LE ANGE MAUDIT

Disclaimer: A pesar de que creo que Mulder y Scully les pertenecen a los fans, lo cierto es que legalmente son propiedad de Chris Carter y de la Fox. No gano un euro con esto. �Ah! Los dem�s personajes s� que son mios. �Chris, ni se te ocurra robarmelos!

Dedicatoria: A mi peque�a Andrea que cumpli� dos a�os el mismo d�a que empec� a escribir este relato; una vez m�s se lo dedico a mis mejores amigas, Puri, Rocio, Ana Mari y Estefa, que gracias a ellas s� lo que es la verdadera amistad. Os lo dedico, porque nunca hab�a tenido unas amigas como vosotras. Siempre habeis estado ah� y nunca me habeis fallado. Gracias de nuevo chicas. �Soys las mejores! �Ani, siento no haberte dedicado el primero! Fue un error de imprenta, t� sabes...

Se lo dedico a mis padres y a mis hermanos por todos los a�os que llevan aguantandome; tambi�n est� dedicado a mi profesora de lengua y literatura, porque ley� mis historias y me anim� a seguir escribiendo; y por �ltimo, a todos los amigos que he conocido por Internet, gracias a esta maravillosa serie: Marta, Albin, Natalia, Sam...

Notas de la autora: Es el segundo fanfic que escribo y como el otro no era muy bueno, pues espero que este os guste m�s. Recibo todo tipo de opiniones en la siguiente direcci�n: [email protected]

Spoilers: Ninguno. No existe ni la s�ptima ni la octava temporada.

Tipo: XF, UST y un poco de MSR.

 

 

Bosque de los alrededores de Villa Di Ostren. A�o 1456.

Hacia ya varias horas que la tormenta hab�a hecho su aparici�n en el h�medo y fr�o bosque. La lluv�a ca�a fuertemente; los rel�mpagos alumbraban varios kil�metros al caer; los truenos provocaban temblores en las personas que los o�an y el viento soplaba como s� quisiera arrasar con todo.

El bosque estaba oscuro y s�lo se iluminaba de vez en cuando, cuando los rel�mpagos caian. S�lo los buhos y las lechuzas contemplaban la tormenta que les acompa�aba en la oscura noche.

Una j�ven de oscuro y rizado cabello, corr�a desesperada por un sendero del bosque. De sus ojos manaban l�grimas; l�grimas de terror. De vez en cuando volv�a la vista hacia atr�s, para ver s� la segu�an. Las ramas de los �rboles le daban en la cara cuando intentaba correr, ya que su vaporoso vestido medieval, le imped�a correr con rapidez. Cuando crey� que nadie la segu�a, volvi� la cara atr�s un momento. La tormenta hab�a cesado ya y no se o�a un solo ruido en el bosque. La joven, vi� de repente, como peque�as lenguetas de fuego, sal�an de entre los arbustos. En un abrir y cerrar de ojos, se vi� rodeada, de un grupo de personas. Todas ellas iban vestidas con capuchas negras y portaban en sus manos antorchas encendidas.

La joven empez� a llorar amargamente, al ver que ten�a la muerte pr�xima. Se tumb� en el suelo, mientras intentaba ahogar un grito de desesperaci�n. Uno de los encapuchados, se sac� un pu�al de la capucha y se lo clav� justo en el coraz�n, mientras todo el coro cantaba una extra�a canci�n en lat�n.

Despu�s de matar a la j�ven, el asesino apag� su antorcha y carg� a la muchacha en sus brazos. Se dirigi� por un sendero pedregoso y sus acompa�antes le siguieron, mientras segu�an cantando en lat�n. Llegaron hasta una peque�a ermita. Uno de los encapuchados, abri� el port�n y lo cerr� cuando entraron todos sus compa�eros. El asesino, tumb� a la j�ven en el altar y �l y sus compa�eros se arrodillaron ante el altar, mientras volv�an a cantar la canci�n. De repente, todo empez� a temblar. Las antorchas se apagaron y una luz resplandeciente se concentr� detr�s del altar. La luz comenz� a tomar forma, convirtiendose en una silueta de mujer. �sta estaba entera vestida de negro y sus ojos eran el vivo reflejo de la maldad y la muerte. Toc� el pecho herido de la j�ven asesinada y meti� la mano dentro de la herida, extray�ndole el coraz�n. Se llev� el coraz�n de la v�ctima a su pecho y el coraz�n despareci�. Acto seguido, desaparici� ella tambi�n.

 

Oficinas centrales del FBI.

A�o 2000. 8:00 a.m.

El agente Mulder, estaba leyendo el informe de un nuevo caso. Llegaba desde un pueblecito perdido de Italia. Estaba plet�rico y fel�z ante la posibilidad de investigar un nuevo caso, adem�s quiz�s el romanticismo italiano, le ayudara a declararse a la agente Scully, aunque �l sab�a de sobra que era m�s f�cil que el pato Donald diera un golpe de estado y se hiciera con el gobierno que �l se declarara a Scully.

Le daba miedo la reacci�n que podr�a causar en �sta y tem�a que al saber sus sentimientos, ella se alejara de su lado. Decidi� dejar de pensar en su vida sentimental y se concentr� en el caso. Era un caso aparentemente normal a simple vista, pero �l hab�a encontrado algo paranormal. Mientras segu�a ojeando el informe, pens� en como le sentar�a a Scully, tener que invetigar un caso en un pueblecito medieval, perdido en un valle italiano.

