General Mariano Escobedo (1826-1902)
Maximiliano
General Mariano Escobedo
En la poblaci�n de Villa de Labradores � hoy Galeana, Estado de Nuevo Le�n, al norte de la Rep�blica Mexicana, el 16 de enero de 1826 naci� Mariano Escobedo Pe�a, hijo del matrimonio formado por don Manuel Escobedo y Rita Pe�a. Fue el menor de seis hermanos, y aunque la familia gozaba de ciertas comodidades, Mariano no tuvo la misma oportunidad que sus cinco hermanos mayores de estudiar y prepararse. Sus hermanos fueron enviados a Monterrey a continuar sus estudios mientras Mariano permaneci� al lado de su padre. Despu�s de cursa la ense�anza primaria y despu�s se dedic� a las labores del campo ayudando a su padre.. Vivi� una juventud desenfrenada, derrochando el dinero en bebidas y fiestas..
   En 1846, cuando contaba veinte a�os, se produjo la invasi�n norteamericana en M�xico y Mariano ingres� al ej�rcito. Con el grado de alf�rez particip� en varios combates, como el de la Pur�sima, Tener�as y Cerro del Obispado. Poco despu�s particip� en la batalla de La Angostura y el la del Ca��n de Santa Rosa, en donde apres� a varios soldados enemigos. Al terminar la guerra, volvi� Mariano a las labores agr�colas.
   Sus opiniones pol�ticas se inclinaban hacia el Partido Liberal; se afili� a este partido para combatir contra la dictadura del general Santa Anna y en 1855 se uni� al Plan de Ayutla, que derrocar�a a ese general. Combati� en esta campa�a al lado del general Santiago Vidaurri, y m�s tarde, durante la Guerra de Reforma, con el general Blanco, luchando principalmente en Nuevo Le�n, San Luis Potos� y Zacatecas. Particip� en la toma de Guadalajara, recibiendo el grado de coronel. El 7 de febrero de 1861, en R�o Verde, San Luis Potos�, se enfrent� Escobedo a las tropas conservadoras de Tom�s Mej�a y fue hecho prisionero; sin embargo Mej�a lo perdon� la vida y lo dej� libre.
   Al terminar la Guerra de Reforma, Mariano regres� al norte, participando en una campa�a contra los indios de la frontera que hac�an incursiones por aquellos lugares. Al comenzar la Intervenci�n Francesa organiz� una brigada, sostenida con su propio dinero, y se dirigi� a San Luis Potos� y de ah� a la Ciudad de M�xico, marchando en seguida hacia Puebla. En Acultzingo se puso a las �rdenes del General en Jefe del Ej�rcito de Oriente, Ignacio Zaragoza.
    El 5 de mayo de 1862, Escobedo particip� en Puebla en la victoriosa batalla que tuvo el ej�rcito de Zaragoza contra los franceses, siendo coronel de la brigada de San Luis. Acerca de �l , Zaragoza coment�: "Con cuatro como �ste no llegar�a un franc�s a M�xico". Por su valiente desempe�o en esta batalla se le concedi� el grado de general de brigada.
   El ej�rcito franc�s, sorprendido por esta inesperada derrota, pas� varios meses recuper�ndose y reuniendo elementos para marchar nuevamente sobre Puebla. Tambi�n a Escobedo le toc� participar en la heroica defensa de Puebla que hizo el ej�rcito mexicano, ahora al mando del General Jes�s Gonz�lez Ortega, pues Zaragoza hab�a muerto poco despu�s de su heroico triunfo del 5 de mayo. Al caer la ciudad en manos de los franceses en mayo de 1863, Escobedo fue hecho prisionero, pero escap�, cuando era conducido a Orizaba. Se rob� unos caballos gracias a los cuales pudo llegar a la Ciudad de M�xico en 48 horas. Ante el avance franc�s sobre la capital, Escobedo huy� a Quer�taro y luego a San Luis Potos�, m�s no encontrando con quien unir sus esfuerzos para continuar la lucha, se enlist� en el Ej�rcito de Oriente, comandado por Porfirio D�az, que se dirig�a a Oaxaca a defender aquella ciudad.
