Regresar a Maximiliano Sof�a de Baviera, Archiduquesa de Austria (1805-1872)
El archiduque Francisco Carlos
La archiduquesa Sof�a
  El 27 de enero de 1805, la futura reina de Baviera, nacida princesa Carolina Federica Guillermina de Baden, dio a luz unas gemelas: Una de ellas fue bautizada como Mar�a y a�os m�s tardes se casar�a con el rey Federico Augusto de Sajonia; la otra ni�a fue llamada Sof�a y a�os despu�s ser�a la madre de dos emperadores: Francisco Jos� de Austria y Maximiliano de M�xico.
   El padre de Sof�a, el Rey Maximiliano I Jos� de Baviera, hab�a sucedido a su primo Carlos Teodoro como elector de Baviera en 1799. En enero de 1806, un a�o despu�s del nacimiento de las gemelas, Maximiliano de Baviera recibi� la dignidad real gracias a sus alianzas con el emperador Napole�n Bonaparte, convirti�ndose en el primer rey de Baviera. Fortaleci� despu�s su alianzas con el Emperador cuando su hija Augusta se cas� con el hijastro de Napole�n, Eugenio de Beuaharnais. De su primer matrimonio con Augusta de Hesse Darmstadt, el nuevo rey de Baviera hab�a tenido una numerosa progenie; adem�s de la princesa Augusta estaban Luis, que suceder�a a su padre como Luis I de Baviera, y Carolina Augusta, quien ser�a la cuarta esposa del emperador de Austria, Francisco I. Del segundo matrimonio del rey hubo  cinco hijas, cuyos matrimonios permitir�an a su padre fortalecer sus relaciones con varios tronos de Europa: Elisabeth, se casar�a con el rey Federico Guillermo IV de Prusia, su gemela Amalia con el rey Juan de Sajonia, las gemelas Mar�a y Sof�a, con el rey Federico Augusto de Sajonia y con el segundo hijo del emperador de Austria respectivamente, y Ludovica, nacida en 1808, se casar�a con el duque Maximiliano en Baviera, y ser�a la madre de la futura emperatriz de Austria, la famosa Sisi.
   Sof�a creci� convirti�ndose en una joven alegre e inteligente, con una fuerte personalidad. Un d�a sus padres decidieron que deber�a casarse con el segundo hijo del emperador de Austria, el archiduque Francisco Carlos. Cuando se enter� del futuro que se planeaba para ella exclam�: "Nunca con ese imb�cil". Pero Austria era un vecino poderoso y no admitir�a una negativa , por lo que Sof�a se vio forzada a aceptar, Les dijo a sus padres que se casar�a con el archiduque pero les advirti�: "Estoy decidida a ser feliz y lo ser�"
Carolina de Baden, reina Baviera, madre de Sof�a
El rey Maximiliano I Jos� de Baviera, padre de Sofia.
  Sof�a de Baviera y el archiduque Francisco Carlos de Austria se casaron en 1824, en el tiempo en el que el emperador Francisco I gobernaba el Imperio Austro-H�ngaro. En 1805 las tropas del emperador Francisco fueron derrotadas por el ej�rcito franc�s de Napole�n Bonaparte en Austerlitz y como resultado el Imperio Austriaco perdi� gran cantidad de territorio. Despu�s de ser varias veces derrotado por Napole�n, Francisco I dio en matrimonio a su hija mayor, la archiduquesa Mar�a Luisa, al Emperador de los franceses, quien no ten�a herederos leg�timos de su esposa Josefina a quien hab�a repudiado, y estaba buscando una princesa de sangre real para casarse de nuevo.