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Mientras entraba en el ascensor, Scully se preguntaba qu� diablos querr�a Mulder, cuando la hab�a llamado para decirle que se presentara inmediatamente en la oficina. Era un domingo y ella quer�a descansar, pero trabajar con Mulder era olvidarse de los fines de semana, de las vacaciones y de la vida social.

El ascensor lleg� al s�tano y Scully se baj�. Los pasillos del FBI estaban completamente desiertos y por un momento, Scully se alegr� de que no hubiera nadie, ya que as� no tendr�a que aguantar como los dem�s agentes la miraban y cuchicheaban a sus espaldas, sobre su supuesta relaci�n amorosa con el Siniestro Mulder.

No le gustaba que los dem�s hablasen de ella, pero deseaba que de verdad fuese cierto lo que murmuraban.

Lleg� a la puerta en la que hab�a una peque�a placa que dec�a: "Agente Especial Fox Mulder", abri� y entr�, encontr�ndo a su compa�ero inmerso en una catidad de papeles y carpetas. Como �ste parec�a no haberse percatado de su presencia, Scully cerr� la puerta, dando un peque�o portazo. Mulder levant� la vista de los informes y se levant� muy sonriente.

-Buenos d�as Scully. �Qu� tal has dormido? Perdona que te haya levantado tan pronto, no fue mi intenci�n molestarte un domingo. –Dijo mientras la guiaba por los hombros y la sentaba en su silla.

-�Quieres un caf�? –Pregunt�. Scully estaba asombrada ante tanta amabilidad por parte de Mulder. �De verdad ser�a �l?

-�Qu� te pasa hoy? –Pregunt� mientras arqueaba su t�pica ceja.

Mulder le llev� el caf� y volvi� a prepararse otro para �l.

-�Por qu� ha de pasarme algo? –

-Porque en primer lugar, me has saludado demasiado amablemente; me has pedido disculpas por haberme traido a trabajar un domingo a las ocho de la ma�ana: me has sentado en tu silla y me has preparado un caf�. �No te parece qu� tengo suficientes motivos para pensar que no eres t� o que est�s raro? Venga dime, �traigo el estilete y te doy con �l en la nuca? –

<<�Y yo soy el rey del sarcasmo?>> -Pens� Mulder.

-Bueno... –A�adi� mientras se sentaba en la silla que sol�a ocupar Scully. –ser amable es lo menos que puedo hacer despu�s de haberte sacado de la cama tan temprano y encima un domingo. Supongo que tendr�as planes para hoy y yo te los he estropeado. –

-No te preocupes, le dir� a Harrison que no puedo comer con �l porque tengo que trabajar contigo. –

-�Harrison? �Qu� Harrison? –

-Ford. Harrison Ford. No te preocupes Mulder, no ten�a planes importantes. Bueno, empecemos a ponernos serios, �qu� pasa ahora? �Tengo que hacer alguna autopsia? –

-No todav�a. –

-�No todav�a? -<<�Qu� te traes entre manos, Mulder?>> se pregunt� Scully.

-Scully... �qu� te parece Italia? –

<<�Ahora me preguntas que qu� me parece Italia? �Qui�n eres t� y que has hecho con mi Mulder? Desde luego que est� raro. Me ha preguntado que qu� me parece Italia. �Y para qu� leches me pregunta eso? Bueno, podr�a contestarle que Italia es la sede de la Iglesia Cat�lica, que es un pa�s con mucha historia y que sus ciudades son los lugares m�s rom�nticos de la tierra y s� tuviera que elegir un lugar para perderme con �l, no dudar�a en elegir Italia. >>

-�Italia? Bueno... nunca he estado ah�, pero me han hablado de ese pa�s. –

-�Estudiaste alguna vez el Renacimiento en Italia? –

-No... no lo estudi�, pero he o�do algo. Oye, �qu� es lo que pasa? Porque no me creo que me hayas levantado a las ocho de la ma�ana para hablarme del Renacimiento italiano. –

-�Sabes, Scully? En las aldeas medievales italianas del siglo XV, la gente cre�a en todo tipo de cosas. Bueno, voy a dejarme de rodeos. Mira estas diapositivas. –Acto seguido, le dio al aparato de las diapositivas y en la pantalla aparecieron varias fotograf�as de chicas. Todas estaban muertas. Sus ojos estaban abiertos y ten�an una expresi�n de miedo que Scully y Mulder no hab�an visto nunca antes. Ten�an una herida en el pecho izquierdo, la cual parec�a ser la causante de la muerte.

Mulder par� el aparato de las diapositivas y comenz� a hablar.

-Desde hace a�os, incluso la gente dice que siglos, vienen apareciendo j�venes asesinadas en un bosque de los alrrededores de la Villa Di Ostren, un pueblecito italiano cuya historia se remota al siglo XII de la Era Cristiana. Todas son j�venes muy bonitas y son apu�aladas. Despu�s de matarlas, el asesino o los asesinos les extraen el coraz�n. –

Scully le mir� extra�ada. -�D�nde est� el Expediente X? –Pregunt� incr�dula.

