LE ANGE MAUDIT II: LA MAL�DICTION

Disclaimer: A pesar de que creo que Mulder y Scully les pertenecen a los fans, lo cierto es que legalmente les pertenecen a Chris Carter y a la Fox. No gano un euro con esto. �Ah! Los dem�s personajes s� que son m�os. �Chris, ni se te ocurra robarmelos!

Dedicatoria: A mi peque�a Andrea, que cumpli� dos a�os el mismo d�a que empec� a escribir este relato.

A la chica m�s divertida del mudo: Puri, va por ti; a mi editora personal: Rocio, a ver si dejas de hacerme reir en clase de F�sica. �Alg�n d�a me van a castigar por tu culpa!; a la mejor escritora que he conocido: �Estefani, eres la mejor!; a la chica m�s empollona de todo el insti: �Ana Mari, no cambies nunca!

�Ah! Tambi�n se lo dedico a los cerdos de telecinco, porque gracias a ellos, los X-philos espa�oles, no hemos visto la octava temporada.

Notas de la autora: Este relato surgi� a partir de una pesadilla que tuve hace unas semanas. Espero que os guste la segunda parte. Prometo que la tercera ser� la �ltima. Cualquier duda o sugerencia, me enviais un mail a: [email protected] �Ah! Con las prisas por acabar la primera parte, escrib� mal mi e-mail, pero �ste s� est� bien escrito. Disculpad las molestias.

Spoilers: Ninguno. No existe ni la s�ptima ni la octava temporada.

Tipo: XF, UST, Angust y un poco de MSR.

 

 

Mulder miraba fijamente la inscripci�n, mientras pensaba en las palabras que hab�a le�do Scully: "Su cabello de fuego y sus ojos del mar... " �y s� la profec�a se estaba refiriendo a Scully? No, no pod�a ser.

Su parte racional le dec�a que no pod�a tratarse de Scully, pero su coraz�n y su instinto le dec�an que la profec�a hablaba de ella.

-�Mulder? �Est�s bien? –Susurr� Scully, tocando su hombro. Mulder se volvi� hacia ella y le dijo:

-No hay nada que hacer aqu�, Scully. Anda, vamonos. –A�adi�, mientras comenzaba a caminar, hacia la salida. Scully, segu�a a Mulder desconcertaba. A ella no le hab�an preocupado mucho las palabras de la inscripci�n, es m�s, ni siquiera pensaba en ello. Pensaba en lo raro que se hab�a puesto Mulder de pronto. Algo le ocurr�a y ella deb�a saber que era.

Ambos agentes se montaron en el coche y se alejaron de la ruinosa ermita de Santa Catharina, sin saber que una sombra de mujer, les hab�a observado.

 

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Mulder llevaba callado todo el trayecto. Scully, le miraba de vez en cuando, pero �l no levantaba los ojos de la pedregosa carretera local.

<<Tengo que llevarmela de aqu�. –pens�. –No puedo arriesgarme a que le ocurra algo malo. Estoy seguro de que la profec�a habla de ella, pero �y s� me equivoco? �Dios! �Qu� hago? Estoy seguro de que tengo que alejarla de aqu�. Ma�ana mismo volveremos a Washington, pero mientras tanto, no puedo perderla de vista.>>

-Mulder, �te ocurre algo? –

Mulder se volvi� a mirarla:

-No ocurre nada. –Sonri�. –Mira, estamos llegando al pueblo. �Sigues teniendo hambre? –

-Aj�. –

-Entonces te invito a comer. Aun es temprano. –

Mulder tuvo que aparcar el coche a la entrada de la aldea, ya que al ser las calles estrechas, empinadas y al estar empedregadas, no pod�an pasar los coches. No hab�a mucha gente en la calle, a excepci�n de algunos ancianos y ancianas que estaban sentados en las puertas de sus casas y de algunos chiquillos que correteaban detr�s de un bal�n. Scully respir� el aire limpio y puro. En Washington, era dif�cil, poder respirar aire limpio, ya que las f�bricas y los coches, lo contaminaban. Observ� su alrededor. De no ser por lo que estaba ocurriendo, ser�a un lugar muy tranquilo para vivir, pero ella sab�a que su vida estaba en DC, junto a Mulder, aunque no fuera del modo en que deseaba.

