Carta a Federico Jiménez Losantos

 

La libertad de expresión o de opinión a la que aluden tanto los socialistas cuando insultan se ve vejada en esta sentencia

Se creen los políticos, justo desde el nacimiento a la política, o sea, desde el mismísimo instante en que ocupan cualquier cargo o carguillo en el aparato del partido (izquierda, derecha o centro) o en institución pública, ya sea de concejal, alcalde, diputado provincial o autonómico, consejero, senador o diputado en la Cámara Baja, que la obtención de ése cargo cuyo mérito no es académico ni de otra índole que no haya sido en la mayoría de los casos, la adulación, el elogio, la alabanza, la coba, los piropos, incluso la trampa, la celada, la asechanza, la insidia, la estratagema o la zancadilla a propios compañeros de partido, pues están en el convencimiento de que en el mismo momento en que a sus apellidos paternos en las tarjetas de visita se les pone su condición política, en ese preciso instante se ven imbuidos, infundidos e inspirados de la sabiduría suprema.

Son todo conocimientos, son todo destreza dialéctica, maestría oratoria, dominio en la prédica, y qué decir de la razón: la llevan siempre respecto de los demás, de quienes no lo son, y entre ellos, la razón tiene sólo el aspecto técnico, o sea el democrático de las mayorías, es decir, 2+2=5 y si eso es lo que la mayoría afirma, la razón la llevan ellos. Da lo mismo médica que miembra, da lo mismo Arriola que Blanco, ellos está por encima de cualquier mortal que no tenga la condición de miembro o miembra de un partido político.

Eso es lo que ha pasado con la sentencia dictada contra Federico y contra la libertad de expresión, libertad y dictámenes judiciales que siempre están a su favor (mi propio caso, pero a la inversa, es decir, soy yo quien por insultos y faltas al honor se querella contra dos concejales que salen libres por” haber dicho todo eso dentro del contexto de la controversia política”, así decía el juez en la sentencia), a favor de los políticos en este país, donde la justicia –a saber por qué-, está más del lado de los “malos” y los políticos, que de los ciudadanos de a pie a quienes nos hacen cumplir la ley  a rajatabla, cuando ellos, en un abuso manifiesto de los dos poderes, el político y el judicial, hacen de su capa un sayo cada vez que la ocasión lo requiere (caso Casas, por ejemplo) así se demuestra.

Hay un tremendo corporativismo entre los jueces, como un montón de privilegios entre los políticos, y en lugar de respetarse la independencia de ambos, existe una clara y evidente connivencia de un poder con el otro ¿arropándose quizás?. Esa es la sensación que con sentencias como estas, a los ciudadanos que no hayan vivido en sus carnes nada parecido, les hace ver (como a mí en su día), que la justicia en absoluto está al servicio de los ciudadanos normales, que somos la inmensa mayoría, y que la democracia se aplica con varias varas de medir dependiendo de quién sea objeto de esa aplicación. Básico es aquello de que todos somos inocentes ante la ley y que han de probar y demostrarse la culpabilidad en los juzgados, pues bien, eso no sucede nada más que con los chorizos, mafiosos y maleantes, delincuentes de baja estofa o de guante blanco, con los demás, usted tendrá que demostrar su inocencia, que es totalmente diferente… el caso del señor éste que está en la cárcel (lleva 13 años) intentando demostrar su inocencia.

Animo Federico, el PP sigue sin darse cuenta de que no son ellos quienes ganan las elecciones, que las elecciones hoy se ganan a través de los medios de comunicación y que tomando la decisión que han tomado, son muchos cientos de miles de personas las que dejarán (yo entre ellos) de votarles; pero a éstos engreídos peritos de este partido, a estos técnicos que se creen de la estrategia, de la transigencia “mejillera” (de poner la otra mejilla para que se la partan), de la tibieza dialéctica y de formas, de la pusilanimidad como lábaro de una educación que nada tiene que ver con la polémica o el debate político, hay que decirles y demostrarles que se equivocan, y que si están mejor en la oposición, hay personas que queremos que España funcione bien y no se merece un gobierno socialista que sólo sabe medrar e intentar instaurar un nuevo régimen.

 

 

 

Miguel Ángel García Gil.- 18 de Junio de 2008

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