Nos va a lucir el pelo
En 2010 la Política Agraria Comunitaria nos cerrará el grifo de las subvenciones, en ese momento se certifica la defunción del sector primario
Empiezo por el final:… y así nos luce el pelo.
Con esta coletilla durante muchos años cerraba un comentario, una opinión a la que llamé “cartas en sí bemol” y que era el editorial mañanero con el que abría la emisión en local de mi emisora o de cualquiera otra en las que he trabajado. Un comentario, o un editorial, que venía a exponer lo que desde mi punto de vista sucedía o lo que opinaba sobre lo que ocurría en el ámbito local, regional o nacional.
Pues el pelo, resulta que a estas alturas donde los productos mágicos capilares son protagonistas como en el antiguo oeste, no se les cae a algunos, y no sólo eso, sino que en plena crisis de los cincuenta y tantos, en lugar de caérseles, les crece.
No se les cae, en serio, les crece, a Pepe Bono y a Pedro jota Ramírez. Antagonistas en la cosa política, pero hermanados en la capilar, porque hay que ver lo crecidito que lo tienen (el pelo, claro) los dos con lo poco que les iba quedando.
Uno se asombra –si es que la capacidad de asombramiento aún existe en mí-, de la facultad de crecimiento que tiene el pelo, como en el caso de estos dos afamados personajes que representan tan diferentes papeles en la vida pública española uniéndoles, además de la faceta capilar, la “verborreica” –acépteseme el palabro que queda “chuli”-, porque hay que ver que “rajan” los dos.
Pues bien, ambos tenían mermados sus caletres de flora capilar y si bien no son como Bermejo en sus años de “jipi” que llevaba una prominente guedeja, uno, Pedro jota, se asomaba a la claridad de ideas, o como diría un amigo mío: “se le veía ya el cartón”, de forma importante y circular al más puro estilo de la coronilla de los cardenales y curas de antaño, de ahí que no hubiera ocasión en las tertulias televisivas que le sacasen algún plano cenital para especial regodeo de los “cachondos mentales” que hacían risas de semejante eventualidad morboso-craneal; y al otro, a don José Bono, tan bien le han sentado las esquirlillas que se caen del techo del Congreso producto del tiroteo del 23-F, desde que está allí presidiendo la Cámara Baja, que han hecho que agarre y se reproduzca una importante vegetación cabelluda en tan insigne mollera.
El pelo a ambos ya les va luciendo; se han convertido en más jóvenes y lustrosos, por lo que sus respectivas mujeres deben estar de enhorabuena en ésas noches locas de amor y desenfreno, que las tendrán como todo hijo de vecino alguna vez al año, ¡digo yo!, y no peligrará en el esfuerzo amatorio la caída del pelo que delatará en las sábanas tan significativo evento lujurioso a la mañana siguiente. Así, todos contentos, al menos estos dos y sus respectivas, porque quienes no están o estamos contentos somos los que vemos cómo se destruye empleo y no se hace nada en absoluto. Más y más gasto público que se va por las alcantarillas, por un lado, por otro, se queja el capital, se queja el campo y no se oye nada más que al capital; la industria del automóvil, por ejemplo, dice que quiere se subvencionen los stoks que tienen de vehículos en las campas, y digo yo que por qué en lugar de a ellos no le dan el dinero a quien se quiere comprar el coche, o sea, al ciudadano de a pie, el que sufre y padece desde los desmanes de los políticos, hasta las ansias recaudatorias de los capitalistas. Y no se le oye al campo, y el campo se muere, enfermo de una de las peores enfermedades que se pueden padecer: una alopecia galopante que dejará calvo el sector primario cuando Europa no quiera revisar las políticas agrarias y seguir subvencionando el agro y la ganadería, cuando esto suceda que será en un horizonte tan cercano como el 2010, entonces, veremos cómo nos va a lucir el pelo a todos, porque sin coches podemos estar, pero no sin producir alimentos. Por esas fechas de la hecatombe agropecuaria, lo que sí podremos tener claro ya, es, que Bono llevará el flequillo a lo Pepe Oneto, y Pedro jota lucirá un “melenamen” como el del “Cordobés” de los años sesenta… País.
Miguel Ángel García Gil.- 27 de Febrero de 2009