Las minorías a escena: Las oligarquías

 

Juegan con la semántica, nos envuelven con la demagogia, y así nos va

Juegan con la semántica, nos envuelven con la demagogia, y, así nos va

 

Ya lo dijimos mucha gente antes de que el paso del tiempo nos haya dado la razón cuando opinamos sobre la democracia, que no es, ni con mucho, en España, la esencia real de la definición griega del término, en su primera concepción por Aristóteles que hacía una clara diferenciación de lo que era la democracia y la oligarquía.

Definió Aristóteles la democracia como “una constitución  en la que los nacidos libres y pobres controlan el gobierno”, algo que contraponía al significado de oligarquía que definió como “el régimen de gobierno que controlan los ricos y bien nacidos”, donde en el primer caso serían las mayorías quienes controlasen el gobierno (del pueblo para del pueblo), y en el segundo caso, serían las minorías quienes gobernasen a las mayorías, en beneficio exclusivo de las minorías (lo de todos para unos cuantos).

Decir esto, así, sin más, es algo en lo que muchos pueden estar de acuerdo, pero otros, pueden argüir o calificar el planteamiento, de demagógico, para lo que nada mejor que razonar los por qué de semejante afirmación, que a poco que uno mire por el agujero de la objetividad sin apasionamientos ni intereses espurios, dará en la conclusión que ahora pormenorizo.

¿Alguien ha pensado que pueda ser coherente la manida frase de que los representantes del pueblo actúan en consecuencia y consonancia con lo que el pueblo les pide, necesita o exige? ¿Hasta qué punto es real la afirmación de que “ellos” (los políticos electos) son los únicos transmisores de las reivindicaciones, pareceres, opiniones, creencias, criterios, ideas o doctrinas de los electores?. A ver. En España son 350 diputados sobre los que recae esta teoría, que aquí llaman democracia, pero que en realidad es una oligarquía, sea del signo político que sea, de izquierdas, de derechas o de centro, si bien, demostrado ha quedado durante los años que vivimos este régimen, que han sido las minorías de estas oligarquías de partidos, las que han mandado en los designios de los casi 45 millones de españoles que habitamos la nación.

Dicho lo cual, sólo habría que hacer una división para saber cómo se comprime en cada uno de los 350 representantes electos del pueblo, los 45 millones; es decir, que cada uno de esos diputados, al margen de la circunscripción e ideario político, comprime en su cerebro lo que piensan, razonan, necesitan y opinan 128.571 españoles; cada vez que ha de pulsar el botón decisorio de las votaciones, lo está haciendo por casi ciento treinta mil compatriotas…, impresionante ejercicio de responsabilidad ¿no creen?.

Bien, si con ser esto matemáticamente exacto, no así lo es desde el punto de vista político, porque cada uno de los 350 diputados, al margen de su adscripción política, de manera individual tiene su propia creencia, su exclusiva e individual manera de pensar sobre todas y cada una de las decisiones que han de tomarse, los postulados ideológicos y las proposiciones y los supuestos que se debaten de cara a mejorar y dar más calidad de vida a todos los ciudadanos, dicho lo cual, y conociendo el axioma aquel de que cada persona es un mundo, y lo es, tendremos que convenir con que las decisiones que se toman en el Congreso a la hora de convertir ideas y proyectos en realidades, obedece a una particular forma de debate que mandan las oligarquías, ¡y qué decir de las votaciones!, que también obedecen a materia oligarca a la hora de pulsar tal o cual botón, el del sí, el del no o la abstención.

A eso sabemos que se reduce la labor de más del 80% de los componentes de la Cámara Baja: son pulsadores de botones que otros les indican con un gesto: la oligarquía del botón, podríamos calificar en este sentido. Ahora bien, además del gesto, hemos de profundizar en el contenido de las decisiones, algo con mucha más enjundia de la mímica en sí que supone el trabajo de “pulsador”, como son los resultados que se administran en función de intereses entre oligarquías, es decir, entre partidos-oligarquías mayoritarios que necesitan sacar adelante sus proyectos (leyes, reformas etcétera) con los votos de los partidos-oligarquías minoritarios, que ejercen de verdaderos chantajistas del Estado, en beneficio único y exclusivo de sus oligarcas intereses, en detrimento de los de la mayoría, ya sean “adeptos” al partido-oligarquía en el gobierno, ya sean votantes o simpatizantes de la oposición.

Como muestra sólo un botón: Carod Rovira José Luis, en el programa de televisión Española. Aquí, el líder de la Ezquerra Republicana, partido-oligarquía minoritario (649.999 votos, y 8 diputados en el Parlamento Español), demostró lo que es el poder de las oligarquías. Con todo un aluvión de improperios hacia todo lo que no sea lo que él piensa, y desde el balcón de la demagogia y la prepotencia que caracteriza a oligarcas y dictadores (no hay que olvidar tampoco la dictadura en sentido romano), éste “patricio” moderno, quiso darnos clases de historia y de civismo, un  personaje, de los más siniestros de la vida política que ha dado esto a lo que llaman democracia, sólo, por el hecho de que los españoles tenemos la posibilidad, y sólo eso, de votar a los representantes que las oligarquías nos imponen en listas cerradas, hechas por ellos a su imagen e interés de los oligarcas, cada cuatro años.



Miguel Angel García.

20 de octubre de 2007

 

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