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L ANGE
MAUDIT III: LA SAUV�
Disclaimer: A pesar de que creo
que Mulder y Scully les pertenecen a los fans, lo cierto es que legalmente son propiedad
de Chris Carter y de la Fox. No gano un euro con esto. �Ah1 Los dem�s personajes s� que
son mios. �Chris, ni se te ocurra robarmelos!
Dedicatoria: Ami prima Andrea que
cumpli� dos a�os el mismo d�a que empec� a escribir este relato y a su mam�, que
insisti� en que se lo dedicara a su hijita, como regalo de cumplea�os.
Notas de la autora: �Quiero un
feedback! Por favor enviadme uno, aunque sea s�lo para decirme que mis fanfics son un
asco, pero necesito saber vuestra opini�n. Ya sabeis, a [email protected]
Spoilers: Ninguno. No existe ni la
s�ptima ni la octava temporada.
Tipo: Ni idea. Clasificadlo
vosotros.
Dicen que la
melancol�a, nace en el coraz�n
de aquellos seres,
cuando �stos ven
que el amor de su
vida se va para siempre,
pero ese sentimiento se
desvanece,
cuando sus dos almas se
unen
para vivir la eternidad.
Mulder se hab�a pasado toda la
noche dando vueltas por el pueblo y los alrededores. Estaba desesperado. Ya hac�a m�s de
doce horas que Scully hab�a desaparecido y aun no sab�an nada de ella. El comisario
Constanzza y sus hombres, no hab�an encontrado nada y nadie en el pueblo parec�a haber
visto nada aquella noche. Acababa de llegar a la posada. Cuando entr� en la habitaci�n,
not� que el aroma de Scully impregnaba la estancia, llenandola de paz y tranquilidad.
Estaba agotado. No hab�a parado en toda la noche y necesitaba descansar, aunque sab�a
que no pod�a hacerlo. Ten�a que seguir buscandola.
Abri� la llave de la ducha y
dej� que el agua le cobijara.
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Lorena, Lucc�a y Mariona
observaban con detenimiento su obra de arte. Scully estaba sentada en una dura silla de
madera. Vest�a un vestido de terciopelo negro que le arrastraba; le hab�an recogido el
pelo en un mo�o y la hab�an maquillado. Al principio, ella se hab�a resistido, pero
despu�s pens� que resistirse no servir�a de nada y dej� que hiciesen con ella lo que
quisieran.
-�Ya est�! Ha quedado muy bien.
�No cabe duda que es ella! Exclam� Lucc�a, mientras encend�a un cigarrillo.
-Bueno, creo que debemos irnos.
Repuso Lorena. Las tres mujeres salieron del s�tano y volvieron a dejar a Scully
encerrada. �sta se levant� de la silla y comenz� a dar vueltas por la reducida
habitaci�n. Cada vez ten�a menos esperanzas de que Mulder la encontrara. Era ajena a lo
que esa gente quer�a hacer con ella y realmente ten�a miedo de lo que le pudiese
ocurrir.
<<�D�nde est�s, Mulder?
Por favor, ven pronto a buscarme. No resisto esto. No s� que es lo que pasa. Est�n
preparandome para algo, pero desconozco lo que es y tengo miedo. Tengo miedo por m� y por
ti. �Qu� ocurrir�? Por favor, tienes que sacarme de aqu�.>>
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RIIIIIIIIING! RIIIIIING!
Mulder acababa de salir del ba�o,
justo cuando son� el tel�fono de la habitaci�n.
-�S�? Pregunt�.
-... Nadie contest�.
-�Qui�n es?
-... Mulder o�a la fuerte
respiraci�n de la persona que le hab�a llamado.
-�Oiga?
-... Tiene que salvarla, se�or
Mulder. Tiene que salvarla. Contest� al f�n, una grave voz masculina.
-�Qui�n es usted? �Sabe algo de
mi compa�era?
-Ellos la tienen. Tiene usted
que salvar a su compa�era, antes de que la entreguen.
-�Qui�n es usted? �D�nde
est� Scully?
-...
-��D�nde est� Scully?!
-Le ver� dentro de un cuarto
de hora en el confesionario de la iglesia del pueblo. No avise a la polic�a.
-�No cuelgue!
