
Partido
Socialista Aut�ntico:
POR UN SOCIALISMO ARGENTINO Y
LATINOAMERICANO
(Documento aprobado por el Congreso Nacional del
PSA el 20 de Junio de 1992)
La alianza
hist�rica de 1946, generada por el peronismo, ha concluido en la Argentina. Una
etapa pol�tica y social se cierra y otra se abre. El socialismo argentino tiene
la responsabilidad de advertir la nueva realidad y actuar en consecuencia a fin
de cumplir su destino como fuerza pol�tica revolucionaria.
La crisis,
dec�a Antonio Gramsci, se produce en una sociedad cuando lo viejo no termina
por morir y lo nuevo no acaba por nacer. En ese per�odo de transici�n, la
responsabilidad pol�tica, la moral revolucionaria, la actualizaci�n ideol�gica,
son las herramientas indispensables para repensar la realidad y poder establecer
la estrategia como la t�ctica.
La gu�a
hist�rica, para el socialismo argentino, es el pueblo y la clase trabajadora,
ahora marginados por el modelo de trasnacionalizaci�n de la econom�a que
impone el centro contra la periferia.
La mayor
dificultad, para establecer la nueva t�ctica, es que falta todav�a una nueva
referencia del movimiento de los trabajadores. Hay algunos balbuceos, todav�a
en g�rmenes, mientras la burocracia conciliadora y reformista se bate en una
crisis terminal.
Unir,
entonces, el socialismo argentino con las luchas populares, con las pr�cticas
sociales de las clases populares, los sectores medios en crisis, los nuevos
movimientos sociales, es tarea de la nueva construcci�n pol�tica.
Para esa
construcci�n es necesario abandonar viejos clich�s, antiguas modalidades de
acci�n pol�tica, viejos esquemas superados por el devenir de la historia
nacional y mundial.
Si han ca�do
algunos modelos que ya eran anacr�nicos, eso permitir� construir un nuevo
movimiento revolucionario latinoamericano, que deber� crear, innovar, como dec�a
el venezolano Sim�n Rodr�guez, para no estancarse y morir.
Lo
sorprendente no es que se haya derrumbado el modelo stalinista y
burocr�tico sovi�tico. Lo sorprendente es que se haya
mantenido en pie luego de que en 1927 fuera sepultada la democracia socialista y
que se pudiera mantener casi siete d�cadas despu�s. No se desconoce el
formidable ejemplo de la industrializaci�n sovi�tica y la epopeya de la
resistencia y victoria antifascista, decisiva para el mundo entero. Pero aquel
modelo hab�a recibido a fines de los a�os veinte un golpe de muerte al
encumbrarse definitivamente el stalinismo.
Un
camino revolucionario in�dito
La crisis
de los Ilamados socialismos reales y tambi�n del reformismo y de los
movimientos populares del Tercer Mundo forma parte de una crisis m�s general,
global, que incluye al modelo capitalista trasnacionalizado ya que �ste no
puede dar respuesta a las exigencias de un mejoramiento de la vida material,
cultural y espiritual de las grandes masas, tanto de las naciones desarrolladas
como en la periferia.
La
socialdemocracia, es decir, el socialismo occidental, incluido el ex Partido
Comunista Italiano y las fuerzas que tienen cobijo en la Internacional
Socialista, nunca pudieron resolver el problema del poder pol�tico.
Plantearon reformas pero no un nuevo modelo de sociedad articulado sobre un
poder pol�tico de nuevo tipo.
Sin
embargo, los socialistas occidentales, en diversas variantes, lograron y
ampliaron a lo largo del siglo, espacios democr�ticos y pluralistas que
aventaron las f�rmulas autoritarias y permitieron el surgimiento y consolidaci�n
de grandes fuerzas sindicales y otras expresiones socioculturales progresistas.
No cabe
duda que la "ost politik" alent� la pacificaci�n mundial entre Ios
bloques y al amparo de las ideas socialistas y libertarias surgieron muchos de
los "movimientos alternativos" que no est�n contenidos en los
partidos ni en los gremios obreros.