-Ver�s... la gente de la aldea, dicen que desde hace siglos, por las noches, se oyen en el bosque gritos desgarrados de mujer y hay qui�n asegura haber visto correr por el bosque, durante la noche a una mujer vestida con ropas medievales. –

-�Me puedes explicar que leches quieres hacer con este caso o tendr� que adivinarlo? –

-No se yo, Scully, pero no te pareces mucho a Aramis Fuster, aunque las dos sois pelirrojas... bueno, supongo que te lo explicar�: Vamos a ir a Italia a investigar el caso. –

Scully le lanz� una de esas miradas que te hielan la sangre y te paralizan y le dijo enfadada:

-Mira Mulder, �no pienso ir a una aldea perdida de Italia a investigar un CLARO caso de ASESINATO que nada tiene que ver con lo PARANORMAL, as� que si no tienes nada m�s que decirme, me marcho a casa, porque por si no lo sab�as, hoy es domingo y yo ahora deber�a estar en la cama! –

-Venga, Scully, �no ir�s a dejarme colgado ahora? Scully vamos a Italia, investigamos y s� no encontramos nada paranormal, pues hacemos turismo rural italiano. Venga, ser�n como unas vacaciones. El FBI lo paga. –Mulder le lanz� una de sus miradas de cachorrito a la que Scully no pudo negarse.

-�Est� bien! –Suspir� en tono de resignaci�n. –Ir� a Italia, pero s� no sacamos nada paranormal, la pr�xima vez que me presentes un caso y a mi no me convenza, lo dejaremos pasar, �OK? –

-Uhmm, no puedo prometerte eso, Scully. –A�adi�, mientras se colocaba su gabardina y abr�a la puerta de la oficina. -�Ah! Salimos hoy a las doce del mediod�a. Paso por tu casa a las once y media y lleva ropa de abrigo. –

 

Avi�n con destino a Roma. 18:20 p.m.

Mulder iba mirando por la ventanilla del avi�n. Le gustaba sentarse al lado de la ventanilla, para poder observar las nubes. A veces, cuando no le asaltaban las pesadillas y su insomnio le daba una tregua, so�aba en �l estaba montado en una nube. En otra estaba su hermana Samantha y en otra estaba Scully. Ambas le llamaban para que fuera hacia ellas, pero �l no sab�a a cu�l elegir. A veces so�aba que eleg�a a su hermana y al montar en su nube, ve�a como Scully se convert�a en cenizas. Entonces corr�a hacia ella, pero s�lo pod�a tocar el tacto suave de la nube. Mir� un momento a Scully y vi� que est� se hab�a quedado dormida sobre su hombro. Apoy� su cabeza sobre la de ella y trat� de dormir �l tambi�n, hasta que la petici�n de la azafata de que se abrocharan los cinturones porque el avi�n iba a aterrizar, le despert�.

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Mulder y Scully iban sentados en la parte de atr�s del taxi que los conduc�a de camino a la Villa Di Ostren. El sol hac�a ya rato que se hab�a ocultado y empezaba ha hacer fr�o.

El taxista prendi� la radio, pero all� arriba las comunicaciones era muy malas y la emisora casi no se o�a.

-�Est� seguros de qu� quieren ir a Villa Di Ostren? –Pregunt� el taxista.

Mulder y Scully se miraron extra�ados.-S�. Queremos ir a Villa Di Ostren. �Por qu� lo pregunta? �Es qu� hay alg�n problema? –Pregunt� Mulder.

-No... nada, nada. –El taxista le dio a un bot�n y se cerraron todas las ventanas y las cerraduras del coche.

-�Oiga! –Exclam� Scully alarmada. Esto no empezaba a gustarle. -�Por qu� ha hecho eso? –

-Oiga, amigo, somos del FBI y vamos armados, as� que no intente hacer nada. –Dijo Mulder en tono amenazador.

-�El FBI? �El FBI Americano? –

-�Cu�ntos FBI conoce? –

-�Y... y qu� hace el FBI por estas tierras? –Pregunt� el taxista.

Mulder ignor� su pregunta.

-�Por qu� ha echado las cerraduras de las puertas y porque ha cerrados las ventanas? –

-Ver�... es que... me da mucho miedo venir de noche a la Villa Di Ostren. Ustedes no saben lo que ocurre por aqu�. –

-�Qu� es lo que ocurre? –Pregunt� Scully.

-Ver�, se�orita, pero desde hace a�os, incluso hay quien habla de siglos, vienen asesinando a jovenes de esa aldea. Todas aparecen muertas en el bosque y quiera que no, a uno le da miedo. Supongo que habr�n venido a invetigar lo de la �ltima j�ven, �verdad? cada diez a�os asesinan a varias muchachas. La polic�a cree que es un loco o un asesino en serie, pero ya en la �poca de mis bisabuelos, ven�an ocurriendo estos sucesos. –

-�Es cierto que se oyen gritos desgarradores de mujer por la noche en el bosque? –Pregunt� Mulder, quien cada vez estaba m�s interesado en el caso.

-Personalmente, nunca lo he o�do; bueno, la verdad es que de noche no suelo venir mucho por aqu�. Siempre lo evito. Me da miedo. –

Se hizo un largo silencio. Cuando Mulder acert� a darse cuenta, vi� que Scully hab�a vuelto a quedarse dormida sobre su hombro. La abraz� y le acarici� el cabello.

