| De izquierda a derecha: de pie, el Emperador Francisco Jos�, Maximiliano, Carlota, Luis Victor y Carlos Luis; sentados, la Emperatriz Elisabeth, la Archiduquesa Sof�a y su esposo el Archiuduqe Francisco Carlos. Los ni�os son el Pr�ncipe Heredero Rodolfo y la Archiuduquesa Gisela, hijos de Francisco Jos� y Elisabeth. (Foto: Raoul Koarty) | ||||||||||||||||
| Durante los primeros a�os del reinado de su hijo, Sof�a cumpli� los deberes de Primera Dama del Imperio. Ella era el motor de la vida de la corte; aprobaba la agenda diaria de Francisco Jos�, decid�a cuando y donde se servir�an los alimentos y elaboraba la lista de invitados a la mesa imperial. Se aseguraba siempre que los carruajes del emperador estuvieran en �ptima condiciones, con cocheros y lacayos elegantemente vestidos. Sin embargo la archiduquesa reconoc�a que �ste era s�lo un rol temporal para ella, pues Francisco Jos� tendr�a que casarse pronto. Por muchos a�os, Sof�a hab�a tenido en mente a una candidata ideal para convertirse en emperatriz de Austria. Su hermana Ludovika estaba casada con un miembro de una rama menor de su propia familia, los Wittelsbach, casa reinante de Baviera, Maximiliano Jos�, duque en Baviera. La pareja ten�a varios hijos, entre ellos cinco hermosas princesas, H�l�ne, Elisabeth, Mathilde, Marie, y Sof�a. La mayor, H�l�ne, o Nen� como era familiarmente llamada, era de la edad apropiada para Francisco Jos�.
En agosto de 1853, con la idea de hacer que ambos jovenes entablaran alguna relaci�n, Sof�a invit� a Ludovika y a sus dos hijas mayores a Ischl a celebrar el cumplea�os n�mero 23 de Francisco Jos�. Sin embargo, no fue Nen� sino su hermana menor, Elisabeth, cari�osamente llamada Sis�, quien atrajo la atenci�n del joven Emperador. En la ma�ana de 17 de agosto, durante el desayuno, Francisco Jos� habl� a su madre del encanto natural de Sis�. Sof�a trat� de convencerlo de no apresurarse a tomar cualquier decisi�n; consideraba a Sis� inmadura y ani�ada y ciertamente prefer�a a Nen�. "�No encuentras a Nen� inteligente y con una bella y esbelta figura?" pregunt� Sof�a a su hijo. Pero Francisco Jos� no se dio por vencido. Se hab�a enamorado irremediablemente de Sis�. Tanto Sof�a como Ludovika estaban decepcionadas de que Sis� hubiera sido preferida sobre Nen�, pero como ambas estaban tan entusiasmadas con la idea de un matrimonio b�varo, alentaron a Sis� para que correspondiera a Francisco Jos�. Sof�a pensaba que, debido a la corta edad de su sobrina (ten�a s�lo 16 a�os), el car�cter de la princesa pod�a a�n ser moldeado adecuadamente para ser emperatriz. El compromiso se hizo oficialmente p�blico al final de marzo en la iglesia de Ischl en donde Francisco Jos� present� a Sis� ante el sacerdote como su futura esposa. Se casaron el lunes 24 de abril de 1854. Sof�a escribi� en su diario: "Ludovika y yo escoltamos a la joven novia hasta su habitaci�n. La dej� con su madre y esper� en la antesala, junto a la gran c�mara, a donde estaba el lecho nupcial. Despu�s encontr� a mi hijo y lo conduje hasta su joven esposa, como ahora acepto que es, y les dese� buenas noches. Ella, con su natural encanto, con su hermoso cabello suelto, y envuelta en el lecho, me pareci� como un pajarillo asustado acurrucado en su nido". Sof�a les neg� toda privacidad a la joven pareja, pero tal intromisi�n le parec�a natural y no pens� que esta situaci�n pudiera incomodar a su nuera y da�ar�a las relaciones futuras enre ambas. El martes 25 de abril, Sof�a escribi� en su diario: "Encontramos (Sof�a y Ludovika) a