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MANIFIESTO ARGENTINO
EN CÓRDOBA

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Elecciones sin elección

Adolfo Pérez Esquivel

10 de agosto del 2002

Argentina: Necesidad de convocar a una Asamblea del Pueblo

La Argentina está sumergida en la incertidumbre y la desintegración social. Los sucesivos gobiernos que claudicaron o fueron cómplices de las políticas implementadas por el FMI y el gobierno de los EE.UU., han condicionado y conspirado contra la vida y desarrollo del pueblo.

Los indicadores son dramáticos; 18 millones de argentinos, hombres y mujeres, viven en situación de pobreza; siete millones de personas bajo el nivel de pobreza, es decir en la miseria, miles de niños son víctimas de la violencia social, se mueren cerca de cien niños por día de hambre y de enfermedades evitables; jóvenes y ancianos sin presente, ni futuro y sin esperanza de vida.

Aumenta la desocupación y el cierre de fuentes de trabajo. El país se encuentra paralizado por la falta de políticas de reactivación económica y el deterioro ético de las instituciones del Estado; a éste grave panorama se suma la complicidad de la Corte Suprema de Justicia, con sus resoluciones arbitrarias y violatorias de la Constitución Nacional que ponen en riesgo la integridad del país.

Como bien lo señalara Oscar Wilde, el cinismo llega a tal grado, "que a todo le ponen precio y valor a nada". Precio y valor no son lo mismo; existen valores éticos y responsabilidad con el pueblo, pero eso no cuenta para la especulación financiera y los bancos que continúan el saqueo sin piedad de los recursos del país con total impunidad, y ven al pueblo como masa o mercado y al ser humano, como no -persona.

Avanza el proyecto de dominación

En éste escenario dramático se suma la militarización creciente en el continente latinoamericano y nacional. Del terrorismo de Estado se pasó al terrorismo del mercado. Las hipótesis de conflictos que impone la ideología imperante, determina que en un escenario de guerra el "enemigo", es el propio pueblo.

El riesgo es involucrar a los países de América Latina en conflictos regionales entre pueblos hermanos, como son el Plan Colombia y el de Puebla- Panamá. Las maniobras militares realizadas en la Argentina durante los años 2000 y 2001, denominadas "Cabañas", se realizaron bajo el mando unificado de los EE.UU..

El gobierno de los EE.UU. necesita asegurar su hegemonía continental e imponer el ALCA,- Asociación de Libre Comercio para las Américas- lo que representa graves consecuencias para el presente y futuro del país y de todo el continente latinoamericano.

Esta situación llevará a agudizar los conflictos sociales y las movilizaciones que ya están siendo controladas con la represión.

Es necesario señalan con claridad que lo que ocurre en la Argentina es parte de un plan global para toda América Latina, provocando el efecto "dominó" en otros países que se verán arrastrados por la misma pendiente de desintegración del Estado. Los casos más cercanos son Uruguay y el Brasil.

El poder establecido, las transnacionales y el gobierno de los EE.UU. ven con preocupación en esos países los posibles cambios en un futuro inmediato.

Uno sería el triunfo electoral de Lula en Brasil y el otro el posible triunfo del Frente Amplio en Uruguay. Buscan dejarles el campo minado para que esos países se vuelvan ingobernables.

Es necesario analizar lo ocurrido en el Ecuador, un país que ha sufrido la dolarización bajo una fuerte inflación en dólares; aumentando la pobreza y las dificultades en sus exportaciones, sumándose a esas dificultades el saqueo de los ahorristas por los bancos.

Esa misma política se aplicó a la Argentina con el "corralito".

Elecciones sin elección

La convocatoria a elecciones para el mes de marzo del 2003, efectuada por el gobierno que preside Duhalde, es motivada por su incapacidad para gobernar y por las fuertes presiones a que es sometido, como los graves hechos que costaron la vida a dos jóvenes piqueteros , más de veinte heridos y unos 150 piqueteros detenidos. La represión es el único camino utilizado por el gobierno para contener la creciente demanda social.

Cualquier gobierno que asuma seguirá el mismo camino, si no hay una profunda reforma constitucional.

Si los partidos políticos aceptan las condiciones impuestas por el gobierno, no hacen otra cosa que ser útiles al sistema dominante para que nada cambie y puedan continuar saqueando el país y entregándolo en manos de fuertes intereses transnacionales y a la voracidad del gobierno de los EE.UU.

Los desafíos

Enfrentar estos graves desafíos requieren del esfuerzo y la decisión del conjunto del pueblo a fin de revertir la crisis actual y potenciar su capacidad creativa.

La resistencia ha llevado a generar nuevos actores sociales generando instancias de participación social a fin de paliar sus necesidades básicas, constituyendo asambleas barriales, club de trueque, organismos de derechos humanos, los medianos y pequeños productores rurales e industriales y redes sociales, algunos sectores sindicales y de piqueteros.

Esfuerzos importantes y necesarios, pero no suficientes. Es necesario que los distintos sectores sociales puedan convocarse por regiones y en cada provincia, como a nivel nacional para plantear los cambios necesarios que requieren.

Cada día es mayor la necesidad de convocar a una Constituyente a fin de:

- Fortalecer los instrumentos democráticos de participación ciudadana.

- Ejercer el derecho al control de gestión y el presupuesto participativo en todos los niveles del Estado; nacional, provincial y municipal

- Un creciente reclamo: eliminar las listas sábanas; y la reforma de los partidos políticos.

- Establecer el control de los dirigentes políticos electos por distritos.

- Aprobar por el Parlamento las Consulta Popular y los Plebiscito, que hasta el día de hoy los diputados y senadores se niegan a aprobar.

Otra de las medidas necesarias para combatir la corrupción es la inhabilitación por vida para ejercer cualquier cargo público a los corruptos, y las acciones judiciales correspondientes.

El país necesita reactivar las economías regionales y potenciar la capacidad productiva de los pequeños y medianos productores rurales e industriales; entre otras medidas el apoyo a su integración en los acuerdos regionales del Mercosur.

- Es necesario reactivar las obras públicas y recuperar ramales ferroviarios vitales para el desarrollo del país, hoy paralizados.

- La lucha contra la pobreza y el hambre es prioritaria, como el derecho a una vivienda digna. El FRENAPO - Frente Nacional contra la Pobreza, ha presentado propuestas sobre la necesidad de promover la formación y empleo. El gobierno se apropió del discurso pero no de los contenidos

- Necesidad de trabajar por la integración regional y latinoamericana para enfrentar conjuntamente las políticas impuestas por el neoliberalismo.

- Llevar la deuda externa ante la Corte Internacional de la Haya a través de la Asamblea General de la ONU, a fin de determinar lo legítimo de lo ilegítimo

- Enfrentar al ALCA y la militarización de nuestros países, no hacerlo es llevarnos a la pérdida de las soberanías nacionales y al coloniaje.

El FSM- Foro Social Mundial es una instancia válida y ha generado espacios de reflexión y participación de los movimientos sociales en el mundo, que permite construir el "pensamiento propio", frente a la imposición del "pensamiento único".

La respuesta del pueblo se da en la resistencia social y la creatividad, los hechos lo están demostrando. Unidos se puede cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Toda esa fuerza social es necesaria dirigirla a la construcción de nuevos espacios en el hacer político.

El país ha llegado al fin de una etapa plagada de tensiones y llevado a caminos de dominación y dependencia, como a la pérdidas de valores que llevan a la desintegración nacional.

El desafío es re - fundar la República y construir caminos junto a la participación del pueblo, en la construcción de nuevos espacios de democracia participativa y nuevos conceptos de desarrollo. La Argentina es un país con un gran potencial en recursos naturales y humanos, pero necesita de propuestas políticas alternativas viables.

Adolfo Pérez Esquivel
Buenos Aires, agosto de 2002

E.Galeano

 

Colaboración de arquitectos Gerelli & Correnti

La soga -
página 12 del 11 de Julio del 2002

¿Somos tan conmovedores? El presidente Bush se ha conmovido con el drama del Uruguay, aunque no hay ningún indicio de que él pueda ubicar a nuestro país en el mapa. ¿Será que le tocó el corazón la abnegación de nuestro presidente, ese buen hombre siempre listo para servir en la primera línea de fuego contra Cuba, Argentina, o lo que gusten mandar? Quién sabe. El hecho es que Bush dijo: "Hay que echar una mano". Y a continuación dijeron exactamente lo mismo los organismos internacionales de crédito, que cumplen la noble función del papagayo en el hombro del pirata.