-�Es su novia la se�orita? –Pregunt� el taxista.

-�No! Es mi compa�era. –

-�Vaya! Pues nadie lo dir�a. –

-�Por qu� lo dice? –

-Bueno... es que a simple vista parecen una pareja. –

Finalmente, llegaron a la Villa Di Ostren. Las casas eran todas de la Edad Media. Estaban echas de piedra blanca y los techos parec�an estar echos de paja o barro, aunque tambi�n hab�a muchas casas con los techos de tejas. No hab�a farolas, sino que en cada esquina hab�a artochas encendidas.

-Bella Durmiente hemos llegado. –Susurr� a Scully en el oido.

�sta abri� los ojos lentamente y sonri�.

-Volv� a quedarme dormida. –

Ambos salieron del taxi. Sacaron sus escasas maletas y se fueron a ver si encontraban un hostal. A pesar de que eran las once de la noche, aun hab�a personas en las calles empedregadas.

-Disculpe. –Dijo Mulder a una anciana, pero �sta parec�a no hablar el ingl�s. Scully se acerc� a ella y comenz� a hablarle en lat�n.

-�D�nde puedo encontrar un hostal? –

La anciana les se�al� una calle y los dos agentes se alejaron de all�.

-�Qu� le has preguntado, Scully? –

-Le he preguntado en lat�n que si sab�a de alg�n hostal en el pueblo. –

-�Lat�n? Cre�a que en Italia se hablaba italiano. –

-Ya, pero aun hay gente en estos pueblecitos que contin�a hablando lat�n. –

Llegaron hasta una peque�a posada del siglo XVII. Mulder y Scully entraron y se dirigieron al mostrador, pero nadie sali� a recibirles, a lo que Mulder toc� varias veces al timbre. A los pocos minutos, una se�ora de mediana edad, algo regordeta, pero de semblante simp�tico sali� a recibirles.

-�Americanos? –Pregunt� en un correcto ingl�s. Mulder y Scully asintieron levemente con la cabeza y la se�ora pregunt�:

-�Desean una habitaci�n? –

-Que sean dos. –A�adi� Scully.

-Me temo que no va a ser posible. S�lo tengo cuatro habitaciones y tres de ellas est�n ocupadas. Dos las ocupan un matrimonio de turistas romanos y sus hijos y la otra est� ocupada por una pareja de periodistas, as� que a no ser que prefieran dormir en mi cocina, tendr�n que dormir en la misma habitaci�n. –

-No se preocupe, sobreviviremos. –Dijo Mulder, mientras cog�a la llave y tiraba de Scully hacia las escaleras.

La habitaci�n n�mero cuatro parec�a estar acorde con el resto de la posada. Las paredes parec�an no haber sido lavadas en decenios; las cortinas de las ventanas ten�an m�s polvo que arena hay en el S�hara; la bombilla de una de las lamparitas de noche estaba fundida y el colch�n de la cama era demasiado blando. -�Vamos a quedarnos en esta pocilga, Mulder? –Pregunt� Scully mirando fijamente a su compa�ero.

-No s� t�, pero a m� no me hace gracia tener que ir a hospedarme a un pueblo que se encuentra a diez kil�metros de aqu� y tener que venir todos los d�as. –A�adi� mientras arrojaba las maletas al suelo y se tumbaba en la cama. Scully fue a refrescarse un poco la cara al ba�o. Mientras se miraba en el espejo oy� a Mulder llamarla. -�Scuuuuuuuully! �Scuuuuuuuullyyyy! –

Scully sali� r�pidamente del ba�o y se acerc� a la habitaci�n. Cuando vi� lo que ocurr�a, no pudo m�s que echarse a reir descontroladamente. Mulder estaba hundido en el colch�n y no pod�a levantarse.

-�En vez de tanto reir, podr�as echarme una mano! –

-Lo siento, Mulder. Ja, ja, ja. –

-Muy graciosa. –Scully agarr� a su compa�ero del brazo y comenz� a tirar de �l, mientras Mulder luchaba por no hundirse m�s en el blando colch�n. Cuando Mulder estaba a punto de levantarse, Scully resbal� y fue a parar en la cama con tan mala o buena suerte que cay� encima de Mulder. Se miraron unos segundos y sonrieron. Empezaron a acercarse y cuando estaban a punto de besarse, unos gritos procedentes del ba�o les hicieron levantarse r�pidamente y correr hacia el ba�o.

La ventana estaba abierta y Mulder y Scully se asomaron a ella. El ba�o daba al patio interior de una peque�a vecindad. El patio estaba lleno de mujeres hermosas, vestidas todas ellas con ropas medievales. Todas reian y parec�an felices, hasta que de pronto, todas comenzaron a gritar y echaron a correr hasta el interior de las casas de enfrente.

-�Qu� ocurre aqu�? –Pregunt� Mulder.

