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Sitio del poeta y narrador Marcelo D. Ferrer |
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Pinté ocasos como amaneceres
radiantes
y veranos en rebelión de otoños
por nacer.
Pinté tus bostezos silentes
como gritos en lo profundo de tu ser.
Pinté las risas insomnes
y todo el pudor de aquella vez.
Pinté lágrimas pequeñas,
del tamaño en que sentí tus penas...
Pinté lágrimas profundas
como océanos de tristezas.
Pinté nuestras voces emergidas
del bullicio alegre de
pertenecer.
Te pinté por dentro
cuando pinté el durazno aquel...
Pinté reflejos,
bellas almas por nacer.
Pinté tus perfiles de mujer,
cerrando mis ojos,
adivinando cada esquina con mi mano
sobre tu piel.
Pinté tus palideces,
solo mis ojos las habrán de ver...
Pinté la naturaleza, a ti merodeando
en sombras
aunque las formas pudieran parecer
otras...
Te pinté en cada cosa que pinté,
aunque unos pocos te puedan ver.
Pinté dos hojas secas,
un epitafio,
y cicatrices que el tiempo no ha de
remover.
Vientos helados secaron tus labios,
me arrebataron tu ser.
Dos hojas muertas,
un epitafio...
el último retrato que de ti habré de
hacer.
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