marzo de 2009

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