- Las dunas tienen la palabra
Marcelo D. Ferrer
- La Plata, Buenos Aires, Argentina.
INTRODUCCIÓN:
La
imperiosa adolescencia como néctar a colibrí, descorrió el velo a mi
inocencia...
Ayer, por la noche, en las dunas..., frente a lenguas danzantes de fuego y a
través de mis dedos, labios y todo lo anatómicamente preparado para hurgar y
penetrar. ¡Por amor! Sin
miedo a condena. ¡Con
inocencia! Guiado en su experiencia.
PRIMERA PARTE:
Por una hendija en la
persiana se metía el sol. Hacía rato que estaba despierto persiguiendo el
reflejo de la luz, adivinando sus formas. No aguanté más y me levanté. Salí
al balcón en calzoncillos.
Las mañanas tienen un aroma especial
distinto al resto de los aromas del día. Me estiré como un perro. El mar se veía
calmo, pero más allá de la escollera, el sol, a sus espaldas, agigantaba el
tamaño de las olas. Me zabullí en un short y de ahí a la playa.
Había sido todo un acierto de mi
padre sembrar esos pinos en las dunas del frente de la casa. El puente de madera
que se construyó después, le daba ese toque pintoresco que hacía falta. Al
final, palmeras, la fina arena, y un azul de cielo matinal que se fundía con el mar.
La playa guardaba vestigios de la
noche. Fue por eso que al pasar por donde la vida se encendió, me arrodillé a
besar la arena que fue camastro.
Caminé hasta el pequeño muelle que
apenas se adentraba en el mar y me quedé mirando lontananza. Las nubes en el
fondo del planeta, sobre el arco del mundo, dibujaban el rostro adulto de ella. Sus treinta y ... no se cuantos, se veían majestuosos temblando entre mis brazos. Y yo, que en ese verano de rosas tanto
la había deseado, sólo soñando la imaginaba a mi lado. A mis trece, ya era un hombre realizado.
SEGUNDA PARTE:
- Cuando uno adolece, no hay opción; siempre ¡siempre!
perseguirá quimeras. Aunque con el amor, es otra cosa. Es
instinto arrollador mezclado con una necesidad imperiosa. Por eso, ayer, viéndola hermosa, sucumbí sin pensar que no era moza.
Cada historia pone a
resguardo sus fotos favoritas, y dependiendo de los estados de ánimo, vamos
pasando las páginas del álbum. En eso estaba. El desconcierto sobreviene cuando te
paseas entre la realidad y la fantasía; ahora, observando el paisaje de los
sueños;
después, revolviendo porquerías. ¿Y cual de todos es el mundo real? Desde
una ilusión se te viene encima la vida.
El clic sonó seco tras mi oreja, y como quien cae a la tierra de otro planeta, miré al que me apuntaba con su escopeta.
Primera súplica:
Imagínense mi sorpresa. De
confiar en la complicidad de mi amada, a esa mirada desquiciada del que me
apuntaba. Salté al agua y le rogué que me
perdonara. No tan
lejos corría ella hacia donde nosotros estábamos, traía una
máscara incierta y gesticulaba desesperada. Él se dio la vuelta y sin más le
disparó en la cara. La vi caer como despeñada para quedar inerte sobre la arena
mojada. Me sumergí mientras aún le disparaba y
nadé por debajo del agua en imperiosa retirada.
Segunda súplica:
--¡Ya
no importa! -Gritó al verme-. Y con la tranquilidad inimputable de sus
descarriadas emociones, jaló el gatillo del encono hasta su alma, dispuesto
acompañarla.
EPÍLOGO:
¿Tragedia? ¿La conjunción de una vida alborotada con
la de una mujer apasionada? ¿Locura de
un enfermizo amor de dos vidas
descarriadas?
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Las dunas tienen la palabra.