Mulder y Scully entraron en un peque�o pero acogedor restaurante del siglo XVIII.

Las mesas eran peque�as y ten�an manteles azules, cubiertos por un cristal. Los agentes se sentaron en una mesa junto a la ventana. No hab�a nadie m�s en el restaurante, a excepci�n de una mesa en la que com�an unas doce personas.

-�Qu� van a tomar? –Pregunt� un chico j�ven, mientras les entregaba las cartas.

-Yo tomar� ensalada de lechuga y espaguettis al huevo. �Qu� tomar�s Scully? –

-Yo tomar� lo mismo. Gracias. –

El camarero tom� nota y se march�.

En la otra mesa, una se�ora de unos cincuenta a�os; con el pelo te�ido de color caoba y unos ojos fr�os como el hielo, miraba a Scully.

-No cabe duda. Es ella. –Dijo a todas las personas que com�an con ella.

-Dicen que es agente del FBI. –Susurr� una mujer delgaducha y que no dejaba de dar caladas a su cigarrillo.

-Entonces ser� una mujer de alma fuerte. Yram se sentir� feliz de que la hallamos encontrado. –A�adi� un se�or mayor, mientras se arreglaba su canoso bigote. La se�ora del pelo te�ido le lanz� una mirada fr�a.

-�C�mo lo haremos? –Volvi� a preguntar la mujer delgada, a la vez que apagaba su aun no gastado cigarrillo, en un fino cenicero de cristal.

-Lo aclararemos esta noche. Ahora disimulad. –Orden� la mujer del pelo te�ido, mientras, se met�a en la boca una cuchara de crema fr�a y sonre�a disimuladamente a los comensales.

 

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Mulder y Scully acababan de salir del restaurante. Hab�a salido a pasear por los alrededores de la aldea.

A pesar de que eran poco m�s de las cinco de la tarde, ya no hab�a nadie en las calles. Los ancianos ya hab�an entrado en sus casas; los ni�os hab�an dejado de perseguir el bal�n; los hombres y mujeres regresaban a sus hogares despu�s de una dura jornada en el campo y las campanas de la iglesia comenzaban a repicar. Se hab�a levantado un viento h�medo y fr�o y nubes negras volv�an a unirse en el cielo, para dar paso a otra noche de tormenta.

-�C�mo vamos a guiar la investigaci�n, Mulder? –Pregunt� Scully, para romper el silencio que se hab�a creado entre ellos.

-De eso quer�a hablarte, Scully. No vamos a seguir investigando. Ma�ana saldremos para Washington. –

-�Qu�? �Por qu� nos vamos, s� no hemos terminado aun?

-Pues... porque aqu� no hay nada claro y quiz�s tengas raz�n y no sea un Expediente X.

Scully miraba extra�ada a su compa�ero. Dej� de caminar y se par� frente a �l. Sab�a que algo le pasaba.

-Mulder, te conozco y s� que tu no dejas las investigaciones sin terminar. �Qu� te pasa? S� que te ocurre algo y quiero saberlo. Estas raro desde que visitamos la iglesia. –

Mulder levant� la vista hacia el cielo y observ� como la tormenta estaba pr�xima. No quer�a mirar a Scully a los ojos, as� que fij� su mirada en un punto indeterminado del bosque.

-No ocurre nada Scully, es s�lo que aqu� no hay Expediente X. –

Scully agarr� las manos de Mulder y le oblig� a mirarle a los ojos.

