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0o C
Solo cuando me asomé al espejo y noté los cambios que mi rostro ha sufrido éstos
años, medité profundamente en que el pasado se ha ido.
No es que lo añore, aunque es verdad que recuerdo de mi infancia canciones,
instantes, el calor de la cocina y el color del cielo; los perros del lugar,
los autos de los vecinos, la B grande de México, los vasos de leche con
canela y el edificio que se vino abajo en 1985; el sillón verde, la leche en
polvo, el chocolate, los chiclosos y la tele blanco y negro; la música de las
voces, y el rugido del mundo exterior.
Ahora todo es distinto. Todos crecemos y terminamos olvidando aquel lenguaje
que solíamos hablar cuando niños en nuestro afán por crecer y parecer
mayores. Y aunque en ocaciones pretenda seguir
siendo una chiquilla, ya no veo el cielo del color que veía aquel entonces.
Al menos hasta que llegue a aquel mundo, en donde la gente ya no tenga que
caminar.
Como roca de mar
Buscando trabajo, encontrando obstáculos, necesitando papeles, buena
ortografía, cartilla, credencial de elector, pasaporte, licencia para
conducir, CURP, tarjeta para las tortillas, abono de transporte, fé de bautismo en dos diferenctes
religiones, excelente presentación, 30 años de experiencia, dominar Power Point, disponibilidad de
horario, hablar 4 idiomas, buen trato con la gente y oler bién.
Aguantando a la gente del microbus y del metro y
los aromas de la gente, las miradas, las faltas de respeto y su lenguaje
simple y ordinario en donde el "estuvistes"
y el "haiga" reinan con impunidad.
Refugiando fauna mental en jarritos de porcelana internos para que no se hechen a perder con lo pútrido del exterior. Andando,
huyendo. Escapando y alcanzando el límite de la cordura. Cambiando de opinión
por miedo al fracaso o al éxito. Subestimandote,
sobreestimándote. Saciando tu sed de ego o ignorando al orgullo...
Y yo me quejo de todo eso, como si no tuviera mancha alguna en la historia de
mi vida.
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