   "Haz lo que �l quiera", le orden� Francisco a su hija quien obedientemente parti� hacia Francia para casarse con Napole�n en abril 2 de 1810, cuando ten�a solamente 19 a�os. Mar�a Luisa era rubia, con ojos azules, mejillas sonrosadas y peque�os p�es y manos; era nerviosa y un  poco tonta, y no amaba a Napole�n del todo; sin embargo, �l logr� conquistarla con su ternura y firmeza a la vez. Para julio ya hab�a quedado embarazada y en marzo 21, 1811, despu�s de un parto dif�cil dio a luz al primer hijo de Napole�n, y que ser�a su �nico heredero leg�timo, Napole�n Francois Charles Joseph, a quien su padre llam� el "Rey de Roma" como los herederos del Sacro Imperio Romano. Mar�a Luisa no era una madre cari�osa con su hijo; Napole�n en cmbio lo adoraba y acostumbraba sentarlo en sus piernas y gesticulaba para hacerlo re�r.
   Cuando el ej�rcito Bonapartista fue derrotado en Rusia, Napol�on regres� a Francia muy deprimido; ya no era el "invencible". A�n su ej�rcito tendr�a algunas victorias m�s en Lutzen y Butzen en Mayo de 1813 contra Rusia y Prusia. Napole�n confiaba en que su suegro, el emperador Framcisco, lo apoyar�a contra sus enemigos aliados, pero para su sorpresa, Austria permaneci� neutral y el 12 de agosto se uni� a Rusia y Prusia declarando las tres potencias la guerra a Napole�n, quien en octubre fue derrotado en Liepzig. Las tres potencias aliados entraron en Paris el 13 de marzo de 1814 y cuatro d�as m�s tarde Napole�n, que se encontraba en Fontainebleu, abdic� en favor de su hijo, nombr�ndolo Napole�n II. Pero era demasiado tarde pues el ni�o ya hab�a sido sacado de Par�s por su madre. Mar�a Luisa hab�a rogado a su esposo que le mandara a alguien que la aconsejara que actitud tomar ante la invasi�n extranjera pero Napole�n no lo hizo. La tarde del 12 de abril, en un �ltimo intento de reunirse con su esposa y su hijo, el Emperador mand� un regimiento que escoltara a Mar�a Luisa y al Rey de Roma a Fontainebeleu, pero el Primer Ministro austriaco, Clemmens von Metternich, se le hab�a adelantado y hab�a aconsejado a Mar�a Luisa que se reuniera con su padre en Ramboullet y que llevara a su hijo con ella.
   Llevado a la fuerza a Austria, el Rey de Roma, de cuatro a�os, le grit� a su abuelo: "Tu eres el enemigo de mi padre y no quiero verte; quiero ser franc�s, no quiero ser austriaco".  Pero fue hecho austriaco a la fuerza. Su nombre fue alemanizado transform�ndose en Napole�n Franz Karl Joseph y fue llamado Franz omitiendo su primer nombre que era el de su padre. Le fueron retirados todos los libros y juguetes franceses, los sirvientes franceses fueron sustituidos por austriacos y le fue prohibido hablar franc�s.
    El pr�ncipe Metternich quer�a restaurar la estabilidad que hab�a reinado en Europa antes de la Revoluci�n Francesa y del Imperio de Napole�n y hab�a decidido evitar a cualquier precio que el Rey de Roma fuera instalado en el trono de Francia, por lo que, a pesar de ser el nieto del emperador de Austria, el hijo de Napole�n fue mantenido como prisionero en Viena bajo estrecha vigilancia, mientras su padre era enviado prisionero a la Isla de Elba. En febrero de 1815 Napole�n escap� de la Isla de Elba y regres� triunfante a Par�s instal�ndose el las Tuller�as. En Austria, Mar�a Luisa dud� sobre que actitud tomar ante el regreso de su esposo, pero finalmente se qued� en Viena sin hacer nada. La gloria de Napole�n fue ef�mera; s�lo dur� 100 D�as. Fue derrotado en Waterloo y hecho prisionero. Fue enviado a Santa Elena en donde morir�a en 1821. Despu�s de la derrota de Napole�n Austria recobr� los territorios perdidos y Mar�a Luisa fue nombrada gobernadora de Parma, provincia italiana bajo dominio austriaco, por lo que se fue a Italia dejando a su hijo en Viena. El peque�o Franz necesitaba un t�tulo austriaco puesto que era el nieto del emperador, por lo que se convirti� en el duque de Reichstadt desde que ten�a seis a�os.