Entonces se reunieron, a contra reloj, nuestros legisladores. Y por mayoría, una mayoría sorda a cualquier discusión, votaron en un santiamén la ley que dispara el tiro de gracia a la banca pública. La ley estaba bien fundamentada: o aprueban esto o la plata no llega.

Y se torcieron los pescuezos buscando al avión que venía del cielo. Los dólares no viajaron en avión, pero llegaron: "Mil quinientos millones de dolores", dijo el embajador de los Estados Unidos, que no habla una palabra de español. El error confesó la verdad.

***

En la cuna, los países latinoamericanos nacieron a la vida independiente hipotecados por la banca británica.

Dos siglos después, un taxista de Montevideo me comenta: "Dicen que Dios proveerá. Se creen que Dios dirige el Fondo Monetario".

Con el tiempo, hemos ido cambiando de acreedores. Y ahora debemos mucho más. Cuanto más pagamos, más debemos; y cuanto más debemos, menos decidimos. Secuestrados por la banca extranjera, ya no podemos ni respirar sin permiso. Los latinoamericanos vivimos para pagar los llamados "servicios de deuda", al servicio de una deuda que se multiplica como coneja. La deuda crece en cuatro dólares por cada nuevo dólar que recibimos, pero celebramos cada nuevo dólar como si fuera milagro. Y como si la soga, destinada a apretar el pescuezo, pudiera servir para alzarnos desde el fondo del pozo.

***

Desde hace unos cuantos años, el Uruguay está dedicado a dejar de ser un país para convertirse en un banco con playas. Y los Estados Unidos acaban de confirmarnos, por boca del embajador, esa función y ese destino. Así nos va. ¿Un país de servicios, o un país que renuncia a ser país para entrar por la puerta de servicio al mundo globalizado? Linda manera de integrarnos al mercado, que nos integra desintegrándonos. Los bancos se funden, mientras los banqueros se enriquecen. El gobierno, gobernado, simula que gobierna. Fábricas cerradas, campos vacíos: producimos mendigos y policías. Y emigrantes. Hace cola toda la noche, en la calle, en pleno invierno, el gentío que busca pasaporte. Los jóvenes desandan, hacia España, hacia Italia, hacia donde sea, el camino que sus abuelos hicieron al revés.

***

El ahorro es la base de la fortuna de los banqueros que lo usurpan. Este cine continuado ofrece, desde hace años, la misma película: bancos vaciados por sus dueños, pasivos incobrables que se descargan sobre la sociedad entera. Amparados por el secreto bancario, los magos de las finanzas desaparecen el dinero como la dictadura militar desaparecía a las personas. Su exitosa faena deja un tendal de ahorristas estafados y de empleados en la incertidumbre, y una deuda pública que cobra a todos el fraude de pocos.

La banca privada, que ha merecido tantos salvatajes millonarios, presta dinero a quienes lo tienen y no a quienes lo necesitan, y está cada vez más divorciada de la producción y del trabajo, o de la poca producción y el poco trabajo que todavía nos quedan. Pero esta plaza financiera extraterrestre acaba de ser recompensada por la nueva ley que hiere de muerte a la banca del estado.

Si seguimos así, nada tendrá de raro que, más temprano que tarde, las empresas públicas terminen siendo nuestra única moneda de pago ante los vencimientos de la impagable deuda externa. Será algo así como una ejecución del estado, fusilado por los acreedores. Y poco importará, entonces, la voluntad popular, que hace diez años se expresó contra las privatizaciones, en un plebiscito, por más del setenta por ciento de los votos.

***

¿Más Estado, menos Estado, casi ningún Estado? ¿Un estado reducido a las funciones de vigilancia y castigo? ¿Castigo de quiénes?

La dictadura financiera internacional obliga al desmantelamiento del Estado, pero sólo la omisión de los controles públicos puede explicar la escandalosa impunidad con que han sido desvalijados algunos bancos del Uruguay. "Los controladores no son adivinos", justificó un diputado oficialista. El último de los responsables de esa tarea incumplida es un primo del presidente de la república.

Pero más elocuente resulta la caída en cascada de unas cuantas empresas gigantes en los Estados Unidos. Al fin y al cabo, ocurre en el país que impone a los demás la llamada "desregulación", o sea: la obligación de hacer la vista gorda ante los tejes y manejes del mundo de los negocios. Acaban de ocurrir, allí, las mayores bancarrotas de la historia, confirmando que la tal "desregulación" deja las manos libres para mentir y robar en escala descomunal. Enron, WorldCom y otras corporaciones pudieron realizar con toda facilidad sus estafas colosales, haciendo pasar pérdidas por ganancias y cometiendo errorcitos contables por miles de millones de dólares.

Me parecen peligrosas las medidas que ahora anuncia el presidente Bush contra los ejecutivos tramposos y sus cómplices. Si de veras las aplicara, y con retroactividad, podrían caer presos él y casi todo su gabinete.

***

¿Hasta cuándo los países latinoamericanos seguiremos aceptando las órdenes del mercado como si fueran una fatalidad del destino? ¿Hasta cuándo seguiremos implorando limosnas, a los codazos, en la cola de los suplicantes? ¿Hasta cuándo seguirá cada país apostando al sálvese quien pueda? ¿Cuándo terminaremos de convencernos de que la indignidad no paga? ¿Por qué no formamos un frente común para defender nuestros precios, si de sobra sabemos que se nos divide para reinar? ¿Por qué no hacemos frente, juntos, a la deuda usurera? ¿Qué poder tendría la soga si no encontrara pescuezo?

Pagina12/WEB, el pais a diario.
http://www.pagina12.com.ar

Pierre Bourdieu

Professor at the Collège de France

Colaboración de Dora Laino

La esencia del neoliberalismo

Pierre Bourdieu, Le Monde, diciembre de 1998
Traducido del inglés por Roberto Hernández Montoya
In English: The Essence of Neoliberalism

Como lo pretende el discurso dominante, el mundo económico es un orden puro y perfecto, que implacablemente desarrolla la lógica de sus consecuencias predecibles y atento a reprimir todas las violaciones mediante las sanciones que inflige, sea automáticamente o —más desusadamente— a través de sus extensiones armadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las políticas que imponen: reducción de los costos laborales, reducción del gasto público y hacer más flexible el trabajo. ¿Tiene razón el discurso dominante? ¿Y qué pasaría si, en realidad, este orden económico no fuera más que la instrumentación de una utopía —la utopía del neoliberalismo— convertida así en un problema político? ¿Un problema que, con la ayuda de la teoría económica que proclama, lograra concebirse como una descripción científica de la realidad?

Esta teoría tutelar es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y las estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación.

Para dar la medida de esta omisión, basta pensar precisamente en el sistema educativo. La educación no es tomada nunca en cuenta como tal en una época en que juega un papel determinante en la producción de bienes y servicios tanto como en la producción de los productores mismos. De esta suerte de pecado original, inscrito en el mito walrasiano (1) de la «teoría pura», proceden todas las deficiencias y fallas de la disciplina económica y la obstinación fatal con que se afilia a la oposición arbitraria que induce, mediante su mera existencia, entre una lógica propiamente económica, basada en la competencia y la eficiencia, y la lógica social, que está sujeta al dominio de la justicia.

Dicho esto, esta «teoría» desocializada y deshistorizada en sus raíces tiene, hoy más que nunca, los medios de comprobarse a sí misma y de hacerse a sí misma empíricamente verificable. En efecto, el discurso neoliberal no es simplemente un discurso más. Es más bien un «discurso fuerte» —tal como el discurso siquiátrico lo es en un manicomio, en el análisis de Erving Goffman (2). Es tan fuerte y difícil de combatir solo porque tiene a su lado todas las fuerzas de las relaciones de fuerzas, un mundo que contribuye a ser como es. Esto lo hace muy notoriamente al orientar las decisiones económicas de los que dominan las relaciones económicas. Así, añade su propia fuerza simbólica a estas relaciones de fuerzas. En nombre de este programa científico, convertido en un plan de acción política, está en desarrollo un inmenso proyecto político, aunque su condición de tal es negada porque luce como puramente negativa. Este proyecto se propone crear las condiciones bajo las cuales la «teoría» puede realizarse y funcionar: un programa de destrucción metódica de los colectivos.