Ya era tarde. Mulder s�lo pudo
oir el sonido de ocupado.
10:15 a.m.
Mulder acababa de entrar en la
Iglesia de Villa Di Ostren. Solamente hab�a dos ancianas rezando en un banco. Se acerc�
sigilosamente al confesionario y se arrodill�.
-�Se�or Mulder? Pregunt�
una voz masculina, desde dentro del confesionario.
-�Qui�n es usted y qu� sabe de
mi compa�era? El hombre iba a contestar, cuando los portones de la iglesia se
abrieron, dejando paso a una mujer j�ven. Iba entera vestida de negro y llevaba un
pa�uelo de encaje en la cabeza.
-Disimule, se�or Mulder. Le he
dicho que venga porque tiene que salvar a su compa�era.
-�Qu� es lo qu� sabe?
-Es una historia muy larga,
agente. Empezar� por el principio. Todo el mundo piensa que Yram, era un demonio, adorado
por una secta, �no? Pues no es as�. Yram Di Ostren fue una bruja muy poderosa en el
siglo XII. Su familia y ella hac�an conjuros y maleficios y daban culto a Lucifer; pero
ocurri� algo que ellos no predijeron. Nayara, una de sus sirvientas, se enter� de sus
pr�cticas y se lo cont� todo al sacerdote de la ciudad en la que viv�an. �ste se lo
cont� al Papa e Yram fue condenada a morir en la hoguera y su familia fue desterrada.
Justo cuando Yram iba a ser quemada, cuando estaban a punto de prenderle fuego, se enter�
de que Nayara hab�a sido quien la hab�a acusado. En el mismo lecho de muerte, jur� a
Nayara que volver�a y le quitar�a su alma y que entonces, todo el mundo pagar�a por
haberla quemado.
-�Y qu� tiene que ver esto con
mi compa�era?
-�No se lo imagina? Su compa�era
es Nayara.
La confesi�n le sent� a Mulder
como si le hubiesen echado un jarro de agua fr�a. �C�mo iba a ser Scullly, Nayara? Eso
era imposible.
-�Qu�? Se atrevi� a
preguntar, al fin.
-S� que suena extra�o, se�or
Mulder, pero es as�. Nayara vive en su compa�era. La profec�a dice que Yram volver�
para reencarnarse en Nayara. Usted debe impedirlo. En esta historia, cada uno tiene su
papel. Su compa�era es el �ngel, el ser que derrota el mal. Usted es el salvador del
�ngel; pero tenga cuidado. Salvando a su compa�era, puede caer usted tambi�n.
-�Sabe d�nde est� Scully?
-No. No lo s�, se�or Mulder,
pero si usted observa bien, podr� averiguar d�nde est�. Sea unbuen observador y la
encontrar�, pero dese prisa. No le queda mucho tiempo.
-�Qui�n es usted?
-Soy el padre Luiggi. D�se prisa
y encuentre a su compa�era, porque si no lo hace, no s�lo perder� ella la vida, sino
que condenar� a toda la humanidad.
Mulder se levant� y se march� de
la iglesia. Deb�a buscar a Scully, pero �por d�nde empezar?
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El padre Luiggi estaba cerrando el
confesionario. La iglesia estaba ya vac�a e iba a cerrarla, cuando sinti� a alguien
detr�s de �l. Cuando se dio la vuelta, vi� a la mujer de negro que hab�a entrado a la
iglesia cuando �l estaba hablando con Mulder. El padre Luiggi, sab�a que hab�a ido
all�.
-Ha hecho muy mal, padre Luiggi.
Muy mal. Dijo la mujer, en un tono fr�o como el hielo.
-Lo que tenga que hacer, h�galo
ya.
La mujer neg� con la cabeza y
a�adi� en tono de burla:
-�Cree que la profec�a no va a
cumplirse, padre Luiggi? Se equivoca. Yram va a volver.
-No lo lograr�n. Replic�
el sacerdote, con firmeza.
-Eso es lo que usted piensa.
La mujer sac� un pu�al del bolsillo y se lo clav� al padre Luiggi en el coraz�n.