la joven pareja desayunando en el hermoso estudio; mi hijo estaba radiante y se mostraba como un retrato de felicidad. Sis� se mostr� muy emocionada cuando su madre la abraz�. Primero quisimos dejarlos solos pero el Emperador nos detuvo y amablemente nos invit� a regresar". Cuando Elisabeth se embaraz�, Sof�a comenz� a interferir en como deb�a su nuera comportarse durante su pre�ez: En cierta ocasi�n le coment� a Francisco Jos�: "Siento que Sis� no deber�a pasar tanto tiempo con sus pericos; si una mujer est� constantemente viendo a los animales durante los primeros meses de su embarazo, los ni�os tienden a parecerse a los animales. Lo que deber�a hacer es verse a s� misma en el espejo o a ti. Entonces tendr�a mi total aprobaci�n" Conforme pasaba el tiempo, las intromisiones de Sof�a en los asuntos matrimoniales de su hijo, empezaron a causar disputas con Elisabeth. Las peores ri�as eran en lo concerniente a la educaci�n del pr�ncipe heredero Rodolfo, tercer hijo de Sis�. Sof�a estaba convencida de que Sis� era muy inmadura para supervisar la educaci�n del pr�ncipe. La archiduquesa hab�a planeado para su nieto el mismo entrenamiento que hab�a implantado en sus propios hijos, y Francisco Jos� apoyaba a su madre en todas sus propuestas; sin embargo Sis� era demasiado temperamental para dejar que su suegra hiciera lo que quisiera en asuntos que s�lo le concern�an a ella y a su marido. Lo que era a�n pero era que pensaba que todo lo que hac�a la archiduquesa era para molestarla. Esto, desde luego, no era verdad, Sof�a incluso estaba orgullosa de la belleza de su nuera y su �nico inter�s era su sentimiento patri�tico y su intenso deseo de preservar la monarqu�a. Sea como fuera, d�a con d�a se intensificaba la tensi�n entre la archiduquesa y la emperatriz. Sof�a interfer�a tambi�n con la vida rom�ntica de su segundo hijo. Maximiliano se enamor� de Paula von Linden, hija del embajador de Wurtemberg peor Sof�a la consideraba muy por debajo del rango de su hijo, e hizo hasta lo imposible por separarlos y logr� que enviaran al padre de Paula fuera de Austria. Cuando Maximiliano se comprometi� con la princesa Carlota de B�lgica, Sof�a dio su aprobaci�n a la novia de su hijo. En su opini�n Carlota era una muchacha hermosa, inteligente y fascinante y su figura rolliza parec�a ser muy apta para la maternidad. Sin embargo, cuando Maximiliano recibi� la oferta de ocupar el trono de M�xico, Sof�a se opuso rotundamente al proyecto, para disgusto de Carlota, quien ambicionaba ocupar un trono. Sof�a consideraba el asunto muy riesgoso y pensaba que la �nica manera de establecer un imperio en M�xico, era por medio de las armas. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar que Maximiliano aceptara el trono de M�xico, pero todo fue in�til, ya que Maximiliano cedi� ante la ambici�n de Carlota y acept� la propuesta de Napole�n III y los mon�rquicos mexicanos Francisco Jos�, para permitir que Maximiliano se convirtiera en emperador de M�xico, le exigi� que firmara un documento conocido como Pacto de Familia, el cual era un acta solemne de renuncia a sus derechos al trono de Austria. Maximiliano se neg� a firmar y Sof�a intercedi� en su favor ante Francisco Jos� a quien rog� que no quitara a su hermano sus derechos de nacimiento. La archiduquesa ten�a muy poca fe en el proyecto mexicano y tem�a que Maximiliano regresara a Europa, fracasado, sin dinero y privado de su herencia. Sin embargo sus ruegos fueron vanos ante el emperador a quien s�lo logr� irritar. Lastimada y