   Despu�s de varios d�as de sitio, Porfirio D�az  env�o a Escobedo a buscar a Ju�rez, que estaba huyendo en alg�n lugar del norte, para pedirle ayuda, ya que sin ella no podr�an resistir el sitio por m�s tiempo. Mariano emprendi� entonces su camino  y marchando solo, sin escolta, en septiembre de 1864 viaj� hasta el Istmo de Tehuantepec, evadiendo las tropas francesas, que ya se hallaban por todas partes. En el Istmo, no encontr� la manera de continuar su camino por lo que tuvo que regresar hacia el sur y ocult�ndose, a salto de mata, lleg� al puerto de San Juan Bautista en Tabasco. Enter�ndose de la ca�da de Monterrey, decidi� embarcarse a Nueva York, y as� lo hizo, disfrazado y con otra identidad, para no ser descubierto por los franceses que ocupaban el puerto. Cuando lleg� a Nueva York, Escobedo se sinti� perdido. D�ndose a entender con dificultad pues no conoc�a el idioma, logr� llegar a Washington y acudi� a la Embajada Mexicana en donde se entrevist� con Mat�as Romero, embajador en Estados Unidos del gobierno de Ju�rez. Romero le dijo que su misi�n era causa perdida ya que nada se pod�a hacer por el Ej�rcito de Oriente, pues �ste se hab�a rendido en Oaxaca ante las tropas del General Aquille Bazaine. Pero Mariano no se dio por vencido; escribi� una cartas a Ju�rez, que se encontraba en Chihuahua, inform�ndole  que estaba decido a formar un ej�rcito para defender los estados de Tamaulipas, Nuevo Le�n y Coahuila. Recorri� de regreso los Estados Unidos llagando a Texas el 13 de enero de 1865. Ah� se reuni� con dos coroneles republicanos, Francisco Naranjo y Nicol�s Gorostieta, quien hab�a regresado de Francia, a donde hab�a sido enviado cuando cay� prisionero de los franceses en Puebla.
   Los tres oficiales lograron reunir 26 hombres con los cuales atacaron y tomaron Laredo a viva fuerza. Lo reducido de su ej�rcito los oblig� a reducir su rango; siendo muy poco ej�rcito para un general y dos coroneles, Escobedo se transform� en capit�n y Naranjo y Gorostieta en sargentos.
   Para marzo, el grupo hab�a aumentado cerca de doscientos hombres con los que lograron tomar Piedras Negras, pero el parque no fue suficiente y tuvieron que abandonar la lucha, perdiendo el terreno que hab�an logrado ganar a los imperialistas. La tropa que hab�a logrado formar Escobedo se fragment� convirti�ndose en guerrillas. Comenz� entonces una guerra de guerrillas dedicada a insurreccionar los pueblos de Coahuila.
   Poco a poco Mariano fue disciplinando nuevamente su ej�rcito y pronto logr� conformar el llamado Ej�rcito del Norte , al que procur� darle los mejores armamentos, apoyado por los Estados Unidos.
   El general imperial Tom�s Mej�a guardaba el puerto de Matamoros, el cual se hallaba saturado de mercanc�as, habiendo la necesidad de enviarlas a Monterrey; se dificultaba la operaci�n por hallarse el camino infestado de guerrillas republicanas. El comerci� inst� al general Mej�a a organizar un convoy para transportar estas mercanc�as a su destino. Mej�a, de acuerdo con el general franc�s Pierre Jenningros, decidi� reestablecer comunicaci�n con Monterrey y enviar el convoy, el cual constaba de 200 carros cargados de mercanc�a, valuadas en dos millones de pesos.
   En su cuartel de Linares, Mariano Escobedo de la salida del convoy, que ser�a custodiado por dos mi. austriacos y tropas imperialistas al mando del general Rafael Olvera. Al amanecer del 16 de junio las tropas de Escobedo, apoyado por el general Trevi�o y el coronel S�stenes Rocha, emboscaron al convoy en el paraje llamado la mesa de Santa Gertrudis. Muchos mexicanos imperialistas que escoltaban al convoy se pasaron al bando republicano y los voluntarios austriacos fueron hechos prisioneros. El mot�n recogido por el ej�rcito de Escobedo fue considerable; adem�s del valioso convoy, obtuvieron once piezas de artiller�a con suficientes municiones.