�ste cay� de espaldas, dentro del confesionario. Aun estaba agonizando, cuando la mujer
se agach� y le susurr� al oido: -Todo ser� como tiene que ser. Es una l�stima que
usted haya acabado as�, pero usted mismo se lo busc�. D�gale a su Dios, cuando le vea,
que pronto ser� Yram, el ser m�s poderoso del Universo.
La mujer sali� del confesionario
y se march� de la iglesia.
Las �ltimas palabras del padre
Luiggi fueron: -No lo lograr�n...
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Residencia de los Bertoletti.
13:30 p.m.
Scully estaba sentada en el suelo,
justo debajo de la min�scula ventana. Hab�a estado gritando durante m�s de media hora y
casi hab�a perdido la voz. Estaba desesperada. No soportaba estar encerrada en aquel
sitio y no dejaba de rezar para que vinieran a buscarla.
Oy� unos pasos cerca de la puerta
y supuso que ser�a Lorena o alguna de sus amigas, pero no era ninguna de ellas. Era la
sirvienta de Lorena. Esta portaba una bandeja con alimentos.
-La se�ora Bertoletti, me ha
dicho que le deje esto. La sirvienta dej� la bandeja en el suelo y se dio la vuelta
para marcharse, pero Scully se abalanz� sobre ella y le propin� un fuerte golpe en la
cabeza, que dej� a la sirvienta inconsciente.
Scully se march� del s�tano y
comenz� a subir las interminables escaleras que la llevar�an hasta la libertad.
Intentaba correr, pero cada vez que lo hac�a, el bajo del vestido se enganchaba en los
finos tacones de sus zapatos. Estaba a punto de llegar a la salida, cuando la puerta se
abri� y por ella apareci� el inexpresivo rostro de Lorena.
-Has hecho mal, Nayara. No debiste
intentar escaparte. Dijo dulcemente.
Scully se abalanz� sobre ella,
pero Lorena le inyect� algo en el hombro. Scully comenz� a verlo todo borroso; los
sonidos que llegaban a sus oidos le parec�an algo lejanos. Finalmente se desplom� en uno
de los escalones. Lorena llam� a su esposo y �ste le ayud� a bajarla hasta el s�tano,
donde volvieron a dejarla encerrada.
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Mulder acababa de llegar a
comisar�a. Iba dispuesto a contarle al comisario todo lo que el padre Luiggi le hab�a
dicho. No confiaba del todo en �l, pero necesitaba que alguien le ayudara a encontrar a
Scully. Ten�a que encontrarla. Necesitaba hacerlo.
Entr� en comisar�a, pero �sta
estaba vac�a, cosa que le sorprendi� mucho. Llam� a la puerta del despacho del
comisario Constanzza, pero �ste tampoco estaba. Gir� el pomo de la puerta y �sta, se
abri� para su sorpresa. El comisario Constanzza no estaba all�, pero Mulder decidi�
echar un vistazo. Vi� una taza sobre el escritorio; la cogi� y comprob� que �sta aun
estaba caliente, por lo que dedujo que el comisario hab�a estado all� hacia poco.
En el escritorio, tambi�n hab�a
varios papeles, que Mulder se dispuso a hojear. Eran fotos de la �ltima chica asesinada y
los papeles de la autopsia.
Dej� los papeles igual que
estaban y abri� uno de los cajones.
En �l hab�a un telef�no m�vil;
la placa del comisario; una agenda y varios sobres marrones. Dedujo que No habr�a nada
m�s que le interesara y pens� que era una tonter�a, eso de estar revolviendo el
despacho del comisario. Cuando se dispon�a a cerrar el caj�n, percibi� una extra�a
lucecita. Volvi� a abrir el caj�n y sac� de �l un broche de plata. El broche, que no
medir�a m�s de ocho cent�metros, semejaba a un pu�al.
Mulder lo sostuvo unos instantes
entre sus manos. Le resultaba familiar. Era como s� antes lo hubiera visto. Acarici� con
las yemas de los dedos la hoja del pu�al y percibi� una inscripci�n en la parte de
atr�s. Le dio la vuelta al broche y vi� la inscripci�n que hab�a en �ste. Estaba
escrita en la lat�n y no pod�a entenderlo. Solamente pudo comprender una fecha 1187. Al
final, hab�a una letra de mayor tama�o: Y.
