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Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
La Inmoderación avanza
Por Marcelo D. Ferrer
A veces, incluso cuando
los astros parecen alinearse a nuestro favor, fracasamos. Ganados
por la necedad que a menudo engendra un efímero éxito; o por la
tontera de no dar su justa valoración al logro de simples metas
intermedias, nos mareamos; y mareados, perdemos la irrepetible
oportunidad de arribar a logros más trascendentes. Lo penoso es ver
cómo lo mezquino de nuestros actos de vanagloria esmerilan nuestros
esfuerzos, deviniéndolos, más tarde, a fracaso y frustración.
La historia, está plagada de ejemplos de inmoderación que
condujeron a consecuencias humillantes.
Por alguna razón, alcanzado cierto grado de valoración y éxito,
una sensación de invulnerabilidad exacerba los riesgos, y es en ese
momento, cuanto más vulnerables al fracaso estamos.
Esta es la hora de nuestros gobernantes. Metafóricamente, no les
basta con Polonia, los Países Bajos, Francia e Italia; también
aspiran a dominar Rusia. Trasladando la metáfora a nuestra realidad
nacional, la aspiración legislativa de nuestro presidente, aún
dominando las mayorías parlamentarias, configura un acto de avidez
tan innecesario como contraproducente.
He ahí el punto en que debemos escindir a los hombres en relación
al objeto de su acción; si ligada al altruismo de los verdaderos
estadistas; o, si mezquina e insignificante para su propio soslayo.
Desbordados los límites de la racionalidad, el decoro y el respeto,
no hay margen para la duda: la desmesura es consecuente con el
personalismo de los autovanagloriados. Porque no hay excusa
suficiente al atropello, y porque el atropello no respeta tampoco,
los principios que lo impulsaron. En la medida que la desmesura
avanza atropellando, todos los principios, tarde o temprano, serán
avasallados.
Es, en este punto, cuando todo lo hecho de bueno comienza a estar
amenazado; cuando se desalinean los planetas que otrora señalaran
el rumbo, y la vanagloria inicia su marcha hacia el fracaso.
La inmoderación en el presidente Kirchner avanza. Fue sintomática
cuando a días de asumir, la utilizó para humillar al
Vicepresidente Daniel Scioli (lastimosa también la ausencia de
dignidad en éste -agrego). Pero antes de eso, durante la campaña,
Santa Cruz fue una tierra inexpugnable; preguntar por los caudales
en el exterior, resulta, todavía hoy, un improperio inaceptable.
Prosiguió con la irrespetuosidad a dignatarios visitantes y la
simplicidad de justificarse "en el ser" sin recabar
"en el deber ser" de su investidura;
con la traición a Eduardo Duhalde, a quien debe el cargo;
con la manipulación de las normas electorales para que quien sin
residencia en Bs. As. se erigiera en senadora por esa provincia;
con el cohecho a personajes "borocoteados" de la degradada
politiquería nacional, que antes fueron denostados por su pasado
Duhaldista;
con la humillación de los acreedores internos defaulteados (el
ahorrista argentino) y bonistas defaulteados del exterior;
con el amparo y el auspicio de encapuchados armados en nuestras
calles;
con el salvoconducto de "cargo de funcionario del estado"
a delincuentes y salteadores de caminos;
con el boicot y escraches a empresas y empresarios;
con la degradación de los Jefes de las Fuerzas Armadas y sus
integrantes;
con los improperios a la Iglesia;
con la acefalía de la Corte Suprema;
con el nombramiento de compinches en los órganos de fiscalización
del estado;
con la manipulación de fondos públicos en beneficio de campañas y
actos políticos;
con el amedrentamiento de empresarios citados al atril y a hocicar
frente a las cámaras;
con la utilización de sindicalistas y sus sindicatos para cooptar
empresas y amedrentar empresarios;
con la exaltación de antinomias y la perenne búsqueda de
confrontación entre argentinos;
con el auspicio al resentimiento de clases cavando un abismo en el
ejido social;
con el manipuleo de la prensa más proclive a las prebendas;
con las veladas amenazas a la prensa menos proclive a las prebendas;
con la falta de respeto y la desvalorización de los líderes de la
oposición;
con el uso indebido e inconsulto de nuestras reservas;
con los negociados financieros a través de la emisión de bonos vía
Venezuela;
con el doble discurso de decir hoy y lo contrario mañana, sin
resignar jamás la razón ante la flagrante contradicción, ni
ruborizarse por la hipocresía;
con la impunidad de malversar los recursos presupuestarios mediante
el dictado de Decretos de Necesidad y Urgencia;
con el manejo arbitrario de las retenciones a los exportadores, las
tarifas y los subsidios;
con la digitalización de la obra pública en beneficio de la
consolidación del poder;
con los cargos fijos en las tarifas de servicios públicos para
digitar dónde, cuándo y por quién, se realizarán las obras;
con el uso amedrentador de la Agencia Federal de Ingresos Públicos
(AFIP) y la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE);
con el control de precios más obligado que consensuado;
con el mentís posterior del índice de precios al consumidor (IPC)
ante el fracaso;
con el modo individualista de adoptar las decisiones prescindiendo
del Gabinete de Ministros;
con la mordaza impuesta a los funcionarios;
con la manipulación del INDEC, sus estadísticas e informes; etc.
Antes fue el Consejo de la Magistratura y el salvoconducto para los
jueces adictos; ahora, son los poderes para legislar mediante DNU, y
a través de ellos, interactuar con las facultades extraordinarias
del Ministro Coordinador, el manejo discrecional de los recursos
presupuestarios, para continuar en dominio de las políticas, sin el
debate esclarecedor que nos involucre a todos en el éxito o el
fracaso.
La vanagloria de efímeros éxitos que tampoco les pertenecen por
completo, les asegura que ellos poseen la preclaridad de resolverlo
todo sin necesidad de interactuar ni sujetarse a un marco
institucional; todo lo demás, a excepción de sus convicciones, no
cuenta.
La inmoderación avanza, alentada por la vanagloria de los
inalcanzables y poderosos. Tal vez acumulen suficiente poder como
para adueñarse de todos los destinos de esta nación; sin embargo,
la nieve de las estepas rusas, no los perdonará.
(Se
autoriza su difusión con mención de la fuente)
(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.