El movimiento hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y perfecto es posible mediante la política de derregulación financiera. Y se logra mediante la acción transformadora y, debo decirlo, destructiva de todas las medidas políticas (de las cuales la más reciente es el Acuerdo Multilateral de Inversiones, diseñado para proteger las corporaciones extranjeras y sus inversiones en los estados nacionales) que apuntan a cuestionar cualquiera y todas las estructuras que podrían servir de obstáculo a la lógica del mercado puro: la nación, cuyo espacio de maniobra decrece continuamente; las asociaciones laborales, por ejemplo, a través de la individualización de los salarios y de las carreras como una función de las competencias individuales, con la consiguiente atomización de los trabajadores; los colectivos para la defensa de los derechos de los trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; incluso la familia, que pierde parte de su control del consumo a través de la constitución de mercados por grupos de edad.

El programa neoliberal deriva su poder social del poder político y económico de aquellos cuyos intereses expresa: accionistas, operadores financieros, industriales, políticos conservadores y socialdemócratas que han sido convertidos en los subproductos tranquilizantes del laissez faire, altos funcionarios financieros decididos a imponer políticas que buscan su propia extinción, pues, a diferencia de los gerentes de empresas, no corren ningún riesgo de tener que eventualmente pagar las consecuencias. El neoliberalismo tiende como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales y por tanto a la construcción, en la realidad, de un sistema económico que se conforma a su descripción en teoría pura, que es una suerte de máquina lógica que se presenta como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos.

La globalización de los mercados financieros, cuando se unen con el progreso de la tecnología de la información, asegura una movilidad sin precedentes del capital. Da a los inversores preocupados por la rentabilidad a corto plazo de sus inversiones la posibilidad de comparar permanentemente la rentabilidad de las más grandes corporaciones y, en consecuencia, penalizar las relativas derrotas de estas firmas. Sujetas a este desafío permanente, las corporaciones mismas tienen que ajustarse cada vez más rápidamente a las exigencias de los mercados, so pena de «perder la confianza del mercado», como dicen, así como respaldar a sus accionistas. Estos últimos, ansiosos de obtener ganancias a corto plazo, son cada vez más capaces de imponer su voluntad a los gerentes, usando comités financieros para establecer las reglas bajo las cuales los gerentes operan y para conformar sus políticas de reclutamiento, empleo y salarios.

Así se establece el reino absoluto de la flexibilidad, con empleados por contratos a plazo fijo o temporales y repetidas reestructuraciones corporativas y estableciendo, dentro de la misma firma, la competencia entre divisiones autónomas así como entre equipos forzados a ejecutar múltiples funciones. Finalmente, esta competencia se extiende a los individuos mismos, a través de la individualización de la relación de salario: establecimiento de objetivos de rendimiento individual, evaluación del rendimiento individual, evaluación permanente, incrementos salariales individuales o la concesión de bonos en función de la competencia y del mérito individual; carreras individualizadas; estrategias de «delegación de responsabilidad» tendientes a asegurar la autoexplotación del personal, como asalariados en relaciones de fuerte dependencia jerárquica, que son al mismo tiempo responsabilizados de sus ventas, sus productos, su sucursal, su tienda, etc., como si fueran contratistas independientes. Esta presión hacia el «autocontrol» extiende el «compromiso» de los trabajadores de acuerdo con técnicas de «gerencia participativa» considerablemente más allá del nivel gerencial. Todas estas son técnicas de dominación racional que imponen el sobrecompromiso en el trabajo (y no solo entre gerentes) y en el trabajo en emergencia y bajo condiciones de alto estrés. Y convergen en el debilitamiento o abolición de los estándares y solidaridades colectivos (3).

De esta forma emerge un mundo darwiniano —es la lucha de todos contra todos en todos los niveles de la jerarquía, que encuentra apoyo a través de todo el que se aferra a su puesto y organización bajo condiciones de inseguridad, sufrimiento y estrés. Sin duda, el establecimiento práctico de este mundo de lucha no triunfaría tan completamente sin la complicidad de arreglos precarios que producen inseguridad y de la existencia de un ejército de reserva de empleados domesticados por estos procesos sociales que hacen precaria su situación, así como por la amenaza permanente de desempleo. Este ejército de reserva existe en todos los niveles de la jerarquía, incluso en los niveles más altos, especialmente entre los gerentes. La fundación definitiva de todo este orden económico colocado bajo el signo de la libertad es en efecto la violencia estructural del desempleo, de la inseguridad de la estabilidad laboral y la amenaza de despido que ella implica. La condición de funcionamiento «armónico» del modelo microeconómico individualista es un fenómeno masivo, la existencia de un ejército de reserva de desempleados.

La violencia estructural pesa también en lo que se ha llamado el contrato laboral (sabiamente racionalizado y convertido en irreal por «la teoría de los contratos»). El discurso organizacional nunca habló tanto de confianza, cooperación, lealtad y cultura organizacional en una era en que la adhesión a la organización se obtiene en cada momento por la eliminación de todas las garantías temporales (tres cuartas partes de los empleos tienen duración fija, la proporción de los empleados temporales continúa aumentando, el empleo «a voluntad» y el derecho de despedir un individuo tienden a liberarse de toda restricción).

Así, vemos cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en la realidad en una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone incluso sobre los gobernantes. Como el marxismo en un tiempo anterior, con el que en este aspecto tiene mucho en común, esta utopía evoca la creencia poderosa —la fe del libre comercio— no solo entre quienes viven de ella, como los financistas, los dueños y gerentes de grandes corporaciones, etc., sino también entre aquellos que, como altos funcionarios gubernamentales y políticos, derivan su justificación viviendo de ella. Ellos santifican el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, que requiere de la eliminación de barreras administrativas y políticas capaces de obstaculizar a los dueños del capital en su procura de la maximización del lucro individual, que se ha vuelto un modelo de racionalidad. Quieren bancos centrales independientes. Y predican la subordinación de los estados nacionales a los requerimientos de la libertad económica para los mercados, la prohibición de los déficits y la inflación, la privatización general de los servicios públicos y la reducción de los gastos públicos y sociales.

Los economistas pueden no necesariamente compartir los intereses económicos y sociales de los devotos verdaderos y pueden tener diversos estados síquicos individuales en relación con los efectos económicos y sociales de la utopía, que disimulan so capa de razón matemática. Sin embargo, tienen intereses específicos suficientes en el campo de la ciencia económica como para contribuir decisivamente a la producción y reproducción de la devoción por la utopía neoliberal. Separados de las realidades del mundo económico y social por su existencia y sobre todo por su formación intelectual, las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas.

Estos economistas confían en modelos que casi nunca tienen oportunidad de someter a la verificación experimental y son conducidos a despreciar los resultados de otras ciencias históricas, en las que no reconocen la pureza y transparencia cristalina de sus juegos matemáticos y cuya necesidad real y profunda complejidad con frecuencia no son capaces de comprender. Aun si algunas de sus consecuencias los horrorizan (pueden afiliarse a un partido socialista y dar consejos instruidos a sus representantes en la estructura de poder), esta utopía no puede molestarlos porque, a riesgo de unas pocas fallas, imputadas a lo que a veces llaman «burbujas especulativas», tiende a dar realidad a la utopía ultralógica (ultralógica como ciertas formas de locura) a la que consagran sus vidas.

Y sin embargo el mundo está ahí, con los efectos inmediatamente visibles de la implementación de la gran utopía neoliberal: no solo la pobreza de un segmento cada vez más grande de las sociedades económicamente más avanzadas, el crecimiento extraordinario de las diferencias de ingresos, la desaparición progresiva de universos autónomos de producción cultural, tales como el cine, la producción editorial, etc., a través de la intrusión de valores comerciales, pero también y sobre todo a través de dos grandes tendencias. Primero la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal, primariamente las del Estado, repositorio de todos los valores universales asociados con la idea del reino de lo público. Segundo la imposición en todas partes, en las altas esferas de la economía y del Estado tanto como en el corazón de las corporaciones, de esa suerte de darwinismo moral que, con el culto del triunfador, educado en las altas matemáticas y en el salto de altura (bungee jumping), instituye la lucha de todos contra todos y el cinismo como la norma de todas las acciones y conductas.

¿Puede esperarse que la extraordinaria masa de sufrimiento producida por esta suerte de régimen político-económico pueda servir algún día como punto de partida de un movimiento capaz de detener la carrera hacia el abismo? Ciertamente, estamos frente a una paradoja extraordinaria. Los obstáculos encontrados en el camino hacia la realización del nuevo orden de individuo solitario pero libre pueden imputarse hoy a rigideces y vestigios. Toda intervención directa y consciente de cualquier tipo, al menos en lo que concierne al Estado, es desacreditada anticipadamente y por tanto condenada a borrarse en beneficio de un mecanismo puro y anónimo: el mercado, cuya naturaleza como sitio donde se ejercen los intereses es olvidada. Pero en realidad lo que evita que el orden social se disuelva en el caos, a pesar del creciente volumen de poblaciones en peligro, es la continuidad o supervivencia de las propias instituciones y representantes del viejo orden que está en proceso de desmantelamiento, y el trabajo de todas las categorías de trabajadores sociales, así como todas las formas de solidaridad social y familiar. O si no...

