El cáncer de España: los políticos
Son una casta de más de setenta y siete mil, una minoría perniciosa que ha invadido todos los órganos de un cuerpo que se muere: España
Sé que lo que voy a decir es políticamente incorrecto, porque decir o pensar en contra del sistema, hoy, se ha convertido en algo políticamente incorrecto.
Lo mismo que antes era síntoma de “progresismo”, o sea, decir lo políticamente incorrecto que era lo que iba en contra del régimen, hoy es absoluta y radicalmente reprobable el opinar en contra de cómo está y a lo que ha llegado y por qué, nuestro sistema de ¿libertades?.
Pues bien, aún así lo diré porque además es que estoy convencido de ello, y mi propia trayectoria así lo corrobora y avala.
España está enormemente enferma y lo está porque todos aquellos que deberían haber cuidado de que no enfermara (teóricos, pensadores, intelectuales etcétera) han pasado olímpicamente, o se han acomodado en sus sillones, en sus poltronas o sencillamente han dejado que vaya pasando el tiempo a ver si con ello no se empeoraba.
La enfermedad que padece España es una “politiquitis aguda” devenida de las postrimerías del régimen franquista; un enfriamiento de valores y actitudes que le han ocasionado un mal que por lo que se me antoja ya a estas alturas es irreversible.
Tan malo (o tan bueno, depende de cómo se mire), es dejar las riendas de un país en manos de seiscientos catorce militares profesionales, como de seiscientos catorce políticos profesionales, luego están –también opinable- las diferencias en cuanto a capacidad para gestionar, y eso, pues que cada uno se arrogue las que quiera o que cada cual opine como le dé la gana, porque tan válidos pueden ser los seiscientos catorce militares como los seiscientos catorce civiles, o tan ineptos los civiles como los militares, muy de moda ellos, los militares, por estas fechas que se conmemoran los veintiocho años del asalto al Congreso de los Diputados por el Teniente Coronel Tejero.
Desde que se instauró la democracia en España no se ha hecho otra cosa que desasistir al país de las vestimentas que le cubrían para no resfriarse, así como de corromper los alimentos que le servían de sustento, con lo cual, con el paso del tiempo podemos comprobar con estupor la situación por la que estamos pasando, todo, como consecuencia del poder de los políticos que lo han inundado todo con sus maneras de proceder, invadido con sus métodos y ensuciado con sus corruptelas.
Todo lo que los políticos han ido tocando, lo han ido pudriendo: desde la educación pasando por la justicia, a la economía…, todo. Los políticos se han convertido en profesionales de un oficio, primero, que desconocen en su esencia (están al servicio del pueblo y no a la inversa como se evidencia), y segundo que desconocen en su complejidad por la falta de preparación de la inmensa mayoría de quienes acceden a tan particular carrera sin facultad o modus vivendi.
Ejemplos los hay a miles, por desgracia, ya que la casta de políticos que han corrompido el sistema no se concreta en los seiscientos catorce senadores y diputados de ambas Cámaras legislativas, no, a ésos hay que sumarles la legión de ediles repartidos por los más de ocho mil municipios de toda España, que vienen a ser según datos del año 2002 (que no habrán variado en la actualidad sustancialmente) la nada despreciable cantidad de 65.522 a los que habría que sumarles 784 diputados de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, 8.108 alcaldes, tantos como municipios tiene el país, que en 2007 sí eran algunos más, hasta los 8.112; otros 1.034 diputados provinciales y otra serie de cargos como Consejeros de Cabildos o representantes a Consejos de Navarra, que entre todos, podríamos decir, que la casta política española está formada por la nada despreciable cifra de 77.437 personas, todas ellas pertenecientes a algún partido político, por cierto, que obvio en esta nómina la cantidad de asesores vividores del cuento y que están a expensa de los políticos profesionales, o por decirlo de otro modo, de los que tienen el título de “electos” que les sirve de coraza, tapadera y patente de corso.
Pues bien, de todos éstos personajes, una importante cantidad de ellos ocupan puestos relevantes, por ejemplo en los Consejos de Administración de lo que toda la vida han sido las Cajas de Ahorros de las provincias, aquellos Montes de Piedad que hacían del ahorro su bandera y de sus ganancias una obra social impresionante. Todo hasta que aparecieron los políticos y comenzaron a dar codazos y así irse metiendo poco a poco como consejeros con voz y voto, expulsando a las mayorías que velaban por los dineros de los impositores, es decir los representantes de los ahorradores, ¡vamos! de los que de verdad tenían sus dineros allí, y principiando ellos el manejo real de la institución orientándola hacia donde querían que fuera el destino y la gestión de la Caja en cuestión, siempre, como es lógico y fácil de concluir: en nombre y a favor de sus intereses personales o de partido o ambos a la vez.
Empezaron las fusiones y continuaron con la administración y manejo desde dentro para utilizarlas ya también como armas políticas, y hemos desembocado en que las Cajas ya no se mueven por y con aquella filosofía casi altruista del ahorro y la obra social, no, ya estamos en que la gestión de las Cajas y su modo de operar es exactamente igual al de los bancos, entrando incluso en competencia pero con distinta legislación para unos que para otras, encubriendo eso sí, la gestión pública (por decirlo de alguna manera) de los directores del cotarro (nombrados por los políticos) en contraposición con las direcciones aún hoy de los bancos que están en manos privadas.
Todo lo corrompen y todo lo vician, de ahí que el cáncer que padece este país no haya oncólogo que le ponga tratamiento, eso sólo hablando desde el punto de vista económico, que si echamos mano de otros argumentos como la seguridad, la libertad de opinión, la igualdad de oportunidades y un largo etcétera de síntomas que corroboran el malestar del enfermo, entonces no acabamos.
Hace años que vengo denunciando estas malas artes de la política y los políticos españoles, y hago hincapié en los socialistas que tienen mucha más responsabilidad por tiempo en el gobierno que la derecha, y hasta ahora no he oído a ningún periodista reclamar una catarsis en la clase política española que de seguir así, terminaremos no pasando mucho tiempo en la misma situación que la querida y hermana República Argentina…, el tiempo da y quita la razón; espero y deseo por el bien de todos que en este caso a mí me la quite, o de lo contrario la situación que vivirán nuestros nietos nada, absolutamente nada, tendrá que ver con lo que vivimos nosotros durante una corta y esperanzadora decena de años que hemos vivido.
Miguel Ángel García Gil.- 24 de Febrero de 2009