herida por la actitud de su hijo mayor, dej� el Hofburgo y se refugi� en Laxenberg. Los temores de Sof�a no carec�an de fundamento; Maximiliano fracas� como emperador de M�xico, en donde la situaci�n se torn� sumamente peligrosa en su contra. Entonces comenz� a pensar seriamente en abdicar. y regresar a Europa. El padre Agust�n Fisher, sacerdote alem�n que era emisario de Maximiliano en Roma, visit� a Sof�a en Viena y le notific� la decisi�n del emperador de abdicar. La archiduquesa coment�: "Mi pobre Max, ser� muy duro para �l reaparecer en Europa como un fracasado". Fisher interpret� a su manera estas palabras y le dio su versi�n a Maximiliano en M�xico: "Uno debe enterrarse bajo las cenizas de M�xico antes de aceptar la derrota". Varios historiadores culpan a Sof�a de haber sido la causante de la decisi�n final de Maximiliano de permanecer en M�xico, pero la realidad fue otra. Cuando la archiduquesa supo que Maximiliano regresaba a Europa, se llen� de alegr�a, y esto es testificado por su dama de compa��a, la landgravine von Furstenberg, quien escribi�: "El pobre archiduque regresa a casa...mi ama estaba en estado de gran ansiedad y penaba que pod�an asesinarlo, por lo que estaba feliz de que regresara". Esta peque�a nota exonera a Sof�a de haber empujado a su hijo a permanecer en M�xico y encontrar la muerte. Carlota no pod�a resistir la idea de una abdicaci�n por lo que viaj� a Europa, dejando a Maximiliano en M�xico, para entrevistarse con Napole�n III y con el Papa P�o IX en busca de ayuda para mantener el Imperio. Durante el viaje, mostr� s�ntomas de haber perdido la raz�n, mismos que incrementaron durante las entrevistas con Napole�n y el Papa, por lo que fue confinada en su palacio en Trieste, Miramar. En enero de 1867, Sof�a escribi� una carta a Maximiliano: "Tu pobre Carlota me ha escrito una carta en la cual expresa la gran alegr�a por los regalos de Navidad que le enviamos Pap� y yo... No puedo m�s que aprobar tu resoluci�n de quedarte en M�xico, a pesar de tu natural deseo de correr al lado de Carlota. De esta manera has evitado la apariencia de haber sido expulsado y ahora que tanto amor, simpat�a y agradecimiento e indudablemente el temor de la anarqu�a que pudiera venir despu�s de ti, te mantienen en tu nueva patria, solamente puedo sentirme feliz y espero que los ricos del pa�s puedan hacer posible que permanezcas ah� y que perseveres en tu misi�n. El 26 de diciembre, Papa y yo nos reunimos por primera vez con nuestros cuatro nietos y sus padres para repartir los regalos de Navidad. Gisela y Rodolfo estuvieron encantadores con sus primos m�s peque�os. El Emperador subi� al gordito Otto (hijo de Carlos Luis y el futro padre del emperador Carlos I, el �ltimo Habsburgo) en un trineo y Rodolfo lo pase�. Franzi (Francisco Fernando, tambi�n hijo de Carlos Luis y cuyo asesinato conducir�a a la Primera Guerra Mundial). se sent� junto a Sis� y paltic� y jug� con ella. La belleza es un im�n tanto para hombres como para ni�os, mientras que las ni�as ni siquiera la notan. El siguiente domingo est�bamos todos reunidos durante el desayuno cuando la m�sica de tu reloj de Olmutz comenz� a sonar, y me pareci� como si desde lejos estuvieras mand�ndonos saludos. los ojos se me llenaron de l�grimas y el Emperador lo not�, pues se volte� r�pidamente. A pesar de todo debo esperar que permanezcas en M�xico todo el tiempo posible y que puedas hacerlo con honor". Posiblemente Sof�a se contradec�a en esta carta, pero no pod�a hacer otra cosa sino aplaudir la decisi�n de