Bermejo "el equivocao"

Sin ruborizarse lo más mínimo -eso lo hacen quienes tienen vergüenza-, el ministro Bermejo en su desolación dice que se ha equivocado

 

En Campanario (Badajoz), vivió a principios del siglo pasado un personaje afable, llano, sencillo y con mucho arte. Vivía en el campo al cuido de su ganado y se abastecía para la supervivencia alimenticia de un pequeño huerto. Campechano, dicharachero, alegre y con cara de chiste habitaba la casa con su esposa y la hermana de ésta. Dos mujeres que sin llegar a ser gemelas se parecían una enormidad y se llevaban lo justito que puede haber entre parto y parto. Una familia feliz y contenta que de tarde en tarde acudían por el pueblo el día grande de la Patrona, la Virgen de Piedraescrita, y al jolgorio de la romería que cerca de su predio se celebraba el Domingo de Resurrección. Tuvieron un rorro allá por los idus de noviembre y bautizáronlo haciendo coincidir su nombre con la Natividad del Señor, es decir, la niña en cuestión se llamó Natividad, o sea, la que a la postre sería conocida como “la Nati”. Felices y contentos marcharon a casa tras pasar unos días con familiares y amigos que no les verían hasta dentro de tres meses en la fiesta de las carrozas y los caballos a la que se presentaron con la intención –y logro, por supuesto-, de bautizar otro bebé de semanas, cosa que por lo peculiar del asunto entre conocidos y amigos llamó la atención ya que no hacía ni cuatro meses había bautizado a otro hijo, por lo cual se dispararon las especulaciones y ya se sabe lo que pasa en los pueblos pequeños.

Todo eran comidillas de comadres que teorizaban sobre si había sido “cuatrimesino” o “quintimesino”, y si un niño –que así era su sexo- con ese tiempo podía estar tan lustroso como para pesar en época de vacas flacas, cerca de siete kilos ya.

Pues en un mar de dudas e hipótesis se devanaban la sesera en las “pleiterías” el personal femenino, y en los casinos y tascas el masculino. Nadie sabía cómo podría haber sido eso, así que uno de su círculo más cercano, tras el bautizo y las fiestecillas al recién bautizado en Cristo se acercó para él y le preguntó directamente sobre aquel engendro ya cristianizado.

Manuel, que así se llamaba el hombre, contó como se había dado el caso:

“Mira Cipri, resulta que en la casa del campo, como sabes es pequeña y vivimos los tres, mi mujer, mi cuñada y yo; sólo tenemos una cama grande en la que dormimos los tres mi mujer a mi derecha y la cuñada a mi izquierda, y resulta que una noche, me despierto de aquella manera, y bueno, tú sabes. El caso es que al tiempo que mi mujer tenía la panza ya gorda a mi “cuñá” le empieza a engordar también, y entonces me dije: “aerrr,  pos ya está, m’aequivocao”; y desde entonces al bueno de Manuel se le conoció en el pueblo como “el equivocao”.

Pues lo mismo que a Manuel le ha pasado al Ministro Bermejo, que “saequivocao” con tanto papel y licencia de caza como tiene el hombre, nada más. Que no se quiera ver la maldad en él como no se vio por su simpatía en Manuel, el pobre, dos chiquillos en cuatro meses, sino que sólo se haga justicia empírica y todo quisque trague y se convenza de que es un tío legal, con sus papeles en regla y que si caza en los Quintos de Mora (y Aragón) o en Extremadura, Madrid, Galicia, Asturias, Castilla la Mancha o Castilla León y resto de Comunidades Autónomas de las que tiene sus correspondientes licencias (como todo hijo de vecino, cazador que se precie de este país), lo hace por ese bello y ecológico arte de descastar el campo de bichos que no hacen falta, nada más. Y que la “derechona” casposa (de la que él por cierto proviene) se ocupe de cómo tiene de “equivocao” al personal con tanto lío interno, que los asuntos de la caza es competencia sólo única y exclusivamente de su magnificencia y buen tino… palomino. País.

 

 

Miguel Ángel García Gil.- 20 de Febrero de 2009

Página Principal y otros artículos;

Hosted by www.Geocities.ws

1