Mulder sinti� como la puerta de
la comisar�a se abr�a. Vovi� a dejar el broche en el caj�n y se sent� en una de las
sillas que hab�a en frente del escritorio.
-�Agente Mulder? Pregunt�
el comisario Constanzza, cuando entr� en el despacho.
Mulder se levant� de la silla y
salud� al comisario.
-Le estaba esperando, comisario.
-�C�mo ha entrado aqu�?
-Acabo de llegar y he visto que
estaba la puerta entornada. Pens� que estaba dentro y entr�, pero al ver que no estaba,
decid� esperarle.
El comisario pareci� convencido
con la explicaci�n que le hab�a dado y se sent� en su sill�n giratorio.
-�Y bien? �Qu� le trae por
qu�? Ya le dije esta ma�ana que mis hombres est�n tratando de encontrar a su
compa�era.
-Lo s�, pero he venido para saber
que tal iba todo. Yo he estado esta ma�ana en la ermita de Santa Catharina y no la he
encontrado. Minti� Mulder.
-No se preocupe, agente Mulder.
Encontraremos a su compa�era, viva o muerta.
Mulder se levant� bruscamente de
la silla en la que se hallaba sentado. M�s le vale hallarla viva. Le
amenaz�, antes de salir de comisaria.
Viva o muerta. Mientras conduc�a
el coche, Mulder no dejaba de repetirse las �ltimas palabras que le hab�a dicho el
comisario. �Qu� habr�a querido decir con viva omuerta? Algo le daba mala espina. De
pronto, volvi� a su mente el broche. Recordaba haber visto uno as� antes, pero no se
acordaba en donde lo hab�a visto. Se dirig�a con el coche hacia el bosque, pero de
repente, gir� y se puso en camino hacia la ciudad de San Marco.
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Biblioteca de San Marco. 14:40
p.m.
Mulder entr� en la biblioteca
como alma que lleva al diablo.
En recepcci�n no hab�a nadie,
por lo que llam� insistentemente al timbre, hasta que al fin sali� a atenderle la
bibliotecaria que le hab�a atendido el d�a anterior.
-Hola. �Qu� desea?
Pregunt�.
-�Podr�a volver a sacarme ese
libro sobre la leyenda de Villa Di Ostren?
-Espere un momento. La
bibliotecaria volvi� a desaparecer por la puerta, dejando a un Mulder muy impaciente y
nervioso.
A Mulder le parecieron a�os los
minutos que tard� la bibliotecaria en volver.
-Aqu� tiene. Dijo,
entreg�ndole el libro.
Mulder le dio las gracias y se
march� a la sala en la que hab�a estado el d�a anterior.
Se sent� en una mesa en frente de
la ventana, desde la que se divisaba el puerto.
Abri� el libro por la primera
p�gina y comenz� a hojearlo, hasta que lleg� a las �ltimas p�ginas. Entonces lo vi�.
Hab�a una fotograf�a en la que sal�a el broche con forma de pu�al, que hab�a
encontrado en el escritorio del comisario Constanzza. Ley� la p�gina de al lado, en la
que explicaba que el pu�al era el s�mbolo de la secta de Yram. Todos los miembros de la
secta, hab�an de tener un broche igual, ya que el broche, evocaba el recuerdo de cuando
Yram mataba a sus v�ctimas con un pu�al, para luego ofrecer su sangre a Lucifer.
Mulder le devolvi� el libro a la
bibliotecaria y se march�. Se mont� en el coche y arranc� a toda prisa, dejando una
humareda de polvo al marcharse.
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<<Tengo la garganta
irritada; mis ojos est�n hinchados y ya casi no tengo l�grimas.
He pasado toda la ma�ana gritando
y llamando a Mulder, con la vana esperanza de que alguien me oyera y viniese a rescatarme.
