Significado Religioso y Cosmogónico del Juego de pelota

El sagrado Juego de pelota, de importancia vital en la cultura social y religiosa de los pueblos Americanos; nace de la practica divina, la muestra más fehaciente la tenemos en los textos del Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas, que se refiere a la creación de los hombres y los astros.

Según la primera tradición que narra el Popol Vuh, (RECINOS 1973), una pareja de origen divino, Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, hijos de Ixpiyacoc e Ixmucané, la pareja creadora, se ocupaban únicamente de jugar a los dados y a la pelota todos los días. Cierta vez, que jugaban a la pelota en el camino a Xibaldá, (el inframundo), fueron escuchados por Hun Camé y Vucub Camé, señores de este lugar, quienes irritados por el ruido que producían durante su juego, decidieron invitarlos a jugar con ellos, pero con la intención de arrebatarles sus instrumentos de juego, y las pelotas de caucho, después de sacrificarlos. Los instrumentos consistían en: guantes, corona, máscara y anillos.

Los hermanos, derrotados en el juego, fueron decapitados y la cabeza de uno de ellos, Hun Hunahpú, fue colocada en las ramas de un árbol, que inmediatamente floreció, (alusión innegable del poder fertilizador de la cabeza decapitada). Ixquic, la joven hija de uno de los Señores, fue a contemplar ese árbol maravilloso y, cuando estuvo frente a él, la cabeza de Hun Hunahpú le lanzó un salivazo, que le cayó en la mano, y en esa forma milagrosa quedó embarazada, y fue madre de Hunahpú e Ixbalanqué, quienes al crecer serían también retados a jugar a la pelota contra los señores del inframundo. Pero en esta ocasión, ellos, para vengar a sus padres, los derrotaron y los sacrificaron. Después de esto, los hermanos Hunahpú e Ixbalanqué se convirtieron en el Sol y en la Luna; con lo cual, el mito indica que se inicia un nuevo Sol y con ello, la renovación de la fertilidad. Este pasaje además se ve bellamente recreado, en los labrados y relieves de los taludes del juego de pelota de Chichén Itza en Yucatán.



Así también, para los pueblos del altiplano, en especial, para aquellos que se unen en la adoración de “Quetzalcoatl” ,dios serpiente pájaro o serpiente emplumada, deidad y culto, que nace en el viejo Teotihuacan, y es heredada a las civilización Tolteca, y a los pueblos Nahoas del Valle de Anahuac. En este caso, una de las advocaciones de Quetzalcoatl, la de la primer estrella de la noche y lucero de la mañana ,“Venus”, cuyo nombre es Tlahuiscalpantecutli y quien, junto con Xolot, dios viejo, en estatuillas o monolitos presidían los cabezales de las canchas de juego, en el altiplano central; aunque códices y escritos de la época, involucran también a Macuilxochitl y Xochilpili diosas de la belleza, la flora, la fortuna y el amor carnal.

Para estos pueblos el cielo nocturno, era una inmensa cancha de juego en donde, los astros se enfrentaban entre sí, en un interminable juego de pelota, y sus anillos representaban los lugares donde salía o se ponía el sol.

Las canchas, en donde se celebraban juegos rituales, se ubicaban dentro de la periferia de los templos importantes, como en Tula frente al templo de Tlahuiscalpantecutli o “Templo de los Atlantes”, figuras que se han asociado a guerreros; pero que, en la actualidad se somete a una investigación ya que, sus atuendos se parecen más al del jugador; y en la recreación, que se puede apreciar en el Museo de Antropología, de la gran ciudad de México Tenochtitlan, aparece en la plaza del gran Teocalli o “Templo Mayor “ justo al pie del “Tzompantli o Muro de Cráneos”.

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