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Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
Sobre una balsa en medio de un huracán
Por
Marcelo D. Ferrer
Hemos
creído nuestra responsabilidad advertir sobre el curso de la economía
mundial y el modo en que el cambio de su tendencia afectará a
nuestro país. El gobierno debe tomar acciones de inmediato;
proseguir en el curso actual producirá graves consecuencias a la
ciudadanía.
La
economía mundial ha iniciado un ciclo de contracción que se
anuncia, de entre tantos otros modos, con la aguda caída de los
mercados bursátiles; esto ha provocado entre los inversores
importantes pérdidas. A ello debemos sumar la inexorable caída de
los valores inmobiliarios tanto en la Euro zona como en Estados
Unidos, la carestía de la tasa de interés, una mayor iliquidez
financiera internacional, el alza del costo de la energía, la
inexorable caída del precio de los commodities agrícolas y la
consecuente caída del consumo mundial.
No
se trata de un presagio, debe comprenderse esto. Es, simplemente, el
inicio de un nuevo ciclo en el cual adquiere más relevancia la
ganancia realizada, que la por realizarse. Esto es, un cambio en las
expectativas que induce una obligada retracción de los agentes económicos.
Este cambio de expectativas reduce el marco de las relaciones económicas a un presente inmediato (dado que la proyección es incierta), conduciéndose la economía a un entorno de necesidades prioritarias que, desagregado de expectativas, afecta el volumen de las transacciones. Es por tanto, el cambio en las expectativas, el primer síntoma de contracción económica, que luego se convalidará en la economía real.
Menor
envergadura de negocios se traduce en menor utilidad para las
empresas, las que a su vez se ven afectadas por el incremento de sus
costos: tasa de interés, energía, afectación en general de los índices
de productividad. Esta situación incide sobre sus políticas de
dividendos, lo que a su vez incide en la cotización de sus títulos,
lo que a su vez acota su financiamiento y reduce su capacidad de
inversión.
La
disminución de las utilidades de las empresas y un entorno de menor
demanda interna y externa, incide en la recaudación tributaria de
los países, los que a su vez se ven desfavorecidos por la carestía
de la tasa de interés internacional. Esto disminuye los superávit o
agrava los déficit presupuestarios.
Es sabido que gran parte del financiamiento de los déficit presupuestarios de los Estados Unidos son financiados por los superávit de otras naciones. Este equilibrio se pone en riesgo ahora. De mantenerse la proyección de los déficit americanos al alza y, de proyectarse, debido a la contracción de la economía mundial, los superávit a la baja, estos países demandarán menos dólares y títulos del tesoro nacional norteamericano, haciendo que ello incida en su cotización. No creemos posible que los países pudieran absorber los excedentes financieros americanos incurriendo en déficit; y de hacerlo, no por largo plazo.
En este punto, debemos anexar un hecho crucial que viene de la mano de la tecnología. Somos de la creencia que el comercio internacional discontinuará paulatinamente el uso de papel moneda en sus transacciones. Esto afectaría los índices de monetización de la economía mundial.
De
devaluarse más rápidamente el dólar, esto incidirá en su tasa de
inflación y en la tasa de interés, afectando el poder adquisitivo
de los consumidores americanos. Una menor presencia de esta
comunidad en el mercado de consumo mundial, afectará más el ciclo
de contracción de la economía mundial.
Obligadamente, Estados Unidos, debería reducir su presupuesto, lo que agudizará su retracción económica interna. La circunstancia política de este país es un hecho no menor a tener en cuenta para tal reducción presupuestaria. El estado de guerra de hecho y latente que mantiene en el Golfo de Pérsico, lo condicionan. Pero esta situación pudiera agravar todavía más el panorama de hacerse efectivas las amenazas de Irán de detener su producción de petróleo o, de darse inicio a una confrontación armada.
En
otro orden, está la amenaza de pandemia de gripe aviar. Resulta
impredecible tal circunstancia que, de desencadenarse, tendrá grave
afectación económica.
Lo
que acabamos de expresar en un lenguaje que pudiera comprender el no
técnico, se encuentra abonado por hipótesis sustentadas en cálculos
extraídos de datos de la realidad.
Superávit.
A
poner las barbas en remojo.