   La batalla de Santa Gertrudis debilit� tanto a los imperialistas que el general Mej�a se vio obligado a entregar el puerto de Matamoros. Escobedo, con su ej�rcito compuesto por 4,000 hombres entr� a Matamoros a la una de la tarde del d�a 24 de junio de 1866.
   Una vez due�o de los estados fronterizos, Escobedo envi� municiones a Durango, San Luis Potos�, Guanajuato y Michoac�n. Recibi� la orden de dejar Matamoros y avanzar sobre San Luis, y as� lo hizo llevando consigo un convoy d 170 carros con cinco mil armas, parque, uniformes y todo lo necesario para equipar un ej�rcito. Tambi�n pudo enviar dinero para auxiliar al Presidente Ju�rez, a quien se le hab�an agotado los recursos en Paso del Norte.
   El 27 de enero de 1867 el general Miguel Miram�n atac� y tom� la plaza de Zacatecas en donde se encontraba alojado en aquel momento el gobierno de Ju�rez, quien por poco cae prisionero de los imperialistas, pero logr� huir hacia San Luis Potos�.
   Enterado Escobedo de lo que hab�a sucedido en Zacatecas decidi� avanzar hacia esa ciudad y atacar a Miram�n. Reuni� las fuerzas que ten�a en Mexquitic con las del general Jer�nimo Trevi�o y se puso al frente de ellas para dirigir personalmente la campa�a. Sabiendo Miram�n que Escobedo se dirig�a a Zacatecas, huy�. Escobedo lo alcanz� en la hacienda de San Jacinto el 1 de febrero de 1867. El combate comenz� desde la hacienda de Ledesma hasta la de San Jacinto, bati�ndolo las tropas de Escobedo por la retaguardia y por ambos flancos. Vi�ndose acosados unos regimientos imperialistas se desbandaron y determinaron la derrota total de su ej�rcito.
   Mariano Escobedo tom� prisioneros a cerca de 800 imperialistas de los cuales 600 eran mexicanos y el resto austriacos y franceses; de estos, ciento siete fueron escogidos y fusilados de diez en diez, lo que convirti� la victoria de Escobedo en una carnicer�a sin precedentes. Los fundamentos que tuvo Mariano para fusilar a los prisioneros se apoyaban en que los imperialistas hab�an dado ejemplo de inaudita crueldad al tomar Zacatecas y le parec�a indispensable hacer del castigo un ejemplo que escarmentara a los traidores debidamente. Entre los fusilados estuvo tambi�n el general Joaqu�n Miram�n, hermano de Miguel.
General Mariano Escobedo
El 13 de febrero viendo la situaci�n de su imperio perdida, el emperador Maximiliano se puso al frente de su ej�rcito y sali� de la Ciudad de M�xico, refugi�ndose en Quer�taro, que estaba en poder de sus generales Miram�n y Mej�a. La ciudad de Morelia fue recuperada por los juaristas cuando el general imperialista Ram�n M�ndez abandon� la ciudad. Los ej�rcitos del Centro y de Occidente al mando de los generales Nicol�s R�gules y Ram�n Corona, respectivamente, recibieron �rdenes de perseguir a M�ndez que se dirigi� a Quer�taro. Al enterarse los jefes republicanos que Maximiliano y su ej�rcito estaban en Quer�taro, fueron avanzando hacia esa ciudad y as� los ej�rcitos de Mariano Escobedo, Jer�nimo Trevi�o, S�stenes Rocha, Ram�n Corona y Nicol�s R�gules, estos dos �ltimos, avanzando en persecuci�n de M�ndez, sitiaron la capital queretana a principios de marzo, todos bajo las �rdenes de Escobedo.
   La acci�n no comenz� sino hasta el 12 de marzo cuando Escobedo inici� un movimiento envolvente alrededor de la ciudad, lanzando su primer ataque el 14 de marzo, dirigido principalmente al cerro de San Gregorio, al norte de la ciudad, que era defendido por el general imperialista Severo del Castillo, y contra el Convento de La Cruz, cuartel general de Maximiliano.
