MARCELO D. FERRER

Cartas a mi país

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 Y bueno, no paguemos; ¡total!,
¿queda alguna honra que tutelar?
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina. 09/03/2004
 
      El país atraviesa la peor crisis de crédito que tuviera jamás. No sólo porque ha dejado de honrar sus obligaciones con los acreedores externos; sino, porque la degradación moral que conlleva el facilísimo, se ha transformado en la idiosincrasia que nos caracteriza como nación frente al resto del mundo.
 
     ¿Quién es Kirchner? ¿Acaso Kirchner no es peronista? ¿Y no fueron los peronistas y la prebenda radical los que tiraron al país por el barranco? ¿O somos tan ingenuos de pensar que el resto del mundo cree -como nosotros- que este presidente es el principito?
    No queda honra que tutelar, de tal modo que este 9 de marzo de 2004 no hace ninguna diferencia que paguemos o no paguemos al FMI. Nada cambiará si pagamos y nada cambiará si no lo hacemos; el mal ya está hecho.  No será este presidente, que representa a la mafia izquierdista del peronismo, ni ningún otro que surja de los partidos tradicionales, el que resuelva la cuestión del default moral; porque ya nadie en el mundo le cree al peronismo, cualquiera sea la facción de su caos interno que gobierne.
 
     Nuestra crisis va más allá de la mera relación financiera con el mundo. Se me ocurre pensar que esta manía nuestra de ir contra la corriente, es rebeldía adolescente. Pareciera que sólo aprendemos de nuestras propias experiencias; que por desgracia, tenemos que repetir una y otra vez para que al fin nos quede la lección. Es que nos pensamos diferentes los argentinos... y en nuestra arrogancia, sucumbimos. Combatimos a los molinos de viento con la aspiración de cambiar los males del mundo  sin aceptar que contribuimos en gran medida a esos males y sin aceptar tampoco que nuestra aptitud para lograrlo, no alcanza siquiera para cambiar nuestros males domésticos.
 
    ¿En verdad estamos comprando a este gobierno que podemos vivir aislados del mundo? ¿Tan poco inteligente somos? ¿Acaso no sabemos que el aislamiento es atraso cultural y peor calidad de vida, y que esa es la pena que les cabe a los marginados? Si bien el bienestar es una cuestión mental, mientras los parámetros de comparación permanezcan ocultos -cosa imposible hoy día-, el que vayamos a la zaga del mundo es perderse el real bienestar. Las tribus de África gozan de un bienestar; inmersos en su propia cultura, nadie diría que no son pueblos felices. Pero su expectativa y calidad de vida, y sus posibilidades de interactuar culturalmente, distan bastante del de las naciones desarrolladas. ¿Es este el modelo de país al que aspiramos? ¿Nos vamos a quedar con un sexto grado teniendo capacidades para ser universitarios?  
 
    El cambio en democracia que posibilite una salida del país en todos los sentidos,  depende de una profunda renovación en el ejercicio de la política que obligadamente se logra con una administración seria y honrada de la justicia. De otro modo, seremos siempre un país impredecible y sólo elegible para la especulación. Por eso no hace diferencia la decisión que tome el gobierno hoy. Las consecuencias del default ya las está padeciendo la población, desde hace años, con este subdesarrollo cultural y tecnológico que marcha todos los días hacia más degradación.    
 
    El pueblo, la gente de este país, posee un enorme potencial que es menoscabado por su escasa educación. La postergación de nuestro desarrollo es debido a una clase dirigente que usufructúa la inmadurez democrática de este pueblo. Esta clase dirigente necesita, de tanto en tanto, de un incendio que oculte sus ineptitudes y corruptelas. Luego, harán lo que han hecho siempre, dirán que el incendiario fue otro.

 

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