Ya no soporto m�s �ste calvario. S�lo llevo un d�a aqu� y me parece un siglo. Al
principio, ten�a la esperanza de que Mulder me encontrara en unas horas, como ocurri� en
aquel caso del hombre que secuestraba a sus victimas y les provocaba un da�o en el
cerebro, para que no sintieran inquietud.�Te acuerdas, Mulder? �l me secuestr� en una
caravana. Comenz� a echar fotos en las que seg�n t�, sal�a el futuro, y cuando �l se
dispon�a a provocarme el da�o en el cerebro, t� apareciste y me rescataste. Aquella
vez, Mulder dio conmigo en unas horas, pero ahora... Ahora siento que no va a venir. Esta
noch� so�� que corr�a y corr�a por el bosque, pero no s� s� era yo o no. Sent�a
que era yo, pero era distinta a mi. Yo vest�a ropas medievales. Llevaba el pelo un poco
m�s oscuro y recogido; yo corr�a. Alguien me persegu�a, pero no s� quien. S�lo s�
que cuando llegaba a un claro del bosque, me entraba un miedo atr�z. Era algo
absolutamente desconocido. He sentido miedo muchas veces, pero �sta vez era muy
diferente. El miedo me dejaba paralizada y no pod�a mover un solo m�sculo de mi cuerpo.
Al final, despert� ba�ada en un sudor fr�o. Fue horrible. Es la pesadilla m�s terrible
que he tenido nunca.
�Dios! �Mulder por qu� no
vienes? �Por qu� dejas qu� me tengan aqu�, encerrada? �Te habr�n hecho algo malo?
�Por qu� no vienes a rescatarme? �yudame. Necesito que me saques de aqu�.>>
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Mulder corr�a por las empinadas
calles de Villa Di Ostren. Al subir una de las cuestas, casi tir� al suelo a una anciana,
ya que iba tan desesperado que no se fijaba en nada.
Lleg� hasta la entrada de la
iglesia y abri� el port�n. La iglesia estaba vac�a, a excepci�n del Cristo y los
Santos que parec�an estar observ�ndole. Mulder camin� hacia el despacho del sacerdote,
pero no le encontr� all�. Vi� una puerta que comunicaba el despacho con un pasillo y
entr�. Subi� varias escaleras y lleg� hasta la vivienda del sacerdote. Llam� a la
puerta, pero nadie contest�, as� que bastante decepcionado, se march�. Cuando se
dispon�a a salir de la iglesia, vi� que sobresal�a un pie del confesionario.
Abri� las puertas de par en par y
vi� lo que ya se esperaba. El cad�ver del padre Luiggi. �ste ten�a los ojos abiertos;
un pu�al clavado en el pecho y un gran charco alrededor de su cuerpo, ya carecedor de
vida.
Mulder sali� a toda prisa de la
iglesia. En su mente, encajaba las piezas del rompecabezas. Ahora entend�a por qu� el
comisario hab�a puesto tampoco empe�o en encontrar a Scully; en por qu� negaba que
Scully hab�a sido secuestrada, cuando era evidente que hab�a sido as� y el asesinato
del padre Luiggi.
Ten�a que encontrar a Scully,
pero la �nica forma de hacerlo, era seguir al comisario Constanzza.
Fue a una cafeter�a de la aldea y
se sent� en una de mesa de la terraza, desde donde pod�a divisar la comisar�a. El
camarero le ech� una mirada fulminante, cuando Mulder le contest� que no quer�a tomar
nada.
Llevaba m�s de media hora sentado
en aquella terraza y el comisario Constanzza no sal�a. De los nervios, hab�a consumido
ya dos cervezas. Consult� su reloj y vi� que �ste marcaba las cuatro y media de la
tarde. En unas horas comenzar�a a oscurecer y conforme pasaban las horas, la esperanza de
encontrar a Scully con vida se desvanec�an. De repente, cay� en algo. �Aquella noche
era luna llena! Entonces, era esa noche cuando planeaban matar a Scully. Deb�a darse
prisa. Ten�a que encontrarla.
Cuando se dispon�a a marcharse,
se dio cuenta de que el comisario Constanzza, sal�a por la puerta de comisar�a. Mulder
le sigui� a una distancia prudente, de modo que el comisario, no se enter� de que le
estaban siguiendo. El comisario sali� del pueblo por un oscuro callej�n. Mulder lo
segu�a y se preguntaba a d�nde demonios conducir�a todo aquello. El comisario
Constanzza, sigui� hasta las afueras del pueblo. Se par� frente a una vieja mansi�n y
entr� en el jard�n. Mulder esper� a que hubiera entrado en la casa, para poder entrar
�l en el jard�n. Camin� entre los �rboles, con cuidado de no ser visto, mientras se
sorprend�a al saber que los miembros de la secta eran la familia m�s poderosa de Villa
Di Ostren.