   El enfrentamiento fue un fracaso para los republicanos, cost�ndoles grandes p�rdidas y logrando s�lo tomar el cerro de San Gregorio, de poco valor estrat�gico.
   El 24 de marzo Escobedo recibi� los refuerzos de las tropas de Ignacio Mart�nez y Vicente Riva Palacio con 7,800 hombres, los que sumados al resto del ej�rcito reun�an m�s de 40 mil soldados. hacia el mediod�a atacaron Casa Blanca y la Alameda siendo rechazados por las tropas de Miram�n y Mej�a. En este combate muchos soldados republicanos cayeron en poder de los imperialistas. Los d�as que siguieron Escobedo realiz� varias tentativas siendo rechazado todas las veces.
   El 27 de abril, despu�s de m�s de un mes de sitio, los imperialistas trataron de romper el cerco abriendo fuego contra la l�nea republicana que resguardaba el Cimatario, lo que caus� desconcierto entre las tropas republicanas; sin embargo Escobedo, haciendo gala de estrategia militar, logr� controlar la situaci�n y despu�s de un sangriento combate, logr� impedir que los imperialistas rompieran el sitio, aunque cost� a su ej�rcito tambi�n grandes p�rdidas. Despu�s de este ataque por parte de los imperialistas, la situaci�n de Escobedo y su ej�rcito comenz� a ser desesperada y as� lo expresa el general en una carta dirigida al general Porfirio D�az:
    "Si no viene usted, levanto mis fuerzas sobre alg�n otro punto, porque ya no me es posible mantener la extensa l�nea del sitio. Venga usted y con su presencia todo cambiar�. En cuanto al mando, in�til es decirlo, yo me considerar� muy honrado si usted me juzga digno de militar a sus �rdenes."
   D�az, ocupado entonces en el sitio de la ciudad de M�xico, le contest� que mantuviera sus posiciones por algunos d�as y el se presentar�a ocho d�as despu�s.  Algunos d�as despu�s, Escobedo, viendo que los imperialistas no aprovechaban su situaci�n y no volv�an a intentar romper el cerco, cambi� de opini�n y simplemente pidi� a D�az una remesa de municiones de artiller�a, las que le fueron enviadas inmediatamente.
   El 13 de mayo Escobedo escribe:
"Ya nos desespera la prolongaci�n del sitio de la plaza. Sin embargo, por las �ltimas noticias que tenemos de la plaza, creemos que pronto terminar� y de un modo feliz, pues los sitiados est�n en una verdadera desmoralizaci�n y en extrema necesidad. Nos hace conocer tambi�n su desmoralizaci�n la constante deserci�n que est�n sufriendo, pues no hay d�a que no se nos pasen de cuarenta a cincuenta hombres. Yo espero que de un momento a otro traten de romper la l�nea, y estoy con todas las precauciones para que no salgan impunemente.
   El se�or D�az sigue bien en sus operaciones sobre M�xico. Se resolvi� a no venir; pero me mand� alg�n parque, que nos ha venido en muy buena oportunidad".

   Al d�a siguiente, 14 de mayo, alrededor de las seis de la tarde, un oficial imperialista se present� en el campamento republicano que ocupaba la posici�n m�s avanzada dentro de la ciudad, en un campo atrincherado al otro lado del r�o. El oficial se present� en el puesto de vig�a, ubicado en lo que hoy es la calle de 15 de mayo, sostenido por un batall�n a las �rdenes del teniente Concepci�n Soberanes, con un pa�uelo blanco en la punta de la espada. El oficial se identific� como el coronel Miguel L�pez y pidi� hablar con el jefe de ese sector que era el coronel Julio M. Cervantes, a quien le dijo que tra�a un mensaje para el general Escobedo. Cervantes mand� avisar a Escobedo, quien se present� media hora despu�s. L�pez le rog� que lo escuchara en privado, a lo que Escobedo acept� quedando ambos hombres solos. Hablaron por m�s de media hora. La versi�n que Escobedo da de �sta conversaci�n, se puede leer en el Informe que Escobedo escribir�a veinte a�os m�s tarde sobre los sucesos de Quer�taro. Al terminar la conversaci�n, Escobedo orden� a Cervantes que escoltara a L�pez hasta sus l�neas. Mariano Escobedo regres� inmediatamente a su cuartel general y requiri� inmediatamente la presencia del general Francisco A. V�lez, quien alg�n d�a hab�a militado en las tropas conservadoras, a quien dio orden de estar en las afueras del Convento de La Cruz a las dos de la madrugada en espera de L�pez con quien hab�a pactado la entrega del Convento. En seguida dio �rdenes a sus oficiales para estar prevenidos en caso de alguna posible traici�n y de preparase para tomar la ciudad.