La transición hacia el «liberalismo» tiene lugar de una manera imperceptible, como la deriva continental, escondiendo de la vista sus efectos. Sus consecuencias más terribles son a largo plazo. Estos efectos se esconden, paradójicamente, por la resistencia que a esta transición están dando actualmente los que defienden el viejo orden, alimentándose de los recursos que contenían, en las viejas solidaridades, en las reservas del capital social que protegen una porción entera del presente orden social de caer en la anomia. Este capital social está condenado a marchitarse —aunque no a corto plazo— si no es renovado y reproducido.

Pero estas fuerzas de «conservación», que es demasiado fácil de tratar como conservadoras, son también, desde otro punto de vista, fuerzas de resistencia al establecimiento del nuevo orden y pueden convertirse en fuerzas subversivas. Si todavía hay motivo de abrigar alguna esperanza, es que todas las fuerzas que actualmente existen, tanto en las instituciones del Estado como en las orientaciones de los actores sociales (notablemente los individuos y grupos más ligados a esas instituciones, los que poseen una tradición de servicio público y civil) que, bajo la apariencia de defender simplemente un orden que ha desaparecido con sus correspondientes «privilegios» (que es de lo que se les acusa de inmediato), serán capaces de resistir el desafío solo trabajando para inventar y construir un nuevo orden social. Uno que no tenga como única ley la búsqueda de intereses egoístas y la pasión individual por la ganancia y que cree espacios para los colectivos orientados hacia la búsqueda racional de fines colectivamente logrados y colectivamente ratificados.

¿Cómo podríamos no reservar un espacio especial en esos colectivos, asociaciones, uniones y partidos al Estado: el Estado nación, o, todavía, mejor, al Estado supranacional —un Estado europeo, camino a un Estado mundial— capaz de controlar efectivamente y gravar con impuestos las ganancias obtenidas en los mercados financieros y, sobre todo, contrarrestar el impacto destructivo que estos tienen sobre el mercado laboral. Esto puede lograrse con la ayuda de las confederaciones sindicales organizando la elaboración y defensa del interés público. Querámoslo o no, el interés público no emergerá nunca, aun a costa de unos cuantos errores matemáticos, de la visión de los contabilistas (en un período anterior podríamos haber dicho de los «tenderos») que el nuevo sistema de creencias presenta como la suprema forma de realización humana.

Notas
1. Auguste Walras (1800-66), economista francés, autor de De la nature de la richesse et de l’origine de la valeur [sobre la naturaleza de la riqueza y el origen del valor) (1848). Fue uno de los primeros que intentaron aplicar las matemáticas a la investigación económica.

2. Erving Goffman. 1961. Asylums: Essays On The Social Situation Of Mental Patients And Other Inmates [Manicomios: ensayos sobre la situación de los pacientes mentales y otros reclusos]. Nueva York: Aldine de Gruyter.

3. Ver los dos números dedicados a « Nouvelles formes de domination dans le travail » [nuevas formas de dominación en el trabajo], Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 114, setiembre de 1996, y 115, diciembre de 1996, especialmente la introducción por Gabrielle Balazs y Michel Pialoux, « Crise du travail et crise du politique » [crisis del trabajo y crisis política], Nº 114: p. 3-4.

Consejo Superior de la UNC

 

Colaboración de Dora Laino

VISTO:
El proceso judicial por calumnias e injurias al que está siendo sometida la señora Sonia Torres, integrante de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo - Filial Córdoba, por una querella iniciada por Tránsito Rigatuso, ex director de la Escuela Superior de Comercio "Manuel Belgrano" dependiente de esta Universidad.

CONSIDERANDO:

Que la querella fue iniciada en virtud de una nota publicada en el periódico "La Voz del Interior" donde la querellada acusaba al ex-funcionario de haber delatado a su hija, Silvina Parodi, ante los grupos de tareas que llevaban adelante en nuestro país el terrorismo de estado, lo cual derivó en la desaparición de Silvina, su marido y su hijo, aún por nacer, a quien Sonia ha venido buscando desde entonces.

Que Tránsito Rigatuso fue nombrado Director de la Escuela Superior de Comercio "Manuel Belgrano" a mediados de 1974, durante la gestión del entonces Ministro de Cultura y Educación, Oscar Ivanissevich, en la cual el sistema educativo sufrió una ola de persecución que incluyó cesantías masivas docentes y el cierre de facultades y escuelas de la U.N.C.

Que además de Sonia Torres se encuentran imputados judicialmente el ex fiscal de Estado y ex docente de la Escuela Superior de Comercio "Manuel Belgrano", Alberto Zapiola, su mujer Liliana Aguiar de Zapiola, directora del Belgrano en democracia el abogado Claudio Orosz y Agustín Di Tofino, dirigente de HIJOS.

Que las Abuelas de Plaza de Mayo y los organismos de Derechos Humanos llevan a cabo una lucha incesante contra el olvido y la impunidad para recuperar sus nietos y para obtener verdad y justicia, que han sido reconocida nacional e internacionalmente.

Que en estos momentos en que sectores del poder dan inquietantes muestras de intentar resolver los problemas sociales por medio de la violencia resulta fundamental rescatar los valores de la democracia y la plena vigencia de los Derechos Humanos.

Que a casi dos décadas de la recuperación de la democracia es una herida abierta en nuestra sociedad la impunidad de que gozan los responsables del terrorismo de estado, consagrada en las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y el indulto presidencial a los integrantes de las juntas de gobierno del proceso, leyes aquellas que fueron recientemente declaradas inconstitucionales.

Teniendo en cuenta las opiniones vertidas en el seno de este H. Cuerpo,

EL H. CONSEJO SUPERIOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CORDOBA

R E S U E L V E :

ARTICULO 1° .- Declarar su reconocimiento a Sonia Torres, y en ella a la asociación Abuelas Plaza de Mayo, por la importante tarea que vienen desarrollando en pos de la recuperación de la identidad de hijos de militantes populares detenidos-desaparecidos en la década del 70 y por los derechos humanos en general.

ARTICULO 2° .- Declarar la solidaridad de la U.N.C. con la lucha llevada adelante por la señora Sonia Torres y los organismos de los Derechos Humanos.

ARTICULO 3° .- Renovar el repudio de la U.N.C. a todos aquellos que cometieron o colaboraron con actos reñidos con la democracia y los Derechos Humanos.

ARTICULO 4° .- Solicitar al H. Congreso de la Nación la anulación efectiva de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

ARTICULO 5° .- Comuníquese.

DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL H. CONSEJO SUPERIOR A LOS SEIS DIAS DEL MES DE AGOSTO DE DOS MIL DOS.
RESOLUCION N° : 247

Julio Nuddler

Página 12 - 10 de Julio del 2002

Colaboración de Arquitectos Gerelli & Correnti

El miedo a la idea

Cuando recién comenzaba el gobierno de Carlos Menem, a Jorge Gaggero, economista entonces del Grupo Macri, le fue ofrecido el cargo de viceministro en Obras Públicas, durante la gestión de Roberto José Dromi. La propuesta surgía de un acuerdo entre el gobierno y un pool de grandes empresas, por el cual éstas cubrirían un número de importantes cargos en el Ejecutivo. Gaggero no aceptó el ofrecimiento, como consecuencia de lo cual también debió dejar su empleo. Aquella confusión entre intereses privados y públicos permitió que conglomerados empresarios colocaran gente suya en puestos ministeriales estratégicos con el fin de armar negocios desde dentro del Estado, y luego volver a sus tareas originales. Un caso bien conocido es el de las concesiones viales, a propósito de las cuales están encausados diversos ejecutivos de las constructoras que integran el llamado "club del peaje", oportunamente convertidos en funcionarios del gobierno. Esta práctica, común durante el menemismo, no cesó con la Alianza.

Después de todos estos años, Gaggero subraya la poca atención que se presta al papel jugado por los factores culturales en esta catástrofe argentina. Dice que sólo algunos observadores extranjeros agudos, como Stefano Zamagni, de la Universidad de Bolonia, lo destacaron: "El puso énfasis en la destrucción en este país de la cultura del trabajo, lo mismo que Alain Turaine, que señaló algo semejante al aventurar la posible desaparición de la Argentina". Pero también se ha destruido en gran medida el pensamiento independiente, necesario para mantener despierta a la sociedad, de modo que ésta controle a sus políticos. "Este rol de la intelectualidad falló en la Argentina -afirma Gaggero-. El espacio de las ideas fue ocupado por universidades privadas, por lo común sesgadas, y por fundaciones mayoritariamente capturadas por el poder económico concentrado."