Napole�n Francsico,  duque de Reichstadt
  Mientras crec�a, el duque de Reichstadt demostraba ser el miembro m�s inteligente de la familia imperial austriaca. Era t�mido pero extraordinariamente inteligente para su edad. Ten�a una cara delicada y atractiva, muy parecida a la de su padre, pero pose�a una elegancia y gracia de las que Napole�n carec�a. A pesar de estar sometido a una severa vigilancia, se las arreglaba para saber todo sobre su padre. Su abuelo el emperador lo amaba m�s que a sus propios hijos, los hermanos de Mar�a Luisa, el pr�ncipe heredero Fernando, que era retrasado mental y epil�ptico y Francisco Carlos, que era una total nulidad y quien se cas� con la princesa Sof�a de Baviera en 1824, cuando el duque de Reichstadt ten�a s�lo trece a�os.
   Sof�a no era feliz en su matrimonio; la apat�a de su esposo causaba que se sintiera triste y sola y que encontrara intolerablemente tediosa la vida en Viena. El hijo de Napole�n tambi�n estaba solo en aquella corte de esperpentos austriacos y una tierna amistad surgi� entre aquellas dos almas solitarias. Primero Sof�a sent�a un cari�o maternal por el joven duque, pero conforme se transformaba de una alegre ni�a en una sofisticada joven, este amor comenz� a transformarse. En sus cartas a su madre eran frecuentes las referencias a la belleza y el encanto del Duque y la reina Carolina comenz� a darse cuenta que las relaciones de su hija con el hijo de Napole�n se estaban transformando peligrosamente en un romance.
   A fines de 1829, despu�s de seis a�os de matrimonio y varios abortos, Sof�a por fin se embaraz�. Durante todo su embarazo su bienestar fue la principal preocupaci�n del emperador Francisco. A pesar de que  el emperador se hab�a casado cuatro veces (su cuarta y �ltima esposa era la media hermana de Sof�a, Carolina Augusta), y hab�a sido padre de trece hijos, todos de su segunda esposa Mar�a Teresa de Borb�n N�poles, solo dos de varones y cinco mujeres hab�an sobrevivido la ni�ez, de los cuales el pr�ncipe heredero Fernando era d�bil mental y la archiduquesa Mariana, s�lo cinco meses mayor que Sof�a, padec�a de una horrenda deformidad en la cara y era tambi�n retrasada mental. Las esperanzas de Francisco estaban puestas en el hijo que Sof�a esperaba y de ah� su miedo a que el beb� pudiera sufrir cualquier deformidad o padecer locura o epilepsia. As� es que Sof�a pas� su embarazo en el ala m�s placentera de Sch�enbrunn. Su hijo naci� el mi�rcoles 18 de agosto de 1830. Su media hermana, la emperatriz Carolina Augusta llev� la buena nueva al Emperador: "Es un var�n, dijo, un ni�o fuerte y bien  formado". Este ni�o ser�a en un futuro, el emperador Francisco Jos� de Austria.   Durante el verano de 1831 la amistad de Sof�a con el duque de Reichstadt se intensific�. �l ten�a ahora veinte a�os y ella veintis�is. Juntos pasaban largas horas y deban largas caminatas por los jardines del palacio. Sof�a era la �nica persona en quien el duque confiaba para hablar de su padre y de la admiraci�n que por �l sent�a. A pesar de que se ve�an casi a diario, es dif�cil decir que tan lejos lleg� su intimidad. No existe casi ninguna evidencia de la correspondencia entre ellos, la cual fue quiz�s destruida por Sof�a despu�s de la muerte del duque; s�lo sobrevivieron unas cuantas notas: "Te beso con todo mi coraz�n. Aquella que te ama profundamente".
   Para octubre Sof�a estaba nuevamente embarazada. Los rumores de que el ni�o que esperaba era del duque se diseminaron por toda Viena. No existe ninguna evidencia que pruebe que esto sea m�s que un rumor.