-A lo mejor est�n en carnaval. –

-�Carnaval? Scully, estamos en diciembre, el carnaval no es en esta �poca. –

-Lo s� Mulder, pero quiz�s aqu� se celebre en otra fecha. –

Mulder volvi� a la habitaci�n y se sent� un sill�n al que se le hab�an salido varios muelles. Cogi� el control remoto de la televisi�n. Pens� que no ser�a adecuado ver una de esas pel�culas que no son suyas, estando Scully all�, por lo que puso un documental sobre las ballenas groenlandesas. Scully abri� el balc�n y se asom� a la calle. Las gentes de la aldea estaban disfrazados con trajes medievales y andaban cantando por las calles. Muchas personas estaban asomadas a los balcones y a las ventanas y re�an, beb�an y cantaban.

-�Ves c�mo era carnaval? –Pregunt� Scully a Mulder, que hab�a salido tambi�n al balc�n.

-�Por qu� estar�n todos disfrazados con ropas medievales? –

-Porque ser� un carnaval medieval. –Sonri� Scully, antes de entrar de nuevo en la habitaci�n. Mulder la sigui� y se dio cuenta de que hab�a algo en lo que no hab�a pensado: �C�mo se las iban a arreglar para dormir?

-Scully... �qu� lado de la cama prefieres? No me har�s dormir en el suelo, �verdad? –

-Eligo el izquierdo. –

Cuando Scully se dispon�a a acostarse, Mulder la detuvo.

-�Espera! –

-�Qu� ocurre? –

-Ocurre que tenemos que acostarnos los dos a la vez, porque s� uno de nosotros se acuesta antes que el otro, se volver� a hundir en el colch�n. –Mulder se fue al lado derecho de la cama. –Scully, a la de tres. Uno, dos y tres. –Ambos se acostaron y Mulder apag� la luz de la l�mparita de mesa. Un rato despu�s, los agentes (incluyendo a Mulder), conciliaron el sue�o, mientras, en las calles de la aldea, la gente disfrutaba de su carnaval renacentista.

 

8:00 a.m.

Los rayos del sol le dieron a Mulder en la cara. Se gir�, pero no encontr� a Scully en la cama. Supuso que habr�a ido a por el desayuno. Se levant� y abri� las puertas del balc�n. Las calles estaban llenas de confeti y serpentinas de la noche anterior. Se visti� r�pidamente y se sent� en el sill�n de muelles salidos a esperar a Scully. �sta regres� unos instantes despu�s. Portaba en la mano una bolsa de papel.

-Buenos d�as, veo que ya te has despertado. –

-Buenos d�as, Scully. –

-He traido unos bollos. �Ah! Me ha llamado el comisario Constanzza. Lleva el caso de la j�ven asesinada en los �ltimos d�as. –

-�Y qu� quer�a ese comisario? –

-Quiere vernos dentro de un cuarto de hora en la comisar�a. El cad�ver de la j�ven aun no ha sido enterrado, por lo que podr� hacerle la autopsia. –

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Comisar�a de Villa Di Ostren.

8:15 a.m.

Mulder y Scully llegaron a la peque�a comisar�a de Villa Di Ostren. No hab�a m�s que tres agentes, contando al comisario y Mulder dedujo que no habr�a muchos m�s polic�as en todo el pueblo.

El comisario Constanzza los llev� a su despacho.

-Menos mal que han venido, porque necesit�bamos refuerzos. Ver�n... �no saben la leyenda? –

-�Qu� leyenda? –Pregunt� Mulder interesado.

-La historia de este pueblo se remota al siglo XII o XIII. Fue fundado por una familia de la nobleza romana, la familia Di Ostren. Bueno, seg�n dicen, la familia Di Ostren eran los fundadores de una secta. Hab�an sido acusados de herejes por la iglesia cat�lica y fueron desterrados en estas tierras. La familia Di Ostren cre�a en un demonio. Un demonio con forma de mujer. Hicieron una iglesia donde practicaban misas negras. Poco a poco, fueron llegando campesinos de otras tierras y se asentaron a vivir aqu�. As� fundaron este pueblo. La familia Di Ostren atrajo a varias personas del pueblo y los hicieron miembros de su secta. Cada diez a�os, en la luna llena de diciembre, asesinaban a tres chicas y se las ofrec�an en sacrifico a su demonio. Seg�n dice la leyenda, su demonio les daba a cambio el don de la inmortalidad. –

-�Y se sabe quienes son esos seres inmortales? –Pregunt� Mulder, ante la mirada de reproche de Scully.

-No. La iglesia fue tapiada y abandonada y desde entonces, no se volvi� a saber de ellos. De esto har� unos doscientos a�os. –

Scully sonre�a incr�dula a lo que estaba contando el comisario.

-Oiga... no me diga que cree que un grupo de inmortales est� matando a chicas j�venes para ofrecerselas a un demonio. –

-Pues... s�, aqu� todos lo creemos. Adem�s, les he dicho que asesinan a tres chicas antes de la luna llena, pues este a�o s�lo han asesinado a una. No descartamos que asesinen m�s en los pr�ximos d�as. –

-�Es cierto qu� se oyen gritos de mujer y qu� de noche se ve a una mujer con ropas medievales corriendo por el bosque? –Pregunt� Mulder que cada vez estaba m�s interesado en el tema.