El prolongado mantenimiento de la convertibilidad, tan inexplicable para los observadores externos, respondió en parte a ese deterioro, a ese "extravío cultural", que impidió que la sociedad fuera advertida de lo que terminaría pasando. "De ese extravío -según Gaggero- fueron cómplices destacados intelectuales. El Estado mismo estuvo dominado por personajes que reprimieron el pluralismo y usaron el poder para tapar las escasas voces opositoras." Esa actitud llevó incluso a ocultar el resultado de valiosas investigaciones, encargadas por el propio Estado a profesionales independientes, e incluso financiadas por organismos multilaterales, porque cuestionaban la política seguida. En vez de alimentar el debate, se evitó toda difusión.

Un caso fue el de los estudios sectoriales realizados entre 1991 y 1992 para analizar las perspectivas de competitividad en un amplio número de sectores productivos, y el efecto que tendrían sobre ella las privatizaciones que se estaban desarrollando. Uno de esos trabajos, realizado por Pablo Gerchunoff y Gaggero, analizaba lo que supondría para la competitividad argentina la privatización de YPF, que estaba entonces en camino, si se realizaba como estaba previsto. El diseño no había sido discutido aún en el Congreso ni con las provincias.

El estudio, que no fue divulgado, aunque estaba prevista su publicación, concluía que la suma de desregulación petrolera y venta de YPF en bloque, sin fraccionar, con su posición monopólica en el mercado del gas y la imposibilidad de competir por parte de la importación de combustibles, planteaba la alta probabilidad de que el precio interno de los hidrocarburos acabara fijándose muy por encima del valor internacional. Y así ocurrió. Hay estudios que estiman en no menos de 2000 millones de dólares anuales la transferencia de recursos en favor de las petroleras en los períodos de altos precios del crudo. Esos fuertes costos anticompetitivos fueron soportados por toda la sociedad.

El trabajo no solo no fue tomado en cuenta por el Poder Ejecutivo, que lo había encomendado, sino tampoco por las fuerzas políticas relevantes enel Parlamento. Ni el bloque justicialista ni el radical le prestaron atención. "A las provincias petroleras -dice Gaggero- las compraron con el pago de las regalías adeudadas y con su participación en el precio de venta de YPF. Y las provincias privilegiaron la plata a corto plazo, que podían gastar, sin pensar en las consecuencias a largo plazo para todos los argentinos."

"Me consta que algunos de los inventores de la convertibilidad tenían claro desde el principio -afirma Gaggero- que en el momento en que hubiese una crisis se caería el sistema bancario. En abril de 1991 -recuerda- participé de una discusión, junto a una decena de economistas y Juan Llach (entonces secretario de Programación), sobre las posibilidades de la convertibilidad, sus pros y sus contras. Allí quedó claro que en algún momento, ante una crisis de desconfianza, se desataría una corrida que los bancos no podrían resistir."

En aquellos tiempos, la supresión de toda duda se justificaba con la excusa de que cualquier cuestionamiento podía minar la confianza y deteriorar las expectativas, de las que finalmente dependía la supervivencia de la convertibilidad. "Había una actitud totalitaria -según Gaggero-. Hasta Miguel Angel Broda, cuando una vez osó plantear alguna crítica a la política de Domingo Cavallo, sufrió la difusión de conversaciones privadas profesionales suyas, supuestamente grabadas por servicios de inteligencia. Esta represión de la disidencia prosperó en un contexto social de gran consenso, basado en un análisis muy superficial de la estrategia en marcha y alimentado por los miedos que habían dejado la dictadura militar y la hiperinflación."

La persecución la sufrió todo economista que osara publicar que la convertibilidad no era sustentable. Los críticos quedaban excluidos de todo seminario o evento profesional, y las fundaciones para las que trabajaban perdían cualquier apoyo público y privado. "También hubo mucha autocensura de los intelectuales -destaca Gaggero-. La mayoría de quienes en privado analizaban críticamente la estrategia dominante optaron por no decirlo públicamente para no sufrir las consecuencias. Esto fue lo más deletéreo. En 1995, cuando el Efecto Tequila, los consultores les contaban la verdad en privado a los clientes que les pagaban, pero no advertían gratis a la opinión pública, a través de los medios de comunicación, como hacen los economistas serios del Primer Mundo."

Al sistema -sintetiza Gaggero- no se le ocurrió impedir que las grandes empresas y el capital concentrado contara con buena información, a diferencia de la desinformación de la ciudadanía. "Por eso -explica-, en la corrida bancaria final de la convertibilidad zafaron a tiempo quienes pudieron comprar un buen asesoramiento económico privado, mientras que el depositante medio quedó atrapado en el corralito."

Todo el esfuerzo se centraba en sostener a toda costa una creencia mágica, surgida tras el gran fracaso social que le quedó endosado a Raúl Alfonsín. "La sociedad no hizo una indagación profunda sobre las raíces de ese fracaso -precisa Gaggero-, su vinculación con la dictadura y lo que implicó que por primera vez, en ese tiempo, gobernara directamente el poder económico con la suma del poder público."

"No hay que olvidar -dice- que cuando todo el país estaba silenciado y nadie podía emitir una idea, casi simultáneamente se fundaron en Córdoba la Mediterránea y en Buenos Aires el CEMA. Ellos pudieron porque fueron fundados por el poder económico. Cuando llegó la democracia, asumió los condicionamientos que le legó la dictadura, y se extravió -sostiene-, y esas usinas contribuyeron a extraviarla. La clase política acabó disciplinada bajo el liderazgo de un poder económico concentrado y habituado a modos del pasado, anacrónicos."

En cuanto al futuro, y como recordó Zamagni, Albert Einstein sostuvo que no se pueden resolver los problemas con las mismas categorías mentales de los que los ocasionaron. "Esto vale para los políticos, pero también para los economistas -asegura Gaggero-. Si la agenda la siguen definiendo losresponsables del derrumbe, no hay salida. Pero hay agendas nuevas que se están construyendo desde el llano. Las cosas recién van a cambiar en serio cuando el avance político permita que las nuevas ideas, que respecto de lo sucedido con la Argentina surgen tanto dentro como fuera del país, desplacen a las que provocaron la catástrofe."

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Sergio Ramírez

Escritor nicaragüense

Siempre hemos querido saber cómo nos veían a los argentinos desde Europa y Estados Unidos.

¿Nunca se nos ocurrió saber cómo nos veían desde una república bananera?

Creo que es hora de saberlo.

 

Seleccionado por Julio Rovega

No habrá más pena ni olvido

Desde la verdura en harapos del trópico bananero, yo quería ser argentino en aquellos ya remotos años cuarenta que fueron los de mi infancia. Un primo rico se daba el lujo de mandar a empastar los números de Billiken y en esos tomos tan preciados descubrí La dama del perrito de Chejov y El Oso de Faulkner, cuando aquel primo se dignaba prestármelos. Me quedaba leyendo hasta altas horas de la madrugada a la luz de un foco de mano, embozado bajo la sábana, para no ser descubierto en el delito del desvelo, Billiken y también los números de El Peneca. Todavía se sigue llamando penecas en Nicaragua a las revistas de historietas. Y me identifiqué con Patoruzito, el indiecito semidesnudo de las pampas, aprendí lo que era una boleadora y un ombú, y gané mi primer antihéroe en su adversario Isidoro, el porteñito engominado. Civilización contra barbarie.

Aprendí también desde entonces la palabra canillita, porque un niño inválido, que vendía periódicos por las calles de Buenos Aires, apoyándose en una muleta, era capaz de transformarse en el Capitán Maravilla con sólo pronunciar la palabra mágica "shazam" (compuesta por las iniciales de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, una que he perdido y Marte), y ya en su investidura de héroe poderoso abatía a puñetazos a la peor ralea de maleantes que se ocultaban en los meandros del barrio de La Boca.

También los libros

Y hay más. Mis libros de lectura de la escuela primaria venían también de Argentina, y me acostumbré a que la bandera patria que figuraba en la primera página de esos libros, tan parecida a la de Nicaragua, tuviera ciertas ligeras variantes con la mía; apenas un poco más pálidas las franjas azules, y en la franja blanca del centro, en lugar del escudo de cinco volcanes, un sol resplandeciente. Y Eva Perón. En la pobre biblioteca de mi escuela, donde todos los libros alcanzaba en unos cuantos estantes de pino, no había mejor momento para mí que el de entregarme a repasar las páginas de un álbum de fotos a colores pastel dedicado a aquella primera dama caritativa de moño perfecto y sonrisa angelical, que venía a ser como la reina del mundo, y que tantos años después reviviría para mí en la espléndida novela Santa Evita de Tomás Eloy Martínez.