    Durante los �ltimos d�as de 1831 el hijo de Napole�n supo que ten�a tuberculosis. En un intento por ser un digno hijo de su padre, robusto y saludable, trat� de disimular su enfermedad. Su abuelo le dio el mando de un regimiento y se sinti� tan orgulloso he sobreestim� su fortaleza en su af�n de cumplir con su deber. Se levant� despu�s de un ataque de fiebre para participar en un desfile, cuando la nieve a�n cubr�a el suelo.
Un f�cil remedio para mejorar su salud hubiera sido irse a un clima m�s c�lido, pero nadie lo sugiri� excepto Sof�a, pero nadie la escuch�. Estaba sumamente preocupada por su joven amigo y escribi�: "Es tr�gico ver a alguien tan joven y hermoso consumirse en esa forma, a tal grado que a veces parece un anciano".
   Durante el invierno Sof�a continu� esperando que la salud del Duque mejorara en la primavera cuando la corte se mudara a Sch�nbrnn. Pero fue hasta junio cuando el duque de Reichsatdt fue trasladado del Hofburgo en un carruaje cerrado a Sch�nbrunn en donde Sof�a le cedi� sus propias habitaciones, en las cuales Napole�n se hab�a quedado en su hist�rica visita a Austria, para que el duque pudiera dormir en la cama de su padre. La archiduquesa con seis meses de embarazo, lo visitaba a diario, pasando largas horas junto a su cama, habl�ndole, leyendo o bien cur�ndolo. Mientras estaba con �l, permanec�a serena y sonriente pero cuando sal�a de la habitaci�n, romp�a en llanto.
   La salud del duque se deterioraba d�a con d�a; tos�a y resollaba constantemente y estaba tan d�bil que apenas pod�a mantenerse en pie. Estaba muriendo gradualmente y pronto Sof�a tuvo que enfrentar la realidad. Estuvo de acuerdo en que deb�an de administr�rsele los �ltimos Sacramentos. El 20 de junio lo llev� a la capilla de Sch�nbrnn, donde oraron juntos. Cuando �l se arrodill� ante el sacerdote, era pr�cticamente sostenido por Sof�a.
   Sof�a vio a Reichstadt por �ltima vez el 4 de julio. Al d�a siguiente, cuando ella  no apareci� en su habitaci�n, el duque pregunt� por ella; fue informado que el confinamiento de la archiduquesa hab�a comenzado puesto que el parto era ya inminente. El d�a siguiente Sof�a dio a luz a su segundo hijo, Fernando Maximiliano Jos�. Cuando el duque recibi� la noticia del nacimiento de Maximiliano, sonri�. Sof�a segu�a a�n confinada cuando el duque muri� el 22 de julio. Su madre, Mar�a Luisa, quien hab�a apenas llegado de Parma, y el marido de Sof�a, Francisco Carlos, estaban con �l a la hora de su muerte. Sus �ltimas palabras fueron: "�Atajad los caballos! Tengo que reunirme con mi padre"  El duque fue enterrado en la cripta de las Capuchinas en la Iglesia de San Agust�n.
   El emperador Francisco escribi� en una carta a Metetrnich: "Los sufrimientos de mi nieto fueron tales que la muerte lleg� como una liberaci�n bienvenida. Tambi�n puede haber sido una bendici�n para mis hijos y para la paz del mundo, pero por mi parte siempre lo extra�ar�"
   Sof�a por su parte se desmay� cuando su esposo le dio la noticia de la muerte del duque y permaneci� inconsciente por varias horas. A partir de entonces su car�cter cambi� radicalmente; su alegr�a desapareci� y se torn� una mujer dura y amargada. Ya rara vez hablaba de Reichstadt o de ella misma y dedic� todas sus energ�as a educar a sus hijos. En 1833 dio a luz a su tercer hijo, Carlos Luis y en 1835 a una ni�a llamada Ana. Los tres hijos de Sof�a eran sanos y perfectamente normales pero Ana pronto mostr� s�ntomas de epilepsia hereditaria; muri� antes de cumplir los cinco a�os y la desolada madre se volvi� temerosa de tener otro beb�. Sin embargo, dos a�os despu�s de la muerte de Ana, Sof�a tuvo otro hijo, al que puso pro nombre Luis V�ctor, conocido simplemente por Bubi en la familia.
