Summa
Ya puedo entonar el canto
se han abierto las palabras y las flores.
CUICAPICQUI
(El poeta).
PRESENTACION
La época en que vivimos es para millones de personas una etapa histórica confusa, sin perspectivas claras, como si el hombre hubiera vuelto a su origen, cuando la Naturaleza tenía sobre él un poder incontrastable que lo hacía víctima de fuerzas que no podía vencer ni comprender en su esencia. Sólo que hoy no es la Naturaleza la que atemoriza al hombre, sino el hombre mismo, lleno de odio que ofusca sus facultades más altas y destruye sus ideales construidos en un penoso ascenso de largos siglos. Pero también para muchos nuestra época tiene características diferentes: es un tiempo maravilloso porque corresponde a la liquidación de un pasado pleno de conflictos insolubles y al advenimiento de un régimen superior a todos los anteriores desde que la sociedad existe.
Bien mirada, la confusión que hay en el ambiente es sólo superficial, porque lo que ocurre es que de las ruinas de un sistema de la vida colectiva se levanta otro nuevo más vigoroso y más justo, que tiene como punto de partida y como finalidad suprema la superación humana. No hay nada de oscuro en este proceso para quienes comprenden cuál es su substancia verdadera, porque lo que parece, lo mismo en lo material que en lo espiritual, ya no cuenta ni puede servir para orientar la vida. Es en lo nuevo en lo que hay que poner acento del pensamiento y de la conducta, lo cual quiere decir que, como en todos los períodos decisivos de la Historia, lo importante es adoptar una actitud consciente ante la situación, ya sea optando por lo imposible -por impedir el hundimiento de un mundo incurable- o contribuyendo a que concluya para la humanidad, libre de temores, reanude su marcha hacia la felicidad con la que siempre ha soñado.
Lo vejo se derrumba en todos los lugares de la Tierra y lo nuevo nace en todas partes también. Podría suponerse que sólo en los grandes países capitalistas, que hace ya casi un siglo que entraron a la etapa final de su desarrollo y agravan cada vez más sus contradicciones internas, es en donde se presenta la lucha dramática entre lo que muere y lo que surge. Pero no es así, porque el conflicto alcanza a los hombres de todas las latitudes, a los que apenas están en la vía del progreso, no obstante que no han llegado siquiera al umbral del régimen capitalista, y a los que viven en los países nuevos en los que han construido o están edificando el socialismo. Esto se explica porque ningún régimen social desaparece de golpe, liquidando al mismo tiempo sus bases materiales y sus formas de entender la vida, su estructura económica y las instituciones políticas y las normas culturales que todo sistema de la vida social engendra.
Nuestra época de transición y los choques que provoca en la conciencia individual y en el escenario del mundo. agudizan los antagonismos especialmente en el campo del saber, en forma de una gran batalla ideólogica entre los partidarios del mantenimiento de lo que todavia prevalece y de los que quieren transformar la existencia. Por esta razón, la gran crisis influye en todos, y todos se ven obligados a examinarla en sus aspectos fundamentales y a tomar partido ante ella.
Mi preocupación mayor concierne a la juventud que vive en los países más azotados por la vorágine del cambio, porque si gran parte de los adultos no percibe las causas de su inseguridad en la vida y de sus dudas respecto del futuro, las nuevas generaciones son víctimas del desasosiego de los mayores, buscando al mismo tiempo, su propio camino sin hallarlo.
Cada generación es distinta a las anteriores. Representa la continuidad de la especie; pero no en un proceso puramente cuantitativo, sino también cualitativo. Cada nueva promoción humana tiene necesidades y aspiraciones que no son las de sus antepasados; pero como no está a su alcance la posibilidad de lograrlas desde luego, muchos jóvenes optan, conscientemente o sin saberlo, por el aturdimiento o por la fuga, tanto por causas suyas como por influencia de lo que ocurre en otras partes. Se mofan de los valores supremos, desafían a la vida con actitudes grotescas e ideas absurdas, como el que grita para no oír lo que ocurre a su alrededor, y derivan su caudal espiritual hacia los apetitos primarios, empequeñeciendo su existencia.
Lo único permanente en el cerebro de muchos jóvenes, como martilleo que no permite la meditación, es la doctrina repetida sin cesar de que los hombres no tienen el poder de crear su destino, porque todo está predeterminado, y lo único verdadero es la salvación de sus almas en un mundo que no es éste, sino otro, en donde el hombre deja de padecer para siempre y encuentra la felicidad completa.
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