Mulder camin� sigiloso hasta uno
de los grandes ventanales. Se ech� la mano a la cintura y comprob� que llevaba su arma.
Se asom�, con cuidado de no ser visto, al ventanal y comprob� que en aquella habitaci�n
no hab�a nadie. Sus pies tocaron algo en el suelo. Se agach� y vi� que se trataba de la
cruz de Scully. Ahora no le cab�a ninguna duda. Ella estaba all�. Acarici� la cruz con
las yemas de los dedos y se la guard� en el bolsillo de su chaqueta. Se dispon�a a darse
la vuelta para entrar a escondidas a la casa, cuando le golpearon fuertemente en la
cabeza. Se tambale� de un lado a otro y finalmente lo vi� todo negro, hasta que cay� al
suelo sin sentido.
Marccelo tir� al suelo el garrote
con el que hab�a pegado a Mulder y lo cogi� por las piernas, mientras otro hombre
j�ven, uno de los secuestradores de Scully, lo cog�a por los brazos y lo llevaban dentro
de la mansi�n de los Bertoletti.
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Scully estaba sentada a los pies
de la cama. No dejaba de pensar en su situaci�n; en por qu� Mulder no la hab�a
encontrado aun. Estaba preocupada, pues tem�a que le hubiera ocurrido algo malo. Estaba
tan absorta en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que alguien estaba abriendo la
puerta. �sta se abri�, dejando paso a Marccelo y al j�ven, transportando a Mulder.
-�Mulder! Exclam� Scully,
corriendo hacie �l. Los hombres dejaron a Mulder sobre la cama y se marcharon de all�.
Scully trataba de reanimar a Mulder.
-�Mulder! �Mulder!
�Resp�ndeme! Le tom� el pulso y comprob� que �ste lat�a perfectamente.
Comprob� que no tuviese ninguna herida, pero de repente vi� que de la parte baja de la
cabeza, le sal�an hilitos de sangre. Rasg� el bajo de su vestido y le presion� a Mulder
en la herida. �ste emiti� un gemido de dolor, pero no despert�.
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Scully observ� su reloj. Eran las
diez de la noche. La herida de Mulder hac�a ya horas que hab�a dejado de sangrar, pero
aun segu�a durmiendo.
Scully lo observ� un momento,
antes de sentarse en una mesa que hab�a en la habitaci�n. Siempre supo que Mulder ir�a
a buscarla y ahora estaba all�, aunque no sab�a muy bien para qu� los hab�an
secuestrado.
Scully oy� unas pisadas en el
corredor. Lorena Bertoletti abri� la puerta y detr�s de ella entr� su marido y el otro
j�ven. Todos llevaban unas capuchas negras.
El j�ven oblig� a Scully a
levantarse de la mesa. La at� las manos con una soga y trataron de sacarla de all�, pero
ella se resist�a.
-�Mulder! �Mulder! �No dejes
que me lleven! �Despierta, Mulder! Finalmente, lograron sacar a Scully del s�tano.
Lorena Bertoletti y su amiga
Mariona, llevaron a Scully hasta un dormitorio. La sentaron delante de un tocador y la
maquillaron, recogieron su despeinado cabello en un mo�o y la vistieron con un vestido
blanco de tirantes, que le llegaba hasta los talones. La calzaron con unos zapatos de
tac�n fino y dejaron que ella se mirara en el espejo.
Lorena y Mariona miraban
triunfantes su obra de arte.
-Ha llegado la hora.
Susurr� Lorena.
Ambas mujeres sacaron a Scully de
la habitaci�n; bajaron las escaleras principales y salieron de la casa. All� se les
unieron un grupo de una docena de personas. Todas llevaban capuchas negras y portaban en
las manos antorchas encendidas. Marccelo y el comisario Constanzza, guiaban a Scully con
una mano, mientras que con la otra portaban la antorcha. Scully sinti� p�nico cuando
oy� como sus captores, empezaban a cantar una canci�n de extra�os sonidos en lat�n y
la guiaban hasta el bosque.