-Eso dicen, bueno yo una vez fui de caza con mi hijo peque�o y se nos hizo de noche, cuando volv�amos al coche, o�mos unos gritos de mujer, me acerqu� a ver que era, pero no v� nada. –

-�Permitir�a que mi compa�era hiciese la autopsia al cad�ver de la j�ven asesinada? Es m�dico forense. –

-Claro, pero el cad�ver ha sido llevado hasta la cl�nica forense de San Marco, una ciudad que est� a unos diez kil�metros. –

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Cl�nica forense de San Marco. 11:00 a.m.

Mulder y Scully se hab�an desplazado en taxi hasta la peque�a ciudad de San Marco. La gente miraba con curiosidad sus caros trajes de Armaniy se preguntaban qu� har�an por all�.

Mientras Scully hac�a la autopsia, Mulder fue a alquilar un coche, ya que Scully insist�a en que era mucho mejor poder disponer de un coche, que tener que estar siempre llamando a un taxi.

Mientras esperaba a que Scully termira de realizar la autops�a, decidi� dar una vuelta con el coche.

La ciudad era muy peque�a y no hab�a muchos sitios a donde ir, as� que decidi� ir a la cl�nica forense, pero justo cuando iba a girar el coche, divis� la biblioteca de la ciudad. Aparc� el coche justo en la acera de enfrente y entr�.

La biblioteca parec�a ser el �nico edificio de la ciudad que no estaba construido en piedra. Era un edificio bastante grande y por dentro estaba pintado de un suave tono melocot�n y decorado con muebles de estilo colonial. Hab�a dos grandes salas, llenas de estanterias repletas de libros.

Mulder se acerc� al mostrador donde una se�ora mayor intentaba ordenar un fichero.

-Disculpe, �esta es la biblioteca comarcal? –

La se�ora dej� lo que estaba haciendo y le mir� por encima de las gafas, con gesto interrogante. Mulder supuso que quiz�s la se�ora no hablara ingl�s, pero la bibliotecaria le sorprendi� al responderle en un ingl�s impecable.

-�A qu� se refiere? –

-Digo que si a esta biblioteca vienen personas de Villa Di Ostren. –

-Esta biblioteca pertenece a San Marco, Villa Di Ostren, la aldea de la Cariolegtta y Villa Leonardo XII. –

-Entonces, �puede sacarme alg�n libro en el que explique la historia de los pueblos de la comarca? –

La se�ora dud� unos instantes y finalmente dijo:

-Consultar� en los archivos y le sacar� todos los libros que encuentre y mientras puede usted entrar en esa sala y mirar alg�n libro que le interese. –

-Muchas gracias. –

Mulder entr� en la sala que le hab�a indicado la bibliotecaria. Hab�a varias mesas, pero s�lo dos estaban ocupadas, ya que no hab�a mucha gente por all�. Mulder se acerc� a una de las estanterias y comenz� a curiosear entre los libros. Las obras de los mejores autores de la antig�edad y del momento se exhib�an all�.

-Hamlet, Otelo, Rimas y leyendas, De la Tierra a la Luna, Las mil y una noches, El Patra�uelo... �es qu� no hay nada de ovnis? –Susurr� Mulder. Sigui� buscando, cuando vi� algo que llam� su atenci�n. Estaba en el estante n�mero tres. Mulder lo cogi� y ley� la portada en voz baja:

-"C�mo ligarte a tu compa�era de trabajo" Wow, creo que es justo lo que necesito. – Cogi� el libro para leerlo en una de las mesas libres, cuando vi� a la bibliotecaria acercarse a �l.

-Se�or, he sacado varios libros y se los he dejado en una de las mesas. Venga por aqu�. –Mulder dej� el libro donde estaba y sigui� a la bibliotecaria. �sta le llev� hasta una mesa, donde hab�an varios libros. Mulder se sent� y comenz� a mirar todo aquello que ten�a que leer.

-Este libro, -Dijo bibliotecaria, se�alando un libro con las pastas de color rojo y con las letras doradas. –no solemos dejarlo a disposici�n del p�blico porque es muy antig�o, pero usted parece un hombre serio y no creo que lo vaya a estropear.

La bibliotecaria se march� y Mulder comenz� a hojear los libros. Cogi� el m�s antig�o, ese de las pastas de color rojo y las letras doradas. Las hojas del libro estaban muy amarillentas, pero todo estaba escrito en italiano y Mulder no lo pudo entender. Sigui� hojeando varias hojas, hasta que lleg� hasta m�s o menos la mitad del libro. En unas letras m�s marcadas que el resto, pon�a "Villa Di Ostren" y despu�s ven�an varias hojas escritas. Mulder dedujo que all� se hablaba de Villa Di Ostren. Cogi� el libro y se acerc� al esscritorio donde se encontraba la bibliotecaria.

-�Desea algo? –

-Ver�... es que no entiendo el italiano... �podr�a explicarme que pone en esta p�gina? –

La bibliotecaria mir� la p�gina un momento.

-Bueno... aqu� viene la historia de Villa Di Ostren. –

-�No hay alg�n libro en el que se hable de la leyenda de Villa Di Ostren? –

-La leyenda... eh... s�, debe de haber alguno por ah�. –

-�En ingl�s? –

-Mirar� en los archivos. –La bibliotecaria se acerc� al archivador y busc� unos instantes. –Espere un momento. –A�adi�, mientras desaparec�a por una puerta que hab�a tras su escritorio, regresando a los pocos instantes, con un libro en la mano.

