Un poder judicial caduco y corrupto

 

Una vez más la justicia y sus fallos nos demuestran al servicio de quién o quiénes están, y, desde luego, no es al servicio de los ciudadanos

 

Si el Tribunal Supremo ha tenido que estar durante 20 horas debatiendo sobre si es o no motivo de objeción de conciencia -por parte de padres o entidades educativas-, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, tras haber decidido que sí era objetable otros Tribunales Superiores de Justicia de distintas comunidades españolas, y de los 29 que han votado 22 sí lo crean y siete no, apañados vamos.

En este caso la justicia no es que haya sido lenta por falta de medios, sino deliberativa y divergente sin consenso pleno, lo que a mi juicio es mucho peor porque se ve a las claras que no hay unidad de criterios técnicos ni interpretativos del espíritu de la norma entre los que se suponen más cualificados para hacerlo, lo que me sobrecoge porque de inmediato he de pensar en que en las deliberaciones entran en juego otro tipo de consideraciones exógenas al asunto en sí discutido, que hacen de la justicia un mero instrumento político, por lo que la separación de poderes de nuevo, queda total y absolutamente al albur de lo que las fuerzas políticas deseen en el momento y en la coyuntura que se encuentren, por un lado, o lo que es peor, que este tipo de deliberaciones se oriente a la conveniencia política por la trascendencia que el fallo conlleva y por la relevancia política que significa un sí o un no en lo que se juzga.

Es vergonzoso se mire por donde se mire como está nuestro sistema judicial. Obsoleto en medios y caduco ética, moral y estéticamente en personal desde el instante en que el Gobierno de los Jueces, lo deciden, y lo que es peor, bajo consenso, los partidos políticos, como se ha evidenciado en la última elección del presidente del Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano de los jueces propuesto tras las conversaciones entre Zapatero y Rajoy. Y no digamos la elección del Fiscal General del Estado, que actúa como eso, como un general, ante el resto de miembros (y “miembras”) de la carrera fiscal debido a la enorme “jerarquización” del Ministerio Público en nuestro país, por lo que toca oír y callar si quieres seguir haciendo carrera en el cuerpo..

Es realmente bochornoso y curioso, que en los asuntos transcendentales para el PSOE, todo se tenga que dirimir en los altos tribunales, y lo que es peor, cómo se juzga, cayendo la mayoría de resoluciones importantes, del lado, siempre, de los socialistas.

Es una verdadera vergüenza que la Institución que debiera ser jaleada por los ciudadanos, porque viéramos que en contra de un atajo de políticos que nos han demostrado en el tiempo que llevamos de democracia y que van en contra de los intereses de las mayorías y de los ciudadanos, ellos, la otra pata del banco donde se asienta nuestro sistema democrático, ponía pié en pared y ubicaba a los políticos donde se merece. Pues no. No es así. La connivencia, cuando no la sumisión, es un hecho. Todo se ha politizado de tal manera que es irrespirable el aire que respiramos en estos momentos en los que la evidencia pone de manifiesto un malestar social acallado por ésos otros redomados sinvergüenzas al servicio de la clase política como son los sindicatos. Vividores del cuento, cínicos e insolentes manipuladores de una clase trabajadora tan pusilánime como la oposición de derechas (de izquierdas no existe oposición, y como los sindicatos los manejan las izquierdas, es por lo que no existen los sindicatos ni la acción sindical contra la izquierda y sus gobiernos aunque haga como es el caso políticas más o menos liberales), que callan y aguantan lo que les echen.

Es una verdadera pena ver la podredumbre de esta sociedad aniquilada por los políticos. Una sociedad que parecía que pensaba, pero no. Si los políticos no se mueven aquí nadie se mueve. Estamos al servicio de una clase política corrupta en el fondo y en las formas y nadie hace ni dice nada. ¡Dios mío, si Larra levantara la cabeza se volvía  a pegar un tiro!. No sé para cuando despertará esta sociedad adocenada, impersonal, temerosa y timorata que se regodea en su propio fango, que se mueve en sus propias heces y nada hace por ponerle remedio a tan pestilente asunto…

Malos políticos, malos sindicalistas, pésimos economistas, peores jueces… ¿hacia dónde vamos?..., lo peor de todo, es que cuando esto reviente, ésa amorfa sociedad a la que Larra denominaba en su día “el público”, dirá que no tiene la culpa de nada, que el fútbol, los reálitis, los toros, y el circo en general con el que los distraían, no era porque ellos lo demandaran, vendrán a decir: que nos lo metían por vena.

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Miguel Ángel García Gil.- 30 de Enero de 2009

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