   En efecto, seg�n lo convenido con Escobedo, L�pez se reuni� con V�lez en las afueras del convento, a donde guiados por el mismo L�pez, los republicanos penetraron y en menos de una hora ocuparon la huerta, el cementerio y el convento en s�. Escobedo sin estar a�n enterado de la toma del convento, e impaciente por no tener noticias de lo que hab�a sucedido, se encamin� personalmente hacia La Cruz, y al entrar al pante�n fue informado por el teniente coronel Agust�n Lozano, que el convento ya estaba en poder de los republicanos.
   Maximiliano, enterado de que el convento hab�a sido tomado, sali� de ah� y se dirigi� al Cerro de las Campana, en donde se rindi� enarbolando una bandera blanca. El general Ram�n Corona lo tom� preso y lo condujo hacia la garita de San Pablo en donde se reuni� con Mariano Escobedo, quien dialog� a solas con el vencido emperador, terminando la conversaci�n cuando Maximiliano entreg� su espada al general, quedando �l y sus oficiales como prisioneros de guerra.
   El 20 de mayo Mariano recibi� en su cuartel general en la hacienda de H�rcules, la visita de la Princesa Agnes de Salm-Salm, esposa del pr�ncipe del mismo nombre, que pele� al lado de Maximiliano, y que se hallaba preso junto con �l, solicitando permiso para ver a su esposo y al  emperador. Ese mismo d�a Escobedo recibi� nuevamente a la Princesa, esta vez acompa�ada de los prisioneros, Salm-Salm y Maximiliano, quien rog� al general que le permitiera embarcarse a Europa con su comitiva prometiendo no volver a mezclarse en los asuntos de M�xico y de ordenar la rendici�n de las ciudades de M�xico y Veracruz, que todav�a estaban en poder de los imperialistas. Escobedo, con cierta reserva se limit� a decir que trasmitir�a a Ju�rez las proposiciones del Emperador. Desde luego el Presidente contest� en forma negativa.
   En su Informe de 1887 para el general D�az, Escobedo menciona esta visita de Maximiliano a su cuartel, diciendo que tuvo lugar el d�a 18 de mayo en lugar del d�a 20 y durante ella, seg�n Escobedo, Maximiliano le pidi� autorizaci�n para viajar a San Luis Potos� a hablar con el Presidente Ju�rez; jam�s se menciona que la princesa Salm Salm haya estado presente. La princesa menciona dicha entrevista en su diario, sin hacer alusi�n a fechas:
  
"Me volv� luego al cuartel de Escobedo a quien encontr� de muy buen humor, porque estaba esperando a su hermana a quien no hab�a visto hac�a muchos a�os. Me dijo que no pod�a salir pero que recibir�a al Emperador con sumo placer si �ste quer�a hacerle una visita acompa�ado de m� y de mi marido...El Emperador se sinti� bastante fuerte para salir, me dio el brazo y seguidos del coronel Villanueva y de mi marido, bajamos las escaleras... Fuimos en coche hasta la Hacienda de H�rcules...El general Escobedo vino a encontrarnos y dio al Emperador la mano...y el Emperador dijo al general Escobedo que ten�a que hacer en su nombre algunas proposiciones..."