Por el
contrario, el comunismo, que alumbr� la Revoluci�n de Octubre de 1917, resolvi�
la cuesti�n del poder pol�tico y estableci� un nuevo Estado, basado en formas
econ�micas colectivistas y solidarias. Resulta innecesario analizar como hubiera sido la
revoluci�n comunista en caso de triunfar en Alemania y no en Rusia de los
zares. Ello no ocurri� y punto. Los socialismos reales se dieron como instancia
de la historia y como las relaciones y condiciones de producci�n lo
permitieron.
Pero si el
comunismo resolvi� la cuesti�n del poder -dentro de la cl�sica concepci�n
leninista descripta en Estado y Revoluci�n- no pudo generar una alternativa
viable de democracia real, como aquella que hab�a imaginado Marx en sus
referencias pol�ticas sobre la Comuna de Par�s de 1871. Esta ruptura entre el
socialismo y la democracia, produjo la par�lisis del reformismo, y finalmente,
la arteriosclerosis del comunismo en sus diversas expresiones.
Como
aquella conciencia desdichada de la que hablaba Hegel, el comunismo se desgarr�
a s� mismo para prevalecer hasta que las contradicciones hicieron eclosi�n con
la crisis del Este.
La
izquierda tradicional -comunista y socialdem�crata- est� en crisis. La
respuesta de la socialdemocracia en Am�rica latina ha naufragado y est�
desacreditada. Jaime Paz Zamora, Carlos Andr�s P�rez, Rodrigo Borja, Michael
Manley, Ra�l Alfons�n, patentizan el (fracaso de esas propuestas. Pero esa
crisis es parte de la del populismo latinoamericano, tambi�n en una debacle
ideol�gica y pol�tica, como son los casos de Alan Garc�a y el
del trasbordo hacia la derecha conservadora, de Carlos Menen.
Sin
embargo, el proceso revolucionario continental no se detiene y en las entra�as
de la sociedad latinoamericana crece el �mpetu por lograr una respuesta
humanista, de libertad, justicia social y aut�ntico cambio pol�tico y social.
En M�xico.
el cardenismo; el PT en Brasil; en Centroam�rica nuevas organizaciones
populares y democr�ticas emergidas de la insurgencia: el sandinismo nicarag�ense:
el Frente Amplio del Uruguay: el reagrupamiento de la izquierda en Chile, y
principalmente en toda el �rea, la Teolog�a de la Liberaci�n.
El
dirigente revolucionario salvadore�o Shafik Jorge Handal se refiri�
recientemente a la situaci�n de la izquierda latinoamericana expresando.
"Hay quienes, sacudidos por los acontecimientos mundiales, han llegado a
afirmar con una seguridad impresionante que ya no habr� revoluci�n. Que la
revoluci�n como cambio social ha terminado. Nos llena de orgullo ser los
primeros en plantar la bandera de la revoluci�n que ha iniciado su historia en
medio de este panorama para algunos angustioso y desalentado'.
"Se
trata eso s� -enfatizaba el dirigente salvadore�o-, de una revoluci�n que
llega a su meta bajo formas que deben recoger la situaci�n en que ella se
desarrolla. No hay ahora un d�a en el que la revoluci�n derroc� al viejo
poder e instaur� su poder. El problema del poder en nuestra revoluci�n ha
empezado a resolverse en este per�odo que se ha iniciado, en esta etapa que se
ha iniciado" (Discurso de Shafik Jorge Handal, Acto de solidaridad, 17 de
enero de 1992).
El camino
que se abre en el proceso de transformaci�n de la Argentina y de Am�rica
Latina, es in�dito. Se han perdido br�julas que con el tiempo habr�n ca�do
en desuso. Pero como ya no hay modelos hegem�nicos que muchas veces paralizaron
las energ�as creadoras e innovadoras, es posible la creaci�n. Porque en
definitiva, izquierda es nada m�s y nada menos que eso, creaci�n pol�tica y a
la vez cultural.
Sim�n Rodr�guez,
aquel socialista ut�pico venezolano que fue maestro de Bol�var, hab�a acu�ado
una expresi�n que hoy adquiere importancia sustancial: "Inventamos o
erramos". De eso se trata. Crear para la Argentina y para Am�rica latina
un nuevo modelo de socialismo que. rescatando las viejas tradiciones humanistas
se actualice junto y desde los trabajadores, los marginados, los oprimidos, las
clases medias pauperizadas por la crisis, los t�cnicos. intelectuales y las
expresiones de los nuevos movimientos sociales.