Maximiliano. Quiz�s pensaba que su hijo favorito no podr�a resistir ver a Carlota en el estado de demencia en el que estaba, y adem�s se rumoraba que esperaba un hijo que no era de Maximiliano, por lo que Sof�a prefer�a mantener a su hijo lejos de esta dif�cil situaci�n. La situaci�n de Maximiliano en M�xico empeor�; su ej�rcito fue sitiado en Quer�taro por las fuerzas republicanas del presidente Benito Ju�rez, rindi�ndose el 15 de mayo de 1867. El archiduque fue juzgado, sentenciado a muerte y ejecutado el 19 de junio. Cuando Sof�a supo la terrible noticia, exclam�: "�Esos salvajes han asesinado a mi querido y hermoso Max! Lo matraron como si fuera un vulgar criminal", y se desmay� en brazos de su esposo. Desde aquel d�a la archiduquesa se convirti�, de una orgullosa princesa en una pat�tica anciana. Se neg� a leer la carta de condolencia de Napole�n III y solo recib�a a los oficiales austriacos que ven�an de M�xico con alg�n mensaje de su hijo con algo que contar sobre �l. En 1870, Sof�a concedi� una audiencia a la se�ora Concepci�n Lombardo de Miram�n, viuda del General Miram�n, quien hab�a luchado y muerto junto a Maximiliano. La se�ora Miram�n le entreg� una medalla y un relicario que Maximiliano le hab�a dado, con la encomienda de entregarlo a su madre. Sof�a, con el rostro ba�ado en l�grimas, s�lo acert� a decir:: �Pobre Max! La se�ora Miram�n tambi�n llevaba una carta, escrita por propia mano de Maximiliano, pidi�ndole a sus padres que protegieran a la viuda y a los hijos del general en gratitud por la lealtad con que le hab�a servido. Las dos mujeres hablaron por cerca de media hora sobre Maximiliano. Sof�a concedi� a la viuda una pensi�n y envi� regalos a sus ni�os y una joya para la madre. En Navidad, los invit� a cenar con ella.. Sof�a pas� sus �ltimos a�os, desaprobando la conducta de su nuera, la emperatriz Elisabeth. Adoraba a su nieto el pr�ncipe herdero Rodolfo, quien afectuosamente correspond�a al cari�o de su abuela. Durante el invierno de 1870 a 1871, Sof�a pareci� recobrar mucho de su antiguo vigor y presidi� nuevamente sobre la alta sociedad vienesa; despu�s de todo, s�lo ten�a 63 a�os. Ofrec�a una cena cada viernes por la noche en el Hofburgo pero desaprobaba las nuevas modas e ideas y deploraba el liberalismo y la intromisi�n de los ministros h�ngaros el la corte vienesa. A principio de 1872, la archiduquesa tuvo la satisfacci�n de saber que un miembro de su familia Wittelsbach, el pr�ncipe Leopoldo, primo segundo suyo, se casar�a con su nieta, la archiduquesa Gisela, a quien estaba muy apegada por haber sido una buena nieta. Pero Sof�a no vivir�a para ver casarse a Gisela. El lunes 6 de mayo, se levant� a las cinco y media de la ma�ana para salir a una expedici�n de todo el d�a. Era una ma�ana fresca y Sof�a contrajo un resfriado que unos d�as m�s tarde se convirti� en una peligrosa bronquitis. El s�bado 11 de mayo se desmay� y as� permaneci�, tendida en su cama de enferma por varios d�as durante los cuales su familia se reuni� a su alrededor en el Hofburgo. La emperatriz Elisabeth guardo una constante vigilia junto al lecho de la enferma y Francisco Jos� coloc� el rosario de la emperatriz Mar�a Teresa entre las manos de su madre. La archiduquesa muri� finalmente el 28 de mayo de 872. Su cuerpo fue colocado en la Iglesia de las Capuchinas entre las tumbas de Maximiliano y del Duque de Reichstadt. Su esposo Francisco Carlos le sobrevivi� por seis a�os; muri� el 8 de marzo de 1878. |
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