   El doctor Basch, m�dico particular del Emperador, a quien acompa�� durante todo el sitio, asegura en cambio  que la visita al cuartel de Escobedo se llev� a cabo el d�a 20:
"
Mayo 20
.....Despu�s de que  habl� con el Emperador se dirige la princesa al campamento de Escobedo y vuelve a eso de las cuatro con el coronel Villanueva. Poco despu�s se presenta otro ayudante de Escobedo, el coronel Palacios, con orden de conducir al Emperador al cuartel general...El Emperador, a pesar de estar tan d�bil, se levanta de la cama para acudir al llamado de Escobedo y se dirige al campamento en compa��a del Pr�ncipe y la Princesa Salm Salm, del coronel Villanueva y de Palacios...Me cuenta el Emperador, que se encontr� a Escobedo mucho m�s benigno que de costumbre, y que todo pas� convenientemente por una y otra parte.

  
El pr�ncipe Salm que en la entrevista hac�a de mediador me cuenta lo siguiente:
1� El Emperador est� pronto a dar la orden de que se rindan las dos ciudades de M�xico y de Veracruz, ocupadas todav�a por las fuerzas imperiales.
2� Est� iguamente pronto a declarar que para nada se mezclar� ya en los asuntos de M�xico.
3�  Que se le d� una escolta que lo acompa�e a Veracruz con las personas de su comitiva.
En cuanto a los oficiales mexicanos ruega al gobierno que se les tenga consideraci�n."

  Basch hace alusi�n a otra entrevista que tuvo Escobedo con el Emperador, la cual seg�n el m�dico, tuvo lugar el d�a 19 en la celda de Maximilaino en el convento de las Teresitas y no fue m�s que una mera formalidad.
   Escobedo menciona en su
Informe a otra entrevista con Maximiliano, misma que tuvo lugar el d�a 28 de mayo en la prisi�n del Emperador, visita hecha espont�neamente por Escobedo a su prisionero; seg�n el general, en ella le pidi� Maximiliano guardar el secreto de la entrevista tenida con L�pez, por orden de �l mismo, para entregar la plaza. Esta visita realizada por Escobedo, no es mencionada por Basch en sus Recuerdos de M�xico. �Por que habr�a Maximiliano de esperar hasta el d�a 28 para hacer esa importante petici�n, y m�s a�n en una entrevista no solicitada por �l, cuando ya hab�a tenido otras pl�ticas con su captor?
Escobedo tambi�n visit� a los generales Miram�n y Mej�a. Como Miram�n hab�a sido herido durante la toma de Quer�taro, se refugi� en casa del doctor Licea, quien lo delat� a Escobedo, adem�s de robarle su cartera, sus papeles y algunas onzas de oro que portaba Miram�n en su levita. Escobedo se present� en casa del m�dico para regresarle al herido sus pertenencias:
-"General, le dijo, aqu� tiene usted su cartera; le aseguro bajo palabra de honor que no he le�do sus papeles".
   A Mej�a lo visit� uno d�as antes de tener lugar la ejecuci�n, en su celda del convento de las Capuchinas para proponerle dejarlo escapar en pago por la ocasi�n en que Mej�a le salv� la vida en R�o Verde. Mej�a declin� el ofrecimiento.
   La �ltima visita que Escobedo hizo al Emperador fue en la v�spera de su ejecuci�n, a las once de la noche del d�a 18 de junio:; Maximiliano coment� a su m�dico: "Escobedo vino a despedirse de m�; �Vaya! De mejor gana hubiera yo seguido durmiendo".
   Maximiliano, Miram�n y Mej�a fueron fusilados en la ma�ana del 19 de junio en el Cerro de las Campanas.
   Veinte a�os despu�s del sitio de Quer�taro, el 29 de abril de 1887, Mariano Escobedo recibi� una carta del coronel Miguel L�pez pidi�ndole que revelara la verdad sobre lo ocurrido en Quer�taro, cuando cay� el ejercito imperialista. Fue entonces cuando Escobedo public� su Informe, dirigido al entonces presidente de la Rep�blica, Porfirio D�az. En �l exculpaba Escobedo a L�pez de haber traicionado a Maximiliano, diciendo que el coronel actu� en nombre de su emperador. Sin embargo existen m�ltiples contradicciones en este
Informe, como la de la entrevista entre el general y el emperador descrita arriba. Diez a�os despu�s de publicado su Informe, Escobedo incurri� en nuevas contradicciones durante una entrevista con el Bar�n Gustav Gostkowsi, liberal franc�s que radic� mucho tiempo en M�xico, y que se preciaba de ser muy amigo del general. Seg�n Gostkowsi, en dicha entrevista, Escobedo asegur� que se hab�a entrevistado tres veces con L�pez, mientras que en el Informe s�lo se refiere a una sola entrevista. Por otro lado el 15 de mayo, d�a en que cay� Quer�taro, Escobedo envi� a Ju�rez una carta anunci�ndole la toma de la ciudad por las fuerzas republicanas, omitiendo mencionar la intervenci�n de L�pez.
