La culpa es del sistema
Es otro asesinato más; es otro joven que por celos mata a una menor y se muestra frío y calculador, él es otra consecuencia del sistema
En pleno debate sobre la crisis económica, surge el asesinato de la niña Marta del Castillo y una vez más vemos y oímos caras de desesperación y cometarios unánimes sobre lo que acarrea esta permisividad legal y educacional.
Los especialistas hablan una y otra vez del desarraigo, de la violencia que genera la sociedad y de los casos que uno tras otro suceden sin que los verdaderos responsables de que las cosas cambien hagan absolutamente nada por que ello suceda. Lo peor de todo esto, es que la solución la tenemos cualquier ciudadano de a pie, vote al partido que vote o no vote a ninguno. La solución a este tipo de comportamientos pasa porque se endurezcan las penas a violadores, etarras y asesinos como el de la niña Marta del Castillo. En eso parece ser que toda la sociedad está de acuerdo, tanto los votantes de izquierdas como los de derechas, y si es así, por qué no se cambian las leyes.
El socialismo de salón, los sociatas de medio pelo que reclamaban libertad en las universidades en los años sesenta, son los poderosos de hoy, los que se han encargado de hacer las leyes, como la del menor de Felipe González, la de extranjería de Caldera y otras tanto o más perniciosas como son la LOGSE y ahora Educación para la Ciudadanía.
Desde que se impuso el socialismo en España, éstos no han dado puntada sin hilo. Saben que para poder manejar a una sociedad, lo mejor de todo es procurarles un electroencefalograma plano, así no podrán pensar como ellos pudieron hacerlo y revelarse ante la “carestía” de libertades, que por ejemplo ellos padecieron en el régimen franquista.
Oímos una y otra vez en boca de los especialistas y analistas que este tipo de comportamientos violentos vienen dados por un problema fundamental: la educación. Una educación que ha perdido los valores fundamentales como son el respeto por un lado y la propia libertad que han convertido en libertinaje de los alumnos sobre los profesores, y en muchísimos casos también hacia los propios padres, por otro, éste es el meollo de la cuestión que nadie se atreve a denunciar tal y como es.
Hemos llegado a un grado de depravación absoluto en nombre de la libertad. Mentira y mentirosos. Esto no es el precio que hemos de pagar por el progreso de la sociedad, esto es una sociedad que se ha dejado corromper por los políticos y en este caso, por quienes han adoctrinado a la juventud desde el “cojo manteca” y el botellón hasta los extremos de violencia que se dan en las aulas o en la calle con las bandas juveniles nacionales o extranjeras, todo, justificado por un lado con el desarraigo y por otro con la impunidad que conocen los delincuentes que saben no van a estar en la cárcel el tiempo que les pongan en sentencia, ya que tenemos un sistema judicial y penitenciario permisivo hasta unos extremos, que benefician a los peores delincuentes ya sean etarras asesinos como violadores o parricidas.
La culpa de todo esto advenido en nombre de las libertades de los hombres o sea de la sociedad, recae sobre quienes hacen las leyes, esos que curiosamente, salvo en raras ocasiones como cuando a ETA le dio por asesinar políticos, no viven en sus carnes ni la violencia de género ni situaciones como por las que han pasado los padres de la niña Mariluz o la que aún están pasando los padres de Marta del Castillo que no tienen un cuerpo que enterrar.
El progresismo nos ha llevado a esto, a la pérdida de valores bajo la advocación de una mayor libertad y ésa libertad nos confluye en un estado de inseguridad ciudadana y desprotección ante las mafias organizadas que antes no había, ante los pederastas, los asesinos de ETA, los maltratadores, los violadores, los sicarios y delincuentes que abundan cada día más en nuestras calles y una justicia incapaz de terminar con ellos… Marta del Castillo será en unos días un número de una estadística y sólo la recordarán sus familiares y amigos más íntimos, y su asesino en menos de diez años estará en situación de volver a cometer otro horroroso crimen tan sólo porque le lleven la contraria en el resultado del Betis-Sevilla. Dirán que ya había estado en la cárcel, que no tenía padres y que la sociedad hizo de él un asesino. País.
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Miguel Ángel García Gil.- 16 de Febrero de 2009