-Este es el �nico que he encontrado. –Dijo, entreg�ndoselo a Mulder. �ste le dio las gracias y volvi� a la mesa donde hab�a estado minutos antes.

Abri� el libro por la primera p�gina y comenz� a leer aquel libro que sin duda, le iba a ayudar demasiado.

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Cl�nica Forense de San Marco. 13:00 a.m.

Hac�a ya m�s una hora y media que Mulder deb�a haber ido a recoger a Scully a la cl�nica forense y �sta estaba desesperada por la tardanza de su compa�ero.

Lo hab�a llamado al m�vil varias veces, pero siempre estaba desconectado. Estaba realmente preocupada. Mulder nunca sol�a dejar el m�vil desconectado y no sab�a muy bien que hacer. Volvi� a mirar el cad�ver de la muchacha y lo tap� con la s�bana azul.

Volvi� a coger el m�vil y cuando se dispon�a a volver a llamar a Mulder, �ste entr� por la puerta.

-�Ya era hora! �Sab�as que llevo m�s de hora y media esper�ndote? –

-Tranquila, Scully. Es que despu�s de alquilar el coche estuve en la biblioteca, buscando cierta informaci�n. �Qu� tienes? –Pregunt� acercandose a la camilla y destapando el cad�ver.

-Bueno, s� alguien le hubiese hecho la autopsia antes, podriamos haber encontrado algo m�s. –

-�A qu� te refieres? –

-Andrea Orellabac, ten�a veintiocho a�os. Era hija de los panaderos del pueblo. Una l�stima. Mulder, me refiero a que esta chica fue encontrada hace cinco d�as. �Por qu� diablos no le hicieron la autopsia en su momento? –

-Ver�s Scully, es que el �nico forense que hay en la ciudad, se encuentra en Amsterdan por un viaje de trabajo y no hab�a nadie que realizara la autopsia, �pero qu� has encontrado? –

-Bueno, tiene una herida muy profunda en el pecho, creo que se la hicieron con un cuchillo de gran tama�o y esa herida parece ser la causante de la muerte. No presenta signos de violencia ni de agresi�n sexual, pero... le han arrancado el coraz�n. No he encontrado huella alguna ni sangre ni muestra capilar del asesino. No hay nada que nos lleve hasta �l. –

Mulder asinti� y mir� el cad�ver. Estaba descomponiendose, pero aun pod�an apreciarse los rasgos de la criatura. Sus ojos estaban abiertos y expresaban un terror indescriptible. Mulder volvi� a tapar el cad�ver y mir� a Scully, con esa mirada que pon�a cada vez que sab�a algo.

-�Qu� pasa? –Pregunt� Scully.

-Ven. Te lo explicar� de camino al pueblo. –

Amobs agentes salieron de la cl�nica. Se montaron en el coche, sin saber que alguien les observaba desde una esquina de la calle.

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Mulder y Scully iban de camino a Villa Di Ostren. Desde que se hab�an montado en el coche, hacia ya m�s de quince minutos, ninguno de los dos hab�a dicho nada. Mulder manten�a la vista fija en la estrecha y pedregosa carretera local y Scully le miraba de vez en cuando, esperando que le contara aquello que hab�a descubierto mientras ella hac�a la autopsia.

-Mulder... �me lo vas a contar ya? –

Mulder mir� de reojo a su compa�era e instantes despu�s volvi� a mirar la carretera.

-Mientras t� hacias la autopsia, tuve acceso a cierta informaci�n. –

-�Qu� tipo de informaci�n? –

-Ver�s, estuve en la biblioteca y busqu� en un libro, la leyenda de Villa Di Ostren. Seg�n le�, los Di Ostren eran una familia de la nobleza romana en el siglo XII, sin embargo, adoraban a un demonio con forma de mujer, Yram. Ocurri�, que los Di Ostren confiaron su secreto a un amigo y este le fue con el chisme al Papa, quien los acus� de herejes y los conden� al destierro en estas tierras. Ellos edificaron una casa y cultivaron muchas tierras en los alrrededores y al cabo de los a�os, muchos campesinos se fueron all� a vivir y crearon la aldea. Pues bien, los Di Ostren segu�an con sus pr�cticas religiosas, s�lo que poco a poco, consiguieron que otra familia del pueblo, se uniera a ellos. Los Di Ostren, le dieron a cambio varias tierras y entre todos crearon una especie de secta. Al parecer, crearon una peque�a ermita dedicada a Santa Catharina. La usaban de tapadera. De d�a, daban misas cristianas, pero de noche las usaban para hacer misas negras. –Mulder volvi� amirar a Scully. �sta le mir� y le dio a entender que le estaba escuchando. Mulder sigui�. –Al parecer, poco a poco, Yram, su demonio, fue pidiendoles m�s. Al principio, los miembros de la secta s�lo les ofrecian misas, pero el demonio quer�a m�s. Un d�a, les dijo que les dar�a la inmortalidad a cambio de que cada diez a�os, en la luna llena de diciembre, le entregaran los corazones de tres mujeres. La iglesia se cerr� har� unos 200 a�os. De los miembros de la secta no se sabe nada. Desaparicieron, aunque la gente dice que est�n entre los habitantes del pueblo. Pues, por �ltimo, dicen que desde a�os, por la noche, en el bosque, se puede ver a una mujer vestida con ropas medievales, corriendo y que al llegar la media noche, se oyen gritos de mujer. –Mulder volvi� a mirar a Scully. �sta estaba mirando al frente. -�No vas a decir nada? –