-Me est�s mintiendo. �Qu� es lo que te pasa? �Es qu� ya no confias en mi y por eso no me lo dices? –

-No es eso Scully. Por supuesto que conf�o en ti, pero es que aqu� no hay Expediente X, cre�me. La polic�a de aqu� puede ocuparse del caso. Vamonos a la posada, parece que la tormenta est� pr�xima. –A�adi�, mientras tomaba a Scully de la mano y la arrastraba hasta la sucia y m�sera posada.

 

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Residencia de los Bertoletti. 18:30 p.m.

Hac�a ya rato que hab�a anochecido y con la noche, hab�a llegado tambi�n la tormenta. Marccelo, el se�or del bigote, que hab�a en el restaurante, miraba como ca�an los rel�mpagos desde el gran ventanal de la biblioteca de su casa. Su esposa Lorena, la mujer del pelo te�ido, acababa de entrar en la biblioteca y tra�a en sus manos una bandeja con unas tazas de caf�.

-�Est�s pensando en lo de esta noche? –Pregunt�, mientras se acercaba a su marido y le entregaba la taza de caf�.

-S�. –Sonri� �l. –Estoy pensando en la cara que pondr� Yram, cuando vea lo que le llevaremos. Ser� fel�z.–

-Yram... �S�lo piensas en ella! �Verdad? –Grit�, furiosa Lorena, mientras arrojaba su taza de caf� al fuego de la chimenea.

Su marido baj� la vista, incapaz de mirarla a los ojos.

-�Te crees que soy imb�cil? �Te crees que no s� lo vuestro? Llevo a�os tratando de olvidar ese romance que tuviste con ella. Despu�s de seiscientos a�os, aun la quieres, �verdad? –Marccelo no hablaba. Segu�a con la mirada perdida en el contenido de su taza. -��Es qu� no te das cuenta que ella s�lo jug� contigo?! Ella s�lo te quer�a, para que le entregaras la vida de aquellas chicas. �Ella nunca te quiso! –

Marccelo dej� la taza de caf� en el escritorio. Se acerc� a Lorena y se par� frente a ella. Lorena le miraba con furia contenida. Marccelo se acerc� m�s a ella y la abofete�. Hecho esto, se march� de la biblioteca, dejando a su mujer lament�ndose y maldici�ndolo en el sof�..

 

 

19:15 p.m.

Lorena Bertoletti, bajaba las escaleras principales de su casa. Vest�a un elgante vestido de terciopelo verde; llevaba el pelo arreglado; se hab�a maquillado y luc�a una gran cantidad de caras joyas.

En el sal�n de su casa, estaban esper�ndola los miembros de su secta. Cuando entr� en el sal�n, dirigi� una fr�a y reprochadora mirada a su marido, quien se manten�a callado en una esquina de la habitaci�n. La sirvienta sirvi� el t� y se march�. Lorena ocup� su lugar en la sala y comenz� a hablar:

-Ya sabeis para lo que os hemos convocado. –A�adi�, mientras volv�a a echar una dura mirada a Marccelo, quien baj� sus ojos, al encontrarse con los de su esposa. –Hay que hacerlo esta noche. Hay que secuestrarla y prepararla para la transformaci�n. –

-�Y c�mo lo haremos? –Pregunt� Lucc�a, la mujer delgaducha, mientras se apartaba un mech�n rubio de la cara y volvi� a encender un cigarrillo.

-He pensado que Lucciano y Martino vayan a vigilar a la posada. Supongo que en cualquier momento, saldr�n. Esperareis un descuido de su compa�ero y la raptareis, como hemos hecho con las otras chicas. Despu�s la traeremos a mi casa y la llevaremos al s�tano. All� la prepararemos y ma�ana a los doce de la noche la llevaremos a la iglesia. All�, Yram tomar� su alma y se reencarnar� en ella. La profec�a debe cumplirse. Cuando Yram vuelva a la vida, dominaremos el mundo. –

 

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Mulder estaba sentado en el sill�n de la habitaci�n. Estaba viendo en la televisi�n, una pel�cula de ciencia ficci�n de los a�os cincuenta. Sin embargo, aunque ten�a los ojos fijos en la pantalla, no estaba prestando ni pizca de atenci�n. Pensaba en la conversaci�n que hab�a tenido en la tarde con Scully. Odiaba mentirla.

