Llegar a viejo

Mi abuela

Media Cobija

El Tazón de Madera

Agradecimientos del anciano

 

 

 

 

 

Llegar a viejo

 
 
 
Si se llevasen el miedo,y nos dejasen lo bailado
para enfrentar el presente...
 
Si se llegase entrenadoy con ánimo suficiente...
Y después de darlo todo –en justa correspondencia–
todo estuviese pagado y el carné de jubilado
abriese todas las puertas...
 
Quizá llegar a viejo sería mas llevadero,
más confortable, más duradero.
Si el ayer no se olvidase tan aprisa...
Si tuviesen más cuidado en donde pisan...
 
Si se viviese entre amigos que al menos de vez en cuando
pasasen una pelota...
Si el cansancio y la derrota no supiesen tan amargo...
 
 
Si fuesen poniendo luces en el camino, a medida
que el corazón se acobarda, y los ángeles de la guarda
diesen señales de vida...
 
Quizá llegar a viejo sería mas razonable,
más apacible, más transitable.
 
¡Ay, si la veteranía fuese un grado...!
Si no se llegase huérfano a ese trago...
 
Si tuviese más ventajas y menos inconvenientes...
Si el alma se apasionase, el cuerpo se alborotase,
y las piernas respondiesen...
 
Si del pedazo de cielo reservado para cuando
toca entregar el equipo, repartiesen anticipos
a los más necesitados...
 
Quizá llegar a viejo sería todo un progreso,
un buen remate, un final con beso.
En lugar de arrinconarlos en la historia,
convertidos en fantasmas con memoria...
 
Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina...
O simplemente si todos entendiésemos que todos
llevamos un viejo encima.
 
 
Desconozco Autor

 

 

 

 

 

 

 

Mi abuela

 


Mi abuela bordaba los manteles más hermosos.
Cuando era niño me quedaba junto a ella las
tardes enteras charlando mientras sus hábiles
manos danzaban en perfecta armonía con los hilos y telas.


Su estado de ánimo variaba dependiendo del día.
A veces estaba alegre y conversadora, otras lucía
seria y silenciosa. Y de vez en cuando se quejaba más de la cuenta.


Sin embargo siempre, sin importar el día, cosía
con la misma mística. Frecuentemente la encontraba
en su silla, dormitando, con la cabeza inclinada
levemente hacia adelante, pero aferrando con fuerza su tejido.
 

Durante semanas sus bordados me parecían
extraños y confusos, puesto que mezclaba hilos de distintos
colores y texturas, que se veían en completo desorden.

Cuando le preguntaba que estaba tejiendo o bordando,
sonreía y gentilmente me decía:

Ten paciencia, ya lo verás.

Al mostrarme la obra terminada, me percataba que
donde había habido hilos de colores oscuros y claros, resplandecía
bordada una linda flor o un precioso paisaje. Lo que antes parecía desordenado y sin sentido, se entrelazaba creando una hermosa figura.

Me sorprendía y le preguntaba:

Abuela, ¿cómo lo haces? ¿Cómo puedes tener tanta paciencia?


Es como la vida. -respondía-. Si te fijas en la
tela y los hilos en su estado original, se asemejarán a un caos,
sin sentido ni relación, pero si recuerdas lo que estás creando, todo tendrá sentido.

Amig@, si juzgas tu vida solamente por la rutina de lo cotidiano,
mucho de lo que haces parecerá inútil
y sin sentido, pero si recuerdas el bordado que estás tejiendo,
aun los enredos más caóticos cobrarán significado. 

Desconozco autor

 

 

 

 

 

 

 

 

Media Cobija

 

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.
Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.
A los setenta años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su hijo.

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia.
-¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí!
-Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.
-Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo.
-Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡me siento tan solo!
-¿Quedarte a vivir aquí?, sí... claro... pero no sé si estarías a gusto, tu sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial... y luego los niños..
-Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.
-No padre no es eso, solo que, no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían, o solo que no te moleste dormir en el patio.
-Dormir en el patio está bien.
-El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de doce años.
-Dime papá.
Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.
-Sí con gusto. ¿Y donde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre.
-¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?
-Sabes papá, estaba pensando...
-¿Pensando en que?
-En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.

Desconozco Autor

 

 

 

 

 

 

 

El tazón de Madera

 

El viejo se fue a vivir con su hijo, su  nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos  le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.
El hijo y su esposa se cansaron de la situación.
"Tenemos que hacer algo con el abuelo",dijo el hijo."Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo".

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor.
Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia  disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.
De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. 
Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba  todo en silencio.
Una  tarde antes de la cena,  el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.
Le preguntó dulcemente: "¿Qué estás haciendo?" Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy  haciendo un tazón para ti  y otro para mamá para que  cuando yo crezca, ustedes coman en ellos."
Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.
Las lágrimas rodaban por  sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia.
Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos.Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa,  parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben.
Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el  futuro de su hijo. Seamos instructores sabios y modelos a seguir.

 

He  aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.
 

He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.
 

He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.
La gente olvidará lo  que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste  sentir.

 

Desconozco Autor

 

 

 

 

Agradecimientos del anciano

 

Gracias a quienes:
Entienden lo torpe de mi caminar

y la poca firmeza de mi pulso.
Comprenden que ahora mis oídos se esfuerzan

por escuchar lo que ellos dicen.
Se percatan de que mis ojos están empañados

y mi sentido del humor limitado.
Disimulan cuando derramo el café sobre la mesa.
Se detienen a charlar conmigo por unos momentos.
Aceptan mis fallas de memoria y nunca me dicen,

 “eso ya lo dijiste”.
Saben despertar recuerdos de un pasado feliz.
Me hacen saber que soy querido y respetado

y que no estoy solo.
Comprenden lo difícil que es el encontrar fuerzas

para vivir con dignidad

y me permiten esperar tranquilo el día de mi partida.

 

Desconozco Autor

 

 

 

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