Crisis del populismo, crisis de la socialdemocracia
Es a
todas luces claro que el modelo socialdem�crata de trasplante, basado en el
socialismo mediterr�neo, en nuestro continente ha entrado en crisis. A mitad de
camino entre el capitalismo trasnacionalizado y el llamado "estado de
bienestar social", ese modelo no ofrece alternativas reales de mejoramiento
para las clases populares y concluye pactando con los poderes trasnacionales en
desmedro de la independencia nacional latinoamericana, la justicia social, la
libertad cultural y la soberan�a pol�tica.
Tambi�n
ha concluido la etapa del populismo hegemonizada por el nacionalismo burgu�s y
peque�o burgu�s, agotado en lo pol�tico pero tambi�n por la desaparici�n y
capitulaci�n de sus actores sociales.
En la
Argentina, la alianza hist�rica de 1946, generada por el peronismo, est�
concluida. Esta no es una verdad a priori ni un intento de reduccionisrno ideol�gico
Surge de los datos incontrastables de la realidad socio-pol�tica y econ�mica.
En nuestro pa�s no existe la burgues�a nacional que hab�a comenzado a
replegarse en la �poca de Gelbard y ahora se reduce a peque�as parcelas de la
realidad econ�mica sin poder alguno e impotente ante los cambios tecnol�gicos
y la reconversi�n capitalista trasnacionalizada Los movimientos burgueses
nacionales perdieron el papel rector, fundamentalmente, porque no est�n
dispuestos a desarrollar un proyecto aut�nomo. Se integran en su mayor�a al
capitalismo trasnacionalizado y no les interesa el mercado interno. Cuando
llegan al gobierno se alinean con las clases dominantes.
La c�pula
sindical es funcional al modelo menemista. La antigua modalidad sindical
reformista-burocr�tica tambi�n est� agotada y su impotencia puede
simbolizarse en el fracaso estrat�gico del ubaldinismo social y el final casi
grotesco de la burocracia sindical- Sin respuestas para un mundo nuevo,
aferrados a modalidades que no se referencian con la realidad, desconocedores
del significado de la revoluci�n cient�fico-t�cnica y, sin ninguna conciencia
revolucionaria y esp�ritu de sacrificio, son como fantasmas de un pasado sin
retorno.
En nuestro
pa�s ya no existen militares industrialistas y est� cuestionada la vigencia
ideol�gica de la llamada 'Tercera posici�n" que en su momento constituy�
un importante jal�n ante las superpotencias del mundo bipolar surgido en Yalta.
Ese mundo ya no existe y la "tercera posici�n' como fue expuesta
originalmente no tiene respuestas ante el nuevo mundo multipolar, el hegemonismo
norteamericano en situaci�n
cr�tica, el surgimiento de Jap�n -como primera potencia a escala planetaria y
su mercado com�n asi�tico-, la realidad de una Europa unificada pero en donde
Alemania manifiesta intenciones de liderazgo, la crisis balc�nica, el
resurgimiento de la xenofobia, el neofascismo, el fen�meno irracionalista de
fundamentalismos varios, la crisis ecol�gica mundial -que est� poniendo a la
vista el modelo irracional e inhumano del capitalismo en su actual etapa-, el
resurgimiento de los nacionalismos revolucionarios en la periferia, los fen�menos
populares de la revoluci�n isl�mica, de la negritud africana, del populismo
budista japon�s y de la Teolog�a de la Liberaci�n en nuestro continente.
El
populismo latinoamericano navega en un mar encrespado por oleajes y sin br�jula.
Su adhesi�n al capitalismo trasnacionalizado es tard�a y en la Argentina
carece de posibilidades de concreci�n a la manera "mexicana". La
Argentina, es la Australia "que no fu�' seg�n los socialistas de
principios de siglo, est� afuera de los esquemas mundiales y a pesar de la
genuflexi�n de su clase dirigente, es rechazada por los centros, porque en la
contradicci�n Norte-Sur, la Argentina no forma ni formar� parte del Norte.