No quer�a que ella pensara que ya no confiaba en ella, pero no quer�a que se enterara de por qu� se marchaba. Sab�a que Scully no quer�a dejar la investigaci�n sin acabar, pero no iba a arriesgarse a perderla. Scully hab�a sufrido mucho por su culpa y �l no iba a permirtir que la hicieran da�o una vez m�s.

Scully sali� del ba�o con el pijama puesto. Estaba bastante molesta con Mulder, porque sab�a de sobra que le hab�a mentido.

Scully se tumb� en un lado de la cama y comenz� a leer una biograf�a de Fleming.

Mulder la miraba de reojo. Estaba muy guapa y no pod�a dejar de mirarla. De pronto, se acord� de que se hab�a dejado el m�vil en el coche. Probablemente les llamara Skinner para saber como iba la investigaci�n y no podr�a localizarle.

Se levant� del sill�n y se coloc� su cazadora de cuero.

-Scully, me he dejado el m�vil en el coche. Ir� a buscarlo. –

-Podr�as ir al restaurante y traer de paso la cena. Yo te esperar� aqu�.–Dijo sin levantar la vista del libro

-Est� bien. Volver� en seguida. �Ah! Ten cuidado, no te vayas a hundir en el colch�n.– A�adi�, mientras cerraba la puerta, dejando a su compa�era con una sonrisa en la boca.

Mulder baj� las escaleras que comunicaban las habitaciones con recepci�n y se dio cuenta de que no hab�a nadie en el mostrador.

<<Seguro que la due�a se est� emborrachando.>> -Pens� al salir.

Aun estaba lloviendo y Mulder comenz� a correr hasta el coche. No quer�a perder tiempo, ya que no quer�a que Scully estuviera sola demasiado tiempo. Se alej� de la calle, sin darse cuenta de que dos hombres vestidos con traje negro, entraban en la posada.

 

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Scully hojeaba el libro que ten�a entre sus manos. No dejaba de pensar en lo raro que estaba Mulder. <<Y yo que pensaba que el romanticismo italiano nos ayudar�a acalararnos.>> –Pens�.

De pronto, llamaron a la puerta. Scully se levant� de la cama.

-�Qu� se te ha olvidado, Mulder? –Pens� en voz alta.

Abri� la puerta y se encontr� con dos hombres j�venes, vestidos con caros trajes negros. Antes de que Scully pudiera abrir la boca, uno de los hombres le tap� la boca con un pa�uelo. Unos segundos despu�s, Scully se desmay�. Uno de los hombres la carg� en brazos y el otro cerr� puerta. Salieron de la posada, sin que nadie les viera y se dirigieron a un Sedan azul que estaba aparcado en un descampado cercano. Metieron a Scully en la parte de atr�s y se fueron a casa de los Bertoletti, mientras varios rayos ca�an a lo lejos, iluminando el lugar.

 

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Mulder entr� en la habitaci�n de la posada. Se sorprendi� al no ver a Scully en la cama, pero vi� la puerta del ba�o cerrada y pens� que quiz�s Scully estuviera dentro.

-�Scully? – la llam� Mulder, mientras daba unos golpecitos en la puerta. –He traido la cena. �Scully? �Scully, est�s ah�? –Mulder gir� el pomo de la puerta y �sta se abri�. Vi� que Scully no estaba en el ba�o ni en la habitaci�n y se asust�.

Baj� a toda prisa las escaleras y lleg� a recepci�n. La due�a no sal�a y Mulder llam� insistentemente al timbre.

-�Oiga! �Oiga! �Qu� salga alguien! –

La due�a de la posada, sali� con muy mala cara. Llevaba un vaso de ginebra en la mano y parec�a estar ebria.