Nuestro
superávit presupuestario fue y es insuficiente. Se logra en un
contexto de extrema bonanza internacional y a partir de la mayor
presión tributaria que el país tuviera jamás (dejando de lado la
economía formal e informal; puesto que si lo informal no se puso en
caja ahora, difícilmente pueda hacérselo en un marco de escasez).
Decimos que es insuficiente porque este ciclo excepcional de la
economía internacional que ahora finaliza, debió haber sido mejor
aprovechado desde el punto de vista del ahorro y la inversión.
El
crecimiento Argentino se produce por impulso del consumo de excedentes
logrados en este ciclo de bonanza internacional, aprovechando el
ahorro y la inversión de los 90’. Sé que es antipático esto que
digo para el grado de ideologización
que ha impulsado el gobierno de Néstor Kirchner, con el tiempo
asumiremos la verdad. Este proceso de crecimiento inexorablemente se
agotará cuando se queme lo último del combustible, y se reduzcan o
desaparezcan los excedentes de diversa índole que hasta ahora
producía la bonanza internacional.
Debido
a las causas del crecimiento –el consumo- y a la insuficiencia de
ahorro e inversión para sostenerlo, lidiamos hoy con la
inflación, y enfrentaremos mañana un ciclo de escasez con agudo
impacto sobre el ejido
social más empobrecido.
Sin
embargo, el gobierno produce un mentís tras otro agravando su
responsabilidad futura, respecto del seguro reclamo que caerá sobre
sus responsables cuando la crisis sea inevitable. Las cifras
difundidas por el INDEC ayer y la abrumadora publicidad oficial
difundiendo sólo buenas noticias, huelgan mayor abundancia a este
respecto. La demagogia y la falta de previsibilidad conducen
irremediablemente por malos caminos.
Sí, la contracción de la economía mundial deprimiera en tan sólo 25% el precio de nuestros commodities, la explotación agraria se tornaría deficitaria, dado los altos impuestos a las exportaciones que el estado recauda a través de las retenciones.
En
ese contexto, el estado se vería obligado a reducir tales
impuestos; de no hacerlo, la situación del país empeoraría en un
corto plazo al abandonarse la siembra y proveerse a una mayor
desocupación.
Frente
a un gasto público creciente y la imposibilidad de gravar a la
economía con mayores impuestos, la aparición de déficit es una
cuestión de tiempo. De hecho, ya lo anuncian algunas provincias.
Pero
todavía falta la cuestión energética. En cuestión de energía
estamos cayendo al ojo de un embudo con el agravante de que, ahora
mismo, es tarde para reencauzar la situación.
En
otro orden, gran porción de nuestra economía se encuentra
subsidiada. Si el estado, por una cuestión meramente
presupuestaria, no pudiera ya sostener tales subsidios, esta
circunstancia impactaría sobre los precios, y los precios impactarían
sobre el consumo, y esto a su vez en los salarios y en el nivel de
recaudación..., etc., etc.
El
Presidente del Banco Central habla de reservas. Lo que no dice es cuánto
nos cuestan. Un porcentaje apreciable de nuestras reservas las
estamos debiendo al mercado interno y devengan el pago de intereses.
La brecha de sobre valuación cambiaria, vinculada esta al mercado de divisas, excede el ahorro nacional y los índices de monetización de la economía. Esto es, producimos mas excedentes monetarios que los que la economía demanda. Ello obliga al Banco Central a neutralizar los excedentes con emisión de títulos de deuda. Dado el contexto enrarecido de la economía, estos títulos se renuevan cada vez a menor plazo y a mayor tasa. Todo ello sin tener en cuenta el cómo este desequilibrio cambiario ha influido sobre el salario real y la inequitativa distribución del ingreso nacional.
La
parte de nuestras reservas que no respaldan deuda interna, son
insuficientes para el volumen de nuestra economía y nuestra deuda
externa.
Desde
hace tiempo venimos advirtiendo sobre todo esto; desde cuando era
posible la adopción de medidas urgentes que morigeraran las
consecuencias. Sin embargo, el gobierno, por ignorancia o por
inconsciencia, prefirió barrenar su ola de popularidad en desmedro
del futuro. ¿Sería tarde si tomara razón ahora? ¿Le asistirá
tal grado de grandeza en beneficio del bien común?
(Se
autoriza su difusión con mención de la fuente)
(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.