Pero también tengo en mi vida a la Editorial Sopena Argentina, con sus libros a dos columnas en los que leí Los Miserables, El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros, y la Editorial Kraft, que publicaba cuentos japoneses y poemas chinos con delicadas ilustraciones, y aún más tarde, mi encuentro con En busca del tiempo perdido, traducido por Pedro Salinas, en los libracos en cuarto mayor de tapas de cartón y hermosa letra, tal vez de la casa editorial Salvador Rueda, mal me engañe la memoria; más Trilce, el Canto General, El romancero gitano, y Marinero en Tierra, unos tomitos en rústica de cubiertas grises, con el sello de Losada, tiempos dichosos en que los libros de poesía eran tan baratos.

Graneros colmados, ferrocarriles...

Era la pujante Argentina de Juan Domingo Perón. Una Argentina capaz de llegar con sus masivos embarques de libros hasta las costas de Centroamérica, a los mismos muelles donde atracaban los barcos refrigerados de la flota blanca de la United Fruit Company a recoger los racimos de fruta que eran nuestra insignia de banana republics. Los diputados, decía Sam Zemurray, quien inventó aquel negocio fabuloso del banano, eran más baratos que las mulas, según recuerda en Hora Cero Ernesto Cardenal.

Mi infancia pertenece también a la voz de Carlos Gardel en las roconolas de las cantinas, una voz que venía desde la eternidad, y ante la que lloraban de auténtica pena los borrachos despechados; y sus películas, vistas una y otra vez por el mismo público ávido en el único cine del pueblo, a la luz de las estrellas, y a causa de tanto Gardel en las vidas cotidianas es que a un carpintero de ataúdes, que llevaba las uñas manchadas de maque, lo llamaban Canejo, por aquello de "fuerza, canejo, sufra y no llore..."

Mis libros de lectura escolar hablaban de graneros colmados, ferrocarriles que atravesaban la pampa, infinitos hatos de ganado, barcos que partían pletóricos de mercancías. En el país del que venían los libros y las historietas, los niños iban a la escuela pública de uniforme, como no ocurría en Nicaragua, donde no había siquiera bancos para todos los alumnos. Cómo aquel niño que era yo no iba a querer ser como los argentinos, así como los argentinos querían ser como los europeos.

La república bananera

Pasaron los años. Poco antes de que Perón fuera derrocado, cuando las arcas repletas de lingotes de oro empezaban a vaciarse en el Banco de la Nación, gracias a las más variada suerte de corruptelas, y a la mano munificente de Santa Evita, el viejo Somoza fue recibido con toda pompa en Buenos Aires, y Perón llenó para él la Plaza de Mayo con un millón de personas. Conservo esas fotos, los dos en el balcón de la Casa Rosada, en arreos militares de gala, frente a la inmensa multitud. Más tarde, en triste pago, Perón fue acogido en su exilio en la calurosa y provinciana Managua, y se alojó en los aposentos del Palacio Presidencial de Tiscapa. Ese año de 1956 mataron a Somoza y Perón huyó, temeroso de su mala estrella, a refugiarse en brazos de Trujillo a la República Dominicana.

Isabelita Martínez, a quien Perón había conocido en Panamá en un night-club, cuando iba precisamente rumbo a Managua, llegó a convertirse en presidenta, y tuvo por consejero áulico a López Rega, un brujo de arrabal que era, además, jefe de una banda de sicarios, una "mano blanca", como las de Guatemala o El Salvador. Argentina ya no parecía el país europeo que era en las páginas de mis viejos libros escolares, sino una república bananera, como cualquiera de las nuestras.

Una cabaretera presidenta. Un brujo asesino, su prestidigitador del poder. Eso no podía ocurrir sino en una república bananera. Y después, las desapariciones masivas, los prisioneros lanzados desde los aviones en alta mar, enterrados en bloques de cemento en el fondo del Río de la Plata. Eso es lo mismo que ocurría en Guatemala y en Nicaragua. Y luego Menem, un chulo disfrazado de prócer, con patillas a lo General San Martín, también venía a ser tan centroamericano en sus ínfulas perdularias.

Ahora que tantos argentinos descuajados de la normalidad de sus vidas se quieren subir a los viejos barcos en que sus antepasados llegaron desde Calabria, o desde Marsella, o desde Vigo, a buscar un refugio quizás imposible frente a la catástrofe que la repetida corrupción ha traído sobre Argentina, el rollo de película es echado a andar, pero hacia atrás. La civilización y la modernidad con que tanto soñaron todos los que desde el siglo XIX ansiaron ser europeos, y con la que soñamos en el calor del trópico, donde huele a frutos demasiado maduros, todos los que quisimos ser argentinos, se caen a pedazos como las bambalinas de un escenario en ruinas.

Pero yo sigo queriendo ser argentino. No sólo por mi infancia nunca perdida. También por Lugones, por Borges, por Cortázar, por Osvaldo Soriano, por Tomás Eloy Martínez y, por supuesto, por Gardel. No más les digo que esperemos, que ya vendrá el día en que no habrá más pena ni olvido.

Carlos Navarro

 

Esto lo tenía ya escrito. Al ver el éxito de esta sección, hasta yo hice coraje para poner algo (y hacer la punta) para que podamos escuchar a todos.

13/03/02

La Cultura del Facilismo

El sábado pasado estuve escuchando a Claudio Fantini en Radio Nacional Córdoba, comentando un libro de Tomás Eloy Martínez, recientemente premiado, y que desgraciadamente no me acuerdo cómo se llama. Pero lo importante eran las reflexiones de este escritor, autor del libro de "El Hijo de la Novia", hechas desde New Jersey donde vive, siguiendo de cerca la realidad argentina.

Contaba Fantini que el autor se preguntaba qué nos pasa a los argentinos. Son muchos ya los extranjeros que dicen que el peor mal de los argentinos es que no tenemos ni una remota idea de lo que nos pasa. Todos protestamos, pero no sabemos construir.

Dice que luego de largas consideraciones llega a la conclusión que nuestro peor mal es la cultura del facilismo que está muy enraizada en la Argentina. Agregaría yo que estuvimos mal acostumbrados primero a la abundancia de principios del Siglo XX, a la opulencia de fines de la Segunda Guerra Mundial (que para la Argentina fue un excelente negocio), opulencia que Perón distribuyó en parte y en parte dilapidó, luego nos dedicamos a vivir artificialmente de los préstamos externos y finalmente, en la última década, nos creímos que $ 1 = U$S 1 para siempre, como si nuestra productividad fuera la misma que la de la primera potencia mundial. Nos cansamos de salir al exterior, pedir "déme dos". Dejamos de fabricar, importábamos de todo el mundo, era mas fácil y barato. La clase media, con Perón, aumentó considerablemente.

A nadie se le llegó a ocurrir que una deuda externa como la que estábamos acumulando habría que pagarla o por lo menos reducirla, mientras el producto nacional no aumente, mientras no aumentara la producción local. Mientras tanto, seguimos el consejo de los prestamistas en cuanto a adoptar un modelo económico que sería más neo-liberal que el de los mismos países centrales.

A nadie se le ocurrió hacer ningún cacerolazo ante la falta de aprensión de los políticos para pedir préstamos. Y los políticos pensaban: no importa, el próximo gobierno se ocupará de la deuda, la cuestión es tener dinero ya para que la gente se acuerde bien de nosotros y de nuestro partido.

La vida era fácil, hacer política era también muy redituable. El mejor empleo era el empleo público. Y "colocar" a los amigos. La mayor ambición de los políticos, en general, era El Poder. ¿Vocación de servicio? ¿Y eso qué es? Los argentinos somos vivos, los otros son giles. Ya lo dice el tango: el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Esta frase tendría que estar en el Escudo Nacional, es la que mejor representa al argentino.

Había una tremenda complacencia con la corrupción, que además era impune.

Luego vino el momento en que la realidad argentina no se podía ocultar más. El estancamiento económico era ya demasiado evidente y la desocupación rondaba el 20 %.

Encima Cavallo se mandó el macanazo del corralito, para obligar a que las transacciones económicas se hagan a través del sistema bancario y poder así controlar las evasiones impositivas (esto, en la hipótesis de que sus intenciones reales hubieran sido ésas). Parece que lo que no pensó es que el ingrediente principal de todo sistema bancario es la confianza de la gente en los bancos, y que obligar a la gente a usar los bancos es incompatible con la confianza que pueda haber habido.