   El 12 de febrero de 1835, la corte de Austria celebr� el cumplea�os n�mero 67 del emperador Francisco con un gran baile. Once d�as despu�s el emperador y su esposa fueron al  Burgtheatre mientras soplaba un viento fr�o y cortante por las calles de la ciudad. Cuarenta y ocho horas despu�s el emperador era confinado en su cama con neumon�a. Muri� en la noche del 2 de marzo.   El d�bil mental Fernando se convirti� en emperador de Austria. En su lecho de muerte, el emperador Francisco hab�a firmado dos documentos  dirigidos a su hijo y sucesor. En uno ordenaba a Fernando defender y mantener la libre actividad de la Iglesia Cat�lica Romana y el otro era su testamento pol�tico en el cual insist�a que Fernando no deber�a desplazar la estructura b�sica del Estado  y no deb�a tomar decisiones en asuntos p�blicos, sin consultar al Pr�ncipe Metternich. Design� tambi�n a su hermano, el archiduque Ludwig, para presidir sobre el Consejo de Estado que gobernar�a en nombre de Fernando. Fue esta una decisi�n algo inesperada, puesto que de los seis hermanos sobrevivientes del emperador , tres eran mucho m�s h�biles que el emperador mismo: el archiduque Karl era un respetable comandante militar, el archiduque Joseph hab�a demostrado ser un diplom�tico gobernante de Hungr�a y el archiuduqe Johann era un valiente soldado y patrono de las artes. Francisco hab�a elegido, en lugar de a cualquiera de ellos, al m�s incapaz de sus hermanos para guiar a su sucesor a lo largo de su reinado. Esto daba oportunidad al pr�ncipe Metternich de gobernar libremente puesto que los tres archiduques que se le hab�an opuesto, hab�an sido hechos a un lado.
   El esposo de Sof�a, Francisco Carlos, tambi�n fue dejado fuera del Consejo de Estado, hecho que molest� a la archiduquesa, no porque confiara demasiado en las habilidades de su esposo, sino porque lo quer�a en el centro de los acontecimientos, como guardi�n de los intereses de Francisco Jos�. Sin embargo, todo lo que pudo hacer por el momento,  era esperar a que sus hijos crecieran. Mientras tanto se dedic� a guiar su educaci�n. Sof�a no confiaba en nadie m�s que en s� misma. Francisco Carlos era un buen padre en el cuarto de juegos pero no en el sal�n de estudios, hecho que oblig� a Sof�a a pedir consejo al pr�ncipe Metternich, a pesar de le disgustaba por el mal trato que le dio al duque de Reichstadt y por haber excluido a su marido del Consejo de Estado, pues reconoc�a que el pr�ncipe era un gran pol�tico. De �l escribi� la archiduquesa: "Es un placer hablar con alguien que tiene tanta experiencia, y un consumado conocimiento del mundo, y al mismo tiempo resulta tan agradable compa��a  y un delicioso conversador"
   Por su parte, Metternich, comenz� a cortejar a Sof�a puesto que ella era probablemente una futura emperatriz y con mayor certeza, la madre de un futuro emperador. Como resultado de esta nueva amistad entre el canciller y la archiduquesa, Francisco Carlos entr� a formar parte del Consejo de Estado, y dos de los mejores amigos de Metternich, el conde Henri Bombelles y el conde Coronini-Hochberg fueron nombrados tutores de los hijos de Sof�a.
La archiduquesa Sof�a y su esposo el archiduque Francisco Carlos
Los cuatro archiduques eran muy diferentes uno del otro. Francisco Jos� era el m�s bien parecido y el m�s inteligente; ten�a un fuerte car�cter y auto disciplina. Maximiliano era tierno y rom�ntico y era el favorito de Sof�a. Francisco Jos� era su fortaleza, Maximiliano su deleite.. El tercer hijo, Carlos Luis, era quien m�s se parec�a a su padre en car�cter; era un ni�o torpe y de regular inteligencia, era perezoso y ap�tico. El m�s peque�o, Luis V�ctor, era nueve a�os m�s chico que Carlos Luis y era el consentido de su madre, d�bil y afeminado.