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Mulder despert� con un horrible
dolor de cabeza. Recorri� la habitaci�n con la mirada y no reconoci� haber estado nunca
all�. Se levant� de la cama y camin� varios pasos por el s�tano. Se acerc� a la luz
de un candelabro que hab�a en una de las mesitas de noche y mir� su reloj. �ste marcaba
las once y cuarto de la noche. Al momento, su olfato pudo identificar el perfume de
Scully. Ella hab�a estado all�.
Mulder oy� unos pasos en el
corredor. Apag� las velas de uno de los candelabros; sujet� �ste y se coloc� detr�s
de la puerta. �sta se abri�, dejando paso a la sirvienta, que tra�a una bandeja con
comida. Mulder la golpe� en la cabeza y la sirvienta cay� al suelo, sin sentido. Mulder
arroj� el candelabro a una esquina de la habitaci�n y se march� del s�tano.
Subi� desesperado todas las
escaleras que le llevaron hasta la primera planta. Busc� en todas las habitaciones, pero
no hall� ni rastro de Scully. Subi� a la segunda planta, pero tampoco hab�a nadie.
Cuando bajaba las escaleras para irse, se encontr� la puerta del sal�n entreabierta.
Entr� y vi� su arma en una mesita del centro. La cogi� y estaba a punto de marcharse,
cuando vi� un enorme cuadro encima de la chimenea. En �ste estaba pintada la iglesia de
Santa Catharina, con el esplendor del pasado. Entonces se dio cuenta de a donde ten�a que
ir.
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S�lo faltaba media hora para las
doce de la noche.
Mulder conduc�a el coche a toda
prisa. Las ramas de los �rboles del bosque, le daba en los cristales de las ventanas. La
luna llena se tapaba de vez en cuando por los nubarrones; un viento frio se hab�a
levantado y peque�as gotitas comenzaban a caer en el cristal del parabrisas.
Mulder par� el coche en un claro
del bosque. Agarr� su arma y baj� la cuesta pedregosa. Corri�, escondiendose entre los
�rboles, con cuidado de no hacer ruido. Se acerc� sigilosamente hasta los alrededores de
la ermita y se ocult� en uno de los matorroles. En la ermita hab�a luz y de ella
proced�a una extra�a canci�n, que Mulder no logr� comprender.
Se acerc� hasta la fachada de la
iglesia y se asom� con sigilo a una de las min�sculas ventanas. En el interior de la
iglesia, hab�a alrededor de una docena de personas. Todas vest�an capuchas negras y
portaban antorchas encendidas. Cantaban una extra�a canci�n en lat�n y como si de una
especie de ritual se tratara, se agachaban y levantaban, mientras cantaban. De pronto la
vi�: �Scully! �sta estaba atada sobre el altar. Intentaba desatarse, pero la ten�an
amarrada de tal modo, que le era imposible.
Scully estaba aterrada. No sab�a
lo que ten�an planeado hacer con ella, pero el hecho de ver a aquellas personas haciendo
el ritual, la mataba de miedo. Sinti� el impulso de mirar hacia una de las ventanas y
entonces le vi�: �Mulder! �ste le hizo una se�al para que se tranquilizara y ella
suspir� aliviada de saber que �l estaba all�.
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Mulder se ocult� entre los
arbustos. Marc� unos n�meros en su m�vil y pidi� refuerzos a la polic�a de San Marco.
Aun faltaba media hora para las doce. Mulder se acerc� hasta la ermita y sigui� mirando
por la ventanilla. Sab�a que �l s�lo no pod�a entrar a rescatar a Scully. Eran
demasiadas personas, y si entraba, lo �nico que conseguir�a, era que mataran a los dos.
As�, que decidi� esperar a que llegaran los polic�as de San Marco.
De repente, una luz blanca se
apareci� justo al lado de donde estaba Scully. La luz comenz� a tomar forma, hasta que
finalmente, apareci� la figura de una mujer. Era una mujer realmente hermosa. Vest�a
entera de negro. Sus bucles oscuros, resaltaban en su piel blanca, pero sus ojos
reflejaban maldad, rencor y odio.
Mulder temi� lo peor, cuando Yram
se acerc� a Scully.
-Volvemos a vernos Nayara.
Susurr�.