En nuestro
pa�s, por las actuales condiciones pol�ticas y equilibrio de fuerzas, es
imposible sin una reforma de fondo, tomar parte de la renta agraria para
reinvertirla en la industrializaci�n y la transformaci�n Cient�fico-t�cnica
Sin
militares industrialistas, agotada la experiencia del sindicalismo
reformista-burocr�tico, con una burgues�a nacional inexistente, el modelo
populista tradicional. surgido en 1946, est� muerto.
La
inteligencia, la capacidad de trabajo pol�tico, las pr�cticas sociales nuevas,
permitir�n revertir el esquema populista tradicional. Los oprimidos -la clase
trabajadora y dem�s capas sociales populares- deben constituirse en la cabeza
del proceso de cambio en tanto que los restos de la burgues�a nacional, los
sectores medios pauperizados, deber�n acompa�ar ese nuevo proceso pol�tico
que es urgente y necesario abrir y desarrollar.
El
socialismo argentino y latinoamericano debe ocupar su puesto de lucha en este
proceso y Contribuir a su despliegue y articulaci�n pol�tica, social, cultural
e ideol�gica.
En
el camino de Jos� Carlos Mart�tegui
El Partido
Socialista Aut�ntico considera que en lo estrat�gico, para salir del
estancamiento y de la crisis que dejar� el proyecto menemista con su econom�a
segmentaria que arroja a la mayor�a de la poblaci�n a la pobreza y al
marginamiento, debe seguir el camino del socialismo latinoamericano con sus
componentes de la reflexi�n y la pr�ctica mariateguista, tomando los aspectos
revolucionarios y creadores
del peronismo y, sin abandonar el criterio laicista y secularizador, la reflexi�n
sobre Am�rica Latina de la Teolog�a de la Liberaci�n.
Pero si est�
agotado el esquema pol�tico del populismo peque�o-burgu�s, la s�ntesis
superadora la constituye en el marco del renacimiento del nacionalismo
continental, el socialismo concebido desde una �ptica latinoamericana.
El
mundo-uno proclamado por los voceros del imperialismo ha dejado paso al
surgimiento de los nacionalismos, de los continentalismos, y a una lucha
despiadada interimperialista, principalmente protagonizada por el enfrentamiento
norteamericano japon�s, que no deja de ser alarmante para la paz mundial.
"El
socialismo no es, en ning�n pa�s del mundo, un movimiento antinacional. Puede
parecerlo, tal vez, en los imperios. En Inglaterra, en Francia, en Estados
Unidos, los revolucionarios denuncian y combaten el imperialismo de sus propios
pueblos. Pero la funci�n de la idea socialista cambia en 1os pueblos pol�tica
y econ�micamente Coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere sin
renegar absolutamente de ninguno de sus principios, una actitud nacionalista . .
. las reivindicaciones de independencia reciben su impulso y su energ�a de la
masa popular" (Peruanicemos al Per�, Lima)
As�
explicaba con acierto Jos� Carlos Mari�tegui la particular situaci�n de las
naciones coloniales y semicoloniales de la periferia, particularmente la de Am�rica
Latina. La Clave mariateguista est� precisamente, en la identificaci�n y
conjunci�n, tarea tambi�n realizada por Antonio Gramsci- de lo nacional con lo
popular, a tal punto que "nacional" y "nacional-popular"
terminan siendo sin�nimos (a diferencia de lo que acontece con los
nacionalismos olig�rquicos y burgueses), pues la realizaci�n de lo nacional,
en la historia, significa integraci�n -y
emancipaci�n, en tanto agente de la misma-
del pueblo-naci�n.
Pero esta
concepci�n del socialismo argentino y latinoamericano, no se concibe como un
nacionalismo excluyente o aislacionista. Lo nacional es mucho m�s que una forma
pol�tica ligada al Estado en el modo de producci�n capitalista Y su conformaci�n
no est�, por lo tanto, amarrada al desarrollo de las fuerzas productivas, tal
como lo creyeron los te�ricos marxistas eurocentristas de fines y principios de
siglo. Aparecer�a m�s como una etapa en el desarrollo hist�rico, que tiene
que ver tanto con el desarrollo de las fuerzas productivas como con el proceso
de socializaci�n (es decir, no s�lo la relaci�n "hombre-naturaleza"
sino tambi�n y fundamentalmente, la relaci�n "hombre-hombre') y con su
producto, la comunidad cultural. Por eso el socialismo argentino y
latinoamericano s�lo puede cumplir con sus objetivos en el contexto
latinoamericano, en el marco del proceso de transformaci�n y revoluci�n
Continental.
