Econ. Manuel C Martínez M.
El POPULISMO
de ROSENBLAT
Obsérvese que
de todos sus meritorios y bien ganados aportes lingüísticos, he
entresacado el referente a sus inclinaciones políticas, de las que
ineluctablemente somos víctimas . El profesor Ángel Rosenblat dedicó buena
parte de su amplia producción a las desviaciones idiomáticas, o a la
coloquialidad regional que suele madurar en las sociedades donde la educación
no llega por igual a todos sus ciudadanos.
Esta características social ha sido
caldo de cultivo para la germinación de populistas de toda uña. Unos ven
en esa desigualdad banderas políticas, y otros, motivo para sus disquisiciones
profesionales, según cada caso en particular. Para los gramatólogos de oficio
la biologización de la lengua ha sido excusa para suponer e identificar los
malos usos de la gramática como fenómenos naturalmente admisibles, y el apego a
las reglas gramaticales establecidas y recogidas en los diccionarios ad hoc recibe el despectivo
tratamiento de puritanismo.
Rosenblat cayó en esa trampa
populista, porque, digamos por caso, el nacimiento de los romances fue un
fenómeno espontáneo para una gente no sometida gramaticalmente a ninguna norma,
habida cuenta que los pueblos mediterráneos conquistados por Roma no
sabían leer Latín y la soldadesca romana se apartó de sus reglas.
Sabido es por muchos de nosotros que
los iletrados, la gente con bajo perfil instruccional, suelen manejar
arbitrariamente la lengua con la que se expresan. De alguna manera logran
comunicarse y, a través de una codificación inducida, las gentes que
practican esas mutaciones, esos giros y todo género de impropiedades e
imprecisiones idiomáticas terminan entendiéndose. Pero, esto no debe
confundirse con dinamismo idiomático.
El caso es que desde el mismo momento en que los romances fueron objeto de
organización teórica y se convino en la configuración de léxicos, academias y
confección de gramáticas específicas y diferenciantes para el Castellano,
Portugués, Francés e Italiano, se coadmitió una rigidez referencial y
transitoria para que pueda un mayor número de personas escribir y hablar
en su respectiva lengua con un mínimo posible de errores y
confusiones .
Afirmar, como lo hizo Rosenblat, y como lo siguen ciegamente sosteniendo
sus epígonos, que la lengua es dinámica per
se
, es desconocer que la mayor parte de esas desviaciones responden a
la ignorancia misma de sus parlantes y escribientes. Esto es diferente a las
mutaciones provenientes de la gente previamente letrada.
<<La historia nos muestra que la lengua no es del todo el
triunfo de la corriente popular ni de la influencia culta, sino de la
integración, siempre inestable, de ambas fuerzas>>1/. De otra manera,
entonces, deberíamos de una vez por todas quemar los diccionarios y cerrar las
academias de la lengua. Dejaríamos a los ignaros que hablen y escriban
como mejor se les antoje. Esto puede ser factible, pero su precio será
una confusión babeliana más intrincada que la de las referencias
bíblicas, al cabo de lo cual habría que relexicar y reacademizar.
El populismo habrá hecho de las
suyas. Se explica así, pues, estos disparates cometidos por gente altamente
intelectual y cargados como se hallan de gran erudición. Toda la
reglamentación gramatical debe respetarse y limitarnos a ir adecuando
sopesadamente las mutaciones que fundamentalmente la mayoría de la gente culta
vaya imponiendo. Los incultos, analfabetos y desinformados no pueden dinamizar
ni burlarse de la labor recolectora y normalizadora de nuestros
lingüistas y consumados académicos. Academia no es rigidez, sino referencia
necesaria.
----1/
Ángel Rosenblat, Fetichismo de la letra.
16_29_10_2000