
Padre, hágase Tu voluntad
Por la señal de la Santa Cruz...
Jesús mío, Tu venida a este mundo fue maravillosa, porque aceptaste padecer como un hombre cualquiera. No te faltaron tribulaciones, y sin embargo, siempre estuviste dispuesto a aliviar los sufrimientos de los demás, a acabar con sus aflicciones, a sanarlos, a consolarlos. No obstante, ahora ha llegado Tu hora, se aproxima Tu calvario. Tu muerte, inevitable, se acerca. Ante estos acontecimientos, Jesús, no quisiera dejarme vencer por el sueño, sino velar contigo. Quisiera, oh Señor, que mi oración trajera consuelo a aquellos de mis hermanos y hermanas que sufren en estos momentos. Quisiera proporcionarte, a Tí en ellos, gozo y fortaleza. Envía Tu Espíritu sobre mí para que pueda aprender a orar y logre así acercarme más a Tí.
Amén
Primer Misterio - Jesús Ora en el Huerto
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Jesús, en el Huerto de Getsemaní experimentaste dolor y angustia. Rogaste a Tu Padre que apartara de Tí el amargo Cáliz, pero añadiste inmediatamente, "Padre, hágase Tu voluntad y no la mía." Tú que habías aliviado el sufrimiento de tantos, Te encontrabas ahora solo en medio de Tu sufrimiento. Nadie estaba contigo para ayudarte. Lo hubiera podido hacer el Padre, pero tu aceptaste beber ese cáliz hasta la última gota. Cuán amarga debe haber sido tu agonía, empezaste a sudar sangre. Yo creo que en éste, Tu sudor sangriento, estaban presentes los sufrimientos y agonías de toda la humanidad. Jesús mío, gracias por cada gota de sangre que brotó con Tu sudor. Yo sé que desde ese momento la agonía de la humanidad se convirtió en una agonía redentora para el que la sufre y también para los demás. Te ruego que vuelvas tu mirada misericordiosa sobre todos aquellos que en estos momentos buscan hacer la voluntad del Padre pero no tienen la fortaleza necesaria para cumplirla. Padre, en nombre de Jesús te pido que la agonía que les causa esa lucha interior se convierta para esos hijos tuyos en una fuente de redención, a través de la aceptación de Tu voluntad. (Permanecer en silencio orando por aquellos que sufren) Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oh, Jesús mío...
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Segundo Misterio - La Flajelación
| Jesús mío, una vez aprehendido fuiste torturado en el pretorio de
Pilatos. Sé en qué consistía este suplicio: primero ataban al
condenado a una columna. Su cuerpo era entonces azotado con un
flagelo, sin piedad alguna por parte de los verdugos. Oh Jesús, al
pensar que Tú viviste esa tortura, me quedo sin aliento y mi
corazón se congela... Y no obstante, Tú, lleno de misericordia,
perdonasta a los que hirieron tu cuerpo. Es por eso, Señor, que por
Tu flagelación yo te pido que liberes a todos aquellos que se niegan a
hacer la volundad del Padre, destruyéndose a sí mismos, porque no se
deciden a desterrar de sus corazones el azote del odio y del rencor que
los flagela.
Gracias por la enseñanza de amor y perdón que nos diste, cuando fuiste azotado sin compasión. Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oh, Jesús mío...
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Tercer Misterio - Coronado con Espinas
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Oh Señor, después de tu flagelación ciñeron tu frente con una
corona de espinas. Sobre Tu cuerpo sangriento colocaron un sucio
manto color púrpura. Los que se encontraban a tu alrededor se
divirtieron a costa Tuya. No estaba ya Contigo ninguno de tus
amigos, porque habían huído lejos de Tí.
Cuando el odio comienza a fraguar planes perversos, difícilmente se detiene. No fue suficiente para tus ejecutores haberte azotado sanguinariamente sino que ahora además tenían que ridiculizarte también. Pero nuevamente su odio y rencor no lograron aniquilarte. no perdiste la calma en medio de Tus sufrimientos. Los que se burlaban de Tí vieron en Tu actitud que sentías una gran compasión por ellos y que los perdonabas, aún ea aquellos que ejercieron sobre Tí toda su crueldad. Es más, descubrieron que los amabas y que no los condenabas. Pero pudo más su perversidad. Así sucede también con ese hombre, familia, comunidad que se deja influenciar por el maligno; nunca podrá detenerse en su acción destructora. Oh Jesús, mira a todos los que son injuriados, humillados, despreciados, rechazados. Redímelos a todos con Tu corona de espinas, no dejes que sus almas sucumban bajo el escarnio de sus opresores y verdugos. No permitas que intenten vengarse respondiendo al mal con el mal. ¡Jesús, en Tu nombre, haz que abunde el perdón! Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oh, Jesús mío...
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Cuarto Misterio - Con la Cruz a Cuestas
| Jesús, Tú cargaste tu cruz hasta el Calvario. Sólo sé que
el camino que te llevó a la crucifixión estuvo lleno de horror. No
obstante, en ese mar de sufrimiento y dolor, cayeron tres gotas de rocío
que fueron un bálsamo para Tí: el encuentro con Tu Madre, el paño
de la Verónica y la breve ayuda que Simón el Cirineo te prestó, al
cargar tu cruz. Seguramente que apreciaste estas gotas de aliento en
todo lo que valían.
Que nunca me sea penoso aliviar los sufrimientos de los demás. Te pido especialmente que nos ayudes a todos a no hacernos más pesadas nuestras cruces y sufrimientos agobiándonos unos a otros. Y es que yo sé que es la voluntad del Padre que todos estemos alegres y amándonos siempre, aún en los momentos más difíciles. Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oh, Jesús mío...
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Quinto Misterio - Jesús Muere en la Cruz
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Después de haber aceptado beber hasta el final el cúliz que El
mismo te había ofrecido, encomendaste Tu Espíritu en manos del Padre y
moriste en la Cruz. Siento en este momento que debo meditar en
silencio ante todos lo hechos ocurridos en el Calvario. No hay nada
que decir, sólo que lamentar...
Jesús mío, gracias por haber padecido todo esto por nosotros. Enséñanos a amar y a perdonar. Fortalece a aquellos que por falta de amor a sí mismos, no son capaces de perdonar, destruyéndose y destruyendo a los demás con el odio y el rencor. Ayúdanos a todos a aceptar la voluntad del Padre, como Tú lo hiciste. Es éste el único camino hacia la salvación.. Te pedimos también por todos los moribundos, dales la fortaleza que necesitan para encomendar con tranquilidad el espíritu en manos del Padre. ¡Oh Señor Jesús, llévanos a Tu Paz! |
No me mueve, Señor, para quererte
El Cielo que me tienes prometido
Ni me mueve el infierno, tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor
Muéveme el verte
Colgado en una cruz y escarnecido
Muéveme el ver Tu Rostro tan herido
Muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, Tu amor, de tal manera
Que aunque no hubiera cielo, yo te amara
Y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera
Porque aunque lo que espero no esperara
Lo mismo que te quiero, te quisiera.
(San Francisco Javier)
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