El
populismo, guiado por la burgues�a nacional, no pudo cumplir estos objetivos ni
las tareas pol�ticas indispensables. Las clases oprimidas deben asumir la
conducci�n de este nuevo proceso que se abre y que es necesario recorrer para
superar el marginamiento, la injusticia, la desigualdad y todo tipo de opresi�n.
Los pr�ceres
de la Primera Independencia hab�an advertido que el destino de nuestras
naciones no dejaban paso a los marcos estrechos y exclusivistas de los
nacionalismos olig�rquicos y burgueses, sino reclamaban por la unidad
latinoamericana como condici�n del progreso, desarrollo independiente, liberaci�n
humana y social, de nuestros pa�ses.
Socialismo,
hegemon�a y Naci�n
Corresponde
precisar la cuesti�n nacional latinoamericano vista desde el socialismo. El
"universalismo" presente en el viejo intemacionalismo proletario fue
tributario del pensamiento universalista del iluminismo aunque de signo
invertido eran los proletarios y no los burgueses quienes realizar�an la
comunidad universal.
En funci�n
de ello, clase y naci�n aparec�an como contradictorios, porque lo nacional era
visualizarlo como un obst�culo (o en el mejor de los casos, como un
"dato" de la realidad, a tener en cuenta para 1a propaganda pol�tica
y sindical) para la construcci�n del socialismo a escala universal.
Gramsci fue
quien por primera vez (a�n cuando Marx y Engels hab�an previsto la situaci�n
al analizar la cuesti�n irlandesa) integr� lo nacional y social El sujeto de
lo nacional como "la mayor�a de los nacidos", es decir, el pueblo. Lo
nacional no como el mero instrumento de dominaci�n de una clase, sino como el
resultado de una construcci�n hegem�nica, en la que el papel de la ideolog�a
y de la cultura (as� como el de los intelectuales, en tanto "agentes de
hegemon�a") es crucial y fundamental.
Mari�tegui,
por su parte. y desde su perspectiva indoamericana. arrib� a conclusiones
similares: "Se puede decir que Per� -dec�a- es todav�a un concepto por
crear. Mas ya sabemos, definitivamente, en cuanto al Per�, que este concepto no
se crear� sin el indio�. Y destacaba la labor realizada "no por los
tradicionalistas sino por Ios revolucionarios", que han reivindicado la
tradici�n nacional no como un ut�pico ideal de restauraci�n rom�ntica, sino
como una reintegraci�n espiritual de la historia y la patria peruana"
("Peruanicemos al Per�').
S�lo Otto
Bauer, en la vieja Segunda Internacional, se hab�a acercado a esta visi�n
comprensiva de lo nacional, aunque con un �nfasis "culturalista" (la
idea de la "autonom�a nacional-cultural") que lo hizo descuidar la
dimensi�n pol�tica, rescatada por Gramsci a partir del concepto de hegemon�a.
El
socialismo argentino y latinoamericano debe dar respuesta a uno de los desaf�os
m�s importantes para el continente de cara al siglo XXI. Desde la realidad
imperialista, cada d�a m�s internacionalizada y defendida por los sectores
dominantes, a sangre y fuego e incluso por algunos sectores de las capas medias
ganadas por la socialdemocracia de trasplante, surge un interrogante: �es
viable una naci�n, en Am�rica Latina, sin apelar al arbitrio de la integraci�n?
Es necesario pensar que una naci�n es una comunidad cultural, pero a partir de
una estructura productiva que la posibilite. La monoproducci�n latinoamericana,
herencia imperialista, limita nuestras posibilidades. La revoluci�n cient�fico-t�cnica
posibilita ahora cambios sustanciales no s�lo para las naciones centrales sino
tambi�n para las perif�ricas.