Scully se encontraba cada vez m�s
confundida. �Por qu� la hab�a llamado Nayara? Le entr� un terrible dolor en las
sienes. Cerr� sus ojos y en su mente aparecieron im�genes. Im�genes que hab�a vivido,
pero que no recordaba. Cada vez que recordaba, sent�a punzadas de dolor en las sienes.
Abri� los ojos y su mirada se
encontr� con la de Yram. �sta se dio la vuelta y se dirigi� a sus seguidores, que
estaban agachados ante ella:
-�Hermanos! Con sus manos,
les indic� que se levantaran y ellos lo hicieron. Muy pronto estar� con vosotros.
�Yram volver� a vengarse y nadie lo impedir�! �Nosotros tendremos el poder! Juntos lo
conseguiremos. Juntos. Yram y Marccelo se sostuvieron la mirada unos instantes.
Lorena, se percat� de ellos y lanz� una mirada de odio hacia Yram. Sab�a que ella
deb�a volver, pero la odiaba. La odiaba por haberle robado el amor de su marido.
Yram y sus seguidores, comenzaron
una danza alrededor de Scully. Entonaron de nuevo la extra�a canci�n que a Scully le
retumbaba en los o�dos, pero ahora no ten�a miedo, pues sab�a que Mulder estaba all� y
la iba a salvar.
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Varios coches de polic�a
aparcaron en el lugar que les hab�a indicado Mulder. �ste sali� a su encuentro y les
salud�. Mulder gui� a los agentes por el camino pedregoso y llegaron hasta la ermita.
Los agentes y Mulder se acercaron sigilosamente hasta la fachada de la ermita.
Todos se prepararon para entrar.
Lorena sac� el pu�al de un
peque�o cofre. Se coloc� delante de Scully; sus compa�eros segu�an cantando e Yram se
mostraba de pie, esperando entrar en el cuerpo de Scully. Lorena levant� la mano en la
que ten�a el pu�al y se prepar� para clavarselo a Scully, pero justo cuando iba a
hacerlo, se abrieron de par en par las puertas de la ermita. Se arm� un gran revuelo.
Todo el mundo estaba confuso. Los agentes de polic�a, detuvieron a todos los seguidores
de Yram, menos a Lorena. �sta aun estaba dispuesta a matar a Scully.
-�Suelte el pu�al! Grit�
Mulder, mientras la apuntaba con su arma. Lorena parec�a no escucharle. Segu�a
empu�ando con fuerza el cuchillo. -�Suelte ese cuchillo! Lorena baj� lentamente
la mano. �sta iba dirigida hacia el coraz�n de Scully. Mulder se dio cuenta de lo que
ten�a planeado y le dispar�, haciendo que Lorena y el pu�al, cayeran al suelo. Mulder
se acerc� a Scully y comenz� a desatarla.
Yram volvi� a desaparecer, no sin
antes decir algo: -Volver�.
Mulder termin� de desatar a
Scully. �sta se abraz� a �l y llor� en silencio.
-Tranquila Scully. Susurr�
Mulder, mientras le acariciaba el cabello. Ya pas�. Mulder se sac� la cruz
de Scully del bolsillo. Le sac� las l�grimas y le puso la cruz. La encontraste.
Dijo Scully.
-Siempre la encuentro. Los
dos agentes volvieron a abrazarse, mientras a su alrededor, los polic�as deten�an a los
secuestradores.
Varios despu�s...
Mulder y Scully caminaban cogidos
de la mano, por las calles de Villa Di Ostren. Ninguno de los dos hablaba. S�lo se
miraban y sonre�an, c�mplices. Llegaron hasta el coche y se pusieron de camino al
avi�n, que los llevar�a de vuelta a Washington y a un nuevo futuro.
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Ermita de Santa Catharina. 24:00
p.m.
Una luz blanca inund� las ruinas
de la ermita de Santa Catharina. La luz comenz� a tomar forma de mujer.
-�Volveremos a encontrarnos,
Nayara y esta vez se cumplir� la profec�a!
FIN
PD: �POR FIN! Lo termin�. No veais
los quebraderos de cabeza que me ha dado. Bueno, �qu� os ha parecido? �Bien, mal,
regular? �Queriais un final m�s Shipper o lo queriais m�s NoRomo? �Venga! Animaos y
escribidme. Ya sabeis a: [email protected]
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