-�Q-qu� quiereee? �P p por qu�, armaaa.... taaanto ssscandaloooo? –

-�Mi compa�era! �Ha visto salir a mi compa�era? –

-�Q- qui�n? �Ah! �Sssu noviaaa! No, no la vi! –

-�Claro! S� no hace otra cosa m�s que beber.–Grit� furioso.

Mulder se march� del hostal, sali� a la calle, mientras aguantaba como el agua de la lluvia le empapaba y como el helado viento le golpeaba en la cara como afiladas hojas de cuchillos. Sus l�grimas se mezclaban con las gotas de lluvia. Habia perdido a Scully. Hab�an vuelta a llevarsela de su lado y �l no hab�a hecho nada por impedirlo.

De pronto, vi� a una chica j�ven, correr con un beb� en brazos, intentando guarecerse de la lluvia. Se acerc� a ella y pregunt�:

-�Ha visto a una mujer de un metro sesenta, apr�ximadamente; pelirroja y con los ojos azules? –

La muchacha neg� con la cabeza y sigui� corriendo, mientras apretaba contra ella a su beb�, para protegerlo de la lluvia. Mulder se tap� la cara con las manos. Se arrodill� en medio de la calle y grit� con todas sus fuerzas:

-�Scuuullyyyyyy!

 

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Residencia de los Bertoletti. 22:00. p.m.

Scully acababa de abrir los ojos. Estaba tumbada en una gran cama. Mir� a su alrededor y comrpob� que se encontraba en una enorme habitaci�n, que no reconoc�a, pero que le resultaa familiar. No hab�a ventanas y la estancia estaba alumbrada por candelabros de oro y plata. Intent� levantarse, pero un terrible dolor de cabeza se lo impidi�. De pronto, se dio cuenta que no llevaba puesto su pijama. Vest�a un vestido de gasa negra; bastante escotado y que parec�a llegarle hasta los tobillos.

<<Estoy asustada. Me encuentro en una habitaci�n que no reconozco y que sin embargo, no me es ajena. �Qui�n me ha traido aqu�? �Para qu� me han puesto este vestido? �D�nde est� Mulder? S�lo recuerdo que Mulder hab�a ido a recoger el m�vil al coche y a por la cena. Despu�s, recuerdo que alguien llam� a la puerta. Pens� que era �l y ni siquiera pregunt� antes de abrir. Despu�s, ya no s� que ocurri�... �Dios! Este dolor de cabeza me est� matando. �D�nde demonios estoy? Los ojos se me llenan de l�grimas. Tengo miedo. Presiento que algo no va bien. �D�nde estar� Mulder? �Y s� le han hecho algo malo? Oigo pasos. Algui�n viene.>> Scully se sec� r�pidamente las l�grimas y se levant� de la cama. La puerta se abri� y Lorena Bertoletti entr�, portando una bandeja con alimentos en sus manos.

-Veo que te has despertado. –A�adi� muy sonriente.

-��D�nde estoy?! –Grit� Scully, sujet�ndola con fuerza del brazo y tirando la bandeja al suelo. -�Sabe qu� es un delito secuestrar a una agente federal? –Scully solt� a la mujer y comenz� a dar vueltas por la habitaci�n. Vi� una peque�a ventana en lo m�s alto de la pared y trat� de alcanzarla, mientras gritaba: �Mulder! �Mulder, sac�me! �Mulder! –

-Tu compa�ero no vendr�. –

Scully ignor� su respuesta y continu� gritando.

-�Qu� ocurre? –Pregunt� Marccelo que acababa de bajar al s�tano.

-Piensa que su compa�ero la va a salvar. –A�adi� Lorena con burla. –V�monos. Dejemosla sola unas horas. Ma�ana por la ma�ana vendr�n Lucc�a y Mariona y la prepararemos. –

El matrimonio Bertoletti, se march� del s�tano, dejando a Scully desconsolada. Se tumb� en la cama y dej� que las l�grimas inundasen su rostro de porcelana y mojasen la almohada de encaje blanco.