En Am�rica
Latina, la cuesti�n nacional latinoamericana es anticapitalista; pero no va a
ser posible resolverla si no se plantea en el marco de la conformaci�n de la
"naci�n de rep�blicas" de la que hablara Bol�var. Por eso, urge
comenzar a recorrer esta etapa.
Alternativa
de poder
La
experiencia de la lucha revolucionaria en Am�rica, los aciertos y errores, los
avances y retrocesos, permiten ahora establecer cu�les son algunos de los par�metros
de Ia pr�ctica transformadora.
Los
partidos-monoclasistas han cedido a la concepci�n de los movimientos de amplia
base pero de firme articulaci�n pol�tica e ideol�gica. El sujeto
revolucionario surge del concepto de oprimido antes que del dilema burgues�a-proletariado
tributario de las ideas del siglo XIX.
A
diferencia del populismo nacional-burgu�s, la construcci�n revolucionaria del
nuevo movimientismo, exige que la direcci�n de la lucha la ejerzan los
trabajadores y los estratos populares, es decir, los oprimidos en su lucha
contra los opresores extranjeros o vern�culos.
En ese
nuevo movimientismo deben jugar un rol importante los llamados nuevos
movimientos sociales (marginados, movimientos de derechos humanos y ecol�gicos.
de j�venes y mujeres, feministas, cooperativistas, de autogesti�n. de
religiosidad popular, de trabajadores del campo, informales, entre muchos
otros).
Los nuevos
movimientos sociales deben nutrir al nuevo movimiento popular, junto a los
sindicatos hist�ricos, que deben renovar su plataforma, adecu�ndola a los
nuevos tiempos.
En esta
construcci�n cumplen un papel importante los antiguos partidos de izquierda,
las corrientes progresistas y transformadoras, el nacionalismo popular
antiimperialista y la Teolog�a de la Liberaci�n, entre otras expresiones del
campo popular.
En el caso
de Ia Argentina, el Partido Socialista Aut�ntico considera indispensable
generar un amplio espacio pol�tico que re�na a las fuerzas y partidos
populares y de izquierda. No se trata de recrear la vieja izquierda dogm�tica o
el stalinismo; tampoco la socialdemocracia de trasplante eurocentrista, o el
populismo ya decadente y sin perspectivas.
Se intenta
generar un espacio pol�tico que trate de constituirse como una alternativa de
poder al proyecto neoconservador. En ese sentido, reafirmamos los principios del
socialismo humanista que nos viene de la Declaraci�n de Principios del Partido
Socialista de 1896. Rescatamos las luchas de la Independencia y el legado, todav�a
incumplido, de la Patria Grande continental, so�ado por San Mart�n y Bol�var,
las pr�cticas revolucionarias del federalismo popular y democr�tico que con
Artigas se�al� el camino de la unidad y la liberaci�n. Hacemos nuestras las
luchas del movimiento obrero y popular, en el Centenario, en la Semana de Enero
de 1919, en la Patagonia Rebelde de 1921; las luchas revolucionarias por el
sufragio universal, la Reforma Universitaria de 1918 y la democratizaci�n de la
cultura, el surgimiento y desarrollo de las organizaciones sindicales,
cooperativas, las universidades populares generadas por el socialismo y el
anarquismo: el 17 de Octubre de 1945, los programas obreros de La Falda (1957) y
Huerta Grande (1962), el Programa del 1� de Mayo de 1968 de la CGT de los
Argentinos, las luchas de resistencia contra las dictaduras militares.
No creemos
que "el marxismo sea la estatua de Marx". como acertadamente expres�
Ernesto Giudici Reivindicamos la herencia del socialismo argentino en las
figuras de Alfredo L. Palacios, Manuel Ugarte, Alicia Moreau de Justo. Joaquin
Coca. Mario Bravo, Julio V. Gonz�lez. Gregorio Selser, Pablo Lejarraga y desde
otra vertiente revolucionaria, a John William Cooke, Gustavo Rearte y Ju�n Jos�
Hern�ndez Arregui. Desde esa s�ntesis creadora, afirmamos que el socialismo
argentino y latinoamericano es el m�todo, el camino y la esperanza. Por �l y
con el pueblo argentino, el Partido Socialista Aut�ntico se alista para vivir
el mundo nuevo donde el "reino de la necesidad" se convierta en el
"reino de la libertad"
"Al
nacionalismo espurio de la oligarqu�a opongamos el nacionalismo obrero, para el
cual la naci�n son los hombres que trabajan en el pa�s.