   Los ni�os tuvieron una ni�ez feliz. La familia pasaba los meses de primavera y oto�o en Sch�nbrunn y en Lexenberg. Francisco Jos� y Carlos Luis prefer�an Lexenberg donde iban a cazar conejos y patos con su padre. Maximiliano, en cambio, prefer�a Sch�nbrunn, con su zool�gico lleno de animales ex�ticos y su jard�n bot�nico con plantas tropicales exuberantes y arom�ticas. Los veranos los pasaban en Ischl, un lugar en la monta�a en la regi�n de Salzkammergut. Alquilaban un villa cerca del r�o Traun. Sof�a crepia firmemente en las cualidades terap�uticas del los manantiales salinos del Salzkammergut. Seg�n ella la hab�an ayudado a quedar embarazada despu�s de a�os de abortos. Los ni�os eran felices ah�. Francisco Carlos beb�a cerveza y Sof�a ordenaba la comida regional que nunca se serv�a en la mesa imperial.

   En 1845, los tres archiduques mayores, Francisco Jos�, Maximiliano y Carlos Luis fueron enviados en un viaje oficial por Lombard�a y Venecia, provincias italianas bajo dominio austriaco. Las experiencias del viaje despertaron diferentes emociones en los tres hermanos; el sensible Maximiliano se convirti� en un italian�filo devoto, en cambio Francisco Jos� reconoci� que exist�a una antipat�a natural por parte de los italianos hacia los austriacos que los dominaban. Las manifestaciones de descontento bull�an por toda Italia y las revueltas empezaron a extenderse hasta la misma Viena.
   Sof�a estaba decidida a que Francisco Jos� estuviera al tanto de los problemas que enfrentaba el gobierno. Los diez a�os del reinado nominal de su cu�ado, el emperador Fernando, la hab�a convencido de la necesidad imperiosa de que un joven e inteligente monarca ocupara el trono, y Sof�a se hab�a propuesto que fuera su hijo mayor.
   En 1848 la revoluci�n que arroj� del trono de Francia al rey Luis Felipe termin� por hacer explotar la tirante situaci�n en Viena. El 13 de marzo una partida de estudiantes invadi� el Hofburgo exigiendo al emperador Fernando la renuncia de Metternich. El ejercito de granaderos, al mando del archiduque Alberto, primo hermano del emperador, fue enviado a sofocar la manifestaci�n que invad�a las calles de Viena. Sin embargo, el descontento continuaba y la familia imperial tuvo que dejar la capital y refugiarse en Olmutz. Las tropas austriacas comandadas por el mariscal Windish-Graetz sofocaron la revuelta temporalmente, pero pronto los acontecimientos se tornaron favorables a las ambiciones de Sof�a . Era inminentemente necesario que el emperador abdicara y fuera sustituido por otro cuya corona no hubiera sido ensuciada por el fango de la revoluci�n. Como hermano de Fernando, la sucesi�n correspond�a a Francisco Carlos, pero el marido de Sof�a no era el hombre id�neo; la elecci�n deb�a recaer por lo tanto en el siguiente en la l�nea de sucesi�n, su hijo mayor Francisco Jos�.
   El pr�cipe Feliz Scwarzenberg, pol�tico audaz y cu�ado de Windish-Graetz, y la propia Sof�a comunicaron al emperador que tendr�a que abdicar; Fernando no puso ninguna objeci�n; Francisco Carlos se mostr� un poco m�s reacio a renunciar a sus derechos, pero Sof�a, consciente de la incapacidad de su marido, lo convenci�. El 1 de diciembre de 1841, Fernando abdic� y Francisco Jos� se convirti� en emperador.
Los cuatro hijos de Sof�a, de izquierda a derecha: Carlos Luis, , Francisco Jos� (sentado), Maximiliano y Luis V�ctor
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