Le dol�a terriblemente la cabeza y ten�a sue�o, pero no quer�a dormir. Quer�a salir de all�. Antes de caer dormida, susurr� debilmente un nombre que no dejaba de resonar en su mente: Mulder.

 

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Comisar�a de Villa Di Ostren. 02:02 a.m.

Mulder lleg� desesperado a la comisar�a. Estaba completamente empapado y helado. En recepci�n, hab�a un polic�a j�ven.

-Necesito hablar con el comisario. –Dijo Mulder.

-Lo siento, pero el comisario no puede atenderle ahora. –

-Mire. –Dijo Mulder sacando su placa. –Soy agente del FBI y han secuestrado a mi compa�era. �Necesito hablar con el comisario! –

-Se�or, ya le he dicho que... –En ese momento, el comisario, que hab�a o�do los gritos de Mulder, sali� de su despacho.

-Agente Di Carlo, d�jele pasar. –

Mulder entr� r�pidamente en el despacho del comisario Constanzza.

-�Qu� ha pasado? –Pregunt� �ste.

-Han secuestrado a mi compa�era. –

-�C�mo? –Pregunt� �ste, sorprendido.

-S�. Fui al coche a buscar el m�vil y a comprar la cena. Dej� a mi compa�era en la habitaci�n de la posada. No tard� m�s de veinte minutos y cuando volv�, ella ya no estaba.

-A lo mejor su compa�era, sali� a pasear. –

Mulder comenz� a dar vueltas por el despacho. -�Con esta lluvia? –Exclam� exasperado. -�No! �No! Scully nunca har�a algo as�. La conozco. S� que la han secuestrado. Adem�s, ella me dijo que le llevara la cena y que me esperar�a en la habitaci�n. No se ha ido por su cuenta. �La han secuestrado! –

-No puedo buscarla hasta que no hayan pasado veinticuatro horas. –Repuso el comisario.

-�Veinticuatro horas! –Grit� Mulder, apoy�ndose en el escritorio.-�Dentro de veinticuatro horas, puede que est� muerta! Tiene que empezar a buscarla. –

El comisario se levant� de su sill�n giratorio y camin� hacia Mulder.

-S�lo tengo dos agentes y alguien debe quedarse aqu�, por si alguien nos necesita.

-Con usted y yo somos cuatro. Cada uno la buscar� en una zona diferente. –

El comisario, vi� que por mucho que lo intentara, nada detendr�a a Mulder.

-Est� bien. Se lo dir� a mis hombres.

Mulder sali� furioso de comisar�a y se fue a las afueras del pueblo. Se mont� en el coche y gui� el coche hasta la iglesia abandonada.

El comisario Constanzza, avis� a sus hombres y estos fueron a buscar a la agente Scully. Una vez, que se hubieron ido los agentes, el comisario Constanzza agarr� el auricular del tel�fono. Marc� varios n�meros.

-Soy yo. –

-... –

-S�. Ya ha estado aqu�. Ha salido a buscarla. –

-... –

-S�. S�. Hay que tener cuidado. No te preocupes Lorena, no la encontrar�. –

-...-

-Bien, nos vemos. –

 

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Mulder conduc�a como un loco por la pedregosa carretera. Por culpa de la lluvia y el barro, le costaba mucho guiar el coche. No dejaba de pensar en Scully. En aquella vez, cuando Duane Barry la secuestr�, pero esta vez, era diferente. Ahora no hab�a tiempo que perder. Cada minuto que pasaba, Scully estaba m�s cerca de la muerte. La primera vez que la secuestraron, �l se colg� su cruz al cuello y eso le dio fuerzas para buscarla, pero ahora no ten�a nada de ella. S�lo el recuerdo y eso hizo que tuviera m�s deseos de encontrarla que nunca.