Juan
B. Justo � 1911.
"El
socialismo conduce al pueblo obrero a la conquista del poder pol�tico. como
condici�n esencia! de su emancipaci�n econ�mica, a apoderarse de la fuerza
del Estado para moderar la explotaci�n capitalista hasta abolirla por
completo" Juan 8. Justo � 1902.
"La
pol�tica obrera es la coerci�n para la liberad. Se vale transitoria y
excepcionalmente de la fuerza para abolir las formas inveteradas de la coerci�n".
Juan B. Justo - Teor�a y
Pr�ctica de la Historia � 1909
EL
NUEVO MODELO SOCIALISTA
Los te�ricos
fundamentales del Socialismo Cient�fico creyeron que el socialismo iba a
desarrollarse primero en los pa�ses con mayor poder�o industrial (Inglaterra,
Alemania, Estados Unidos) para extenderse a la totalidad del planeta.
La predicci�n
no era antojadiza puesto que en esas naciones exist�an elementos materiales
(elevada producci�n, concentraci�n de la propiedad) y los actores sociales
(movimiento obrero) que pod�an actuar como motores de la transformaci�n de la
sociedad.
Cierto es
que Engels en el pr�logo a la edici�n rusa del Manifiesto Comunista contempla
la posibilidad de que sea Rusia el primer pa�s socialista, pero s�lo le
asignaba trascendencia "si la revoluci�n rusa da la se�al para una
revoluci�n proletaria en Occidente".
El
desarrollo imperialista de las potencias occidentales traslad� gran parte de
los conflictos sociales hacia los capitalismos perif�ricos donde las clases
empresarias son m�s d�biles. La concepci�n leninista interpret� esta etapa
del desarrollo econ�mico sosteniendo que "la cadena se corta por el eslab�n
m�s d�bil".
La Revoluci�n
Rusa, los trascendentes procesos de la posguerra en China y el sudeste asi�tico;
las luchas por la liberaci�n en el Africa; la Revoluci�n Cubana; las
experiencias del socialismo en Am�rica latina; el triunfo del sandinismo en
Nicaragua, confirmaban en la pr�ctica este avance del socialismo sobre los
eslabones m�s d�biles de la cadena de dominaci�n capitalista.
Pero al
mismo tiempo que en esos pa�ses se daban algunas condiciones favorables para la
realizaci�n del socialismo (grandes conflictos sociales: menor poder de las
clases empresarias) en otros aspectos como el desarrollo econ�mico, social y
pol�tico, las condiciones eran enormemente desfavorables.
En muchos
casos el socialismo debi� asumir, en un mismo proceso, la industrializaci�n
del pa�s, la satisfacci�n de carencias elementales (alimentaci�n, vestimenta,
salud, vivienda) y la defensa frente a las fuerzas militares m�s poderosas de
la tierra.
La
consolidaci�n y desarrollo del modelo stalinista en la URSS no puede
considerarse independiente de la realidad econ�mica. pol�tica y social en que
se desarroll� el socialismo en ese conjunto de pa�ses. Desgraciadamente fu�
trasplantado como modelo hegem�nico a pr�cticamente todas las experiencia del
socialismo real. Su rigidez econ�mica y pol�tica le impidi� asimilar los
cambios poniendo en grave riesgo la propiedad social de los medios de producci�n
frente al advenimiento de la crisis.
Cierto es
que el capitalismo, a�n en los pa�ses centrales, vive una profunda crisis que
se manifiesta en la marginalidad creciente, la destrucci�n del medio ambiente,
el renacer del fascismo, entre otras calamidades. Sus propuestas hacia el
capitalismo perif�rico no pasa m�s all� del saqueo, la apropiaci�n de los
recursos no renovables y la conformaci�n de sociedades fragmentadas donde una
minor�a vive en el primer mundo y la mayor�a en el cuarto. La restauraci�n
capitalista en Europa oriental s�lo ha tra�do como consecuencia la ca�da
vertical de la producci�n, la desocupaci�n, la miseria y la p�rdida de
importantes conquistas sociales. Si el capitalismo, pese a sus contradicciones,
se mantiene como modelo dominante, es pura y exclusivamente por la ausencia de
un socialismo real que re�na en un mismo modelo el desarrollo econ�mico, la
justicia social, la armon�a con el medio ambiente y la libertad.