Luego tuvimos 6 ó 7 presidentes en sólo una semana. Todo se vino abajo. El corralito original era ahora un corralón, porque la gente más informada y rica se dio cuenta a tiempo de las intenciones del gobierno y escaparon lejos del corralito, dejando a los bancos vacíos. La que más quedó acorralada fue la clase media, Pymes incluídas. La industria se paralizó más, la desocupación pasó el 20 %.

Si bien la devaluación se imponía por sí sóla, trajo a la vida argentina un nuevo ingrediente: la inflación, y lo que esto significa para el bolsillo de la población. También la pesificación de los depósitos a $ 1,40, la pesificación de las deudas a 1:1, etc., etc.

Todo esto produjo la desesperación no sólo de la clase trabajadora, sino, y lo que es nuevo, de la clase media, que salió con las cacerolas a la calle. Se impuso entonces una cultura de la confrontación, el nihilismo, el no creer ni confiar en nada, en salvarse como se pueda y quién pueda. Se hace una prédica antipolítica que se parece mucho a una prédica antidemocrática. Se actúa como hordas de animales acorralados e irracionales.

A partir de esta situación se producen nuevos fenómenos y la exasperación de otros, indicando la existencia de un proceso de clara descomposición. Se generaliza la tercerización de la culpa.

Muchos de los mismos que protestan contra de la corrupción y la especulación, están prestos a aceptar cualquier oportunidad de coima o de especulación, con la excusa de que "total, si no lo hago yo lo hace otro". En definitiva, no hay una firme convicción de lo que se pregona. Somos una sociedad emferma, y lo peor, es que no nos damos cuenta!.

Se instala en la clase media el pensamiento fácil e irresponsable. Se reniega de todo lo político e institucional. Se lanza una caza de brujas (políticos, culpables o nó). Salen con martillos a romper cajeros automáticos, a pintar los bancos. Protestan ante los bancos y las transportadoras de caudales, pero no ante el Banco Central o el Ministerio de Economía.

Escrachan a Alfonsín, Negri, Viqueyra, le pegan a Roberto Aleman, con acusaciones comunes: chorros, corruptos. Piden la renuncia de la Corte Suprema, con acusaciones genéricas. No les interesan las instituciones de la República. Las consignas son nihilistas, y la izquierda infantil aprovecha como puede, pero otros sueñan ya con Mesías (armados) salvadores de la patria.

Ante el silencio (no justificable, de todos modos) de los políticos, el periodismo amarillo aprovecha para echar leña al fuego y aumentar la audiencia. El poco periodismo responsable que hay no tiene eco en la población. Es más fácil pensar livianamente, siempre que la conclusión sea "la culpa la tiene el otro". Hasta Mariano Grondona instala el chisme político, sino se queda sin rating.

Con la vida económica paralizada, sólo hay lugar para la especulación.

Las palabras solidaridad, meditación, reflexión, responsabilidad, no tienen ninguna importancia.

Para colmo de males, tenemos un gobierno nacional que en realidad no lo es, es un gobierno "casi central" más un conjunto de señores feudales, los gobernadores, que defienden su quintita en vez de pensar en el país. El gobierno nacional parece ser un gobierno de unidad nacional, pero los de las provincias ni siquiera lo parecen.

¿Qué esperanzas quedan en este panorama desolador? Creo que son dos principalmente: que el rumbo económico sea el correcto y que la población reaccione organizadamente, en ONG, en nuevos partidos políticos, en cambio de actitudes (cambio cultural). Que nos cansemos de la cultura del pensar fácil, desconfiando siempre del otro, del sacar ventajas.

Un oyente le preguntaba a Fantini qué pensaba del gobierno actual y la devaluación. Éste contestaba que durante Cavallo todo andaba a la perfección, prolijamente, pero en la dirección incorrecta. Ahora, marchamos como un borracho, zigzagueando, pero en la dirección correcta. No tuvimos en cuenta los estudios económicos serios como el Plan Fénix, por ejemplo. El oyente le pregunta entonces: …pero…¿vamos a llegar a destino?, a lo que respondió: ojalá no nos quedemos dormidos en el camino.

Pensemos entonces en qué hace falta para que lleguemos a buen puerto.

Martín K.
Esto me llegó de la asamblea de Avellaneda. Se los transmito porque es una forma de conocer como viven ellos la participación, al menos en este caso puntual.

HACER CONFIANZA

Los que participamos en los nuevos movimientos como las asambleas, sentimos por primera vez en mucho tiempo que se constituyen lugares donde se puede "hacer algo" en un país que se caracteriza por el sometimiento, la pasivización resignada y la incapacidad irresponsable y deliberada de las instituciones estatales (y todo el sistema de representación sobre el que se sostienen) para dar un lugar y servir (y proteger, como es la moda) a la ciudadanía.

En algún sentido, las asambleas (y los piqueteros y todas estas organizaciones) estamos tejiendo una trama, con los jirones fragmentarios y desarticulados de lo que fue alguna vez el pueblo argentino. Estamos creando un nuevo espacio público, nuevos nombres, nuevas definiciones, en síntesis, una nueva realidad, en medio de un desierto...

Sabemos que esta tarea no está exenta de dificultades y obstáculos sobre los que considero importantísimo reflexionar, no tanto por un afán perfeccionista sino porque si estamos haciendo algo realmente nuevo, implica también que no estamos copiando ninguna receta, ni ningún modelo preestablecido ni garantizado por marca de origen, sino que estamos construyendo y pensando sobre la marcha, haciendo y analizando los efectos de nuestras acciones, aprendiendo a hacer y a pensar, con el aporte de cada uno, con el obstáculo de cada uno.

Una manera de pensar la crisis que nos afecta es partir de las profundas alteraciones de las relaciones entre los miembros de esta sociedad, que propongo caracterizar como una brutal crisis de desconfianza.

Esta desconfianza ha sido estimulada y sostenida por la implantación de un sistema de valores y de vinculación que privilegia sobre todo al individuo (y su correlato material: la propiedad privada), una ideología que jerarquiza el proyecto personal, promueve la competencia y la acumulación, aisla a los individuos en redes, exalta el egoísmo y sostiene la ficción del paraíso en la tierra, con la promesa-zanahoria de salvación sostenida en la acumulación o el prestigio personal. Esta "fé de mercado", con la apología al individuo fue socabando los principios en los que se organizaban nuestras comunidades y de un modo complejo sus principios se infiltraron en nuestras cabezas donde muchas se manifiesta (aún involuntariamente) en nuestros pensamientos y acciones.

La "religión de mercado" ha vaciado el sentido de la representación (que se vayan todos!), pero también afectó las prácticas de convivencia cotidianas y los vínculos interpersonales.

Observemos que hoy se desconfía del gobernante y sus instituciones, del futuro, del candidato, del tipo que se nos acerca en la calle, de esa sombra que podría robarnos y es un cartonero, del piropo, y a veces también del vecino de la asamblea.

La lenta y progresiva crisis produce de manera cada vez más elocuente un espacio social inhabitable, y en episodios como el 20 de diciembre (y en todas las asociaciones horizontales de los últimos tiempos) se constituye un límite a esa fragmentación, creando un espacio, donde antes era el desierto competitivo de mercado. Del consumidor en el shopping al vecino en la calle, por llamar de alguna manera ese pasaje.

A este nuevo espacio acuden los parecidos y los diferentes, los de siempre y los de ahora, los sensibles y los duros, los dogmáticos y los poetas, los simpáticos y los serios, los impacientes y los tranquilos y también los desesperados.

A diferencia del shopping en estos espacios tenemos relaciones con el semejante (en todos los sentidos de la palabra), y esto es quizás lo fundamental de la asamblea, porque es a partir del vínculo con el semejante que podremos construir una comunidad que resista al individualismo imperante.

Si como antes decíamos la manifestación de esta crisis se expresa a nivel relacional no es de extrañar que estas dificultades se presenten en la asamblea. Como decía un vecino, conservamos las propiedades del medio desde el cual nos constituímos.

Una manera de operar con estas dificultades es dejar que se expresen en nuestra comunidad y trabajar sobre ellas, sabiendo que la expresión de estas cuestiones produce malestar y asumiendo que la respuesta a las dificultades es necesariamente un trabajo colectivo (es en este sentido la asamblea es un laboratorio social a pequeña escala).