   �Por qu� se contradice Escobedo en su informe? �Dec�a la verdad al exculpar a L�pez de la traici�n y culpar a directamente a Maximiliano? Escobedo no ten�a porque mentir; como �l mismo lo dice, para �l era lo mismo qui�n hubiera entregado la plaza; �l se aprovech� de ese ofrecimiento, haya venido de quien haya sido, para tomar la ciudad sin derramamiento de sangre. Sin embargo, no solo no aprehendi� a L�pez como lo hizo con Maximiliano y con los dem�s oficiales,  sino que  adem�s le expidi� un salvoconducto para viajar a M�xico y Puebla y adem�s una carta de recomendaci�n para Porfirio D�az. �Cual fue la realidad?, quiz� nunca lo sabremos.

   Tres a�os despu�s del sitio de Quer�taro, Mariano Escobedo solicit� al Presidente Ju�rez su baja del ej�rcito, alegando una enfermedad cr�nica. Ju�rez rehus� concederle la baja, pero le concedi� una licencia temporal. Fue elegido gobernador de San Luis Potos� y despu�s de Nuevo Le�n, ocupando posteriormente la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia Militar. En 1876 bajo el gobierno de Sebasti�n Lerdo de Tejada, fue nombrado Ministro de Guerra y combati� los levantamientos de Porfirio D�az contra el gobierno. Al triunfo de D�az, Escobedo trat� de combatir el nuevo gobierno pero fracas� y fue apresado en la hacienda de Cuatro Ci�negas, propiedad de Don Jes�s Carranza. Conducido a M�xico fue encarcelado en la prisi�n de Santiago Tlatelolco el 13 de septiembre de 1878, siendo liberado poco despu�s y recluido en su propio domicilio, con ciertas prerrogativas. El 28 de abril de 1879 viaj� a Nueva York en donde se reuni� con Lerdo de Tejada, de quien era incondicional.
   De regreso en M�xico, en 1884 fue diputado por Aguascalientes y en el 86 lo fue por Celaya. En 1888 al salir de la Presidencia Manuel Gonz�lez, quien no hab�a sido m�s que un t�tere de D�az, Escobedo se mencion� como candidato presidencial obteniendo s�lo el uno por ciento de los votos, mientras D�az resultaba electo con el noventa y ocho por ciento.
   En 1889, al morir Lerdo de Tejada, Escobedo fue comisionado por D�az para recoger el cad�ver como repreesentante oficial del Gobierno Mexicano. Despu�s de 1890 continu� siendo diputado por diversos estados, excepto por Nuevo Le�n, y teniendo en 1896 a su hijo Mariano como suplente.
   Mariano Escobedo se retir� definitivamente del servicio militar poco antes de su muerte, siendo aun diputado. Falleci� el 22 de mayo de 1902 en la ciudad de M�xico.
Informe del General Mariano Escobedo al Presidente de la Rep�blica, General Porfirio D�az. 1887
Entrevista con el General Mariano Escobedo, por el Bar�n Gustav Gostkowski, 1897
Carta del General Mariano Escobedo al Presidente Benito Ju�rez, 15 de mayo de 1867
Mariano Escobedo
Bibliograf�a
Moreno, Daniel: El Sitio de Quer�taro, Ed. Porr�a
Taibo, Paco Ignacio II: El General Orej�n Ese; Ed.Planeta
Junco, Alfonso: La Traici�n de Quer�taro; Ed.Campeador
Rivera Cambas Manuel: Historia de la intervenci�n europea y nortemaericana en M�xico y del Imperio de Maximilaino de Habsburgo
Flores Tapia Oscar, : Mariano Escobedo, la lealtad republicana: Cuadernos de Lectura Popular, SEP
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