Las
experiencias realizadas a lo largo de la historia nos permiten sacar algunas
conclusiones de importancia para el futuro del socialismo.
El
socialismo no puede construirse sobre la base de una relaci�n de propiedad
lejana y abstracta entre los trabajadores y los medios de producci�n. En el
socialismo los trabajadores son los due�os de los medios de producci�n y esa
propiedad debe ejercerse en forma plena y efectiva preferentemente a trav�s de
formas cooperativas. De haber existido esta relaci�n directa en los pa�ses del
Este europeo, jam�s hubiera avanzado la restauraci�n capitalista.
La
propiedad socialista no es incompatible con la existencia de un mercado de
bienes y servicios. En el socialismo debe quedar perfectamente determinado que
�reas se mantienen bajo econom�a dirigida y cu�les bajo econom�a de mercado.
Solo algunas �reas esenciales pueden desarrollarse al margen del mercado.
El
pluralismo pol�tico constituye una conquista esencial de toda sociedad
avanzada; su supresi�n impide la superaci�n de las ideas y acumula conflictos
que luego se tornan incontrolables.
La vieja
definici�n socialista de las clases sociales (burgueses y proletarios) no
responde a la realidad del mundo moderno caracterizado por la disminuci�n del
trabajo industrial y la diversidad de capas sociales en el campo laboral.
Paralelamente enriquecen al socialismo nuevas corrientes ideol�gicas y
movimientos sociales (feministas, ecologistas, de religiosidad popular, de
derechos humanos, de defensa de la ni�ez, entre otros) que comparten los
ideales de justicia social, independencia nacional y libertad. Esta diversidad y
aporte de ideas suman al rol esencial que corresponde a los trabajadores en la
construcci�n del socialismo.
Tras el
derrumbe del posestalinismo, algunas corrientes socialistas y socialdem�cratas
han abandonado, ya definitivamente, la idea de constituir una sociedad libre de
la explotaci�n del trabajo asalariado. Como socialistas argentinos, a casi un
siglo de nuestra fundaci�n reafirmamos nuestra convicci�n de que no existe
socialismo sin propiedad social de los medios de producci�n. Pueden debatirse
las formas, pero no la esencia del socialismo. El socialismo no es "el
capitalismo sin sus defectos". Sino una nueva forma de vida, una nueva
sociedad justa y libre. El socialismo, como expresara Juan B. Justo, es "la
lucha en defensa y para la elevaci�n del pueblo trabajador que, guiado por la
ciencia, tiende a realizar una libre e inteligente sociedad humana basada en la
propiedad colectiva de los medios de producci�n'. El fin del socialismo es la
emancipaci�n del hombre y de la mujer y la emancipaci�n de ellos es lo mismo
que su autorrealizaci�n en el proceso de la relaci�n y la unidad productiva
con el hombre, la mujer y la naturaleza.
Frente a la
irracionalidad individualista de la econom�a del lucro de la sociedad
de consumo y la consecuente degradaci�n del medio ambiente, el
socialismo plantea la econom�a de la solidaridad, la prioridad de la
planificaci�n y el uso del poder del Estado para lograr el equilibrio ecol�gico
y la justa distribuci�n de la riqueza.
Partido Socialista Aut�ntico
- Congreso Nacional - 20 de junio de 1992
Presidente:
Orlando Beneitez (La Pampa)
Vicepresidente
1ro.:
Omar Porfidio (Necochea),Vicepresidente 2do.: Mart�n Troncoso (Tierra del Fuego), Vicepresidente
3ro.: Fernando Pereira (San Juan)
Secretarios:
Paula Resels (Capital Federal) , Elda Proetto (La Pampa)
Enrique
S. Inda, Secretario General