<<No dejo de pensar en ella. �D�nde se la habr�n llevado? �C�mo he podido dejar que se la llevaran? Deb� haberme quedado con ella. �C�mo podr� mirar a su madre cuando le diga que la he perdido? Otra vez se la han llevado y otra vez es mi culpa. S� algo le ocurriese... >>

 

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Scully se despert�. Hab�a tenido una horrible pesadilla. Mir� su reloj y vi� que �ste marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada. <<Mulder, �d�nde est�s?>> -Pens� y una l�grima rod� por su mejilla. Se levant� de la cama y trat� de llegar a la ventana, pero �sta era demasiado alta y no la alcanzaba. Volvi� a sentarse en la cama. Agach� la cabeza y se dio cuenta de que no llevaba su cruz. Esto le dio una esperanza. S� se le hab�a ca�do, era probable que Mulder la encontrara y quiz�s llegara hasta ella, pero sab�a de sobra que eso era casi imposible.

-�Mulder! �Mulder, ayudame! –Solloz�, antes de volver a caer dormida.

 

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Mulder dio un empuj�n al port�n de la iglesia y entr�. Portaba en la mano su linterna y enfocaba las paredes y el suelo. Sab�a que all� no encontrar�a a Scully, pero trataba de encontrar algo que la llevara hasta ella.

Se sac� el m�vil del bolsillo de la chaqueta y marc� varios n�meros:

-�Comisario Constanzza? –

-�S�? –Contestaron al otro lado de la l�nea telef�nica.

-Soy el agente Mulder. �Han encontrado algo sus hombres? –

-No, agente Mulder. Aun no sabemos nada. –

Mulder guard� silencio, mientras segu�a observando lo que su linterna iluminaba.

-�Agente Mulder? �D�nde est�? –

-En la iglesia abandonada. –

-�Encontr� algo? –

-No. –suspir� Mulder con tristeza. Apag� el m�vil y sali� de la iglesia, sin darse cuenta de que una sombra de mujer le observaba desde el altar.

Mulder subi� la cuesta pedregosa y se subi� a su coche. Ech� la cabeza sobre el volante y llor�. Llor� de rabia y de impotencia. Scully iba a morir y �l no podr�a hacer nada por salvarla, pero lo que m�s le dol�a, es que ella nunca iba a saber lo que significaba para �l. Hab�a dejado ya de llover y el cielo empezaba a despejarse. Mulder arranc� el coche y condujo hasta el pueblo.

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Estaba amaneciendo y daba la sensaci�n de aquel d�a tambi�n iba a haber tormenta. Por la min�scula ventana, entr� la d�bil luz del d�a. Hasta all� llegaron los cantos de los p�jaros y el sonido de los animalillos.

Scully llevaba ya varias horas despierta. Estaba tumbada en la cama, encogida sobre s� misma. Hac�a ya rato que hab�a dejado de llorar. Sus ojos estaban hinchados y ya no ten�an l�grimas.

-Mulder, �por qu� no vienes? –Repet�a esta frase inconscientemente. Volvi� a oir un sonido de tacones. La puerta provoc� un leve chirr�o al abrirse y en el s�tano entraron Lucc�a, Mariona y Lorena. Las tres cargaban bolsas, que dejaron en el suelo, mientras Lorena cerraba con llave la puerta.

-�Qu� tal has dormido? –Pregunt� Lorena, acerc�ndose a Scully.

�sta no le respondi�.

-�Es ella! –Exclam� Lucc�a, con admiraci�n y sorpresa.

-S�. Por fin la profec�a se cumplir� e Yram volver� para hacernos con el mundo. La profec�a va a cumplirse.

 

 

Continuar�

PD: Pido de nuevo disculpas, por el error que hubo al escribir mi mail en la primera parte. Bueno, a ver que os parece la segunda. La he hecho bastante r�pido y quiz�s No est� muy bien. La tercera va a tener que esperar un poco. Cualquier cosa que querais comentarme o alguna sugerencia sobre como terminar el relato, a : [email protected]

Lo dicho, espero que os haya gustado.

 

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