Scully volvi� se volvi� a mirarle. -�Para qu�? Ya has sacado tus propias conclusiones. S� ahora te dijera que lo �nico que hay aqu� son asesinatos aislados, empezar�as con esas teor�as tuyas a las que ya estoy tan acostumbrada, as� que por una vez no dir� nada, pero a pesar de eso, sigo opinando que esto son asesinatos aislados y que no s� que demonios pintamos aqu�. –

Mulder tom� un desvi� de la carretera y comenz� a internarse por un caminito que parec�a conducir al bosque. Scully le mir� extra�ada.

-�A d�nde vamos? –

-A visitar la iglesia. –

-�Mulder! Son las una y media del mediod�a, no he comido nada en cinco horas y adem�s, est�n empezando a llegar nubes muy oscuras. Podr�a haber tormenta en cualquier momento. –

-Tranquila, Scully. S�lo ser� echar un vistazo. Te prometo que para las tres como mucho, estaremos almorzando en un bonito restaurante del siglo XVIII. –

El cielo estaba cada vez m�s oscuro, a pesar de que era poco m�s de las dos menos cuarto de la tarde. Bandadas de p�jaros sobrevolaban el cielo y en el bosque, s�lo se o�an los ruidos de los animalitos y las gotitas de agua, cuando ca�an sobre el cristal del coche.

El coche que conduc�a Mulder se adentraba cada vez m�s en el bosque. Finalmente, aparc� en un lugar en el que se acababa el camino. Los agentes cogieron sus gabardinas y dos linternas, ya que estaba bastante oscuro y era muy probable que las necesitaran.

Mulder comenz� a caminar por un barranco y Scully le sigui� sin decir nada. Sab�a que con Mulder no ten�a que temer. Confiaba plenamente en �l y no le importar�a entregar su vida a cambio de la de su compa�ero. Sin embargo, a pesar de que confiaba en �l, la curiosidad la estaba matando.

-Mulder... �est�s seguro de adonde vamos? –

Mulder la mir� y sonri�, mientras le indicaba un lugar al frente.

Los agentes caminaron hasta el lugar y cuando llegaron, vieron las ruinas de la que otrora, hab�a sido la preciosa ermita de Santa Catharina. Ahora, todo estaba destrozado; varias columnas se hab�an caido y estaban echas pedazos a los alrededores de la iglesia, ocultas por los matorrales; varios escalones se hab�an roto y la madera del port�n estaba muy desgastada. Mulder dio un peque�o empuj�n a la puerta y �sta se abri�. A continuaci�n, entr� Mulder, seguido de Scully. Las linternas, iluminaban el interior de la iglesia.

No hab�a bancos; una de las columnas se hab�a ca�do; los cristales de las min�sculas ventanas estaban rotos; una parte del techo se hab�a ca�do y hab�a llenado el altar de escombros.

-�Me puedes decir que buscamos aqu�? –pregunt� Scully.

-Busco algo. –Mulder no dejaba de enfocar con su linterna, las paredes y el suelo.

-�Algo como qu�? –

-Una inscripci�n... algo que nos ayude a saber que es lo que est� pasando. –

-S� quieres, yo te puedo decir que es lo que est� pasando. –

-Gracias Scully, pero prefiero averiguarlo yo, despu�s de todo, s� me equivoco podr�s darte el gusto de reprocharmelo. –

Mulder comenz� a caminar hacia el altar, mientras Scully segu�a enfocando en otra parte de la iglesia.

Mulder comenz� a buscar entre el altar, pero dedujo que all� no hallar�a nada, ya que era imposible encontrar algo entre tantos escombros.

-�Ah! –Mulder corri� hasta donde estaba Scully.

-�Qu� te pasa, Scully? –pregunt� alarmado.

-Nada. Era una rata. –

-Me habias asustado. Ven. He encontrado algo. –

Mulder y Scully fueron hasta los dos escalones que daban paso al altar. Mulder se agach� y apart� con la mano el polvo que cubr�a los escalones. Enfoc� con la linterna y comenz� a leer una inscripci�n, pero era en lat�n y no entend�a nada. Volvi� la vista a Scully y �sta se agach� a su lado, mientras enfocaba con su linterna.

-�Qu� dice ah�, Scully? –

Scully comenz� a leer la inscripci�n:

 

-Y el caos vendr� y el mal aparecer�, cuando Yram reciba el alma de una mujer ang�lical..

su cabello de fuego y sus ojos del mar, ayudar�n a Yram.... no hay m�s Mulder, se ha borrado la inscripci�n.

 

 

Continuar�

PD: Nunca me han gustado los continuar�, pero he pensado que la primera parte es muy larga para leerla del tir�n y entonces he decidido publicarla en varias entregas.

Tardar� un poco en escribir la segunda porque acabo de empezar el insituto. Espero que tengais paciencia. De todos modos, para cualquier pregunta o sugerencia, podeis escribirme a [email protected]

 

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