Que las dificultades existan no quiere decir que necesariamente se expresen, para esto último es necesario:

"Dar lugar", escuchar que es lo que muchas veces no puede terminar de decirse pero circula (a veces en forma de enojo, malestar, inquietud).

Partir de la idea de que ninguno de los que participa en la asamblea está excento de ser obstáculo para el movimiento colectivo (y su inversa que es que nadie tiene la posta, sino que la única posta es la que se construye colectivamente).

Asumir que lo que aparece (siempre y cuando no halla mala fé) tiene su razón de ser (aunque no se comprenda o se comprenda demasiado rápidamente que es lo mismo) y debe ser escuchado, sin jerarquías a priori respecto de lo que es escuchable y lo que no.

Este trabajo implica pensar los problemas "relacionales", nombrarlos y sobre todo hacer pública una reflexión sobre estas cuestiones. De otra manera, estarían operando pero de manera invisible siendo imposible una intervención al respecto.

Creo que esta perspectiva resulta fundamental para que la asamblea se "abra" a aquellos vecinos cuya participación se basa en la necesidad de encontrar un lugar para hacer con otro, y no tanto en convicciones ideológicas o de militancia. En el fondo creo que el querer hacer con otro implica en estos tiempos una posición ideológica pero que no todo el mundo tiene conciencia de ello (ni debería tenerla como condición).

De este modo, a través de la generación de confianza, tenemos un modo de cohesión que no solo se afirma en convicciones concebidas a priori , sino que resulta por decirlo de alguna manera, de los efectos relacionales que se dan en el marco de la asamblea y que contribuyen a la habitabilidad de este espacio ante el brutal desierto del individualismo de mercado.

Esta manera de entender la asamblea, implica una ética que se articula en una renuncia a aprioris, formas y funcionamiento particulares y previos a la asamblea misma.

Para hacer confianza, para cimentar una fidelidad que se asume a partir de lo que pasa en el intercambio concreto de el espacio de la asamblea, en la forma de la constitución de los acuerdos y las prácticas, a través de una acción que no deja de pensarse, de un pensamiento que se constituye en acción.

Saludos fraternales y comunitarios

Martin K.
Ezequiel Varela
EL MERCADO ES COMO EL AGUA

Una visión ecológica de la economía

El agua es una maravilla. Es esencial a la vida. El Mercado también lo es para la vida económica; es decir la vida en sociedad. La vida sólo es posible donde hay agua disponible. Si esta es escasa también lo será la vida; como en el desierto. Si es abundante, la vida se puede propagar y tomar formas cuantiosas y complejas, como el ser humano y sus alardes tecnológicos y demográficos.

Análogamente, un país, una nación, es posible si primero forma un mercado. Un ámbito cierto donde las personas y grupos pueden transar mercaderías, conocimiento, artes, ideas, idioma. Este mercado primario luego comercia con otros mercados primarios y entonces empieza a haber una nación. La historia de cualquier pueblo organizado lo demuestra. El caso argentino es muy claro. El “mercado” del Alto Perú llegaba hasta el Río de la Plata; luego Buenos Aires desarrolla su propio mercado primario con salida y comercio directo a Europa, sin pasar por Perú. Mas tarde este mercado del Río de la Plata levanta fronteras aduaneras, políticas y militares sobre las ya fuertes fronteras naturales. Desde este punto de vista las vicisitudes políticas posteriores son subsidiarias de los mercados primarios ya formados detrás de los Andes, la Puna y los grandes ríos: tarde o temprano los mercados de Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay “debían” independizarse como países.

Si para la Vida primero es el agua; para la Nación primero es el Mercado: El mercado es como el agua.

La de una suave lluvia de verano nos refresca y da color a las praderas. ¡Qué bueno! Pero una tormenta arrastra todo, destruye todo. Causa pobreza, miseria y muerte. Así es, el Agua es como el Mercado. Un ámbito donde llevar mi trabajo y comerciarlo por otros trabajos que necesito, volviéndome más rico. ¡Qué maravilla! Si no lo hubiera, trabajaría lo indispensable para mi subsistencia y seguramente igual no me alcanzaría. Pero una tormenta de Mercado da el mismo resultado que una ‘natural’. Se puede iniciar por cualquier desequilibrio: los dueños del ‘oxigeno’ –por seguir con la imagen- compran a como de lugar todo el ‘hidrógeno’, quedándose así con toda el agua. El agua, el dinero, la vida. Ante tamaña amenaza los otros elementos se alteran y se desencadena el desastre que, como un maremoto, arrastra pobreza, miseria y muerte por doquier. Como los orilleros del río, las tormentas de mercado castigan primero a los más desprotegidos.

El Mercado es como el agua. Si hay agua hay vida y si hay Mercado puede haber Nación. Las civilizadas racionalizan el uso del agua; crean represas para evitar inundaciones, dirigen la energía de los ríos o las mareas hacia la producción, distribuyen el riego, potabilizan el agua de uso domestico para beber, le añaden aditivos para cuidar la salud de la población. Determinan cotas del nivel de las aguas para dejar a salvo a la población y disponen canales aliviadores para cuando el nivel supera lo planificado. En fin, cuidan del recurso (el agua, la vida, el Mercado, la Nación) sin ahogarlo ni contaminarlo. Las naciones menos civilizadas y menos progresistas (en el sentido estricto de la palabra) vivíamos a orillas del río, felices y orgullosos de nuestros ríos caudalosos pero dependiendo de sus caprichos. Mientras lo contaminábamos y abusábamos de sus bondades, creíamos que las riquezas que la corriente nos traía eran inagotables.

Como al agua, las naciones mas civilizadas tienen a su Mercado bajo control de sus instituciones (en general el Estado, pero no sólo el Estado). En las nuestras es el Mercado quien controla a las instituciones, incluido al Estado y en esta Era (¿Globalizada?) estamos desprotegidos a orillas del Gran Río del Mercado Mundial.

Sus gurúes pretenden dejar que el río busque su cause natural, que mientras no se intervenga en su curso la generosa naturaleza seguirá dándonos sus beneficios, también a los orilleros (que en la Era del Gran Río somos todos los que estamos fuera de las ‘citys’), porque aunque no participen directamente –dicen- el derrame los alcanzará (¿es pura coincidencia semántica que ‘derrame’ se parezca demasiado a ‘inundación’?). Incluso llegan a sostener que los desbordes y cataclismos son justamente porque alguien intervino en su recorrido. Pero no quieren saber nada de advertencias ecológicas. Prefieren ir directamente a la ingeniería hídrica para que construya sistemas que aseguren y aceleren lo más posible el torrente; y si no lo hay que lo invente. Lo hacen, claro, desde un estudio privado de ingeniería ubicado sobre el puente de un gran bote que siempre flota (¿siempre?). Por su parte los estatistas de todo origen (lógicamente apocalípticos porque en la orilla no sólo se sufre primero los desbordes, ese bote en el horizonte asusta a cualquiera) pretenden directamente entubar el río, de modo de evitar para siempre todo desborde o capricho de Dios. No quieren saber nada de flujos y reflujos. Para ellos la ingeniería hídrica y la ley de gravedad están al servicio del pueblo y se resuelven en un boureau.

La administración de lo escaso

Hace unos treinta años la Ecología vino a decir a ingenieros y economistas de todo tipo que la lucha contra los elementos había terminado con la victoria del hombre sobre la naturaleza, y a advertir sobre la responsabilidad del victorioso sobre el vencido, del que aun depende. Hasta entonces se creía que el agua era inagotable. Creíamos (y queremos seguir creyendo) que los recursos naturales están ahí para siempre y en cantidad infinita, de modo que la Economía era y es el medio de ‘generar riquezas’ o ‘distribuir riquezas’, según se esté sobre el bote o en la orilla. Pero la Ecología vino a decirnos que tanto el abuso sobre los elementos como su manipulación provocan desastres y hasta su desaparición. Que nada en la naturaleza es inagotable; que todo es escaso. Que si se impone un negocio contranatura el negocio se agotará (como el Puerto de Mar del Plata, que deja a la ciudad balnearia sin playas), que si se busca una solución contranatura el problema se duplicará (como el entubamiento del arroyo Maldonado en Buenos Aires). Que se puede respetar y planificar al mismo tiempo, como el programa del río Tamesis, pero que si no se la respeta ni planifica el agua es la pobreza, como en buena parte de la Provincia de Buenos Aires o la desertificación de la Provincia de Santiago del Estero. Que la economía es entonces, primero, la administración de lo escaso, ya que sobre lo inagotable no hace falta economizar nada, sólo multiplicar y/o distribuir. Que si se agota el agua se agota la vida; del mismo modo que si se agota el mercado se agota la nación.

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